Friday, April 10, 2015

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PARECE QUE BUSCA UN ESCONDRIJO

PARECE QUE BUSCA UN ESCONDRIJO





1.    


            —¡Papá!—, grita frente a mi casa un mozalbete. No se refiere a mí. Es Bovito, hijo de Don Adolfo, mi vecino venezolano. Grita desde la calle. como chusma y, clama a la puerta equivocada.
        En tan breve lapso y por el trato que le diera el vecindario, al principio fue esquivo, luego sospechoso y finalmente hostigador. Don Adolfo ha sido igual. Lamenta su condición de víctima del Caracazo, su embrollo de acomodo y exilio. Supuestamente, está buscando casa. Y asomó al lugar equivocado, donde su historia humana-social no interesa porque sus credenciales no son recomendables. En Santa Ana, capital administrativa del Condado de Orange, se juzga de este modo, a la vez simple y prejuicioso: Dime con quiénes andas y te diré quién eres.
       Acá, donde vivimos, la sicología es distinta a la de New York y Miami, La Florida, estados ideales a los que pudo haberse ido y donde se protegen sus causas. Por lo menos, en estos días post-caracazos, lo suyo no interesa. Hay muy pocos venezolanos. Y los enojos de los supremacistas y el ojo mediático, se concentran, como siempre, en los mexicanos.
            Según explicaciones y asesorías con que se fundamenta, la suya es una familia, desorientada, en uno que otro detalle, pero de buen nivel de ingresos. Hay cosas que no las explica, pero son inferibles. O las conozco por otras fuentes. El no pretende justificarse ante los vecinos, porque interpreta este sector en particular, en días duros para la nación, se cierra enfocándose en lo que realmente les conturba. La gran película fue Kuwait ha sido liberado. Bush ha vencido y la Guerra del Golfo ha dejado claro quiénes son los amigos. Lo demás no importa: Ojalá las armas de destrucción masiva hayan sido destruidas y se puede, de veras, inaugurar en el decenio del ’90: el fin de las ideologías. Si no las ya, como se quiere, lo que queda por remanente son minúsculas agendas y en tal contexto: Inmigrar es una carga. La idea de la Norteamérica / como Tierra de Oportunidad, Libertad y Progreso, para todos ya es una falacia insoportable. Abominables sean las bienvenidas y, en el Condado de Orange, se la compara con un actor invasor y terrorismo. 
            La élite de las ciudades en América de 1950 en adelante no cree el piadoso cuento de invitar al Sueño Americano / o dar el American Dream compartido desde Ellis Island. Se promueve, en su defecto, a global supercop guarantor of world peace, refundir hasta la mierda cada izquierda y disidencia que surja, en nombre de la Paz. Cuando se quiera paz, pídanse a nuestros garroteros [CIA, Pentágono, etc.] que envíe un con-tingente armado… mas no vengan. Quédense en sus repúblicas bananeras y viciosas. [De hecho los que vie-nen son tan malagradecidos, que explotan los recursos que se brinda solo a los ciudadanos, a nuestros patriotas, nuestros veteranos... Sucede que das la mano y te arrancan el brazo, se quejan como si acá se regalaran los derechos y, al final, el mismo inmigrante, tendrá que descubrir dolorosamente: American ambi-tions for global hegemony aren’t altruistic and benevolent, as has been said. Si tal es la crítica y el descubrimiento final  fine! Eso merecen.
            «Es la primera vez que hago esto», dijo este peje venezolano. Inmigró en 1989.  [Primera vez que utilizará dinero que no es suyo, lo sabe, para entrar al país por una supuesta puerta ancha, traerá dinero propio, puede que algo. Mas ha quedado su prosperidad en sombras, en marasmo]. Se alimentó con promesas. Está nervioso por eso. Y lo ha sorprendido el año del golpe fallido y el preludio de una revolución. Chávez es la encarnación de todos sus odios. El fin de sus ambiciones. El mentís de su tipo de patria. Ya no hay escape. Quedó atrapado en medio de un proceso y sin gloria.
        
            Ellos / los Boves / iban a llegar a Serrana Heights en Villa Nueva Drive, rumbo hacia el Este de la Ciudad de Orange. Donde, desde Caracas, se le recomendó un par de negocios durante los días de los motines con saldo de 300 muertos. Entre gente del gobierno, previo a Chávez Frías, se eleva la cifra a 3,000 muertos o más. Andu-vieron dando vueltas a la noria, como familia desde 1990. Adolfo y un socio desde un año antes. Fue un juego de soy y no soy. El es otro de los que dice que ser inmigrante es feo. Como ser pordiosero en tierra ajena.
            ¡Y cómo lastima eso su orgullo!
            «Allá debe irse, Don Adolfo. City of Orange, si lo premian», le comentan. ¿Y por qué? Suponen que busca un escondite y, a lo mejor, una fachada para su estatus exitoso y tranquilo, que esconde un corazón de alambre con púas.
            Por el sector de Serrana  Heights,  hay casas de $780,000 o poco menos de tal costo. Cuesta o promedia su valor por ahora. No hay casas de alquiler. Para estarse allí cuente con el cascajo. «Pero si es con dinero de la suspensión del pago de capital a la deuda extranjera o los acuerdos afirmarse en marzo (para reducir la deuda externa), amigos en el gobierno y dinero ya tiene para que salden con una billetiza la mansión y lo que se quera saldar». El consulta un asesor. Sus conversaciones telefónicas lo torturan a diario. Y lo traicionan aunque el socio no esté que lo tranquilice.      
            —Estamos en trámites— dijo Don Adolfo. Ha puesto en tal ilusión de Serrana Heights casi todo lo que tuvo en su vida. Vendió propiedades en Venezuela, todo y hasta vendieron las sombras del miedo. Y si habla mucho, susurra más y parece hombre tan jovial. Lo hace para acallar fantasmas. Ha oído a uno que otro de los muertos en los motines que le dicen exactamente lo que hizo: El pasado llevan las cuentas de sus complicidades con la corrupción con Acción Democrática y sus contubernios con Carlos Andrés Pérez.
            Dinero para quedarse con la casa de sus sueños de oro americano no lo tenía aun. Estaba al pendiente de cobrar porque lo suyo es pocos. Y ahora, en esta etapa de su vida, se dio cuenta que no planificó el futuro de sus hijos. Están todos sin carrera establecida. Han vivido ostentosamente, sin embargo. Aunque él sea abogado, no pasó de ser un testaferro y politicastro.
            Ahora una enorme frustración fue lo que le trajo a los predios de mi casa. Don Adolfo y Doña Evelia están interesados por una propiedad que la vecina cerca, a su vez corredora de bienes inmuebles, tiene abandonada. Es la inmediatamente contigua a la mía. Es una casa de madera y bastante, al fondo de predio. No es propiedad fea, da muestra de crudo abandono. Hoy se ha llenado de telarañas en su interior, pero es espaciosa. Y sin estructuras podridas. Van diez años que nadie la vive. El problema es, como digo, su abandono.
            Por primera vez, ella se decide a sacar provecho del inmueble. Cuando vio la propiedad, Don Adolfo sugirió que se la rentara. La contrataría como almacén para las cosas que traerá de Venezuela, en lo que resuelve otra compra, su casa permanente.
            La primera vez que hable con él y su esposa solo di los buenas días y me alegró la posibilidad de que mi vecina rentara su propiedad inservible. Pensé que se quejara menos del costo de vida en California con nuevos ingresos de renta. Por otra parte, Evelia de Boves quiere  tiempo suficiente y lugar seguro hasta que llegue su piano de cola y un cargamento de muebles finos para la casa que proyectan amueblar en Serrana Heights. —Por menos de lo que vi, aquella hermosa casa de Serrana Heights es la que quiero y me ha vuelto loca. De otro lugar de Orange, nada y de Santa Ana. un almacén de mudanzas… Yo tengo tres hijos. Por lo menos, los dos menores que se pongan a estudiar—.
            Don Adolfo insistió, a contra gusto de mi vecina, la rentera, «si la propiedad todavía no esta acicalada para mostrarse, no me saque ventaja, eh?» en ver el almacén o la casa abandonada. Y les abrió aunque le produjese espanto. A doña Evelia de Boves el abandono, el polvo las telarañas estuvo a punto de tirarla de un desmayo.
       —«¡Ay, qué le caída a mi mujer!
            —¡Esto es una pocilga, mi Dios!— y se dedicó a enumerar, ahora bien, detalles exquisitos de propieda-des vendidas en Caracas que daban lustre a las personas que las vivieron. A ellos, sin duda, que incluía a Bovito, Delia y Carola y sus personas.
            Evelia es presuntuosa, mas no zanganota que no sepa. Ni lo que dice ni lo que hace. Tanto desdén que escupió mil inuendos sobre la casa y lo que hallaría dentro. Sin ingenuidad, insistiría. La rentera hasta puso su mala cara. Para ella, tal casa tenía un valor sentimental. La construyó su padre y creció en ella. Fe en que se le alquilara, ya no tenía ninguna. La tuvo.
             Una vez se fue la pareja, por la mala impresión final que dejaron los suramericanos en la pocha que les rentaría. Con orgullo herido, me consultó.
             —No entiendo lo que pasó. La señora de Boves dice que es una pocilga y Don Adolfo me asegura que él si necesita rentarla y es urgente.
             —No es una pocilga. Inclusive tiene un valor arquitectónico avalado para la el Gobierno de la Ciudad y se construyó con buenas maderas… Don Adolfo apenas me dio un par de miradas. Lo intuyo Es embelequero, mentiroso… Usted me presento a él. Le dijo que soy maestro y hasta filósofo. Fue como hablar a un sordo… Al despedirse de la rentera. yo me había retirado, pero desde dentro de mi casa, escuché que él. dijo: ¿Se marchó el filósofo? Me sospecho los sinsabores que tendrá al hablar conmigo, si me busca la lengua. Si le rentara, vecina, adviértale que yo soy socialista y bolivariano.
            Veremos al y al cabo si es inquisitivo, pero, si lo es, no más que yo. Supongo que supo que no me engaña. Es un corrupto, mentiroso, lo sé… Llego con el caracazo. Lo negó como si trajera algo peor entre manos. Parece que busca un escondrijo…









