Monday, November 17, 2014

E

De LAS SENDAS OSCURAS DEL ESCORPION


CAIDO EN LA HYBRIS / DESMESURA

                               «Ahora que la ciudad ha sido tomada y destruidos
                                       los frigios, tenéis miedo de un niño pequeño.
                                       No alabo el miedo de quien teme reflexionar»
                                                                                    Eurípides, Las Troyanas

       Apenas cuando tenía ocho años de edad, en la casa de sus padres, describieron el asedio de Troya y un caciquismo que desde dentro corrompe y desde afuera se traga a la niñez. No tenían que decir al pequeño Mariano que oye y no se mama el dedo que en Lares brotó violencia. En la Plaza de Pepino, se tendieron abaleados los cadáveres de algunos campesinos y hubo una secuela de miles de arrestos por la parte occidental de la isla. Es curioso que se narraban estas cosas como si se tratara de representar en la casa, con puros allegados de la mayor confianza, los corifeos de la Tragedia.
       En tiempo de intimidación, discutir la política es un arte.
        —En Lares ardió Troya— y, de vez en cuando, al  mirarse hacia el niño, lo compadecían. Todavía no estaba olvidado el asunto de 1868, momento en que el Cordero se levantó de su eñangotamiento y no le temblaron las rodillas. 
        —Seamos discretos, por favor.
        Digamos que cuchichean, hablan bajito y Mariano no entiende...
        —Es que eres apenas un crío para estos asuntos tan graves—, lo ubica el padre.
       —¿Hablan de guerra? ¿De violencia en Lares?
       —No. De algo que suele decir nuestro Ministro en España: «Ni está la guerra en mis principios, ni lo está en mi carácter, ni en mi modo de ser», pero ahí tienes a tu Mamá que se cree una troyana...
       Había vigente el segundo periodo en la gobernación de Sanz y Possé (1822 - 1898)  que volvió en 1875, con su estilo de Hybris. Tenía ideas conservadoras, lo que en términos prácticos significa que se comporta muy propenso a eliminar los derechos individuales y las diputaciones.
       —Por de pronto, te hace un puente y acullá funda el banco, pero el costo es arrancar a los independentistas de cuajo. Reprimir a la población...
       —Mujer, no a toda la población. A facinerosos, a esclavos incendiarios...
       —Como yo le dije al nene, cuando crezcas, no te vuelvas un escorpión. No seas asesino solitario, noctámbulo resentido y en la mañana, con otra cara y arropado en la bandera de los servilones...
       —No exageres.. Déjalo que vaya aprendiendo de Prim y Cánovas...
       —Es que un chicuelo de once años de edad debe ser lo que es: un chico, no un cadete.          
       —Pues esa es la historia de José Laureano Sanz.  Entró en la Armada a los 11 y ya, a los catorce años, era subteniente...
    —Esa es la historia de Troya y esa legión de comandantes y escorpiones...
       En puntos de reunión, sin esquinas calientes todavía en las calles, dijeron que puso el orden y trajo el progreso.   Apoyó a la creación de un banco en Puerto Rico y estableció un empréstito para satisfacer las necesidades del Tesoro. Si bien desató un alza en los impuestos sobre los productos agrícolas, la clase comerciante en San Juan («donde importa, o vivimos aplaudía», reflexiona Abril, el Canovista). El mandato de Sanz y Possé, o el Santo Posé, comenzó con su publicación del decreto que devolvía la representación en Cortes al archipiélago. Y una vez establecida la Guardia Civil en el archipiélago, reorganizó el de Voluntarios e impulsó las condecoraciones y títulos nobiliarios a la gente que tuvieran un notable sentimiento español.
       —Lo que tú siempre has querido y pide al Santo Pozo de rutas oscuras un título de Escorpión... el derecho a censurar las gacetas que se atrevan a decir un pío. Este es el mundo idea de los nuevos escorpiones... y una vez, asesinado Prim, como antes El Empecinado, la política colonial, sin oposición, retomó sus cauces arcaicos, alza de los impuestos por políticos y  poder de los caciques, riñas entre saboyanos y carlistas de la Casa Borbón... —, se despachó la madre.
       Con el tiempo, fue la cuchara grande la boca de Mariano. El padre, en la defensiva.
