Friday, November 30, 2007
Criada necesaria de las certidumbres
… pero ésto es evidente.
Vano es construir un verbalismo puro
y volcarse en lo cerrado, impenetrable.
La vanidad sí habla, sí que habla demasiado
y la verdad se esconde. A gusto se reposa
debajo de la escoria. Premeditamente
se trinchera en lo oculto y lo parco.
Se afana en la cocina de las cosas,
trapea el piso y saca el hollín del mundo.
Triste lastre que se edifique una trampa metafísica
cuando la verdad abre el secularismo y presenta
su rostro lleno de sucios moretones, o sus cuitas
de criada en primer plano… Cenicienta,
sabiduría extrañada: pocas son las fiestas de tu gozo.
Ocasionales son los regocijos (¡tus regocijos, Cenicienta!)
Las voces prácticas del pueblo la convidan:
Baila conmigo, vínculo colectivamente amado
en despiadada comparsa. Baila conmigo, díme
quién eres, hoy que no he conocido tus harapos.
Educador que bailas con la visitante, verdad
es el misterio de ese ser apresurado
en el reloj de la herencia yacente de nostalgia.
La mentira no puede contra el hada
y apenas ha surgido un anfitrión en premura
que la quiera, momento dialéctico de cambio.
Escapó del palacio. La verdad
se largó a la lealtad con su trabajo.
Ya no sabe ninguno a quién se busca,
si a tí, verdad esquiva, o a tí,
criada necesaria de las certidumbres.
Del libro Canto al hermetismo
Homilía por el Alma perdida de América
Y los decepcionados, casi todos místicos
de armas tomadas, torturadores de sus carnes,
entes contemplativos, vecinos de las ratas oscuras
y rincones desiertos, miniaturistas de primorosa tierria,
dijeron al que batalla con su anhelo profundo:
¡Llámame a dar endechas, a cantar contigo!
Conozco ya la idea de tu mundo, ví a la inspiradora.
Es una carta-homilía. Un desmentido del Papa
al Presidente que la busca, al pueblo que la ha olvidado.
El espíritu de esta nación ha muerto.
Un atávico zapato no podrá resucitarla.
La Cenicienta ya no existe: la mató la caída
de los precios y la Gran Depresión del 1929;
la hirió, al comienzo, la revancha de Andrew Jackson
y el cierre de los bancos de 1819 y el sucesivo Pánico del ’37;
los rusos la asfixiaron después de la Guerra de Crimea;
el colapso de cientos de bancos rurales la asesinó
sobre montañas de avena; los sureños apenas
la convalecieron con el Reino de Algodón
y la economía del esclavismo.
¡Pero ya ha muerto! La hirió, también,
la Guerra Civil, los reajustes del comercio mundial,
el Pánico de 1873, los ciclos deflacionarios!
Y con copia a todos los mandatarios
y a liberales del mundo, la misiva circula,
de decenio a decenio.
Leáse en cualquier plana mayor
de los diarios influyentes de todo el hemisferio.
En la Huelga de Pullman se mata su presencia.
Con el oro de Morgan se ha comprado su féretro.
Sobre tí hablan, perdida Alma de América,
de tí, simbolicamente: Cenienta fugitiva y Amada.
Y lo que dicen conmueve, conturba, entristece.
22.
«Tu presencia no es en ningún misterio indecifrable.
Ni anomalía que exija la rata roja o la paloma blanca.
No es superstición ni es magia de ratas negras
lo que explica que tengas en la urna su zapatito olvidado,
su escapada, su prisa después que la abrazaste,
cinco minutos antes de la medianoche».
«¡Cerca de tí vivió siempre a quien endecho,
endéchala conmigo!» … porque tú actualizaste
su imagen, la imaginaste no en la conciencia
del mundo, o el mundo en la concienia,
tú la inspiraste y quien no puede conocerla
no la hallará aunque viva en lo cercano
de tu casa; endéchala conmigo porque
el Dédalo de la subjetividad no la retiene.
«¡No puede retenerla o conquistarla
porque es revelación interior y, al mismo tiempo,
externa como esta sociedad desterradora
que quiere a Dios dependiente,
a la Naturaleza esclavizada,
a la historia y la raza cogidas por el cuello,
hipnotizadas en la barbarie de los días
y los azares subjetivos de las noches»…
23.
«Murió. Te dejó como recuerdo
un zapatito perdido, una tibieza dulce
de su cuerpo, un cristalino fervor de su mirada;
pero vivir enferma y el sueño es
sólo paliativo pasajero; no hay descanso
cuando ella se revela, ella que es real
como la muerte y el remedio del último reposo».
«¡Endéchala conmigo!» porque vivió
todo lo que pudo y era transparente
y pura como el cristal de sus zapatos;
no pudo contra el polvo que la llama,
no pudo contra el raterío que la circunda,
ratas negras de impureza,
cuervos que la atacan con graznidos.
«¡Ya no está aquí; se fue a las otredades
de otros campos magnéticos, más libres
que la presente intersección de todo!»
«Se fue tan injustamente despreciada.
Como un sueño hueco que se olvida».
De Canto al hermetismo
El canto de un pie
¿De quién será este zapatito,
de qué rosado y lindo pie?:
Rubén Darío
¿Quién será? ¿y por qué es ésto?
Un pie es mucho más que un pie.
Es base, sostén, dirección. apoyo.
Investíguese sin pie de paliza,
prioritariamente, por lo tanto,
quién fue aquella que se fue de palacio,
sin que le fuera informada a las Autoridades,
al potentado de América y el mundo,
sobre la dimensión espiritual de ese balance
y sobre ella, que se fue sin ningún consentimiento.
Y tan esencial soporte fue la niña…
hoy fue una zapatilla (el objeto perdido), pero:
¿qué tal si hubiese sido un dedo, una pierna,
unos ojos, un séptimo sentido, una información
clasificada, un genio mágico?
Es un secreto de Estado.
Estoy a cargo de este asunto delicado
y el Gobierno espera mi respuesta:
¿cuándo sacan el pie de las alforjas
(las dueñas de zapatillas), quiénes entre ellas
si un gañín las invita a la folla, se pondrán a gatas?
¿Han de ser cuatro pies, o con tres que resistan
el culimpinamiento y el bálano, o pie de burro?
Esta es una metasicología: el comienzo
de la dicha de un Estado. Vamos a investigar
meticulosamente y han llegado farsantes
a medirse el calzado; a mentir, a reclamarlo.
De Canto al hermetismo
El viejo sabio
Porque les dijo que se limpien el culo en los infiernos
y lo dejen a él en su lugar que habla de vida,
lo vino a conocer el poderoso, el rey enamorado,
el que promete las villas y castillas.
«¡Ay, Viejo Bueno, ciego sabio», mucho
que esperé tu asesoría, tu buen consejo,
y me dicen que callas, no me has ayudado!
Alegre hasta la jactancia, te invitaré
a que cantes y que me cuentes a quién admiras,
a quién amas, con quién comulgas,
con quiénes otros cantas y armas sus meditaciones.
¿A dónde dices que vas, cuál fue tu origen,
en quiénes has confiado tu futuro, quiénes
te acompañan, sabiendo tus afanes cotidianos?
¿Acaso es cierto que eres el tío de la mujer
que amo, la niña que olvidó su zapatilla?
¡Hábleme uno feliz, venga a mi lado
antes que sea tiempo de mortajas y duelan
de veras los huesos, o se nuble la luz y llueva fuego!…
¡Háblame, Viejo Ciego porque ésto será lo terrible!…
y mira cómo, por no hablar, ya te vienen matando…
Que no sea yo el que no te vea, diariamente,
ni te conozca en rigores, yo que te saludaría en la calle
te detendría en la plaza a conversar, que no sea yo
quien te vea morir por alguna de mis causas…
¡Esto es terrible para mí, Viejo Ciego!
Que la que vive cercana y presupongas
la realidad más bella, nunca te espere
y te planté un dolor como cornada
que no acabe, o parezca
que duela para siempre.
Del libro Canto al hermetismo
Maldita sea la muerte
¡Maldita sea la muerte y los que dicen
que los muertos cabalgan a prisa,
malditos los que afirman que la muerte
es el menor de todos los males!
Me han invitado a morir a destiempo
estos informantes del estrago,
estos seres de pies sucios, polvorientos,
y les maldigo, no puedo evitarlo.
¡Maldita sea su necrofilia innata!
Curan los males que no tienen remedio
con medicina amarga, con purgantes
de intenso desconsuelo y la vida sigue aquí,
para mí y todavía, y esta corte de voluptuosas zurrapas
y hediondo sedimento y estos malditos interrogatorios.
¡Que no sé pactar con la realidad como es!
…oigan que ha dicho quien invité a descubrir
cuán bellamente se habría abrazad o una niña,
como la Cenicienta, mi sobrina, a quien
tan bien conozco, cuánto hedonismo se habría
embellecido su palacio, si hubiera dicho:
me voy, pero regreso.
Más no fue así, ranas meonas,
torturadores de lo verdadero.
Se fue, se fue, y estuvo asqueada.
Lo que regresa es real, lo que se va
como mentira no vuelve; ¡cuánto quisiera
saberla como una perra viva, no ya dama,
bicha del Elche, algo vibrante, sin misterio.
Si ha muerto acaso, como alegan
es que soy yo cachorro exangüe, león muerto!
No te creeré, no… Que no vengan
los decepcionadores, refranistas del luto,
taimados acaboses, sinestésicos aménes;
que no se asomen a confirmar la tortura
y la mentira con que me han herido.
La Cenicienta vive. Mi sobrina está bien.
No quiero aquí señal de Thot ni a guías
al sendero del sepulcro. Ni plegarias
a inmorales ni a semidioses ni a resurrectos.
Mi realidad aún vive.
Los malos agoreros son ustedes
porque no les he dicho dónde vive.
Del libro Canto al hermentismo
Consejos castrenses
Los sofistas sí que dan buenos consejos,
ha dicho con su ironía el papilla de marras.
Tu vida es primero.
Tu responsabilidad es sobrevivirte
no importa cómo ni ante quienes, el precio.
Los sofistas, con argucias, instruyen
a los militares y los exterminadores.
Ustedes no son asesinos.
Su violencia es justicia.
El peligro y el azar, sus enemigos.
A la seguridad de sí mismos
podrán llamarla el orden conquistado.
Destruir es asunto de inteligencia
y cada zona de exterminio es predefinible,
justo antes del crimen, como los objetivos.
Los sofistas son retóricos consumados
y maestros bien pagados. Y observa
lo que, desde la Restauración de 1660,
dijo Hobbes, pensionado de Carlos II:
el hombre es un ser apetente y perverso,
antisocial, bien que se vale matar
al que es salvaje, lobo fiero contra el otro.
En estado natural, se contendrá al salvaje,
por su peligro, o sus inclinaciones.
Defínase pues un Estado, una clase elitaria.
Alguien tiene que encargarse de matarlos.