2.    ¿donde tengo la cabeza?

               «Estás descubriendo aquí tu verdadera CABEZA y tu verdadera        identidad... no en la cabeza que te vendieron... tus padres... los           manuales escolares.. y la universidad elitista que te convirtió en un     robot consumista del sistema capitalista, alucinando que eres         libre... y creativo. Estás descubriendo aquí la verdadera historia que           te robaron y lo único que sabes hacer frente a la VERDAD es huir...             o paralizarte... y seguir suicidándote con la manada de los que        hablan tu mismo idioma de esclavo sin saber que eres esclavo»:        VICTOR FIGUEROA (escritor puertorriqueño)

            Ahora mi vecina, ya menos contigua a mi propiedad, está contenta. Se cumplen diez años que me rentó y vendió una casa donde la quise. Ubica en una calle de agentes inmobiliarios. Seis vecinos se dedican al rubro, como su exmarido. Ella es viuda. La alegría suya es que diez años tomó que vendiera otra casa. Y había perdido la confianza en sus habilidades. Adquirió el oficio como hobbie para su edad de retiro. Utilizaba el tiempo libre para la politiquería. Conocía a los políticos del Estado porque fungía como enlace de prensa de las Mujeres Republicanas. Y de pronto, en medio de tales bretes, vendía inmuebles.
            Le quedaba una propiedad suya. ¡Ah, como que no quiso salir de ella! Estaba entre su casa y la mía.
     Le inquieta mi curiosidad que va pareja a la falta de candidez. Mis preguntas son preludios que la atemo-rizan. Es la única mujer que me pide callar como un favor que puedo hacerle, cada vez que fragua un negocio. Me consulta como un gesto amistoso y después me pide silencio,  razón por la que hablamos muy poco.
     Lo imprescindible tiene aspectos riesgosos o especu-lativos. No quiero ser mal vecino, pero una o dos veces [desde, 1980] visité su casa. No voy a fiestas ni reuniones a las que ella se asumiera como organizadora o la autoridad representativa del barrio o mi calle.
   A veces me asquea la gente. Y se sabe. Dice el adagio que con la mucha confianza, o intimidad y por abrir mucho la boca es que entran o nos zumban sobre el rostro las moscas. Tener mi boca cerrada me consolida la seguridad, me quita a mujeres intrusas de enfrente. Distancía a personas de mi inevitable entorno. Es porque siendo una aguacatona tan próxima no la soporto. LE puse un remedio a que no llegara ni a cobrar su renta. Compré la vivienda de mi rumbo. Y lo hice al contado.
    Afortunadamente. Tenía el dinero. No lo hago obvio pues tampoco se trata de ser presuntuosso por anti-pático.
   Hay quien sí aprende, me olfatea por haberlo hecho así, pero comprendo que se especula con una crisis hipotecaria. Sobre especialidades no se me ataca. palabras. Hice lo correcto aunque soy ignorante en el tema... / Bueno de mi quehacer es que no doy confiden-cias / ni permito que crean yo las recibo o las di.
     La corredora de Bienes Inmuebles trabajó con el Gobierno de la Ciudad y expresó este comenario que zahiere: la gente inteligente y callada me produce miedo. Usted es uno aunque sean tan limpios sus procedimientos. Pues, mejor. Eso soy para ella: el profesor que la atemoriza o la cohíbe.  Y ella, para mí, una persona latosa. Que si le conversas o le das confianza no acaba de irse nunca y cortar su visita y temario. Los agota. No deja nada para el otro día.
     «Es un dulce miedo o respeto / amistosa  cautela / que no la tengo con todos», me dijo. «Usted es especial».
            —Extraño mérito, ser su vecino raro.
            —Pero lo es—, suelta sus risillas.
            Me llama el cabezoncito, queriendo decir terco. Yo, como Shelton, tengo mi propia teorías de las cabezas y tendencias que se les asocian. Pero yo soy artista. Dibujo y pinto y, sobre todo, leo sobre todas las cosas. Me obsede lo bello y lo feo. Teorías de Orden y Caos.

***

            En guerra avisada no muere gente. Me alegra saberlo. Algo cambió. Antes la enorme casa abando-nada, la casa de su padre, nos separaba como una barda. Me separaba de su voz, su husmeo, o el vocinglerío y actividad de lo que sucediera en su casa. Ya no.  Ahora ella se acerca a mi balcón más que antes y metió a Don Adolfo, cabeza de aguacate, adherida a su cuerpo de panzón y, por cierto, asociado a lo retórico y ruidoso. El tipo de Boves corresponde a un duende cascarrabias y resentido. Y conste, es alto de estatura. Imponente, endomorfo infradesarrollado. Mas mi reparo mayor es de tipo moral. Es más corrupto que tonto. Y de él espero reacciones violentas y exasperadas. Es preferible no llevarle la contraria.
            El se administra de modo extraño. No veo que trabaje. Y destaca localmente como propietario. Renta por periodos. Pagó por estar ahí, tan cerca de mi distancia mínima de intercambios de empatía. Y, dicho en buen puertorriqueño, Don Adolfo me cayó en los cojones. No me gusta para nada. No sería su amigo ni aunque me pagara por serlo. Que vaya y pague la mansión de Serrana Heights, donde quiso  mudarse. Que vaya y escandalice en Villa Nueva Drive, rumbo hacia el Este de la Ciudad de Orange. Que me deje este rinconcito de Santa Ana para mí… pero, a dos años de llegar y de coqueteos con adquisiciones todo está en veremos…
            Sea como sea, Don Adolfo se quedó con la pocilga, pues, así tildó su mujer este predio y caserón al que da limpieza y le restaura, poco a poco, sus viejos esplendores. En breve, a final de año, decía en 1989, cuando la limpieza quedé terminada, meterán muebles, el piano de cola y la cama matrimonial que si, por alguna razón la preservan y guardan, fue que la heredera Don Adolfo como lecho nupcial. Es una reliquia de la consanguinidad de los Boves. Familia histórica, pero parentela a la que se asocia por sabe dios cuantas lejanas y confusas generaciones.
            Con radículas asociaciones y el protagonismo más hueco, diría: —¿Sabes quién fue José Tomás Boves?...   Después que Fernando VII retomar el Trono español, fue Boves quien revolcó el prestigio de Bolívar derrotándolo en la Batalla de La Puerta. Es cuando lo hizo huir Cartagena y hasta allá se lanzó como una hiena...     
            —¿Y?
      Me gustaría yo responder al 'y...'  provocador con que ella le informa que no entiende / ni le importa.
            —¿Y la Cama de Boves?
       —Detestaría una reliquia, mucho más una cama, donde hayan dormido quien sea el primero o el último de la simiente de esos puercos—, tuve pensado decirlo, pero me mordí la boca al repensar que no es casualidad que Don Adolfo lleve el apellido.
            Todavía, a esta altura del trato, lo que siento es una leve repulsión ideológica. [Seguro que no es de los míos] pero la suya se siente peor. Cree que no merezco nada de la vida, que todo se me ha regalado. Que solo soy un tipo con suerte. No me conoce y a su rentera le secretea estas cosas. El día que le sorprendí en tal tipo de hablas me dio coraje y me dispuse a esquívalo también. Y puede que si lo digo mi vecina, que les oí en comadreo, ella lo suelte. Dirá que yo lo invente.
            Sucedió que cuando comenzaron las tareas en el patio lateral, casi pegado a mis balcones, escuché a Don Adolfo, abogado en su país defender la nostalgia de propiedades vendidas. Hablaria sobre la cama pesada, «la auténtica del prócer, caído en la Batalla de Urica», en diciembre de 1814. Fingí que no escuché ni pizca. Pero él llevaba una conversación confirmadora con los empleados que trajo consigo y la rentera. Discursaba. Daba datos que  lo pintaba de cuerpo entero. Me alejé. Entré a mis predios.
            Quise buscar entre mis libros un retrato del sujeto del que es triste descendiente, según presume.
            Sin duda, se refirió al mismo José Tomás del quien los bolivarianos hablaron con lamento, por traidor, pero murió. En el hoyo está y en el retollo una historia de sus proezas antipatrióticas. El rey envió al mejor de sus generales y lo más granado de sus ejércitos, Don Pablo Morillo con 10,000 mercenarios.  Ocuparon a Venezuela. Y con saña represora, las mismas tropas entraron a Cartagena en diciembre y tomaron a la Nueva Granada. La rindieron. Sumado a Boves echaban a los cañocales los sueños de libertad de Bolívar.
            Lo empujaron. si alguna fortuna marcara el proceso de su huida, a Jamaica y Haití. En sus derrotas, Bolívar iba reclutando a quien pudo, incluyendo negros y masa popular, que no había que pagar como ejército. Gente que creyera en esta etapa del soñar político continental: la causa de Gran Colombia. —¿Sabes quién fue José Tomás Boves?—. No lo sabría yo. Paso. Mejor que Bolívar no hay idea de la que pueda seguro que sostenga. Él es quien da la certidumbre. Simón el Libertador Glorioso sí trató directamente con traidores, o con gente que escondió la verdadera historia e hicieron que sucesivas generaciones huyeran de la verdad.
            No puedo contestar, sino quedar o paralizado, ante Don Adolfo. Fue curioso cuando describió la cama. Imaginé que se trataba de su ataúd. O si fuera la cama,  una en la que se tendió a suicidarse con los suyos junto con la manada de los habladores de un idioma de esclavos, «sin saber que los son».
            Me lo imagino, con un prototipo más viejo que sus 60 años. Es como un cadáver que, desde Cartagena, se trajo a Caracas y sigue vigente aunque pasan los siglos y se muda tras fronteras. Mira dónde se filtro finalmente para participar de un botín. El Fiscal de la Nación Ramón Escobar Salom pidió a la Corte Suprema que enjuicie al Presidente Pérez. El Congreso de la República aprobó su separación definitiva del cargo. Es un ladrón. El Senado, por unanimidad, lo dijo. Van a desaparecer los $17 millones y el expresidente Rafael Caldera a inhibirse y como la Unión Democrática, a no hacer nada, callarse, aplaudirlo en complicidad porque es Pérez es mas zorro que los zorros y supo hacerla.
            No hay confianza pública que pegue al país. Lo desmadraron.