       —... sólo le dije a tu madre sé comedida.Guarda silencio porque yo, sea como sea, trabajo para el gobierno y, si sueltas sapos y culebras por esa linda boca, mi viejita, nos fuñen y, si esa es la verdad, échasela a las mandíbulas de los humanoides que llegaron y que viera Gilgamesh... Que hay si hay un hombre omedido... bueno, no es Sanz. Yo no lo defiendo. Lo que apuesto como bien para el país lo representa  el Ministro Cánovas, que en el Ateneo de Madrid y en el Parlamento, donde quiera que se para, define muy bien lo que nos pasa en la colonia: «La libertad y la justicia, cuando no es sometida a la autoridad, se vuelve pura anarquía. La tradición de los ricos es el pilar de la enseñanza y las señas de identidad. La monarquía borbónica es la fuente de la vida y el progreso. El catolicismo: la suprema e incontestable verdad, principio y fin de la moral y la ciencia», pero, mi viejita es contraria a ese en credo. Sueña con escorpiones invasores porque su padre es de cáscara amarga... Que le haya dicho que sea prudente no es que quiera la censura en la casa... yo no he cortado la lengua, bastante vipirina y no es osadía si a puertas cerradas, dialogamos, la escucharemos y sin acudir a decirlo con señas y códigos secretos. No pongo la excusa... es para que los nenes y adolescentes no oigan. Mejor que entiendan. Es por la seguridad de todos. El primero que lamento la actitud del Gobernaddor Sanz y cómo hostigara a Baldorioty soy yo... Odio la crueldad de los vencedores, —que, en su desmesura (hybris), no tienen piedad con los vencidos.
       Debido a que Los Abril-Ostaló es una familia sanjuanera, culta, ni pudiente pero jamás miseriosa, sigue la política. Todos leen, opinan y pormenorizan. Dan el mejor ambiente para que Mariano sea avispado... pero anteponen el pragmatismo: «sólo hasta donde convenga». No hay que declararse liberal-republicano, o separatista calvatrueno, como Betances o Ruiz Belvis. —Dosifiquemos el civismo valiente. A nadie, con pequeños, conviene la guerra. A nadie con negocios. Que no arda Troya...
       Y, como buena madre, de corazón troyano, como dice que es el suyo, la mujer de Ostaló declara: —Las guerras, como las revoluciones, ni siquiera tienen consideración con los niños.
       Es el pacifismo humanitario que tiene en los huesos, su anticipación al Coro lamentoso de las mujeres en las obras de Eurípides. «Tienes un pacifismo literario», como dice su esposo. Para él, hay circunstancias de intrusiones de enemigos, y a estis hay que darles duro. Abril, el viejo conservador, es ese que aún diciéndose sensato defiende la guerra [esto es, en Cuba], y que sufran las hembras, está mal... deja que los negros se maten entre ellos. «Ah si son mi familia, o blancas princesitas la que se toman como esclavas, y las reparten, mal casándolas con agresores,  pues que no sea ella, ni mi mujer ni hijas, ni una Ostaló en cuyos discursos se revela su fibra de Casandra».
       —«El hombre sensato debe evitar la guerra, pero si va a  ella el morir con honor no es corona deshonrosa, en tanto que es deshonroso el morir de forma indigna».
       El viejo Abril siempre al pendiente de lo que Cánovas del Castillo dice y a lo Práxedes Mateo Sagasta secunda (son dos vivales, pordioseros, que toman turnos más cortos la presidencia del Consejo de Ministros, conforme a los deseos de la Corona) y dirigieron la política española durante el primer cuarto de siglo de la Restauración. La diplomacia exterior se basaba en dos ideas, colonialismo y esclavitud. A todo lo demás es lo que  llama anarquía. Vigila, sobre todo, como su mujer lo interpreta y a quién se lo dice.
       Del General Romualdo Palacios González se habló mucho en 1887. Aplicó el Componte y llenó barracas con prisioneros políticos en calabozos de Ponce y las celdas favoritas en el fortín de San Felipe del Morro en San Juan. —Un hombre como Román Baldorioty de Castro, un amigo personal, no merecía ni despidos ni destierros, sí nos tocaron de cerca; pero, ¿acaso peor /menos gratos que la reprimenda es que le apliquen látigos, o palillos entre las uñas o el garrote?...
       Historia vieja. Ya padre y madre se han ido, aunque antes le dijo:
       —Me quejé con José Gamir, Emilio March y Sabás... ¿sabes por qué? Se han metido contigo y eso es lo que ha enfermado a tu madre... sí esos fantasmas de poder que tienen apariencia de escarabajos y pican duro.