Del libro Canto al hermetismo
El soldado sobreviviente
Dijo que fue su decisión no verse castigado,
subyugado, torturado, mal herido o, en fin,
eliminado y él escogió sobrevivirse,
verse vivo. Admitió la moral de otros a su lado.
¡Y los seudos maestros dijeron: Bien hecho!
Y lo consolaron: vida por vida, tu vida.
¿No es cierto? Al fin y al cabo, lo instruyeron:
Tienes suerte. Te eligieron. Te premiaron.
Has vencido la muerte sin saberlo
y hallaste gracia a los ojos de quien
pudo ejecutar tu asesinato.
A ninguno habían perdonado en la villa.
¡A él… por ser fuerte, ágil de piernas y de brazos!
Era joven. Reclutable. El sí podía ser soldado.
De Canto al hermetismo
El chantaje
Survival is man’s fundamental physical need.
An self-esteem is man’s fundamental pyschological need: Frank R. Wallace
No hay místico pecado original.
Lo que existe es un delito vilmente perpetrado,
tolerado obscenamente y repetido.
¡Callar los homicidios que comete el que manda
es vivir mitad muerto, sin estima!
No dejar que sobreviva aquel que necesita
y se esfuerza en hacerlo es alto precio.
Es un chantaje: sobrevivir sin volverse,
por gratitud o complicidad, otro asesino.
Está citado el Papa, ex-viejo sacerdote
excomulgado, que se pontificó como sumo
en libros que lee al ciego, sus Encíclicas.
No hay místico pecado original;
sólo unas ganas de satisfacer la presencia
del aniquilador y olvidar lo que pide
si acaso a tu vida perdonó y extendió amparo.
Que lo ayudes en sus represiones.
Que perfecciones sus técnicas de ultraje.
Que encobardezcas la consciencia
con el rito de la sangre y el oprobio.
Será un sobreviviente si neutraliza la memoria
de lo visto y satisfecho y complacido,
se vuelve cómplice y perjuro.
Del libro en preparación Canto al hermetismo
Los sofistas
Vemos las cosas no como son,
sino como nosotros somos:
H. M. Tomlison
Los sofistas no creen en la inocencia.
No hay bondad absoluta. La iglesia miente.
Puede que ésta asesine mucho más que el Estado.
Ha dejado de sentirse dichoso todo hombre.
En cada rincón, el Leviatán se levanta
sin preguntar el cómo de las cosas
ni el por qué ni para qué. La vida es una escuela
de violencia y acoso y el Destino, un buitre depredante.
Cada vez es más difícil convivir: los sofistas
lo arguyen. La tribu no cantará con sus vecinos
y sus tambores serán como avisos
de guerras permanentes.
Dios tiene hijos sacrílegos y todos llevan leña
al monte y con sus leñas levantan las piras de la muerte
y harán títeres del Destino a cada ser humano.
No dés un higo, mortal, por ningún humanismo.
Nada vale, más vale el frenesí que muerde
y la rondilla de cualquier vagabundo
y Judit que corta las cabezas y utiliza la hermosura
que ciega a los borrachos y los necios, cualquiera
sea su poder y el colmo de sus temeridades.
Más vale un crimen artero
que un utilitarismo avergonzado.
Cuídate del privilegio de las revelaciones
y del código ingenuo del éxtasis. En dominio
de sacerdocios y de clases, los puñales están
bajo la mesa, tras el beso judaico, tras las manos
que se limpian en lavacros; en toda parte un crimen
y un cohecho, y una maldición y un enemigo.
No te confíes en nadie,
menos en labios paternalistas, menos
en saberes reservados, arcanos aparentemente
puros, inicuos, exclusivos y privados.
Esos homicidios duelen más que el barullo
de la masa. Los detractores desfloran
con el sutil estigma de su engaño y su recalcitrante ira
absolutiza el desprecio. El que esté a las duras,
aguarde las maduras. Sufra, jódase,
muerda la incertidumbre antes que el provecho.
… porque el pueblo es ilógico, no entiende la calidad
de aquello esplendoroso, lo elitario. Es un rebaño
de rudas reses de ecoforia frente
a los representantes de lo privilegiado.
Del libro inédito Canto a los herméticos
Solipsistas
Los herméticos no se despreocupan con ninguno.
Se desconsuelan, no descansan. Dicen ser,
unión, bondad, certidumbre, y no saben qué
dicen… Son solipsistas en su vaniloquio.
Cómplices de algo singular y limitado,
pero batallan por añadir lo trascendente.
De lo que no tiene origen quieren parte
o de lo es origen de todo se agencian
el extracto, lo roban y repiten, vocingleros.
Viven en los limbos, presos en palabras vacías,
en misterios impenetrables y, en cuanto tales,
engañan y se ausentan de la fuente
de las cosas, reserva de todos los placeres.
Lo que ignoran es tan simple:
el supremo valor del universo
es la consciencia individual.
Del libro en preparación Canto al hermetismo
Fray Bartolomé
A Fray Bartolomé Las Casas (1474-1566)
Porque la muerte es la transición que vibra
en andanzas, en jaldas de caminares, cuesta arriba,
llegó el historiador, el prelado y el artista
de una paz extraña. El buscó que haya obra,
que se levante un mundo,
que lo sagrado se abra
y el proyecto se edifique en gloria.
El insinuaba la colonización sin armas,
el trabajo de la fe en recto espiritu social.
Eregir es consagrar cuanto se conoce,
dotar en el sentido de que una esencialidad
que sí, se quiere pura, esplendorosa,
dará las directrices.
Desde 1514, él lo quería y lo soñaba
y se fue a Cumaná, organizó su colonia de labradores,
el primer proyecto de la fe y el trabajo, de la compasión
y el futuro, pero, ay tristeza, fracasó.
Venezuela, el fracaso.
Hay muertes económicas, hay muertes homicidas,
hay muertes como aquella de 1521,
utópica en el fondo, muerte gozosa para el vil
a causa del desprestigio organizado.
«Cumaná me has matado». La matanza
fue ejecutada contra sus colonos en faenas;
sembradores de ilusiones,
labriegos a la tierra convocados
y, finalmente, pasados por espada
de crucificadores.
Entonces, él se hizo dominico.
Un año después de que dijeron lo que hoy:
«Es utópico, majadero, mentiroso, soñador
del lado equivocado». Obispo de Chiapas (1544-47),
fue entonces y su nombre, Bartolomé.
Como primer prelado de América se le conoce
y fue nombrado en medio de matanzas, envidias y rencores.
Amaba al indio, al negro que heredaría el mismo
mal servicio y mal trato. Ay tristeza, tendría
que ser-obra de la obra de sus iniciales rectitudes.
Para que evitarse los equívocos al erigir un templo,
al rehacer el proyecto como tierra redenta y nuevo reino,
dijo que hasta en la fatalidad de la ausencia de dios,
el mundore genera el mundo. Obtuvo la cédula que prohibió
la esclavitud, al siervo en trabajo brutal y obligatorio.
Fue en Perú, tras su viaje (en 1530) a la Metrópolis.
Ya todos en América, de Nueva España al Caribe,
lo supimos. Las Casas no se duerme en los laureles.
Viejo trabaja, viejo vive, para ser la obra
de levantar un mundo, un eterno recuerdo.
6-6-1983___
Blogsite: Personajes Pueblerinos del Pepino / Historiador con trascendencia / Epica / Personajes Pintorescos de mi Pueblo / ZoomBlog / Berkeley y yo / Gabriel del Río / Independentismo
Así será consuelo
¡Que te vea, sí,
que pueda verte quiero
si vas a ser consuelo!
No voz del ser que duerme
ajeno a percepción y sensualismo.
Tlanihuic, de teja abajo,
mis pies de matorral están cansados.
Luz y sombras se alternan.
Quiero más que vientos atrabancados.
El que existe que no esconda su voz
ni juegue a la entelequia.
¡Que se vuelva oxidasa citocrómica
y solidifique su arcoiris
sobre mis matorrales!
Así será consuelo.
No Dios ni neuma
ni sé yo qué carajo.
2-18-1981 | De El hombre extendido | Antología / Carlos López Dzur
Lamiae
El futuro ya llegó. Inmutable, cotidiano,
según la propaganda. Un presente de
espectadores anónimos, apáticos, demasiado
extenuados y miedosos, como woopies
oye las proclamas: Lamia es el hoy, orín
del futuro apedreado, vaho de la ira
con que del tiempo cae, malherido y placentario.
Nació a destiempo, madre humillada
de la noche y la venganza. Llegó sin avisar,
futuro prematuro en tierra de violencia:
lamiae con leche amarga y tristeza,
reina de su melancolía. Raza devorada
y devorante, era monstruosa. Demonia.
La reina llegó, infanticida y caníbal,
con fama bruja y xenofóbica. Es serpiente
y Maya del territorio oscuro de caverna.
2.
¡Tanto vivir para verla como al pánico mismo!
El futuro que devora a los niños y se enloquece
con el poder del homicidio, o los celos que asfixian!
La reina llegó. Mara / Maya / Lamia y su presente,
que es tan provocador como nadie lo espera.
Ninguno se afanará por construir las perspectivas.
Posibles contenciones a su ira.
Al contrario, van a pervertirla más, a perpetuarla.
Van a reirse de las cuitas del futuro,
van a globalizar su desvergüenza, su mal sino.
Nació sietemesina.
La vieja reina de las loas, amada Gran Fortuna
del Futuro, tocó fondo, cayó como piñata
y vino por venganza a pedir cuentas.
Sólo que hay peores asesinos, generaciones
que la odian; al parecer, sin motivo.
Sólo la temen los cansados,
los que ya no pueden hacer otra cosa que verla
por la tele, oírla en radio, leerse magazines.
Ya perdió el Rostrum en el Foro de Roma;
ya perdió el espacio, el pasado en el ayer
y la misión con que a sus hijos deseara.
Se quedó tan sola, la reina, emisaria del futuro,
sin la racha que tuvo de esplendores.
Hoy es la época de barbarie que vivimos
porque el futuro es ella, soledad y amargura,
desencanto y venganza, nihilismo y apatía.
3.
¡Esta maldita barbarie!
¡Este discurso triunfante de puerta que se cierra
de un portazo y sangra las narices del que llega!
No hay tiempo que anule el presente
en que se vive en función de lo inmediato.
No hay paciencia que aguante un giro
en la rutina cotidiana. Ya se dio todo.
Murió la dialéctica con síndrome de asfixia.
Murió hasta el propio Dios con su santoral
de varones y beatas, amparados entes, vestidos
del narcisismo de ángeles que nos amaron
tan incondicionalmente hasta que un día,
por amor traicionero y mendaz,
perjuramos con un vínculo enajenante y homicida
que nos ha vuelto sal en medio de las cosas
y ciudades, en cercanía de esa Lamia
que se quedó sin foro y no obtuvo otro púlpito
que el odio y el temor de generaciones posteriores.
4.