***

            Otra vez lo vi despedirse. Es la segunda vez que me ignora.
            —Don Adolfo me dijo que tiene una familia adorable—, me comenta la rentera y propietaria.
            —¿Aquí mudará a tal familia una vez limpie el canto?—, le pregunté.
            —La verdad, no sé. Alquilé y lo veo afanado, me llama. Hasta puso un servicio de exterminación de ratas y sabandijas. Va a pintar por dentro y fuera. Es serio con este trámite y me gusta cuando me paga por anticipado.
            —Se creyó el cuento de la pocilga—, dije con risa burlona. —¿No le dije que lo que necesitaría la vivienda es par de barridas y lavarse las ventanas? Si rentó y paga por la limpieza, le urge.
            —Mientras menos vecinos, mejor.
 —Eso me gustaría. No quiero oírlos pedos de ningún comemierda desde mi ventana.
 Ella se echa a reír,
            —¡Déjate de malos agüeros! Yo necesito money, money! Lo que me importa es ya me pagó por anticipado la renta de seis meses. Es gente con dinero.
            —¿Y no le importa el tipo de gente que sea?
            —Después que no sea un narco...
            —Que tenga el pago de la renta a tiempo...
            Cada año paga su contrato. Repara. Viaja y nadie sabe donde se mete. En 1995, a principios de febrero, dijo que viajo a solicitud de una Junta de Emergencia Financiera, ayudo a crear un grupo de inversionistas privados.  JEF tomo control de 3 bancos.
            La rentera y su compinche mayor, un Ministro luterano que vive al lado opuesto de la calle, secretean. Creen que el venezolano será importante en sus vidas motivados por un mantra poderoso: money, money!
            —La guerra del Golfo fue dura para la economía de los más pobres, pequeños empresarios y waanabes. Nadie quiere comprar casa ni rentar apartamentos. Los banqueros no prestan a todos.
            —Rafael Caldera se está volviendo loco—, dijo Doña Elvira una vez que vino a echar el ojo a la pocilga.
—¿Su esposo?
—No, señora. El Presidente de Venezuela. De mi país.
                 —No lo había oído mentar. Aquí lo que se lee y se comenta es de México, México y México y los carteles de narcos… ¡Qué pena! Es mejor ni leer porque nada bueno dice. La prensa nos hace daño y da mala imagen…

***

            No es código que descifro para que nadie sepa; pero yo tengo una teoría de las cabezas. La visualizo aso-ciadas a una etiología. Las formas cabezudas explican sin palabras. Dan mensajes y expectativas. Configuran dise-ños tácitos de comportamiento. Las cabezas su rentera y don Simón son similares.
            A ellos he mirado detenidamente. Don Adolfo es un aguacate con la punta hacia arriba. Una pepita de caca en el centro, Ella,  una pera / con la punta hacia abajo.  La dueña del almacén rentado son un dúo de despis-tadas. Nadie podrá convencer a la American Republican lady  / cara de pera / que tiene que tener un mínimo de cultura general y, que si en lo que se llama patio trasero del Imperio [Centro y Suramérica], hay intereses nortea-mericanos, se vale recordar el nombre de sus presiden-tes.
            —Me dijo mi esposo y esto para que vea quien es Rafael Caldera, mi presidente, y el por qué lo tienen afligido, con problemas, que en Caracas se reunieron veintiún países. Una Convención Interamericana contra la Corrupción…
            —¿Y?
            —¿No ha sabido usted? Frenar el saqueo de los fondos públicos es el problema mayor de América latina… y en Caracas se está haciendo un acuerdo para que cada país se comprometa y colabore en la perse-cución y de los corruptos, así como para recuperar los bienes o dinero lo que se roban…         
            —¿Y? Eso es muy lindo, pero no es verdad. Esos son utopías...
            —Me parece usted tan incrédula, mujer de poca fe.
            —¿Y? Le diré en lo que creo. En que el señor Boves no me vaya a fallar, porque él utiliza mi propiedad. La paga. Mas no acaba de traer lo que tiene guardado en Maracaibo y eso es una incertidumbre que tengo… ¿hasta cuándo vamos a durar así, con este trato? …Voy tener que subir un poquito la renta… dígale cuando hable con él… yo sé que él paga… pero me interesa que me lo diga.