       2.

       Ahora se ha dejado discutir política. Hay un jovencillo que oye y quiere armarse de florete. La madre, con estrategia diplomática, se imagina en la situación de Hécuba cuando exclamara ante la visión del pequeño cuerpo inerte del hijo de Héctor y, como ella, está el hermano que es mucho más conservador: —Quien predica irse a la manigua lo que practica es matricidio. No se puede matar la Madre Patria...
       —Pero, esposo mío, tampoco se haga caso a la bruja ignorancia que moviendo adivinanzas argumenta que Troya será destruida si Paris quedara vivo después del augurio.
       Lo que está como destino en la fuerza se cumple...
       —Aquí la fuerza, lo digo con el permiso de Dios, la verdadera Desmesura es José Laureano...
       —Calláte que el Teniente Sanz tiene oídos. Tiene dos bocas venenosas para el mal aconsejoamiento  a cada lado de la oreja—, y parecia refererirse a Hécuba y su hermano Deífobo, quienes intentaron matar a París.
       Bueno,ya en la Casa Abril-Ostaló, no se sabe dónde radica un verdadero peligro.
       A quien llamaran Marianito ha crecido en este hogar, donde se leen las tragedias de Eurípides y se contrastan las escenas con realidades, no las que viven los aqueos y troyanos, o las Hécubas y las Casandras. Se habla de España y su colonia como es. Si con mayores estudios, su madurez y disciplina que son los años que le dan, por más teoría que absorbamos, él no aprende a conocer, o descifrar los códigos le serán siendo secretos. Las realidades que preocupan a su madre son las cotidianas.
       La Troya, la dueña de Asia, la legendaria ciudad que inmortalizó la epopeya homérica, la fundada en la llanura del Escamandro por Ilo, hijo del Rey Tros, no cuaja con los detalles que procuran los vecinos con corazón de escarabajo, y que viven al pendiente. Ellos raramente salen de las honduras desconocidas y se imaginan como en la caverna que, desde sus burbujas subterráneas no hay agua pura, meramente sombras que en el mundo / su mundo español, grecolatino de pan y circo / todo es gloria. Fuera de la cueva, si no hay traición, al parecer, hay un sol que ciega, deslumbra y los habitantes ni percibe perciben el peligro. Los invasores sí.
       Se trata del tricobotrio,órgano con el que reconocen las vibraciones. En estas regiones infernales, donde ya Príamo, el noble y su linaje, y los originarios despabilados desapareceron definitivamente, quedaron  más las cucarachas. Y los administradores de este instrumento escorpiónico, su  par de ojos medriales y hasta cinco ojos simples, más pequeños, que coauxilian el tricobotrio. Ya las almas están agusanadas y a la Ciudad Murada, sus espacios, aún limpios, verdes, hermosos,  las traicionaría, la echan a perder con sus asedios
        —Así destruyeron a Troya—, declaro ella, mientras él mueve la cabeza desaprobativamente.
Marianito es feliz porque su madre tiene en la imaginación muchos prodigios, la pareja se quiere. Buen modelo de incondicional sentimentalismo tiene su progenitor que la soporta, la consiente, sin darle la razón. La reprende. Y ella carga sus dardos: —Si comemos mierda como los escorpiones, no sólo insectos y cucaracha, es porque aprendimos a administrar el excremento en la colonia.
       La buena señora Ostaló —aguda como ninguna— si se sospecha la traición y este proceso de espionaje y decadencia, Una cucaracha colonial que cava / hasta en un máximo de cincuenta centímetros de distancia / es vista, oída y condenada por los escorpiones y, él va y la devora. Además supo que tienen su veneno. Y dura hasta cinco días dar cura.
       —Hubo una vez— dice a Mariano— el otrora y original reino de Ilión, rebautizado como Troya, se parecía a un paraíso. Imagina, Marianito, un puerto rico, allí un rey con dignidad (llámalo Príamo), Hécuba, madre-patria sensitiva que muestra la desesperación de los vencidos. Arde Ilión, ¡gimamos! y por el destino de cada troyana, se llora…  un destino que no será otro que enfrentar, por marido a nuevos escorpiones, a degolladores de los originarios y nativos patriotas y que, en realidad, ¿qué son? Gente que no ha querido, ni en su raíz, el cimiento de la tierra.
       —¿Quien es Hécuba, mamá?
       —Exreina de Troya, ahora esclava de Ulises. Esposa de Príamo. Aprende de este ejemplo o mito. Una reina pierde su estatus, su dignidad, en la rodada del material de la vida. Hoy arriba y en la tarde, abajo. Se baja de reina a sierva y si la gente es feliz, si conoce tu dolor y no se conmueve, hay un descenso humano.  Aludiendo a la ex-reina comentaba:
       —Me bastaba con tener en mí misma un maestro honesto, la inteligencia. / A mi esposo siempre le ofrecía una lengua silenciosa y un aspecto sereno. / Conocía aquello en lo que prevalecer sobre mi marido y sabía concederle / la victoria en lo que debía… pero esto ha cambiado. Un día lo entenderás. Mariano.