El futuro ya llegó y con Lamia trajo lo que trajo:
(1) las economías transnacionales
(2) la producción industrial de la cultura
(3) el ser idiota, despolitizado
(4) el rebaño que selecciona al Pastor por multitud
de slogans ganaderos y (5) la penetración cultural
ya consumada y la demagogia, su praxis
y el sofismo, su sabiduría... Y, es cierto, la barbarie
está más clara y evidente que jamás lo estuvo.
Argos es el gigante Cielo de esta noche.
Abulia inmisericorde. Hermes lo duerme
con los acordes de la flauta del presente.
Hera le arranca los ojos / las estrellas / y lo exilia
en la cola del Pavo Real de los pasados.
Lamia trepida resquicios sin hallar su consuelo.
El futuro se reventó en la Nada y ya no existe.
* * *
El trabajador enajenado
El quiso forjar una obra, tener una tarea
y para hacerla tenía sus ojos.
Decía, con ellos, el mundo existe,
territorio me fue dado, o estuvo ahí,
siempre, y yo lo acepté y lo quise.
En cuanto tal, sería mi tierra-patria-horizonte.
Ahora pregunta qué tiene, o qué forjo
(el hombre que quiso hacer una tarea
y decirse trabajador y honrado).
Aún sigue teniendo sus oídos,
con los que escucha diversidad de cosas,
incluyendo el viento, el trueno, o el lloro
de su parturienta, o risas y pataratas infantiles.
Oye que el ser no existe, o es incomunicable.
Ya no se atreve decir Soy ni en soledad.
La duda lo carcome; tampoco ha de decirlo en público.
Todo lo pensable no es tan bueno
que se diga, la imaginación se ha vuelto un entredicho.
Lo pensable tendría que ser y lo que es
no puede ser inverosímil. La primera ley
ya pide que su tarea no sea absurda.
No se invente o construya, por ejemplo,
un caballo con alas. O una libertad
fuera del mundo. Que no la tenga en sí
ni como pensamiento.
El quiso hacer una obra y tenía sus manos
para edificarla; pero su trabajo ya no es suyo.
Es trabajo forzado. No es la voluntad con qué pensó
en hacerlo, desde que vino otro y lo convenció
que el trabajo es externo. Suya no son siquiera
esas manos, esa tierra que pisa, ese taller
que lo cobija para que satisfaga al patrón
que pide: «Ház mis cosas; yo te pago».
El quiso hacer una tarea para sí
y con ella decirse un creador, útil y honesto.
Hoy le informan que no puede
aunque tenga aún los ojos para ver las herramientas,
oídos para que, por voz, se le instruya,
manos para que se ejercite;
pero lo han convencido, además, de que él
no tiene ser, sólo funciones animales,
no espíritu. No hay que trabajar por la Verdad
ni por el Ser, ni las Grandes Cosas propias
(la personalidad que lleva dentro).
El que quiera trabajar por el Ser
se funda en lo impensable, el No-Ser.
Entonces muere. De nada le servirá
la vida de sus manos, la idiosincracia,
el ánimo. El buen deseo. La voluntad iniciadora.
Si no quiere sentirse como un animal,
trabaje de acuerdo al reglamento convincente:
la palabra no es pensar, ni es la idea ni el objeto
ni el conocimiento del producto.
2.
Alguien quiere tu trabajo. Se fijó en tus manos grandes,
duras, próvidas. El las vio con unos ojos que no son soñadores.
Son como deben ser, calculadores. El concibió el proyecto
y dijo que la verdad es la presencia de tus manos
y su opinión y su parecer. No el tuyo. Hoy no eres
siquiera indispensable. Muchas manos hay
como las tuyas y, sin tus ojos, hombre pobre,
sin tus ojos que sueñan y producen pajaritos preñados.
Hoy se te ofrece un contrato. «Tómalo o déjalo».
Quien te lo ofrece no tiene prisa de alimento
como tú. El ya triunfó con la técnica que es suya.
El es como Gorgias. Tu verdad no le importa.
Tu dignidad no la mide por tus sueños,
sino por tu derrota. Tu impotencia.
Y él adivina en que devendrás si rechazas
la retórica macabra que tiene su contrato.
Harás como todos los que no tienen el poder
ni la riqueza ni las herramientas ni el Estado.
Comerás fetiches en la mañana, fetiches
en la noche y, entretanto, al mediodía...
mierda y miseria, hombre pobre.
3.
El quiso forjar una obra, tener una tarea
y para hacerla tenía la voluntad, hallar en qué ocuparse,
vencer el ocio, no querer escindirse en preguntar
en nombre de Quién o quiénes sudar por el pan diario.
El era un ser honesto, no mataría para darse alimento,
él quería ser humano, no una bestia,
y su miseria era real; él no quería fantasmas
con los cuáles debatir aquella verdad de sus orígenes;
tengo hambre y la familia entera de mí espera
alimento y Gorgias dijo: «No hay Ser y si lo hay,
de cierto que es incognoscible e incomunicable».
Por eso estuvo allí, tan triste
(el hombre que quiso hacer una tarea
y decirse trabajador y honrado).
Mas ya no estaba soñando suavemente
que él transforma el mundo cuando, en realidad,
es el horizonte de congoja, la sociedad de otros,
la que lo transforma y domina.
El ya no quiere un Ser inefable, prodigioso.
Ya se dice arrojado; él no hizo el mundo,
pero Dios tampoco parece que se acuerda.
En fetichismos divinales sólo se expresa su impotencia.
Y en el ocultamiento de su miseria, no se consuela
porque la entiende en el estómago y en el taller
que no produce para sí, sino para el que explota.
*
Sequoyah /
Sequoyah 2 /
Sunday, November 18, 2007
Mi pesadilla
Ve, destruye a los pobladores de Amalec,
y házles las guerra hasta que les acabes:
1 Samuel 15:18
Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila
hasta llegar a Shut, que está al Oriente de Egipto.
Y tomó vivo a Agag, rey de Amalec, pero a todo el pueblo
mató a filo de espada: 1 Samuel 15: 7-8
...pero, ¿cómo ha de ser que duerma yo
si los nangos, forasteros necios y aguerridos,
se asoman por mis ventanas como mozalbetes
mocarros, vanidosos de bronca,
y maldicen mis dioses y sistemas;
se burlan del cayado que con mi paso
se arma y quiere afirmarte
y ser caribe, como aquellos ancestros
que me díste con el ejemplo de Saúl
y Samuel, el juez, que cortó la cabeza
de Agag, el perdonado…
¿Qué? ¿No sabes que donde estoy
(como David cuando fuera perseguido
por Saúl en la tierra de Nod)
más de 20,000 inocentes cada año
son traídos con engaño para explotación,
son forzados a trabajo, a sexualidad ilícita,
en la Tierra del Sueño Pesadillesco Americano?
¡Al narcotráfico involucran,
a darse dicha falsa con el dólar,
a instigar la metagnomía,
a burlar la visión intuitiva
del Altísimo con el escapismo,
el juego, el fraude, el consumo!
¿Qué? ¿No sabes de los nuevos mercaderes
de paraíso, que blasfeman los regocijos
de tu pacto, tu ley universal,
tus reales formas de misericordia?
Gato por liebre dan al perjurar
en el lenguaje de los dólares:
In God we trust, en Dios la democracia y el delito.
¿Qué? ¿No sabes qué difícil es decir
como David: Dios que me ha librado
de las garras del león y de las garras del oso,
él también me librará de la mano de este filisteo?
Saturday, November 17, 2007
La síntesis dialéctica
La insurrección compone muchas
de nuestras sinfonías: Néstor Barreto,
en Legión: Poema pánico
Y a ese niño lo llamé Zaín, mi Espada.
Y lo desnudé para que fuera al encuentro
de la Amada, frente al Arbol de Cinco Frutos,
Mis Sentidos, semejante en gloria a los suyos.
En el árbol hallarás a mi Amada que se enrosca
como se dijera: Mi fuerza son impulsos primordiales
de Compañía, unidad de los polos opuestos.
Mi Serpiente copula en Shejinah como Zaín
ha de hacerlo en mis jardines terrenales.
Un regente de Mercurio lo observa, un ángel
de Gémenis flota, espión, en el aire.
En los Enamorados bendigo mi pacto, la Unidad
por los siglos de los siglos y hago que desaparezca
todo encubrimiento y vestimenta indeseable.
Como a niños, Soy yo quien los visto y los desnudo.
Equilibro sus consciencias cuando les atraigo
y les doy por disyuntiva: Armonía o Desamparo.
2.
Todos los pares de opuestos, por antagónicos
que parezcan, son complementarios
Desnuda todo pensamiento ante Mí,
en particular, la opinión de que alguno es, en la pareja,
mejor al otro. En subconsciencia de luna y mujer,
dí la impulsión al moviento, amor al placer, a la vida natural.
A los pares opuestos destiné a complementarse.
En carne troqué el polvo, en onticidad fueron
Mis Hijos de Adama primero que en espíritu,
y la ideación fue mi regocijo.
Zaín, habla cariñosamente a la mujer que está
ante el árbol de Mis Cinco Frutos: mírala porque
en subconsciencia se esconde, se activa y urde.
Sin embargo, nada hay más hermoso que ella.
Su voz ya, de por sí, es dulce; sus pies, sus dedos
y su tacto, más ligeros, más suaves, más acariciadores…
Antes que, con Espada de juez, discrimines, entiende
que con sus cinco frutos te probaré. Con sus cinco sentidos,
complementaré sus actos. Juzgaré sus pensamientos.
De modo que rodéala y háblale con cariño;
oye y mira, Amante, porque ella es parte
de mis paisajes y multiplicidades formales.
Oyela, Zaín porque aún lo que mis pájaros cantan
es deleitoso. Bésala porque su boca es sabrosa
como todos sus frutos… ¿no dije al «pueblo mío,
ve y oye»; acaso no dí fleromonas,
atracción química, a las simples criaturas?
Aún a ti, pueblo mío, doté de olfato
para que tu ofrenda sobreabunde de olor grato,
¿Acaso no llama con su olor la abeja reina a su macho?
En la subsconciencia de hembra, la desnudez
no será vanidad, así saltará la cuica y verás
sus posaderas, sonrisa en labios. En desnudez,
conocerás la espada con que discriminas,
Zaín, tu autoconsciencia, Zaín. Recuerda pues,
ante mis ojos, también estás desnudo.
3-06-1994 / De Teth mi serpiente
Ella / Isla / la Amada
Sospeché la geografía de ese cuerpo hermoso.
La isla nacería, su décima esfera de Caribe,
sus chispas de tikkum entre las olas,
extensión de su materia y monte santo
en el centro de Luquillo.
Nacería, Ella / Isla
entre pepinos y lícuos culebrinas
a las afueras del Valle del Yagüeca,
entre añascos y lares-libertarios.
La novia vive, dije,
predicha en la corona de Keter,
el punto primordial, lo oculto de lo oculto,
y por nueve caminos la busqué
hasta que dijo: «Existo».
Tierra mía
Matría, patria, te buscan los amalecitas.
Enemigos míos son. Condenan tu hembritud.