***

            Por la forma de su cabeza, la enorme papada y corpulencia de Don Adolfo se dibuja una exuberancia desagradable. Ella tiene en su beneficio su espacio de gravedad. El mayor peso de su cabeza va a tierra, no a su nuca. Reposa dotándola de mayor flexibilidad giratoria. Tiene la cabecita inquieta, nerviosa. El cuello de cisne une su obesidad con una masa pálida que figura un paragua abierto. Ella es más leve y flota.
            Este tipo de gente se obsesiona con caídas. Caer es un verbo al que le saben las mínimas consecuencias. Son iguales. Cabezas grandes con detalles de aguacates y peras. El varón, al caer, produce un ruidito como si tuviera una pepa dentro, no necesariamente un cerebro funcional.
     Como son hijos de los temores, en lo poco que enfáticamente se compadecen unos a otros es en contarse las caídas que más vergüenza le han producido, desde un resbalón, a un altibajo financiero, desde un divorcio o una traición tumbara y que masacra su orgullo. A los temblores y sismos los describen minu-ciosamente. Son su obsesión más vistosa. En 1967, Caracas se estremeció con un fuerte  temblor. Fue a casi dos años de haberse casado con Evelia. Sintió que ella era un paragua negro que descendía veloz y pesa-damente de los cielos. Negro porque le halló en la cama esa noche y el remezones y gritos de su mujer lo fueron sacando lentamente de la oscura placidez del sueño. El profundo letargo.
            El, recién cansado, nunca atestiguó un ataque de histeria y pánico como el que su mujer experimentó; pero la «cama de Boves» y sábanas y cobertores proveyó al fina la anhelada seguridad. Balbuceaba, según despertaba: No temas. Estás cayendo en colcha blanda, en mullida cama. Eres, como la nena que esperas, perita en dulce de guayaba... no temas, gordita. Boves te cuidará y caes como pluma a su nido.
     Es la magia del histórico pariente lo hizo la caída al despertar menos desesperante. —¡Cónchale, está tem-blado! ¡Adolfo, Adolfo!— Y la convencería de callarse, con razones históricas. Aún teológicas y políticas: Este es el segundo caracazo. Vamos a creer en el cambio, en la capacidad de adaptarnos. Más poderoso fue el Terremoto en tiempos de la Corona Española, impactó el país entero... pero, como dijera el Arzobispo Narciso Coll y Prat, sus remezones serán duro con la Oposición Republicana, tendrá un mayor número de muertos y heridos, vendrá con daños a sus propiedades, como divino castigo, decreto de ira de Dios que los republicanos merecen y que confirma (en el día del 26 de marzo de 1812) profecías contra quienes quebrantan la paz en ciudades endurecidas como las antiguas de Babilonia, Jerusalén... porque Dios no quiere la Repú-blica... 
     Poco a poco, Boves haría que Evelia dejara de gritar, callara y la envolvía en vaivenes de tranquilidad con su voz que tenía virtud hipnótica de salmo y profecía. Cuando acabó de despertar, ella se le había encimado, barriga con barriga. Y él comenzó a frotarse porque el nene despertó y no era el boberto de hoy:
      —Es un meneíto sabroso, Evelia. El mundo no se va acabar. Imagínate que es nuestra primogénita que te da sus pataditas. Ponla ternura a este pensamiento. Dulces pataditas de tu hija para mamá. Dios está con nosotros, recién casado—. De hecho Don Adolfo estaba más cachondo que aternurado.
            —Gritar así hará daño a la bebita—. Tomó la excusa para quitarse a la hembra de encima y su reacción, echada ella a su costado, fue audaz. Como dormía en pantaletas, él la bayoneteó. Se acordó que los polvos calman a las histéricas y hasta los mismos Guardias Republicanos cuando tembló en Caracas en 1810 ata-caron en se secreto ciudades que habían quitado a la Corona y monarquistas mantuanos.
   —Imagina que la tierra aparentemente se estremece. Pero ahora es placer que viene o se mece como una cuna. Es nuestra hija. Te envía el cariño que ya siente por nosotros desde el útero...
    Fue santo remedio. Con el orgasmo, reconquistó la calma. Y, desde entonces, Adolfo Boves cree que detie-ne los torbellinos con palabras. Que induce a creer. Que ha de ser un buen político, tras el caracazo del 27 de febrero de 1989. Se atreve a opinar sobre todo lo que haya sucedido en Venezuela y, recuerda y discursa lo que, en 1963, se diera por noticia o escándalo. La posibilidad de un magnicidio presidencial. 
       Se hizo agorero durante la década. 
            —Una invasión castro-comunista está a las puertas. Fue adoptando el lenguaje que, con estímulos  económicos, lo elevaron a la clase media alta. Leyó informes de Comisiones de la OEA para salvaguardar la democracia en Venezuela. Fue entre los pocos políticos / burócratas de gobierno / que puso su oratoria a condenar el restablecimiento de la diplomacia entre la URSS y Venezuela. «Por esta decisión de 1971, ya nos había advertido la Providencia con un trueno sobre Caracas» [no quiso decir que Dios envió el temblor en 1967].
     Cuando se legalizó el Partido Comunista, en 1969, cruzó la escena como el impugnador. «Con los que provocan fuete de los cielos», se citaría que dijo, la «Némesis se comportará impiadosa».
      Nacionalizado el renglón del petróleo, Carlos Andrés Pérez  lo mandó a llamar.
    «Eres uno los que quiero conmigo».

·        
           
            Meses después del temblor, la «niña de las pataditas», pretexto al que él acudió para pacificar a una mujer enloquecida, nació saludablemente, por lo menos hermosa. La señal de Carola. En 1970, nació la segunda. Una niña ubicada. En 1975, el monstruo.









3.    EN GUARDIA ANTE EL ASEDIO
4.    DE SICOPATAS


            Antes del arribo y vomitivo que supuso el soma-totipo de Doña Evelia y Carola Boves, su hija, me puse en guardia. O superaba mis escrúpulos o dejaba la casa. ¡Qué ironía! Quien lamentaba las dificultades de acomodarse en vecindario de clase rica, se internó en La Pocilga. Reunió discreción. Pasó por listo. No hay quien lo bote. Cayó como Juan a su casa. Es el lo que pensé: hombre de tres culos, Como quiera que lo tiren, cae sentado. El abogadillo caraqueño me dio mala espina desde el primer momento. Con el cuento de que solo buscaba alojamiento para sus muebles, o reliquias, se quedó con una casa antigua. Le lavó la cara, metió sus tres hijos su mujer y sus muebles. En vano sería decir a la rentera (quien es una aguacatona patológica, como él) que lo eche de su propiedad.  O le suba el pago acordado, ridículamente bajo.
            Un día, por fin, llego la prole.
      Ni modo. Ya están todos los que son, aunque llegarán algunos otros con la misma calaña.
     —¡Papá, papá!— fue lo primero que oí.
            Bovito que equivocaba la puerta.
            Interesante irrupción. Esperada desde 1992. Se ha materializado.
     Y pregunto: ¿Cómo pretendería Don Adolfo enviar a tal pendejillo a una Academia o Escuela como Chapman University? Carola es otra de tales especímenes. Cuando llega, siempre a tumbos, pero llega e irrumpe. Se destaca por maldiciente, y que irrumpe espectacular-mente, enseñando el trasero. Es triste porque es obesa y el espacio de su ventana en su recámara daba limitado acceso para quepa por su voluminosidad física.
            Veo cómo batalla para meterse al interior.
            Es una crueldad que no justifico; pero cada persona debe ser dueña de sus estupideces. El padre, quien no le abre la puerta de entrada, la amenazó. Borracha no llegues a casa porque no vamos a abrirte.
            No disfruta el derecho a llegar como la gente decente, entrar por la puerta principal, no por la ventana. Un padre debe considerar y garantizar que su primogénita no exhiba sus pataratas ante el vacío y la calle y cuelgue, con las patas por fuera y el culo a los vientos, como un torbellino de ridiculeces.
            De Ingrid no tengo quejas. Para ser justo, me produjo satisfacciones. Es la hija que nació en 1970. La que es linda y mesurada. Es un primor de chamaca y llegó, con la edad de 20 años de vivencias, o poco menos. Se ve más jovenzuela. Capoteó, por acompañar a su padre en su viaje exploratorio a California, duros momentos de la política.
            En 1988 se fraguó el plan de estadía de los Boves en Orange. Tenía que ser así. Carlos Andrés Pérez fue acusado de transferencia ilícita de fondos del gobierno. Depósitos a cuentas privadas en el extranjero durante el periodo de 1974 a 1979. El año prometía más malversaciones. La cuenta de Don Adolfo se hubiese abierto si fuese tan palurdo, indeciso.
      ¿Qué  va a pasar? Todo lo suyo lo quiere invertir en educar a una loca y a un imbécil. Y darse vida de rico, como antes, pero acá sin trabajar. El hace ajustes. El dinero en mano se lo robó el miedo. El miedo fue tuyo, ¡pues a la pocilga, papá!
      De la familia, a Ingrid lamentaría no verla. Es cierto que soy un observador, sin candidez, que puedo parecer antipático a primera vista y es la razón por la que evito las fiestas y convivencias que no externan un propósito concreto y creador. Mas exceptúo gente. Desde que Ingrid llegó y supe su nexo con Boves, me chocó la incongruencia. Ella no parece hija de ese hipócrita mañoso, o engañador artero. Debe sentirse muy orgullo-so de ella, no tiene su pinta.
     Hay sí el nexo. Lo infiero porque en los momentos en que Don Adolfo la tiene en compañía hasta su carácter cambia. En su familia todos parece perfecto. Se levantan y duermen a tiempo. Cada día, al influjo de la nena modelo, todo cae en su lugar. Ella es como el centro de normalidad que ubica a cada quien. Inclusive al papá.
            —¿Se fija la belleza que traje a esta esquina de la ciudad?
            —Ingrid adorna la calle. Seguro.
            Del mismo agradezco que haya convertido ese caserón en una vivienda atractiva... Una casa con varios lustros de falta de pintura y aseo es como una paliza a lo estético. La propietaria lamenta la erranza y pudo cobrar más al rentar.      
            —Quedó linda la casa.
            —Es que lo fue siempre. En esto soy distinto a mi señora. Yo veo la belleza interna de las cosas.
            —¿La utilidad?
            —Y otras cualidades no tan obvias.
            —¿Y usted se fija que, desde que llegó, es la primera vez que me saluda y somos relativamente 'vecinos' desde hace un año?— y él hace un gesto confuso. Al final es aprobativo y lo enmendará.
            —¡No faltaba más! Eso se puede corregir—. Se avalanzó sobre mí. Me abraza fuertemente delante de su hija. Se ve contento.
            Me besó varias veces la cabeza, apretó efusivamente mi espalda. Ahora de su somatotipo, detecto otras medidas y características. Tiene altura. Se mueve ágil-mente. El vientre del aguacatón es engañoso. No porque tenga papada es un barril de tocino.
            —Hija, este muchacho es profesor y tiene un doctorado... Véalo claramente: yo sé más de usted que lo cree.
            —Mas yo no le dije ni un ápice sobre mí...
            —Bueno, es la primera vez que conversamos y me atrevo pedirle un favor, no para mí, sino para mis hijos, que son o que más quiero en la vida... Estamos buscando un buen colegio para matricularlos.
            Aprovecho para sonreír a Ingrid, tan hermosa. Vi que me tasaba. En alguna ocasión, con los meses admitirá que soy atractivo, aunque mi estatura le dejara algo que desear. Queda pendiente que salgamos.
            —Ingrid necesita hacer amigos y que sean estudiosos. Y yo tengo mi cabeza en muchos planes. Puede que haya descuidado a mis hijos, o que me haya separado, en lo que forjo un marco de seguridades en esta  nueva tierra, Nunca dejo de pensar en esto: ¿Para que vine? ¿Por qué me anticipo a la crisis de la que el caracazo fue el primer destello?
            —Interesante.
            —¡Mi nena vivió eso!, ¿verdad, Ingrid? ... se me partió el corazón. ¡Pobre Venezuela! Quiero que, a sin de compensarle esa amargura, que ella estudie Econo-mía porque hay crisis en todo el mundo. La globaliza-ción. El pago de las deudas en mercados neoliberales...  Rusia y China buscando el protagonismo... ¿Lee usted sobre estas cosas, doctor? ¿O en qué es su expertise? ¿Dónde enviaría a estudiar mi nena, colocándola bien? Ella habla mejor el inglés que yo...—, inquiere. Sugería que cuando se establezca en Orange que sea Chapman.
            Don Adolfo tenía demasiadas cosas que consultar, o consejos a lo que yo pudiera  en cierta medida dar luz y en fechas previas, en ocasiones más oportunas, la desesperación lo indujo a procurarse escondrijos para que yo no lo hallara.
            Tal la impresión que tuve. ¿Qué teme? ¿Que yo no debo yo saber?
            Me lo encontré varias veces durante el verano en la Biblioteca del Colegio Cumunitario local. Leía periódicos en español en que yo colaboraba. No levantaba la cabe-za para saludarme, ni aún cuando yo llamé su atención para que me reconociera.
            —¡Señor Boves!— le grité. Fue nula e ignoradora su reacción. Inferí que se hace el majá muerto.
            Por otro lado, me rastreó. Leyó mis artículos y pidió opiniones a mis colegas. Quizás necesitaba más tiempo para saber a qué atenerse. Le dijeron que son un pan; pero no todo el mundo me come.  La rentera le dijo: —Su vecino trabaja los veranos en esa institución pública, donde él dice que ha visto a Ingrid y, en semestres regulares, se contrata con Chapman University. Sube de categoría. A él, como usted, les gusta la política y devoran la historia... sólo, que si se lo digo discre-tamente, él es 'rojito'. Sort of Anti-american liberalist ah, yeah. Pero no es an extremist. Salta de la cátedra a la marcha y, casi siempre por sacar la cara por los minoritarios. Fue como los chicanos de Aztlán en los Sesentas...
            Desde esas fechas que El Veda parece anda por aquí.