       3.

       «Forzoso es y será siempre que busque la economía política su complemento en la moral y la religión, si esta nueva ciencia no ha de traer mucho más daño que provecho al mundo»: A. Cánovas del Castillo, Defensor de los intereses de la nobleza latifundista, la Liga  Alfonsina de los esclavistas y los caciques, 1871

       ... Ahora que Mariano adquirió su nom de plume de Florete, siente la nostalgia profunda de su madre que le dijo, si vas a cuidar tu apellido y persona de agresiones, o del aguijón de seres venenosos, que no sea la espada o la esgrima. Las armas se revierten contra ti, no te das cuenta, pero provocan las heridas o cicatrices que más duran.
Sostiene en sus manos un florete, de 3 pies y siete pulgadas de largo, de flexible acero de carbono. Las historias que ella le dio sobre el lado oscuro de las almas, a las que designara 'sensaciones ante el rodaje de las bolas de excremento' son parte de sus misteriosas fantasías. Neurosis de su madre. Para ella, el mundo deja muchas picaduras y la gente no despabilada, dormida en la cobardía, no sabe conceder la victioria en lo que se debe. Prefiere sujetar al nosólogo al estigma.
       Mariano deja el florete sobre la mesa y abre una cajita que le dio su madre en su lecho de agonía. Sabe lo que hay dentro: el amuleto. Un escarabeo. Scarabaeus sacer, una sortija egipcia que fue de su padre. Es la joya más valiosa que tiene de su familia. Ella pensó que un día la necesitaríaen aras de respaldar cosas que aprendió de su padre, un librepensador. Murió, diez años antes que ella, tiempo suficiente para legar a su hija sus libros e inquietudes.
Ella aprendió a leer a los clásicos, como él. Mas ella prefería la Tragedia. En particular, a Eurípides, también leyó a Esquilo y Sofocles.
       El abuelo Ostaló dijo a su hija: —Estos libros que nunca tocas y yo sé el por qué, desde que te casaste, dalo a tu hijo cuando crezcas, y precisamente, ya Ma-riano los empacó.  Espera un milagro. No quería sepa-rarse de su madre cuando la diagnostican enferma. Por eso aplazaba viajar y tardó en leer los libros, obsequio que huelen a una definitiva despedida.
       La razón por la que viajara es que huye, si se puede decir de ese modo. Viajará a Francia. Reúne el dinero. Lo entretiene, por otra parte, el rastreo al buscar docu-mentos y datos sobre Antonio Valero Bernabé. Es su héroe. Ningún otro a esta parte. Valora a algunos otros... El 24 de noviembre de 1885, en vísperas de la muerte del rey Alfonso XII, creyó que Sagasta fue realmente bravo, como líder del partido liberal, y lo vio que firmara componendas con Cánovas del Castillo, jefe del partido Conservador. El Pacto de El Pardo y de apoyar la regencia de María Cristina (embarazada del futuro rey Alfonso XIII), fue una montaña de excremento. Se cayó un ídolo y Mariano desenvainó el florete. Lo hundió duro con palabras que hieren  la continuidad decantada para la monarquía ante  la prematura muerte de una momia futura. O escarabajo divinizada sobre una cima de mierda. 
       Cánovas se comprometió a ceder el poder a los liberales de Sagasta a cambio de que éstos acataran la Constitución de 1876. El turno instaurado en el Pacto del Pardo se prolongó hasta 1909. El pacto ya existía de forma implícita desde 1881.