Se transforman en ácaros, en pulgas
que te comen el útero, que buscan el cobre
en el fondo de tus minas y cordilleras.
Quieren prostituirte y hacerte cascarón
y tikkum, residuo de mundos
de vasijas rotas y vestíbulos demónicos.
A tus enlaces los llamaste santos,
pero con doctrinas de la muerte
te dan besos de Judas. Te afligen.
Te venden en la esquina de piratas.
Te incendian en Arecibo, en San Juan,
en San Germán, en Añasco.
Te bombardean con doctrinas falsas
para que se destruya el Estado Nacional
y soberano de tu Altar en la Tierra.
Amada mía, estás llena de ladrones,
ganapanes que por monedas
te machetean el alma
y te vuelven la crédula de las proclamas
de Miles y siervos de los Imperios coloniales.
Sobre Teth / Aracelia Maldonado-Greene / Teth
El Todo-Nada
Todo proviene de la Nada, del dónde oculto, Ain. Ninguna cosa ha podido dejar al Ain Soph. El principio de tu existencia es Ain, Kéter… Debes saber de dónde provienes y a dónde vas: Tratado de Avot
Estoy comparando la bondad de conceptos cuya existencia a menudo me cuestiono con una paranoia que me impide ser justo del Todo y una euforia que me impide del Todo ser malo: Néstor Barreto (poeta puertorriqueño),
en: Legión: Poema Pánico (2001)
Quien es lo Sin-Fin, el Todo-Nada,
el principio de toda inteligencia en lo inmanifestado,
no te dirá Aléjate, tampoco dirá: Acércate
antes del parto del Reshimu.
A la Llama interna, Shin dijo vén.
Y en la unidad de lo Eterno está el carbón,
la esencia de lo cambiante.
Al Cambio (Shinui), lo inalterable de Havaiá,
con voz de espíritu, para el neshamá humano
se dijo acercáte, y tén entonces los ojos puros
como Abraham, Isaak y Jacob,
porque 400 mundos de placer divino
disfrutarán en Mi Porvenir y 613 fuerzas
puse en cada Rostro, el tuyo en particular.
23-04-1994
2.
Cuatrocientos metauniversos, moradas selectas
conceptualizan la realidad de mi Corona.
Enigmas son de mi Gozo. Con espíritu de Schiloh,
Elohim ha seleccionado al morador.
Lo separa de la esfera de la Multitud,
de la onticidad de los útiles.
De las pasiones de los vivos.
El ser divinizado escapará de las aguas.
Elohim mismo es el pescador.
El que corta el prepucio de maldad
estraga la materia plástica y, por igual,
la bondad. Ain Sop el mundo es
para que tu ser sea puro entre lo puro
y vayas al viaje, a lo Sin Fin, y no sea
otra tu distracción, sólo la unidad y el servicio
en la resplandeciente Luz.
3.
Pragmáticamente hablando, la poesía es uno
de los pocos recursos que tenemos para rescatar
la individidualidad que se hunde en el fango
del materialismo: Extor Henrique Martínez
The poetry of earth is never dead…
John Keats
Al glorioso Sol de la Tierra, camino hacia Maljut,
con su luz manifiesta, lo ví. El niño desnudo
sobre un caballo blanco galopaba.
Miles de flores rojas quedaban a su paso.
Incontable humanidad esperaba por él,
el portador más simple de inocencia.
Con la imagen del Niño discerní sabiduría,
restauración. Naturaleza y Arte proviniendo,
no de exaltada animalidad, sino de espíritu
y centralidad autoconsciente de Energía.
Aún así, al verlo sentí miedo.
Tarde o temprano, hay de querer matarlo
y ojalá se sepa / o pueda defender.
3-06-1994
4.
Porque él no es una efímera victoria de lo bestializado,
por el decurso mútiple de la Eternidad. fue procesado.
Su corazón percibe el Tiempo, ese tiempo inmóvil,
que no le dio mañas de reloj de horitas fijas ni los artilugios
que desesperan. El dijo: Existo porque quiero.
Y no es accidente del fracaso ni el dolor lo afana
Su tiempo es perfecto y como hojas de un libro
se comprimen y lee como de infinitos planos paralelos.
A donde quiere él va. En cada época se presenta.
Su cuerpo elige, su habitáculo, modelo de realidad,
entiende con su sabiduría. Es un viajero que
al padre externo, darwiniano, va por vida secuenciada;
pero aún es más. Mentalmente, conoce el universo
y el origen, sabe lo que tiene su extremidad
en el futuro y escarba en tiempos negativos
y aterriza en realidades fluídas, trascendentes.
8-06-1994
Entrevista en torno a Teth / por Aracelia Maldonado-Greene / Teth
Meditación sobre Artemis
Artemis, diosa lunar
La única musa que conozco es la intuición:
Extor Henrique Martínez
A mi hija Gabriela y al arquetipo de Artemis…
… en las llanuras esteposas, en selvas donde ninguno
cultiva, yo ví las niñas desnudas y remotas,
ví las ninfas que danzan alrededor de manantiales.
… yo no sé si había dioses, o ángeles o potestades
extrahumanas, metafísicas. En los campos de Chesed,
o en las montañas indómitas, aquí en mi mundo, aprendí
que la Luna las esconde con su misericordia
y todas ellan son íntegras, perpetuadamente puras
y sin tacha. ¡Y nos recuerdan! No sé cómo, pero nos recuerdan…
Alguno habría, no sé en cuál cueva, escondido en la Tierra,
que codició esta intuición. Por soledad, se inventó
la musa cazadora y la llevó a Micenas y las tierras de Minos.
Y un día la vio, como Acteón, bañándose la mugre
de las nalgas, y se pajeó con ella y se jactó:
«Por mí se quita la túnica, la follona, grande es
su jaibería, la golfa tiene huaca hecha de ardores».
… yo no sé si habría dioses ni ángeles ni entes metafísicos.
Ni sé de cierto si hay virginidades perpetuas, o purezas intactas.
Menos me consta que Artemis sea una hermana de Apolo.
O una hija de Zeus. O un ente alumbrado desde vientre
de mujer, o sólo un arquetipo; pero, ¡qué feliz soy!
La ví con una túnica azafrán de bordes rojos.
Como soñaba, se sentó sobre mis muslos y la túnica
se esparció entre mis rodillas y ví su sexo rubio
como su cabellera y sus muslos, manchados de hojarasca
y cieno, aruñadas como por garras de perro.
«¿Por qué vienes tan sucia de la calle,
por qué te dejas arañar de ese modo por los perros?»
Le llamé Gabriela, hija mía y me dijo:
No soy Gabriela aún.
Vengo de la Tierra de los Cíclopes,
por caminos ya por tí olvidados.
Vengo de cazar ciervas y recoger mis aderezos
de cacecería entre los perros, vengo
del lugar donde abundan los linces, vengo
porque me siento hermosa y amada por tus manos.
A mis pies, también ví una cabeza de ciervo.
Un remante del cuerpo de Acteón,
hijo de Aristeo.
12-03-1996
La voz del bohique
Un poeta no es tan apolítico como se cree:
Extor Henrique Martínez
El que no da promesas, pero cuyo silencio
va habla al Loquo del Turey y al Lukiyú de espesos montes
de espíritu informa del pan de casabe que jamás se pudre.
Sobre un sol reflexiona, y no de oro
como el que transforma, en apariencias,
mucho más amarillas las orillas de sus ríos.
De un pájaro carpintero
que desde el subconsciente de los árboles
fertiliza a las diosas, con alimento de luna,
sus noticias da y elucida.
Escucho a mi bohique porque su voz interior
nunca lisonjea. No miente por un poco más de tonsura
en los repartos. No se acaramela cuando no es
el ermitaño del camino o metido está en las cuevas
de Jovovaba. El sumo sacerdote, piel de tepeguaje
y ausubo con tintura de achiote, conversa
con nitainos del Deseo y príncipes del Conocimiento.
A todos convoca: Escucha, pueblo mío.
Rosas rojas a los pies puso el siervo deseante.
Lirios blancos quien en intuición se instruye
en los areitos. El que habla un báculo de hueso,
su maestro, alza hasta los cielos del Oriente.
Para los que aman al sol abre su boca.
La mano izquierda de aquel que nos bendice
medita acerca de los asuntos cotidianos. Su izquierda
apunta la cruda realidad de su suelo. Y él no
se place en idilios ni elude que en la Tierra
se combate con enemigos, traidores,
fuerzas temibles e invasiones.
12-03-1996 / Teth mi serpiente
Teth Aracelia Maldonado-Greene /Teth mi serpiente
El destello de Biná
… al destello de Binah y al Rayo de la Mañana,
que corresponde al atributo de Jesod, Bondad
Desde lo más oscuro, hallé Tu Consuelo.
Ví a la mujer que me visita, ví al varón
que me irrumpe en los sentidos.
Ví la Presencia en el mundo material
cuando distribuyó sus emociones.
Realzo lo presente por lo mismo
desde la Morada Oscura, precomprendí
el destello y ahora digo que vivo entre fulgores.
Desde hoy las cuevas de Malkut no son por siempre.
No existe la oscuridad en permanencia.
No hicíste al mono sapiens para eternas monerías
ni el cerdo de Báquira se morirá en el cieno
ni la araña con su escupido tejerá su mortaja.
El pez dejará los mares, así como el anfibio.
Realzo lo presente por los mismo.
Me pasaré a tus órbitas como un salto
de electrón, libre de las espermas protónicas.
Tu luz he santificado, Chokmah.
De tu Verdad hice esencia.
Tu Presencia entró en medio de lo ente.
Y mi visitante fue el entendimiento.
22-05-1996 / Teth mi serpiente
Sobre Teth / Aracelia Maldonado-Greene /Teth
La diosa fértil
I never can feel certain of any truth
but from a clear perception of its beauty:
John Keats
Quería una matriz, la Niña a quien llamaste Victoriosa.
La que se enamoró de Tiphareth en los caminos
de la sexta esfera; útero donde vivan los soles
y los rostros pequeños de los pájaros
y el corazón sintiente de las bestias.
Quería su útero la mujer desnuda, aquella
cuyo sola riqueza fue lo femenino,
excedente de emoción bajo la Luna
y el instinto que, desde el trono de lo oscuro,
la matriz arquetípica de Biná, alguna luz
Te absorbió, Padre del Hombre, sabio
de Tikkum y las restauraciones.
¿Cómo no se conmovería Tu espíritu,
verbo de luz diferenciada, autor de Todo-Nada,
Padre Omnipotente, si díste el color de la sangre
y en la vida te places. Eres la Vida misma.
22-05-1996
Del libro Teth mi serpiente
La verdad desnuda
Saber significa haber visto, en el sentido más amplio de ver, que quiere decir captar lo presente como tal... poner(lo) en lo no-oculto: Martin Heidegger
Eva, se acabó el duérmete, nene.
Van a madrugarnos para el Trabajo Duro.
En las sienes será sobado el pan con sudor.