* * *

      Concluyo que la propietaria o viuda de La Pocilga aprende sobre mí, me olfatea, mas no le doy mayores palabras / o confidencias. Mantengo el bajo perfil. No obstante, me puso el ojo y asi puede apuntar con el dedo. Por menos que tener un par de ideas claras sobre la historia de clases, luchas de resistencia, derechos civiles y distribución desigual de ingresos, en el Condado de Orange se te cataloga de 'sospechoso'. Y eso es dinero, favores especiales, en un Estado Policíaco.
    Ella estuvo casada con un militarote. Uno de carrera que, por remordimientos, se quitó la vida. Mas antes hizo todo el daño que pudo.
   Atraviesa mi tranquilidad una sospechosa coincidencia. Para don Adolfo. como para ella, soy un profesor que atemoriza y cohíbe. Me detengo a mitad de la explicitación de sus aseveraciones. Cuando interrumpo el discurso desparpajado que se me comunica, sólo digo:
      —No creo que eso sea cierto—, y espero una reacción. Ellos no la dan. Ahí se corta el diálogo.
   No propongo diferencias de opiniones como asuntos personales, o para separatividad, con la gente que vive cerca de mí. Me pasó con ella, La Pera. Le habría dicho que su tipo repulsivo me inquieta. En  buen puertorri-queño, se trata de que Don Adolfo me cayó en los cojones. No me gusta para nada. No podría ser su amigo. [... mas tampoco vamos a odiarnos. La tolerancia que sea primero]. Que sea padre de Ingrid no cambia lo que siento. Digo meramente que ella es otra cosa. Es más honesta. Estudié la circularidad de naranja de su cabeza. Ella tiene por rostro un agradable óvalo, y su pelo castaño, tan suave, cae sobre hombros bien torneados.
     Carola es una toronja pesada. Caretona. Cabezona. Me sofoca su peso. La veo tan guandaja y metida en el disfraz de ballena acomplejada. —No siempre fui tan gorda— se consuela.
    —Ningún vestido le queda suficientemente holgado. Ningún pantalón la favorece— le advirtió Ingrid. No cree que ella le quiera ayudar. La critica porque la odia. Se siente una víctima. Sietemesina, nacida como memoria del Temblor de Caracas. Y de los discursos de su padre y el fantasma de Boves en la historia suele hablar de cortinajes o mosquiteros que se desprenden del cielo para caer en la tumba de Urica, después de la  batalla en que perdió la vida.
     Su pelo debe ser del mismo color que el Ingrid. Ella lo prefiere con tintes amarilllos. Un día la vi, creí que utilizaba una peluca, con la cabeza en azul y un velo islámico, ¿qué era? Carola manifiesta su agresividad. Vive en riña con su padre. No sé, por las veces cuando está mimosa, si lo ama o lo desprecia.
    No tengo antipatías manifiestas por ella. Creo que necesita ayuda sicológica. Me ha vomitado mi barda. Es decir, lo que tendí en ella. A veces tendía la alfombra de mi sala. La colgó abierta para que se seque con el sol. Ya nada. La  verja demarca la propiedad y es todo.
     De modo que redescubrí el cordel. Alfombra o ropa que tienda la coloco, a distancia de su ventana, en mi predio. No sea que, por cercanía, Carola dispara un chorrete de sus esputos. Sucedió una vez, mas no quise decirlo para avergonzarla a ella y sus padres. Me quedé callado. Como el primer incidente fue confuso, el segundo ya lo fue menos. —Esto huele a vómito—, dije a Doña Evelia la segunda vez y se me rompía el corazón porque puso a Ingrid a lavar la porquería esa mañana. Salí rumbo a Orange, mortificado y dolido de que fuese Ingrid la asignada con la tarea.
    No pude reaccionar antes que yo llegara de mi trabajo a las 7: 00 de la noche. ¿Por qué no vomita sobre la puerta de su sala o la ventana de la habitación y envía con tal señal a su enojo o frustración a su padre? ¿Por qué abrí mi bocota ante a una pera podrida como ella... La imagino verde, como si me sacara bilis. Después de mi queja cordial, siendo que Ingrid había comenzada la limpieza y su tendido, la incondicional iba exculpán-dola... Dio los indicios de su justificación, Lo que, al parecer, haga su hija tiene su explicación emocional. El exilio, la migración, el cambio de ciudad, la depresión, todo menos el alcohol y los excesos...
            —¿Utiliza drogas?— pregunté a la madre. Ingrid no quiso ni levantar su cabeza.
            —¡No, no! Mi familia es adorable y de buenas costumbres... Cuando vayamos a Serrana Heights, a la casa que mi esposo me comprará, esta zozobra acabará... si le pido este favor: no le diga a la rentera que mi Carolita le arruinó la alfombra, No lo diga a mi esposo...
            —Es la segunda vez que ocurre en par de meses...
            —¡Ay, bendita Ingrid! que tapa faltas y limpia todo...
            —La primera vez limpié yo. No dije nada, sólo que una vez entendiera lo ocurrido no habrá una tercera.
            —No se enoje, Doctor. Me causa angustia.
            —No es menos el asco. No exagero. Sucede otra vez y lamo a la policía...
            —No. No. Se lo suplico. Todo puede llevarse a un arreglo...
            —Arreglo sencillo. No deje a la muchacha a la intemperie. y que se pueda enfermar. Llévela al sicólogo.
            —Sí, sí... mire, no tardará una transferencia ban-caria. ¿Sabe usted? En Caracas, somos gente rica... Adolfito, administró un renglón petrolero... pero no lo presione con quejas por ahora...
            —... si apenas lo veo para saludar si va y viene, señora... 