       4.

     Recuerda una cita de un libro de Konrad von Megenberg: «El escarabajo pelotero recoge una pequeña cantidad de excrementos que moldea hasta formar una perfecta esfera. Una vez concluida la transporta haciéndola rodar hasta enterrarla. La bola asociada al sol y su recorrido al ciclo solar desde que nace hasta que muere». En su Libro de la naturaleza lo describe como «una especie de serpiente, de  cara tierna, comparable al semblante de una virgen casta. A quien envenene el escorpión, le quedan todavía tres días de tiempo, antes de tener que morir».
       Entiende la ironía de Ostaló cuando llama a su mujer, «tu pobre madre loca, troyana, con fibra de Casandra, vengadora», la defensora de Serket pues es quien protege a los humanos de las picaduras de alacranes. Cometía la ridiculez de llevar al pecho una candarga, con el símbolo de Isis y siete escorpiones contra las malas vibras de Seth.
       Es que  la Señora Ostaló de Abril se toma en serio la ides de que hubo una época en que ocurrió una invasión de escorpiones humanos. Dice que se cuenta en la epopeya sumeria o Poema de Gilgamesh y que éste al entrar a la montaña Mâshu, vio un semihombre y una semimujer, «de atrocidad tal, que su mirada resultaba mortal». Su misión es custodian el amanecer y el ocaso. Sólo Gigamesh no le tuvo miedo.
       —Hijo de los absurdos cuentos que tu mamá no te ha hecho es que un escorpión pellizcó los testículos del toro Mitra y lo dejó loco. Que la diosa Artemis mató a un alacró que dio su picadura al cazador Orión... Bien, yo perdono que diga esas cosas; yo le quité la vida social, pero la mujer, con su lucidez trágica y euripidiana, no ceja.
       Un día se lo dijo con todos los dientes; —para yo despedirme en paz de la vida, déjame antes que venga la bola de estiércol a arrastrarme al abismo, decirte que ninguno de los escorpiones que odio y me dará muerte será Cánovas y Romero Robledo, coleopteros de la Liga Nacional alfonsina, organización que aglutinó a varias sociedades promotoras de la existencia de la esclavitud, no el Centro Hispano-Ultramarino de Madrid... Están esos hombres-escorpiones y chupasangre... pero hay otros, hijos buenos...
       Siempre, desde que enfermó, pedía a Mariano que le acercara libros de su padre: le gustaba Emilio Castelar más que Nicolás Salmerón,  Francisco Giner de los Ríos, y cosas sentimentales, cartas de De Hostos, por ejemplo y un libro sobre la Naturaleza / el sistema de la vida / de Konrad von Megenberg, el místico.
       —El escarabajo representa la vida... y la fertilidad—, le dijo la madre.
       —Ahora es tu vida la que me importa, mamá.
       —Marianito, ya yo ví. Esquivé mucha mierda en movimiento y estoy lista para la última rodada de la bola que la vida me tire. Cuando la bola de nuestras vidas, escarabajo interiores, es enterrada, la muerte significa dejar de comerse la mierda en movimiento de tantos alacranes y coleópteros del mundo.
       Después dijo que no hay nada realmente despectivo sobre el animalito o su mitología.
       —Es sagrado.
       —Te dí sola una interpretación política—, me dijo. No tuvo fuerza para más.
       En la bola de excremento, se deposita los huevos, en un hueco que parece una pera dentro de la bola.
       —Es sagrado—, la acotación temblorosa, tan tenue, me dejó impresionado y, por eso desde que murió, beso esa sortija que representa el último dialogo con ella y su contacto con un amuleto, con forma de escarabajo pelotero, que representa el Sol naciente, vida y poder, o junto con el ser humano, la criaturilla que mejor expresa el orden divino, incluyendo resucitar.