A descubrir la vergüenza y chotearla
debajo de la parra somos llamados.
Seremos despertados a la labor,
con olvido eficaz de lo que ha sido
parasitario, privilegio, latencia.
¡Viva el ser-en la responsabilidad:
ya no somos niños en la Gracia!
¡Sea el libre albedrío, sub-divo
y divino, en la Isla / la mejana
/ la Amada y su pareja en el tiempo!
¡Descúbrase presente como tal
el obrero, hijifique a los artesanos
del futuro, más sedientos de gloria
que de créditos en la gratuitad
del paraíso, la abulia, lo inefable!
Se acabaron los cargos escondidos
en la cuenta de banco, en la tarjeta
de crédito, en los pagos al ser,
su casa, sus consumos,
ya nos cantan la neta.
Somos lo que somos en Malkut.
2.
Nos llamaron a esta verdad del saber,
a la crítica necesaria, sin engaño,
a la Nada y la No-Verdad
del que es Daath y no quiere mentirnos,
encubrirnos, ocultarnos.
La realidad existe.
¡Basta gusano de Jacob!
3.
La inocencia de pareja se nos fue para el carajo.
Vas a parir los neosimios de brazos cortos,
con la cabeza ancha para el conocimiento
y sus pingas pueden que sean brutales
y un hermano se levante contra el otro
y se funde la sangre de caínes.
En mundo y tierra ya estamos
con la esencia como único alimento.
Somos cuasi rivales del combate primiginio,
inevitable, porque un centro abierto
está pidiendo la disputa y el Edén
se transformó en lo óntico.
¿Y nosotros? ¿cómo saldremos
de esta lucha? No preguntes, Eva,
porque antes tendremos que viajar
hasta el Reposo dentro de nosotros mismos.
4.
¡Mírate desnuda, mírame
que, por eterno, definí las verdades
del ente familiar, seguro, sin necesidad
de otra cosa que la fiabilidad y extrañeza.
Hoy enfrento a ese enemigo del color
cetrino y fresa de tu rosa
y la manzana de tus ambiciones.
El antagonismo de la presencia
es el camino. ¡Huyamos!
mientras se pueda esconderse
entre los siglos y se entrevea
lo singular que oculta el todo
y lo mísero que tapa
la abundancia en el Maljut.
Del libro Teth
El gobernante entristecido
«¿Por qué no lo entienden?», lamentó el gobernante.
Entró una gran tristeza en Capitol Hills.
La realidad llegó y se retuvo con la forma
de un zapato, ¿pero dónde está su dueña?
¿Dónde la verdad que se lo calce?
¿Dónde el cristal se volverá mi espejo?
¿Por qué no la han hallado?
¿Cuál es mi culpa?
¿Por qué se ha ido?
¡Qué negligentes son, miles de truhanes?
¿Qué, no saben cumplir con lo que pido?
¡Es sólo que miren a los pies!
El talón que nos duele.
Bajen los ojos donde existe el mundo.
De la mujer examinen las uñas y los dedos,
el calcañar, la huella que deja su pisada,
el ritmo que la desliza en los caminos.
No. No. No estoy pidiendo el infinito.
Ni que resuelvan un misterio sin cimientos.
¡Yo sólo pido un pie para un calzado,
un sujeto que en la Tierra se habita!
Una niña que se fue con su alegría
y no la compartió conmigo.
El ingeniero / Los herméticos / Norteamérica y la anonimia
La Cenicienta en el baile de galas / 2
Paradójicamente no la conocía nadie.
Su nombre no está en las agendas
ni en los directorios telefónicos
de gobierno ni grupos de timócratas.
Ella es lo más anónimo que existe por de pronto.
Ella lava los pisos de casa y lava y seca
platos y come en un rincón de su cuartucho
y las otras, a más su madrastra,
la callan como a una criada
y la desprecia como a perro pulgoso
aunque, en el interior, se muerdan
por envidia y salten
las vallas de sus temeridades.
Ninguno pensó en la Gran Fiesta que ella
vendría de módulos analógicos, de un mapa
del corazón geográfico de América o el Mundo,
con todos sus nobles apetitos.
Ninguno la visualizó enteramente
con sus conexiones de consciencia libre,
abundantemente generosa.
La observaron con rudimentarios ojos.
La medio-oyeron con orejas tan deficitarias.
La leyeron de códigos cuneiformes y jeroglíficos
que informan sin contextos eficientes, de modo
que pudo ser cualquiera, alguna que no tenga
paisaje ni posición, ni alcurnia ni perro que le ladre.
El lenguaje que habla no existe.
El potencial que tenga su persona es un borrón
y una mancha de tinta, o de excremento,
en un papel tirado a la basura.
En geometrías planas, abstractas, casi arcana,
si algo la alude será lo que diga moralmente
¡ella no existe! ¡no es posible!
espiritualmente, está tan mal leída,
no tiene las precisiones necesarias.
26.
¡Pero estuvo allí! Y no es ganado humano.
Y, de veras, me extrañó que allí llegara.
Entró y causó asombro.
Tenía un cuerpó que julepeó expectivas.
Una elegancia juvenil, madurez afectiva.
Quien quisiese apremiarla con preguntas
y pasarse de listo con su encanto
se fue al bombo: durante el banquete
todo transcurrió como hola, buenas noches,
y comieron y brindaron ceremoniosamente.
Después, por causa del baile, las penumbras,
jaranas y licores, el humor y la ebriedad
de la bolinga, hizo toques de diana, levantó
a los dueños de puñales, vistió despacio
a los que tienen prisa de ir a comer en las ollas
de Egipto y adular y ultimar los cuerpos más jóvenes
con su magreo, animales fosores, hipócritas,
neuróticos, inmorales, sofistas sin la chispa divina
de razón que ella conoce y la viste gracia.
Posiblemente, insolícitos fantasmas se acercaron
a ella, Cenicienta. Le ofrecieron los sorbos
de su testosterona, semen de sus licores,
mariguana, metanfetamina, anestesias
con promesas y placeres prohibidos,
frenesí de segunda mano, alturas de poder
y de cresomanía, todo con tan poco contacto
de los ojos, que ella se fue, corrió a su casa
bajo un cielo turquí, con los ojos llorosos.
Canto al hermetismo
La Cenicienta en el baile de galas
Tiró la diadema de la noche tras la ventana
por donde vio una luna vieja y solitaria.
Sus recuerdos del baile y de la cena de galas
los botó por otro resquicio de la noche fría.
No sé cómo Cenicienta soportó tanto.
Llegó a su casa a quitarse su vestido.
Lanzó el zapato de cristal
al rincón de las escobas,
a una restinga debajo del lavabo.
Se desvestía a solas meditando
sobre el tizne del lujo con que esas horas
en palacio la contaminaron.
«No es ésto lo que quise», repitió y empezó
a desnudarse y palpó las mojadas pantaletas
que habían sido asaltadas por las fieras
y miradas lascivas; los herméticos
fisgonearon su carne. Ojos encelados,
furtivos, en vela, que se la estaban comiendo.
Ahora, desnuda, se miraba de otro modo.
Estaba a solas con su hermosura
y su alma, serena, transparente.
Para dormir, tranquila y esperar
la jornada de oficios de mañana,
se metió bajo la ducha.
Quiso estar limpia,
meticulosamente limpia.
20.
Usted le ofreció la Gran Orgía,
la danza macabra, hexámetros alucinatorios
del hemisferio derechista. Estuvo exterminándola
medizante un rap / ragUetoneo perjuro
y el corifeo especulado, ritmo amorfo,
vals sin síntaxis, bolero sin metáfora,
sin sutileza introspectiva.
Usted le dio como pista el territorio más externo.
Una objetiva mímesis y ella estuvo allí, aturdida,
cachondándose con su propio remezón de nalgas.
Por momentos, creyó que bailaba para sí,
no para ninguno, porque recogía el misterio
de manzanas de jardines encantados y ninguno
extendió su mano para recibir lo que daba.
Sola, en medio de un bullicio de gayola,
ansiosa como si esperara un peligro.
Sus nervios, excedidos en una ecolalia
sorda, autónoma, y una percepción de verdor
que es un rojo de la protanopía y los relámpagos
de luz de mil bombillos, como ojos de avispas
cibenéticas y gatos viejos que bailan
con bolleras y lesbianoides tusas.
21.
Usted la invitó, yo no sé cómo, o la hizo
invitada especial a la Gran Noche,
las noches de las pompas festivas
y las puñetitas de los sinarcas y toparcas
y los que hablan a todo lo que raja
dizque como homenaje a los talentos
y las personalidades…¿por qué?
… porque ella lee mucho
y es alumna talentosa, porque es alegre y canta,
tiene el ritmo melodioso de las ninfas,
la pasión receptiva, la ambición de un ave
de alto vuelo que huye de los requilorios
salvajes y homicidas, en lo bajo de la tierra
o en los rumbos engañosos del aire.
… porque ella viene de la tierra del trabajo
y la pueden llamar minoritaria, etnia impura,
anglo-hispana, hija del futuro contingente…
Y, de veras, me extrañó que allí llegara,
vestida como una princesa, ella, la humilde
como una pobre gata, hoy radiante,
más elegante que sus hermanastras,
su opuesto… oportunistas, vanidosas,
diablesas de la pequeña burguesía
y el arrebato, el descarrío del mal aviso
y la mentecatería…
Y, de veras, me extrañó que allí llegara…
22.
Se sintió descoyuntada y sacudida como Aquiles
cuando Tetis lo agitó en las aguas de Stix,
hundiéndolo para que se hiciera
imposiblemente invulnerable al maleficio,
al atropello, a la muerte, pero allí,
donde el espacio fueron la palma de las manos
de su madre, allí estaba la herencia subyacente
de su caos: el talón seco, sin protecciones.
A Cenicienta, también se le sacudió
en lo bajo de las aguas con una mano
que habría roto sus tobillos por entero,
pero sólo sostuvo el fin de maldecirla
y ahogarla, y no una madre como la de Aquiles.
Ella era otra. Fue de otro tipo la mano
Que sacudió a mi sobrina.
Una bruja, infanticida, la hundió en Stix,
la misma que a mis ojos ha cegado:
una encarnación de envidia y paranoia
con un deseo de apropiación intenso
y largo como sus propias orejas de asno.
El zapatito olvidado
«Tu presencia no es en ningún misterio indecifrable.
Ni anomalía que exija la rata roja o la paloma blanca.
No es superstición ni es magia de ratas negras
lo que explica que tengas en la urna
su zapatito olvidado, su escapada,
su prisa después que la abrazaste,
cinco minutos antes de la medianoche».
«¡Cerca de tí vivió siempre a quien endecho,
endéchala conmigo! … porque tú actualizaste
su imagen, la imaginaste no en la conciencia
del mundo, o el mundo en la concienia,
tú la inspiraste y quien no puede conocerla
no la hallará aunque viva en lo cercano
de tu casa; endéchala conmigo porque
el Dédalo de la subjetividad no la retiene».