4. DURGA NOS DA LA PRUEBA DE FUEGO


            Estuve a punto de vender mi casa a diez años de adquirirla. Tan fuerte fue la impresión de ver un sujeto como Don Adolfo, que plantara  bandera en mi predio. La jactancia de él, el político sin patria y vaporoso elemento de un país petrolero se me hizo una carga más pesada que su piano de cola. Su familia y su persona se atoraron en mi gaznate. Su resuello se tendió como ropa sucia en patio ajeno. Había llegado el momento de su prueba. Y otra prueba para mí.
            En mi patio / quedaron indicios de fantasmas y pro-blemáticas / vómitos que al primer revuelo de la brisa, surgieron. Y él tenía el derecho como todo el mundo  a ocupar una zona en la proximidad.
            —EL Lic. Boves vivirá entre nosotros, como uno más... le daré bienvenido y abriré el foro.
            —Sí, que sea.
            —Es tradición de la Asociación de Vecinos que le hagamos el 'invite y el ágape'. Será hoy. Enviamos una invitación para que usted llame y confirme si va—, me dice el pastor.    
            —¡Que cosa! Se me dijo que no.
            —¿Quién?
            Los chismes corren velozmente. Me doy cuenta que ya supo que el señor Boves no me pasa. Ni es santo de mi devoción, Que sin apenas tratarnos en torno a mi prenden rayos y centellas.
            La Iglesia Luterana tiene además de una escuela un gran auditorio. ¿Lo ha visitado usted?
            —Sí, sólo una vez. ¿Recuerda mi conferencia allí?—, contesté.
            —¡Ah, sí! Allí como en caso suyo en 1980 cuando compró al corredor. Bien. La idea es que Don Adolfo hable sobre la noción de cultura y relaciones con la comunidad. Y por lo mismo,  que nos saludemos en paz, lo ritual. ¿Vendrá?
            —Por supuesto.
            —¡La vieja cosa de shaktismo y durga-puja y no patrocinar su empleo! ¿Todo eso olvidado?
            — Sí, sí. Sólo una vez temí que sería importante, que no se me hicieran invitaciones laicas, ya no... Hay uno que bendice ese departamento—  le dije.
            —En fin, no es una actividad religiosa. Se lo aseguro...
            Es como si se iniciara en un rito a mi vecino más cercano. Se me invita a oír.
            —Voy a pedir a la esposa de Don Adolfo que toque el piano.
            —Será buen detalle.
            No sacó el dedo del renglón. Para evitar conflictos,  ya que si en una ocasión me puse en guardia, no se hablará política. Ni del Muro de Berlín ni el Otoño de las Naciones ni las nuevas Primaveras...
            Por mi parte, no entendía aún el por qué de la mutua antipatía, con Don Adolfo. Con el Ministro, fue más claro. Envidia y dinero. Ahora si estoy atento es para dar apoyo a un vecino y sobra tiempo para com-prender.
     ¿Qué daño él me haría? 
   Durante cuatro meses, rehuyéndome, pero ya se enteró que hay una prueba de fuego que es decisiva para quedarse como vecino. No soy yo quien decido. Y la situación es nueva. En lugar de tratar de devolver su trato con daño / ante esos pasados cuatro meses de inquietud, más propio de mi ética será ayudarlo... 
            —Le dije ya que usted y yo tuvimos un roce...
            —Un malentendido. Depende de cómo uno lo tome.
            —Como pastor luterano debo dar el ejemplo. Le dije a Don Adolfo que yo le pedí disculpas
            —Las acepté, créame. Me puede llamarme el profesor de Estudios védicos, si no se acuerda de mi nombre o de algunos de los 4,000 nombres del panteón de Parvati...
     «El veda» como apelativo no ofende pero... de ahí a que...  se tergiverse y que se me describa como discípulo de una Demonia, o cualquiera sea la cosa que signifique con el término, La Diosa Durga, hermana de Vishnú, es arte del folclor, adoración de la Tierra Madre. En general, se denominan la durga los aspectos violentos de Parvati. Diosa de bronce, inacesible, pero simboliza el amor maternal.
      No sé cómo una diapostiva sobre la iconografía de Durga les ofendería. El pastor autorizó. «Sí. Llévala. Comparte sobre tu viaje a la India. Haz anécdotas. Ilustra con fotografías. El día es tuyo y para que la comunidad te conozca. Y presenté a Durga. Una personificada con cabello largo y perfectamente acomodado.  Su larga trenza adornada con diversas joyas, Hablé de la fortuna material. Mi Durga vestía un sari de color rojo. Aún caídos sus brazos me gustan y me parecen hermosos. Ninguno de sus brazos ofende. Uno tiene en que abre su mano a la altura del esternón e indicia un gesto armonizador y personal que invita a llamarla 'Madre' . Con el brazo derecho sostiene una espada; con el izquierdo, una serpiente... Para simbolizar su poder, va montada sobre un león, que le sirve de vehículo...
     Fui a comprenderla a Bengala durante festival (el durga-puja o ‘adoración a Durga’). De allá recién llegaba cuando en octubre compré la casa... Año de 1980. Los estudiantes del Chapman College / los que en este vecindario viven / me defraudaron y le diré por qué... Acusaban con el dedo mi presencia. E hicieron suys rumores en boca de la feligresía luterana. Fueron, en cierto modo, hostiles a varias calles a la redonda, «alumnos de su Iglesia y casa privada, Ministro».
      ¡Qué frustrante es un templo que es sede de chismografía!
            —¿Qué sucede aquí?— lo pregunté.
  Esto coincidió con los días de mi llegada. Decidieron no por mí —que se interrumpa la llegada de inmigrantes, que se avecinden aquí mexicanos o centroamericanos. El vecindario fue conservador, y temía que se perdiera su mayoría de ancestro anglosajón y nivel profesional.
            La demografía de la ciudad se movía al cambio. Desde el decenio de 1980, con la muerte de Arzobispo  Oscar Romero, guerras en Centroamérica, mayor narco-tráfico en México, se desplazó la inmigración a Santa Ana y el sur del condado de Orange. Familias con grandes barrigas y papadas se parapetan en estas calles y rivalizaban con nuevos vecinos. Utilizan sus hijos y el patrullaje de la Policía para espantar mexicanos, como muralla humana de hostilidad contra ellos
            Recuerdo el Foro de Vecinos, sus límites, sus bellaquerías y, como todos, tuve mi invitación. Se organizó la bienvenida del vecindario. Un  círculo de riquillos y ancianos, se alborotó con la idea de que «el profesor compró la casa de esquina». Procedería. que se hiciera lo más expeditamente posible que ingresara a la comunidad luterana, a un banco de inversiones para evitar que inmigrantes pobres se filtraran. Me hablaron como a un típico xenófobo, ciudadano americano, o mexicoamericano nativo, que yo no soporta a los ghettos  o barrios. 
            Antes de vivir ahí, sufrí el estrés de viajes y mudanzas. Al regresar de India, volví a zonas que conozco, ambientes universitarios de San Diego, Irvine y Chapman Drive. Me abro a ambientes nuevos si me tocara. India fue uno. Mas no soy rico. Como cada inmigrante, mi prioridad es tener empleo. Cuando llegué a Santa Ana, no me alimenté de prejuicio. Tomé en cuentas opiniones de otras personas y el abrazo a la diversidad, 
     Llegué para un año de elecciones, presidenciales y locales. Sumaría que, por su tipo de actitudes, exclu-yentes y burguesas de mi vecindario, percibí a gente, muy poco cordial.
            Esta fue la que me espetó sus motes. «Mira a El  Veda». Mas recategorizado, «no tiene carro del año». «Está soltero, a lo mejor es Gay». Encima estudia y enseña doctrinas de demonios. En Chapman College, ya se listaba en el catálogo que daría un cursos de Nietzche.
 Siempre he estado listo para escuchar lo que todo el mundo tenga que decir. Manejé bien el cerco del antagonismos que sentí hasta muy pesado a mi llegada. El liderazgo de la calle endosó las políticas anti-migratorias del Gobernador Pete Wilson y otros excluí-dores étnicos y xenófobos de la década estaban en la calle donde vivo y compré casa.
            Yo, tuve un arma poderosa: la escritura comunitaria. El bilingüismo. Y no temo a los tópicos peliagudos. Soy un librepensador. Lo que ellos en sus grupo simplican como marxista declarado y shameless Liberal.
    No presumo. Nadie puede que, por mi cara me conozca, mi pluma sí atrae. Sin titularidad de rango o de  activismo en el abanico de organizaciones, sin consignas ni rencores [que jamás son solución a los problemas], me gané una confianza. Otros grupos / los no organi-zados y siempre discriminados, me buscan. Y respondo a lo que les digo y pido positivamente. Les digo: —No me hagan perder el tiempo—. No me juzgan ni me envidian. Conmigo no vale la pena que lo hagan. A los adversarios lo ignoro.