«¡No puede retenerla o conquistarla
porque es revelación interior y, al mismo tiempo,
externa como esta sociedad desterradora
que quiere a Dios dependiente,
a la Naturaleza esclavizada,
a la historia y la raza cogidas por el cuello,
hipnotizadas en la barbarie de los días
y los azares subjetivos de las noches»…
Creyeron verla
Creyeron verla. Eran sólo persuadores
llevando consignas, dirigistas de otros mitos
y depósitos, yendo a sociedades cerradas
que no ya fácilmente creyeron lo postrero.
Son amargos incrédulos, reacios a oler
de cerca a los que optan y deciden
sin nunca consultarlos; ahora que vienen,
dizque con acción transformadora, declaran
que sobre el pie se elevan las rodillas
y se surte una noción de marcha,
no de combate, un afán armonizado
del trabajo libre y grato.
Ahora, los que llegan bendicen a mineros,
a sus mujeres, a sus mulas, a sus villorios
que viven en la fatiga y el estruendo
y cavan túneles de ambición, rutas
a una riqueza que del azar no depende.
El cimiento son vetas de oro.
Seguro que nunca les faltarán los compradores.
¡Pero no serán ustedes, por de pronto!
«¡Váyanse!», les piden a los tercos.
Eran invasores motivados a entrar en territorios
que antes fueran invadidos, áreas de flechas
y rifles, cañonazos, encono; rumbos aún
no descubiertos por negros en cadenas,
rutas tal vez desconocidas por esclavos cimarrones.
Regresan e invaden para hacerlos objetos
de su acción y sus planes ficticios; darles
sus prescripciones. Educarán al ignorante,
ahora en finanzas, en los precios del oro
en el mercado. Los mineros, les dicen:
¡No seas tú quien me eduque!
¡No le llamamos! ¡Que no vuelvan
a educarnos, invasores!
18.
Se llaman libertadores otra vez por el pretexto
de que vieron un ideal que induce a la alegría
y descabeza el odio, o el temor, o las arduas tareas
de problematizaciones. Quien tenga más levantará
la cabeza. No les dirán Pienso por Tí.
Esta vez dirán Pensamos. No les dirán
Lo tomas o lo dejas; será otra fórmula:
Te ofrezco tanto, en pago inmediato
de monedas constantes y sonantes.
Creyeron verla. Eran domesticadores
cuya práctica antes fue adoctrinar a seres para otros,
iniciar las relaciones antagónicas, matar
con cuchillo de palo; llegaron a los territorios
no tan desconocidos, donde habían sembrado
el miedo y prepararon el encuentro de los irreconciliables;
pero esta vez será con artilugios diferentes.
Dijeron que vieron el espíritu de la América hermosa
y en algún lugar está, en medio de estas expansiones.
Es como el oro que las minas del Oeste.
Por eso vienen. Creyeron verla en las carretas
y las mulas; la princesa deseada dialogará
en medio del polvo, cantaró y ríe cuando la pólvora
estalla y en ríos de dinamita, los cerros se disuelven.
Creyeron verla y ahora, valiosos y grandes
describen sus ojos, no como dos pedruzcos
selváticos; hoy son ojos inmensos y rocosos.
Largos y rubios serán sus cabellos, como lana dorada,
sobre la tez y los hombros. Dijeron que la vieron
cuando vuela, como un viejo fantasma
y se objetiva en medio de faenas y aventuras
como el ente más rico del trabajo.
Y esa cara tiznada de ceniza es la niña buscada,
la dama del futuro, envidia de banqueros
y oligarcas. Creyeron verla y van a hablar con ella
de inversiones y riquezas y de justas ganancias.
Creyeron verla. La Cenicienta, como una mina, existe.
América la Nueva
Todo nuevo saber, al instalarse, mira
hacia el que vendrá a sustituirlo:
Pablo Freire
Quien sea América la hermosa, la deseada
e indispensable para el mito de futuro,
ha de ser trabajadora. Ninguno que la vea
absolutizará en su psiquis su ignorancia
ni podrá tener en menos sus harapos.
Ella ha cambiado. Ha escuchado suficiente.
Otros la esperan como una doncella perpetua.
Mas ya no existen los saberes absolutos
ni ella se aliena en el reposo sempiterno.
Está bien que la busquen. Ella lo dijo:
«América la Nueva: ese es mi secreto,
el calzado de mis transformaciones».
Mas no se vale la desconfianza y el repudio
con que antes la miró quien no se acercó
lo suficiente ni investigó su fuerza,
su poder transformador, o su conocimiento.
Si ningún esfuerzo hizo por encontrarla
aquel que hoy la reclama, no la verá.
No puedo verla, por más que se lamente
la praxis de aislamiento. La distancia afectiva.
Ella no necesita que ningún necio la vea.
Quien la vio, aunque parezca paradoja,
dicen que es un ciego, ente que predica
la dialéctica y que arguye que el cambio
es el corazón sustancial de la constancia.
Alega que la vio en permanente movimiento
y que ella es la que busca y se muestra y hace
y rehace todo lo que examina por entero.
Siempre apetece un saber nuevo.
Como un camaleón muda la piel,
muda lo viejo, se transforma y con ella
se transforma la realidad en pleno.
América la Hermosa no es Doxa.
No es magia. No es letargo.
No es capricho ni meramente aventura.
Nadie le impone nada porque no es dócil.
Está impaciente en cada instante viejo.
Y el Ser Dominador se quedará esperándola.
Nunca vendrá a calzarse en su pie la zapatilla
el pasado idolátrico e impuro.
Canto al hermetismo
La frase timorata
Pero yo, ciego en apariencia,
con ojos visionarios estuve al oído,
no en sordas penumbras de hermetismo,
cuando Jefferson redactaba el documento,
la Declaración de Independencia.
Yo le hablé sobre los negros y su esclavitud infame
y, a contragusto mío, triunfó la frase timorata,
insuficiente: igualdad de todos ante la ley.
E insistí yo: Mr. Jefferson,
anota que los negros sean parte
de esa igualdad de todos, dílo claro.
Escribe que no exista esclavitud ni latifundios
que se levanten a expensas
del derecho del indio y del esclavo
porque hay quienes tienen ojos y no ven;
hay quien los oye llorar y maldecir por causa
de su yugo y el recuerdo de que llegan en cadenas,
arrancados de sus patrias ancestrales,
y teniendo oídos no oyen y, si es que tienen alma
o consciencia, no se compadecen.
Dí claramente que la América soñada
es revolucionaria, anticolonial, antifeudal,
inclusiva, sin discriminaciones. Haz que exista
el negro, ese fantasma del trabajo, házlo libre.
Dílo claro, mata ese hermetismo, tentación
de enemigos y piedra de tropiezo para el Gran Proyecto:
Cien mil negros ya son revolucionarios y se han unido
al Comandante Washinton; tén ojos para escribir
han de ser libres, tén la boca para llamarlos hermanos;
voluntad para darles las gracias porque van junto
a nosotros, en batallones libertarios; son cien mil
hijos de la nueva patria, la Nación, América la hermosa.
Establece que los indígenas que en el Sur de Carolina
desafiaron a británicos, con ejemplos singulares
de su rebeldía, serán nuestros primeros ciudadanos.
Y, contragusto mío, los excluyeron.
Canto al hermetismo
Eugenesia
«¿Para qué sirve un ciego?», me preguntan
quienes degradan al hombre sin necesidad
de atormentarlo, o sacarle los ojos, y acumulan palabras retóricas, herméticas,
delirantes, mentirosas y cobardes;
preferibles es que sean mudos,
¿no, Mr. Jefferson?
si ya las pupilas no son útiles.
Para mucho más que los que tienen ojos y no ven;
Para mucho más que los que tienen lengua
¿Para qué sirve el granjero que depende del más fuerte
que cosecha la riqueza porque él no dobla el lomo?
¿Para que sirve el hombre, cuya única tarea es sacar
de su bolsillo 150 dólares y comprar un esclavo?
¿Qué tal si un árbol cae y lo tulle de piernas,
que tal si un animal lo ataca y le come los brazos,
para qué sirve tal hombre, si es esclavo?
Usted que piensa en estas cosas, Mr. Jefferson,
¿será ante la ley igual el feo que la damita hermosa,
serán los retardados, bien mirados, protegidos,
o serán useless citizens, tratados como cargas impropias
al Estado? ¿Quién hay que hable, con mesura,
sobre las fuerzas productivas y planeación racional
cuando advenga la vejez, la discapacidad,
la artritis, la demencia, la parálisis?
El racismo está pidiendo las soluciones eugenésicas.
El gobierno evade los costos de estos programas
que hacen la compasión asunto público.
Se ha reclamado el fin de las plataformas
de beneficencia, welfarismo.
¿Quién se dará cuenta si soy sordo o ciego
si hay quien teniendo ojos no ve
y, aún con oídos, no escucha
y teniendo lengua y entendimiento,
no discierne ni se expresa?
La Cenicienta idealizada
Ella es el ideal buscado.
Un poco del amor que Ella sostuvo
yo lo cultivé por años. Aún lo cultivo.
Yo la ví en su danza
en las riberas de su Fuente y me sentí
como un sagrado Pan, enamorado.
Ella es la puerta en el templo abierto
de la Arcadia en bancarrota; ella es
la América soñada, América la Hermosa
cuyo sostén a las suertes se ha venido
jugando, repartiendo como un trapo
su bandera, su esencia
desgarrándose el manto de su causa
por madrastras lujuriosas,
posmodernas, con corazón de riña,
y brujas de nacionalismos esotéricos.
El alma de América
Justa será mi recompensa a quien venza
a los roedores y, al final, traiga a mi novia,
que es el Alma de América.
A puerta cerrada, busquen la verdad
pues verdad es de todos los que la vieron
y en mi espacio se citaron en su día.
Aquí estaban las más bellas mujeres:
Estrellas de Hollywood y no tomaron nota
de la que se parezca a ella, una con sus méritos,
porque meditaban tan sólo en cómo perseguir
las subversiones de los Hollywood Ten;
aquí, en el salón oval, Truman pensaba
cómo desarrollar la Bomba H
y financiar con más dinero el Comité legislativo
de Un-American Activities, aquí, bajo las piernas
de cientos agentes desplegados, expertos
en qué sé yo qué seguridades, se largó
la modelo más bella, el alma danzarina,
la juventud que conmueve, la estética nacional,
la dulzura del arte, la ternura encarnada
en medio de la Tierra Nueva…
Examinen ese pie que en secreto cautivara
más que las plegarias recitadas en las plazas,
o las esquinas de los jactanciosos.
Digan que la calidad de la sobrevivencia
(alma de Washington y mi cuerpo jeffersoniano)
depende de encontrarla. En ella fundaré
mi causa, alcanzándola tendré la autoestima.
Renacería la belleza, nuestro mito.
Su efecto en mí dará razón de mis prosperidades.
Todo lo que hoy tengo, América, te lo compartiré.
Besaré la boca de un alma pura,
tu Conciencia Americana.
Perdonaré tu pecado, esclavizador,
las guerras que te divieron, pondré fin
a la Mordaza o la resistencia a los reclutamientos
a la Primera Guerra, o la Administración de Wilson.
Canto al hermetismo
Búsqueda de la Cenicienta
Que no seas tú quien vayas.
Llenaste mis oídos de fatales silogismos
y disputa encarnizada. Si regresas, repetirás
el duelo: No hay sujeto que se armonice
a mi anhelo. Un sujeto como aquel no se repite.
Antes se muere. Lo despedazarán
los que son tan codiciosos que lo quieren
para sí, sin amor alguno.
No vayas tú que predestinas la destrucción
con tus palabras. Que a lo final no lo hallarás
ni en sucesión ni en principio. No vaya
ningún sustentador de la amargura
si convencidos están de que la vieja antinomía
es permanente y desgarra más hostilmente
aquel instante frágil que yo gocé en mis brazos.
La estreché con ímpetu. Le dije:
«¡Quédate, doncella, sé mía!
¡Quédate con tu pie pequeño, pero inmenso!»
y se deslizó en escapada.
Me dejó un objeto que sin ella es nada.
O peor, sujeto sangrante aquí en mi pecho.
Es talón sin dueño, pie sin aparentes direcciones.
¡Que no seas tú el que vayas a buscarla,
solipsista! Traerá contradicción y más contiendas
del Yo con sus espacios y los rumbos
y los entes que llevan a su casa.
Canto al hermetismo
La Cenicienta
«God bless you, mouse!», the bridegroom said,
And smakr her on the lips: Warner: Albion’s England
Busquen a esa mujer, de pies ligeros,
sea en toda la Judea o en las ventas del carajo.
Si ciegos van, lávense los ojos hasta que vean.
Conocí a un ciego que ve y no tiene ni sueldo
y nadie lo consulta. Habla como los iluminados
de los antiguos días y las ratas negras
de la muerte no entrarían a su boca
on la rauda pisada de las almas pudridas.
Estén atentos porque hoyos hay en los caminos
y los ciegos guías de ciegos, caminarán malditos
porque ya lo dispuse: ¡malditos sean
los que tropiezan y hacen tropezar al ansioso!
La ineptitud
¡Maldita sean las bocas que no pueden nombrarte!
Tanto preciocismo turquesa y estoy caído
con las rodillas rotas, laceradas; tanto jade chino,
y el mundo, como una piedra bruta, sabe
a sal, no a leche pura, no a miel divina.
¡Pues, malditan sean, consultores,
de planetas, horoscopistas, que invocan
metales de luna y plata, los diamantes
de sol, hierro de Marte!
No sirve a la esperanza el ópalo
de octubre; no son sinceros,
pese a que a mis dedos los anille
de amatistas; les doy oro y soles
de diamante y llegan con oscuros juegos
de conceptos y palabras, con sinestesias
que torturan mi razón y la verdad que exijo.
¡Malditos sean los que te nombran
y te llaman precaria, ridícula brizna,
azul de Venus, hechicera, perla
que subió a una luna, cuando pude
ser un topacio en mi sol, el tope
y cumbre de mis alegrías!
No han sabido buscarte.
De fariseos se llenó mi encomienda,
hipócritas literalistas que leen talmudes
de tullidas consciencias; pero quebrantados
quedan cuando niegan su nombre, democracia.
Canto al hermetismo / La capitoleña
El pie doliente
«¿Por qué no lo entienden?», lamentó el gobernante.
Entró una gran tristeza en Capitol Hills.
La realidad llegó y se retuvo con la forma
de un zapato, ¿pero dónde está su dueña?
¿Dónde la verdad que se lo calce?
¿Dónde el cristal se volverá mi espejo?
¿Por qué no la han hallado?
¿Cuál es mi culpa?
¿Por qué se ha ido?
¡Qué negligentes son, miles de truhanes?
¿Qué, no saben cumplir con lo que pido?
¡Es sólo que miren a los pies!
El talón que nos duele.
Bajen los ojos donde existe el mundo.
De la mujer examinen las uñas y los dedos,
el calcañar, la huella que deja su pisada,
el ritmo que la desliza en los caminos.
No. No. No estoy pidiendo el infinito.
Ni que resuelvan un misterio sin cimientos.
¡Yo sólo pido un pie para un calzado,
un sujeto que en la Tierra se habita!
Una niña que se fue con su alegría
y no la compartió conmigo.
De la Segunda Parte: en
Canto al hermetismo
El niño ingenuo y dócil
Un sujeto, transformado en objeto, recibe
dócil y pacientemente, los contendos que otro
le da o le impone… aquel que es llenado por otro
de contenidos que contradicen su propia forma
de estar en el mundo, sin que sea desafiado,
no aprende: Pablo Freire
Tú eres un niño ingenuo, dócil y desvalido.
No preguntes cuál haya sido mi nombre.
O cuál será, o qué partido tengo.
Dí que soy La Madrastra, externa madre
de los Contenidos Extendidos. Extiendo
mi mano, mi conocimiento. Ofrezco lo que está
en nuestro lenguaje, en la estructura
de nuestro saber y nuestro comportamiento.
Tardé horas y días y siglos, si así lo entiendes,
en llegar a remediarte; pero escuché
finalmente tus lamentos. ¡Aquí están!
Yo sí te doy unos zapatos.
Iría a cualquier parte de la tierra
por aquellos que sean de tu medida,
cuyo interior sea mullido para que tu pie
descanse; yo soy la que proveo, la apiadada
que no sólo promete. Cumple.
Tú no preguntes. Agradece.
Yo soy la que doy y me acerco a tí.
Tú no lo harías; no me buscaste
(acaso por resentimiento, ciego de odio)
y sé por qué te hallo tan postrado y muino.
Tu comprensión es ingenua todavía.
Tu madre es una Doxa, opinión insuficiente,
raíz desamparada, y ella se secó como una higuera
en medio de una lluvia de granizos y tu padre
se destroncó, antes del trueno, al golpe
de un relámpago. Eres el huérfano histórico.
Para tí mi piedad. Acepta, por favor,
estos zapatos; agradece de mí, misericordia.
Canto al hermetismo
Las brujas piadosas e hipócritas
«¿Por qué has de ser tú quien me laves
y cures mis pies llagados, por qué tú?»,
preguntó el ciego. Apenas si podía creerlo.
Nunca la vio tan cerca como ahora
ni ella se había pasado a su calle como hoy.
Siempre lo miró desde el alto de sus pupilas
y no acudía al martirio de ninguno.
«No fue que me dejara de querer. Fue que nunca
me quiso» y, ¿por qué lo hará hoy y se inclinó,
casi en rodillas, con empeño de lavar sus pies hinchados,
lacerados con el dolor de siglos.
Ella todavía negó su nombre. El lo preguntó
una y mil veces, en cientos de existencias
y momentos de ser-en-situaciones:
«Si apenas te reconozco, ¿quién eres que hoy,
al parecer, te postras a mis pies con ese alarde?»
Sí. El Ciego la había oído tantas veces,
pero ella a él jamás lo había mirado.
El sí la recordaba: ella gritándole desde balcones,
a los que son como él, con más miedo que odio,
hijos del limbo, flojos, sanpetardos, bravucones,
herejes, mentecatos, hijos brutos, envidiosos,
malagradecidos, perdedores: yo les maldigo:
como una viuda rusa que los observa en marcha
contra la Sede de los Saberes Extendidos de Occidente
en los tiempos de Pedro el Grande y la zarina.
Odio y maldigo al que mata hessenios,
por igual, a los hijos de las brujas, a francmasones,
a peones renegados del «corvée», constructores
de puentes y caminos por orden de Jean Orry.
Odio al pobre, enemigo de mis intereses agrarios.
Odio al pobre, enemigos de mis intereses financieros.
Odio la imposible igualdad de todos los hombres.
Sí. El Ciego la había oído tantas veces,
pero ella a él jamás lo había mirado.
Ella decía: odio a los jesuístas, porque fui dama
de Francia y supe de las matanzas en el Campo de Marte.
A marineros que renieguen del imperio y digan:
«My country, right or wrong», los repruebo
porque yo fui una de las niñas consentidas de Inglaterra,
Odio el grito «No Popery» cuando se grita
en medio de motines; no me gusta el fin
del Sacro Imperio Romano.
Sí. El Ciego la había oído tantas veces,
pero ella a él jamás lo había mirado.
A los juicios de traición en la Asamblea de Virginia
no los aplaudo; a los indios embravecidos
en el Valley de Wyoming los quiero exterminados;
que supriman los derechos feudales y la trata
de esclavos me entristece; como dama de Francia,
la toma de la Bastilla, el gobierno de Mirabeau,
la huída del Rey Luis XVI y su corte, me trastornan.
¿Qué vendrá después? ¿Cuán profundo será el caos
ahora que los esclavos se rebelan contra el amo
y la soberanía popular clama sus razones
en el centro de las plazas y delante
de los viejos monumentos?
Sí. El Ciego la había oído tantas veces,
pero ella a él jamás lo había mirado.
Canto al hermetismo
Crítica de las hadas madrinas
Y el Ciego, a quien llegaron las consoladoras,
los agentes migajeros, los interrogadores,
en medio de una calle bostoniana,
sintió que quien decía «Curaré tus pies».
Una mujer acercó una ollaza con senda cobertaza
y se convirtió de pronto en otra bruja.
De pronto se vistió con un manto de hermosura.
Se había predicho: sería como dama,
deliciosamente perfumada, elocuente y serena.
Y ella advirtió:
¡No escuches lo que te diga una Hada!
Todo su mundo es falso. Su fondo es la inconsciencia
colectiva, el depósito de la perversidad milenaria,
caldero del asco del viviente, historial del pánico
que va arrastrando un pueblo que no quiere aprendizaje,
ni justicia ni lavado de sus pies en justa palangana…
Ellas son brujas. El sucio lo acumulan, lo guardan
y lo devuelven cuando pides la dicha, menos esfuerzo
en el oficio de sobrevivirte. Ellas siempre hablan
de trabajo, de sacrificios, de seres torturados.
Representa un modelo intemporal.
Te dan el atavío lujuriante de un optimismo ingenuo:
Te prestan un vestido y las sandalias por un rato,
pero deben correr a devolverlo todo
antes que sean las 12:00 de la noche.
No yo, así las brujas que se llaman Madrinas /
seudosocias / Comadres / protectoras del ente
Ceniciento, fatalista, embrutecido.
Soy distinta. Vengo y curo tus pies
y me voy, con el consejo: ¡No confíes en las hadas!
¡Son las brujas de Walpurgis, las mismas que devoran
la existencia, perpetuando el dolor en camuflaje!
Canto al hermetismo / La casa embrujada
El hada noética nacional
No hay un ‘pienso’, sino un ‘pensamos’:
Pablo Freire
Tengo el polvo de las misericordias,
además del ungüento del dolor neutralizado,
la grasa de las bendiciones, el talismán
para el hueso restaurado;
yo doy la noética
de los cielos abióticos.