* * *

      Ah, sí recuerdo el asunto de El Veda por darme algún nombre que no sea el profesor X o El Doctor fulano de tal, el que vive en la esquina, es porque ya evito creer en las cosas negativas que me dicen. Me disculpo cuando es necesario  y no me molesta el éxito de otras personas. Festejo a quien se lo merece. Eso me da madurez. Crea amistades sinceras. Me jode que alguien diga que yo le infundo miedo y que siendo, aún joven, soy seriote. O hablo mucho de la validez de los sentimientos ajenos.
            —Ser humano responsable y honesto no es cáscara de coco—, dije a Ingrid. Creo que es a la única muchacha que autoricé a que me moteje — como el Veda o uno entre los hijos de Durga. A veces suelta la travesura de nombrarme de ese modo. Hoy fue un día en que el vecindario se levantó con ganas de decirme así. La vieja ironía del pastor luterano y sus hijos me provoca, me recuerda Durga en mi vida. Soy yo quien la transmutara a tal grado que ya no es insulto, sino una pequita más en la vida moteado de nuestros anecdotarios. Durga más bien les dejó a otros de ser una evocación demoníaca. O una encarnación de Kali, diosa negra o de bronce. Mas Durga es Kali y, por cierto, como en El Rig Vedá, el mismo poder divino femenino de Mahimata que signifi-ca literalmente ‘madre tierra’.
            Así es que Ingrid la evocaría.
            No obstante, cuando me atreví a evocarla en el Foro de una iglesia luterana, impregnaron los recuerdos de la fiesta —del durga-puja o ‘adoración a Durga’.
    Se festeja durante el mes de Aswin (a mi regreso de India). Estaba promoviéndose localmente la proximidad de la Noche de Brujas. Halloween y, como un preludio trágico, anunciaron en las noticias locales que la policía hizo un hallazgo: dos niños vecinos de la zona habían sido atacados por serpientes en un rito demoníaco.
            —No se habló de otra cosa...
            —... si no del escalofriante hallazgo: los niños descuartizados...
            —¿Y quién es responsable?
            —¿Por qué buscar chivos expiatorios en sectores humildes la Ciudad?
            —¿Por qué en Santa Ana?
            En la fecha, aunque este incidente de los dos niños anglosajones asesinados había ocurrido a significativa distancia  de la propiedad de la Rentera Recelosa, se propuso que su propiedad se investigara, o que toda propiedad cerrada o no inspeccionada se listara para el escrutinio de las Oficinas Federales.
     Flotaron en mi cabeza leyendas populares de Bengala. Durga tiene un enemigo que debe derrotar, derrotar al que se llama Mahishasura.
            —Voy a hablarles como nuevo vecino. Como un ciudadano pacifista, que odia las guerras agresoras, tanto como las imjusticias vecina;es. Como persona que ya está entre ustedes, sintonizo los canales locales, leo en torno a su cobertura de unos infanticidios.
            La aberrante sucesión de noticias sobre dos niños asesinados de un modo salvaje... y lo que me molesta es que lejos de examinarse la escena del crimen, las posibles causas y el por qué hay tanta secretividad sobre la amistad, parentela y estilo de vida de tales niños, con desigual alarmismo se especule y se asocie el asunto a pandillas, a zonas con focos o crecimientos migrato-rios—, posiblemente sin que oyeran esto que dije para la televisión, yo seguiría siendo invisible para la comunidad luterana, como hace 10 años, cuando en un voto del Foro de Vecinos notables alguien dijo. —Le falta carro, muebles, ¿en qué invierte? ¡Debe ser un miserable!
 No habría lo que llaman la 'tradición de invite y ágape'. Es que, como boricua en los EE.UU., no tengo la pinta de anglo-caucásico; no vieron que estaciono un carro del año, nada de lo mío es caro ni first class. Ni me asocia a la burguesía exitosa.
            —Lo que tiene es un título.
            —¿De qué?
            —De poeta.
            —De pobre.
            —¡Puta! ¡Suerte de mierda!
            Se cotejó, así lo sabe la élite del vecindario, que lo que mejor atesoro son par de cuadros. Uno es mi Durga y otro, Kali la Madre guerrera.
            Varios vecinos llegaron a casa.
            Y yo que hablaba solo... La ignorancia espiritual es la peor de las imperfecciones. Es el peor legado para nuestros hijos. Ahora pretendía que hablaba al jefe luterano, —Estas dos mujeres de los cuadros son las que acuden a salvarlos de los apegos inferiores.  Vea, Pastor, yo no tengo nada. Ni siquiera tres ojos como mis musas pero traeré flores de loto para aromar la casa— Caram-ba y me justifica diciendo: —Si apenas se está mudado.
            Con una sonrisa, les despido. —No. No tengo nada que mudar. Vengo del Nordeste de India. Todo lo deje a gente que sufre más que yo—. 
            No requiero completar una mudanza. Debo comprar, poco a poco, a medida que lo necesite lo nuevo.
            — Por de pronto, una sartén...
            —¿Es artista / usted / o su esposa?
            —Ya no tengo.
            —¿Hijos?
            —De todo lo hermoso, una y la dejo volar.
 No sin algo de ironía informo que una diosa de la guerra como Durga / o  mi ex-esposa fue / es capaz de vencer a muchos demonios. Destruir los matrimonios y apegos.
            —¡No son momentos de ellos cesar sus vuelos! Quizás regresen. No sé.
            Ahora estoy más dedicado a trabajar mis devociones por mujeres especiales, como aquellas que «mató a los demonios que destruyen el equilibrio del mundo».
            El Pastor sostiene en pie 6O decenios de espanto por lo que digo. Es tan mollejón y viejo como Adolfo.
            El ministro luterano examina los cuadros que colgué, con mucha paciencia, subiendo a sillas, reajustando su altura en lo parejo de la pared y, al fin, lo recolocando subido yo a una escalerilla.
            —Si quiera, Maestro, yo traigo una tropa de mi gente, mi feligresía para que haga esas tareas de acomodar cosas y limpiar... aquí y allá. Usted se ve que es artista. Está enamorado de su arte, cela la icono-grafía, sus temas y habla como un poeta. Es filósofo. ¡Usted vive en su propio mundo! ¿No es así?
            —No. Eso no se puede, aunque se quiera. Hay que vivir con los pies en la Tierra. Aún Kali la Negra, Durga y Parvati son madres inmanentes y nos mandan a recoger sus frutos... Y se cosecha luego de haber sembrado— le explico.
            —Ahora si que acomodó  la pintura en su lugar exacto.
            —Pero no crea que es sobre la vil pared meramente. Con el corazón es que se afina el trabajo...Vivo de tal modo que adquirí esta casa. Es para ella. No quiero que quede a la intemperie o en hambre. Como hay 805 de hambrientos en el mundo.... ¡Ya pagué que mi madre tenga amparo, casa paga! Ahorré y pagué de tal manera que salde intereses hipotecarios y gastos, y no echen su vida a la basura. Vivo sabiendo que no siempre compla-ceré a todo el mundo... Oiga y ¡qué bueno que el Banco no sea uno que me emplace!—, susurro como ironía. —Espero que usted no sea banquero—.  El ríe.
            —Usted es, sin duda, una persona amable y un ser genuino— me dice,
            —Mas, la idea engañosa  es que se puede hacer a todos felices. No siempre. Por eso necesito de estas dos hermosuras, potencias, que se ilustran en las pinturas. Yo las evoco. Los católicos evocan su Virgen. Usted tiene su Cristo, ¿no?
            —Así es. Hermano, si quería decir, si nada puedo hacer por su amueblado, que el vecindario que le obser-vó a ratos, tras su llegada sostendría una buena relación con las personas con las que usted se rodea... lo saludamos y ayudaríamos en lo que necesite usted, o su esposa si regresa...
            —Dicho de ese modo, es muy gentil, Pastor.  Yo prometo no abusar. Diré “no” cuando alguien intente robar mi tiempo y yo hacérselo perder.
            Ví que se fue. Seguro sin buenas noticias para los notables, Su iglesia, o alguien asociado, pidió de mí, fingiendo que autoricé un chequeo de mi finanza, ¿Cómo les quedaría el ojo? Pagué a plenitud el monto de la vivienda... disponible en mi cuenta: $160 dólares...
            Sin embargo, el testimonio de mi Durga, es fe. En torno a ella, puse mi inquietud. Volver a trabajar fue posible en cuestión de meses, Durga sacó la cara por mi y, en cada colegio, dejó mi solicitud de empleo.
      Dijo que soy un muchacho diferente. No soy un jovenzuelo. Mi formación (Ph D) impresionaba mis empleadores. Al Ministro luterano le dije: —Hasta de su escuelita primaria necesito ayuda. Quiero volver a enseñar y me queda menos de un mes de sueldo...
      Al fin supo que soy mejor que él en mi área en partícula y puede ser la suya. Mas no festeja que sea de ese modo. Está celoso.
            —¿Enseñaría dibujo?
            —Y religión... y literatura e historia, cualquier materia, cualquier nivel...
            El no puede extasiarse con su Dios ni identificarse con las Humanidades sin ponerle un precio. Tenía una plaza disponible e inmediata para que yo enseñara, pero la bloqueó. Me entretuvo hasta que protesté la cobertura racista del asesinato de los Días de Brujas y se bloqueó para que la escuela me negara la plaza.
            Tres meses después y dos de hambre doy mis cursos, con mayor paga, a tiempo completo en Chapman.
            Durga es demonio que descabeza egos. A los envidiosos los descabeza en los basurales.
     Al Ministro da escalofríos lo que concierna a mi pintura y a mi presencia periodística. Cree que mis cuadros magian. Cree que yo sí hablo con deidades, que aduzco a sus aspectos verdad y sabiduría, Que inter-preto, a través de simbologías,  potenciales de la conducta humana.
            —¿Son valiosos sus cuadros? ¿Su doctorado es en Arte Sagrado o Psicología?
            —Más valioso es lo que significa el mensaje de ese arte. Yo solo soy un copista. El copista admirado.
            —Ha de ser difícil captar ese mensaje si no se tiene el enfrenamiento...
            —Si se teme al trabajo duro y la dedicación no hay éxito ni satisfacción. Entonces, el cuadro tiene un precio, pero no valor.
            Dio un giro de vuelta al ofrecimiento. Le obsede mi humildad o mi terquedad: ¿Recibiría la ayuda de otros o ya me atrapó el ego?  Pedir ayuda con el fin de apren-der, claro que sí la pido. Deben proponerme los adecuados desafíos. Yo acepto, Mas no me hagan perder el tiempo.
            —¿Qué necesito con urgencia? Un empleo. No creo que pueda sobrevivir sin cash un mes más.
        —¿Habla usted en serio? ¿Y acaba usted de com-prar la casa, pagándola al centavo? ¿Cómo se fue de vacaciones a la India? ¿y por meses...?
         —Muevo el dinero cuando lo tengo y me conviene, pero vivo de pintar, o de ser maestro...  ¿Hay vacante en su colegio, o me recomendaría personalmente con alguien o... qué sé yo...
             —Con el ratito que hablamos, yo si me muero por tenerlo como brazo derecho o ayuda en mi iglesia. Insisto, doctor, tenemos un día en la Comunidad de nuestra calle y, desde el foro, presentamos a una persona valiosa. No me diga nada más. Cuente que algo le hallaremos... Usted manifiesta lo que es: una persona desinteresada. Si no necesité  ayuda ni cargadores para su mudanza, no importa. Algo habrá que podemos hacer. ¿Esto fue todo:? ¿Qué le ayudamos a armar su cama nueva y llevar a su cuarto varias cajas de ropa y cobertores? ¿O mover y fijar su  enorme anaquel para libros? Así cuente con los vecinos de aquí, hermanos de la Iglesia, a quienes no tiene que pagarles... Estas son las caridades que nos hermanan todos los días...
            —Bueno, sí lo agradezco.
            —Cuando ya se sienta instalado, ofrezca a mi congregación algo digerible de las cosas con que filosofa. Denos de su vida... hable como lo hizo hoy sobre dos aspectos de la realidad y ... cómo nacen uno del otro, cómo es que Durga es Kali, una nacida de la frente de la otra, y expláyese sobre la necesidad de derrotar la guerra dondequiera que surja en el planeta y en cada manifestación que la exprese porque ya ni nos camportmos más terroríficos que los demonios...
     Exactamente, por explicitar el tema, en algún periodo, se me llamó El veda. Zampa demonios. Tal vez había un giro de fe del Pastor. Fue él quien me dijo: —Sí, acude y habla, lleva fotos, traslada uno de los cuadros al salón... No lo había pensado hasta my después. El resultado inmediato fue un desastre.
    Traje doctrina de demonios. Resabios de quien cela del templo de la lavadura cuando era una mera metáfora que se me autorizó a compartir.
     Durga puede que sea la expresión de violencia que se vive en las calles de Santa Ana, lo mismo que en las calles de cualquier país del Golfo y ... me duele que, en la Iglesia, donde lo dije entrara la conmoción negadora. y se recordara que Durga representa el poder destructor del tiempo. el umbral que cruza el vacío del espacio interior y exterior. donde crece el larvario del conoci-miento deficiente y la ignorancia, la verdad y la mentira, el opresor y el oprimido, pero ella es también el poder y la naturaleza protectora de la maternidad, Una parte de la mujer que durga-puja un llamado de oposición a la guerra.