La bestia venzo,
la maldad destruyo.
Ato la voraz demencia de los dominadores.
Acabo las doctrinas de los ultramontanos.
Desangro el imperialismo de oligarquías
financieras venecianas.
Me cago en la Donación de Constantino
y los normandos… Yo soy el Hada, lo Noético.
Mi palabra es Yo Pienso, aunque tú me corrijas
y me digas: «Pensamos».
Canto al hermetismo
El hada nacional
Soy el nacionalismo, raíz de la mayoría.
El individualismo americano está conmigo.
Los Whigs de 1863 tercos han sido
porque yo doy el ánimo de no doblegar
sus voluntades a los desmembradores
y los monarcas británicos. Son enemigos
que sirven de espías a los confederados.
Cien mil negros, junto a Washington,
pelearon esta Revolución y millones de indígenas
han sido masacrados: ¿quién si no yo
invocaré sus nombres? Yo, que nunca
los maldigo… ¿Quién, sino el espíritu de Hada,
amiga de todos los injustamente despreciados?
Martin Van Buren no recordó sus nombres,
August Belmond no recordó sus nombres.
James Polk, Pierce, Buchanan y McClellen,
olvidadores de nombres han sido.
No, ninguno los recordará como yo los recuerdo…
21.
La comunicación implica una reciprocidad,
que no puede romperse: Pablo Freire
Ha visto usted el verdadero rostro de la mayoría.
Hermosa, empero, parece la mentira del que invoca
el Bienestar General y lo traiciona.
La mayoría es como la miseria palpable
de mis huesos: la fealdad del rostro
que lo espanta: la Voluntad de la Mayoría
es ofensiva bancarrota, rememorante envidia;
porque muy viles son los intereses dominantes
y los mercenarios que han tomado esta Revolución
para navegar con sus dobles banderas
de patriotas, demócratas, anticolonialistas…
Quienes no saben en qué consiste la comunidad
de los principios son como madrastras zurronas,
matricidas, exhibicionistas como Flappers
que bailan en los puertos y, en sumisión cobarde,
su decencia entregan a los marineros
y no importa quiénes sean, a dónde irán,
de qué parte han venido, cuáles sean
los motivos de su envidia, si al final
van a quitarnos las banderas,
nos venderán novelerías post-industriales,
letargos, nichos de seguridades espurias.
Van a autocorrompernos y destruirnos al final,
a tí que sufres, a mí que oficio por tus causas,
tus curaciones, tus remedios, Pueblo mío.
Canto al hermetismo / Guilimbo Borrero
El hada
El hada me vio en marcha hasta esta hermita
y me alcanzó en un cruce de camino.
Yo venía a América. «Voy hasta el templo»,
dije, mirándola. La admiré cuanto pude.
¡Qué bellas son las hadas de la fantasía!
Nunca ví una criatura más hermosa.
¡Era el hada como oasis visual para mi ruta,
como detalle de encanto en el paisaje!
«Yo no soy la fantasía. No se engañe»,
me dijo aquel demonio. Soy precisamente
el dolor más descarnado, la realidad
del pueblo, su Voluntad General
una vez depositada y corrompida.
A mi vista, con sucesiva tanda de torsiones,
se transformó en lo horrendo: la vieja fea,
prácticamente desdentada,
con la nariz del cuervo, sacacorchos,
con la tez aceituna, con la risa macabra.
Con oscuro y magro envoltorio de su propia carne
se cubría y aquella flaca aparición
levitaba en los aires, sin atemorizarme.
¡No importa, forastero, quién tü seas!
Yo te integro. Esta es América, la Libre.
Esta es América, la Hermosa. Alójate
en una orilla de camino y escucha la epopeya
de la heroica Revolución Burguesa Americana.
Lo mejor de la epopeya está conmigo.
Causas colectivistas, progresivismo,
capitalismo industrial, el Banco Nacional,
caro anhelo de Hamilton, proteccionismo,
estado federalista, centralismo organizado.
Nacionalismo que no buscará las soluciones
en las faldas del imperio británico
ni en potencias centrífugas, foráneas, enemigas;
no mientras yo pueda evitarlo, forastero.
Canto al hermetismo
El templo de la libertad
A temple of liberty and beacon of hope: Marquis de Lafayette
Encontré el templo de la libertad.
Y lo hallé lleno de mercaderes y de fieras.
Allí estaba la esperanza: andrajosa,
cubierta de gargajos, apaleada
por adoradores de insignificancias.
Aquel fue el templo, altar que tú, Pueblo,
propusíste para el mundo como regocijo futuro
de naciones. Y me preguntaron quién soy
(¿cómo que el pueblo no me reconoce?
¿Por qué pregunta quién yo soy?
¿Qué no seré yo sino uno de ellos?
El que más ha caminado y entró
por las puertas estrechas?)
Cientos las naciones hasta hoy…
yo era uno del pueblo, ahora sin pueblo,
de repente… quizás porque estuve asombrado,
más incrédulo que hoy, y quise
un vasito de agua refrescante
después de mi jornada, vasito del que
nunca bebí. Agüita que jamás me dieran.
Mis pies se desgastaron. Caminé muchos años
como un monje sin hermita para entrar a ese templo.
Aún lo llamé Libertad y Esperanza. Ahí llegué:
a ese basural de basurales y me afligí
frente a un monumento de Boston.
11.
¿Cómo preguntan que quién soy?
¿Cómo alegan? «¿A qué has venido, forastero?»
¿Cómo dan estas falsas referencias?
Escuché que se me dijo:
«¡No te has equivocado! ¡No estés triste!
Llegaste a América, la Hermosa,
la tierra liberada de las moralidades severas
de los mundos viejos, tertulianos, llegaste
a donde no hay Fin del Mundo ni craso pesimismo».
Y contesté estas cosas: Mi presencia sigue
frente al templo y me duele esta pregunta
como a nadie: «¿De qué tierra vienes, forastero?»
y gente que paseaba por aceras hacia mercados,
escuelas, museos, cines, bares o hacia ninguna
parte, simplemente en paseo; sin embargo,
yo sí estuve buscando algún refugio,
entrar al templo, agradecer que existe
el territorio de la libertad y que mejor catedral
no hallará el mundo, sólo tú: América.
Temple of Liberty and Beacon of Hope.
Me arrastré a tu atrio, me abrí paso
hacia la Puerta. Inesperademente me detuvieron.
Un hálito de ignominioso aliento ordenó detenerme
y se armó con mayores pestilencias que avanzaron
desde adentro hasta la calle y abofetearon mi rostro.
Gritos y escarnios me empujaron.
Escuché más rumores, indicaciones
de que soy un sospechoso de ambiguos delitos,
por informuladas razones. ¡Estoy tan solo!
De lejos presentí otras plegarias.
¿Qué sería lo escuchado? ¡Tantas palabras
suciamente aromadas de hermetismo!
Como nuevas proclamas de improvisados proyectos.
Se estilaban como cantos de sirenas, urdidas
en altares escondidos. Repicaron campanadas,
demasiados estridentes como cañonazos.
No eran tañidos dulces ni gentiles.
Eran parte de ese adiós que me expulsaba diciendo:
¡Largo de aquí, véte, véte!
Canto al hermetismo
Estoy buscando un parlamento
… aviva tu obra en medio de los tiempos
en medio de los tiempos házla conocer;
en la ira acuérdate de la misericordia.Habacuc: 3:2
«Estoy buscando un Parlamento bueno.
Un congreso que escuche, un pueblo santo.
Un amigo del Hombre. Y véme:
mi vestido está raído y mi vara
es mi único objeto de sustento.
Una bruja en carne y hueso me persigue.
Me ha cegado desde tiempos milenarios.
No puede matar el hombre que hay en mí.
También tendrían que enfrentarse
al ángel bravo de mi perro.
O a un hada iluminadora, pero horrible:
la realidad que sangra en los cruces de camino.
No pueden; pero me acosan y me roban
cuanto quieren. Voy a Providencia.
Sólo entonces me llevo mi mascota.
Esta vez daré mis razones en Rhode Island
porque allí, conocí a Roger Williams,
allí alabé su nombre, allí supe de sus méritos.
Muchos callan que existo y me vieron
y no me llamaron a su mundo… Yo desafié
el azar sin estructura y el eco de la mímesis …
Williams me dijo: «Eso es bueno».
Necesité otras solidaridades, datos acaso
de ajenos retos y me han abandonado,
siglo a siglo, me han dejado
con las manos vacías; aún más ignoto y solo…
por eso no me gustan los herméticos.
Y les odio, porque a mi soledad y desamparo
no han aportado nada, más aporta mi perro,
que ha sido fiel amigo, mi guardián…
¿Pero los demás para qué sirven, cínicos,
para qué, protagorianos, si en vano
en su justicia confío?
Canto al hermetismo / Don Lion El Levitante
Los Padres de la Nación
Aquellos que nos observan, desde allí,
son los ojos de la patria, Padres de la Nación.
Todos tienen un rostro en piedra dibujado.
Un monumento que nunca se añeja.
Y más que su nombre histórico, su esencia se aúpa
en las Constituciones. Más reales que el mármol,
o el bronce de sus bustos, son las heridas abiertas
y los dolores que, en sangre, mancharon los campos
y ciudades. ¡Hijos de América, recobren esa memoria
en este instante! Es necesaria. Es indispensable.
¡La memoria heroica del pasado!
Observen allá los héroes de Lexington y Concord.
La Revolución directamente desatada contra el Parlamento.
Jorge Washington que selló la Independencia y declaró
una verdad que ojalá y perdure para siempre.
Observen allá: el Congreso Continental adoptó
una bandera, seis estrellas y franjas solamente,
pero éste fue el comienzo de los Estados Libres
tras la batalla de Princeton. La lucha en Saratoga
dispuso el triunfo con la esperanza firme.
Aquellos rostros representan los héroes con que el mundo
vio la aurora libertaria, aquellos que junto a Washington
se reunieron en Filadelfia y New Hampshire.
Nómbralos, pueblo, conmigo.
Son la verdad de un territorio que conoció
la esclavitud desventurada, las guerras del colono
francés contra los indios, los impuestos sobre el azúcar,
las Actas Intolerables, la ignominiosa presencia
del coloniaje británico y sus gendarmerías.
Nómbralos, nación, porque han admitido
que la Tierra de esta América ha sido abierta
para todos y será generosa. El territorio es inmenso
y el cuáquero, el judío, el católico, el creyente,
cualquiera sea su procedencia, son dignos
de inmigrar, cantar conmigo. Han de ser libres,
en ejercicio productivo, todos bienvenidos…
¡Hombres honrados, serviciales, semillas
de generaciones nuevas, con futuro,
canten con regocijo los nombres señalados:
Washington, Jefferson, Hamilton, Adams!
Graben la Carta de Derechos en sus corazones.
¡Puede que fuera de sus consciencias
no exista dicha Carta para siempre!
De: PRIMERA PARTE / El ciego / en:
Canto al hermetismo