* * *

            A los 36 años de edad, yo sí era fervoroso adorador de Durga, lo seré y no quise que pasara más tiempo sin que la experimentar en la Dussara o Durga Puja. Pasé al Nordeste de la India. Le dediqué unos meses de mi vida. Me di cuenta que ella no se guía por geografía.
            Los  años que he vivido en California me han exigido utilizar el tiempo sabiamente. El tiempo me ha matado  durante cierta etapas. En algunas, combatí las dilacio-nes, demoras infames y pienso que adeudo tiempo a seres amados. Los fui conociendo poco a poco.
            Si uno no ha forjado a la Madre inmanente, la Devi, se distancía y no se adhiere a nuestra alta concentrada con la intensidad de su amor. Tampoco la sentimos con su concentración autodisolutoria y mecanismos que alimentan al proveersr de su shakta.
     La realidad mata. Y uno mismo es homicida por matar de hambre a nuevos amores que se turnaron en nuestra  casa, Han queriendo habitaciones en tus círculos de energía o tomar venganza, porque hay vampiros emocionales y demonios.
            Este vecindario en particular fue el lugar, donde aprendí que no debo tomar nada por sentado y debo vivir agradecido por lo que tengo. A veces a uno no le gusta donde llegó a parar. Cree que merece otra cosa.
    Lo que he logrado, poco o mucho, me costó. No fue regalo. Que se quiera más son otros veinte pesos. Depende de tus prioridades y metas y de si comprendes o no que el mundo no te debe nada y serás tú quien te obsedas con derecho a cosas de la vida. Cada una tiene su precio y darás trabajar duro para alcanzar tales metas y sabrás lo que apueste. El  mundo se forma por lo que haces ahora, en cuanto a lo que quieres. Decide la moral con que lo quieres. El deseo no siempre es justo con otros.
     Recuerdo que a California llegué solo, sufriente y ninguno hubo que me esperara. Fue mi aventura. El desafío de sobrevivir fue en base a mi trabajo productivo, También sufrí naufragios.  Y forjar mi kali / de compañía / uno.  La almohada / luz / madrugada / me la dieron los sucesivos hospedajes. De uno a seis, por años en recintos universitarios, donde al menos tuve techo y el mejor ambiente, biblioteca y libros, En cafeterías públicas, alimento. Cuando empecé a enseñar, ahorré para mi casa. Depas en medio del campus.
     Diez años después me veo ante la hija de Don Adolfo, diez años de arrugas y atraído por la inquietud que manifestara por Durga. Le dijeron que la había pintado y no es una demonia.
            —¿Por qué no la pones en internet?—, me preguntó Ingrid.
            —Para verla hacen falta algo más que los ojos. Solo con tres ojos se la ve.