       Si fueron interesantes mis lecturas de estudiante sobre los coléopteros y también es fascinante cómo la ancianita Ostaló asoció la caída de Troya y el exterminio de cada renglón de prosperidad a la justificación de hombres bárbaros, y lo son todas las gntes que se someten a la esclavitud de modo natural, sea troyano o ateniense, tirios o romanos. La bola de mierda es el absolutismo  Atena escupe sobre la tierra donde los escorpiones se esconden sino y una vez salen a cazar sus presas, ellos mismos trituran como alimentos lo que está en la superficie. Apoyándose en los imponentes pedipalpos, capturan otras vidas / presas / para devorar arriba y abajo.
       Tenía la edad de 27 años cuando me coloqué en el dedo la sortija del escarabeo y pasé ai habitación a revisar el paquete de libros, aquellos que me reco-mendara el Abuelo Ostaló: me hallé con títulos de Marx, socialistas utópicos y otros obreristas y libertarios. Debí leer estos textos mucho antes y habría utilizado el Florete más adecuada y efectivamente que lo que hice en El Palenque de la Juventud.
       Ya se ha cumplido la fecha en que no ya no es sólo censura. Dí fuerte en el clavo. Me han condenado a muerte. Es el año de 1896. Estoy más viejo, pero no cansado.
       Beso el amuleto que honra la vida y la escena descrita que, por complacer a su madre, le leyó de Konrad von Megenberg.
       Desde esa fecha del adiós, acrecentó sus críticas al gobierno de la Restauración. Le tocó verse en frente del rodaje de una bola de excremento, una bola que se lanza para dejarlo sepulto y piensa en la metáfora de la madre como una de sabiduría verdadera. Estos esca-rabajos / o escorpiones / cazan en la sombra y son traicioneros aplicando sus aguijones.
       Le ha tocado el momento práctico de saber de lo que ella quería decir. Piensa que tardíamente entendió. Mas algo bueno y curioso se ocultaba otro hecho.
Fue una tarde inesperada.
Cuando ella y él platicaron por última vez sobre la muerte, también le colocó en sus dedos el amuleto. Una sortija de su abuelo y que antes había causado sus discordias con la cepa de los Abril. «Cada vez que ella se pone mala, relata sus desvaríos».
       El 24 de noviembre de 1885, en vísperas de la muerte del rey Alfonso XII, Sagasta, como líder del partido liberal, firmó con Cánovas del Castillo, jefe del partido Conservador, el denominado Pacto de El Pardo, con el propósito de apoyar la regencia de María Cristina (embarazada del futuro rey Alfonso XIII) y garantizar así la continuidad de la monarquía ante la situación creada por la prematura muerte del monarca. En este pacto se sancionó el turno de gobierno entre ambas formaciones, y Cánovas se comprometió a ceder el poder a los liberales de Sagasta a cambio de que éstos acataran la Constitución de 1876.
       El 27 de noviembre, Sagasta formó un nuevo Gobierno, tal como se había acordado tres días antes. El turno instaurado en el Pacto del Pardo se prolongó hasta 1909. El pacto ya existía de forma implícita desde 1881, fecha en la que Sagasta asumió el poder por primera vez en el periodo de la Restauración.
       Esta política que caminaba en sentido opuesto al progreso y las libertades acabó con el Desastre, en 1898. Los padres de Mariano no llegaron a ver ésto. Si algo bueno hizo, el indultó que le dio a quien más sañosamente le clavaba el florete desde un texto periodístico. Y así lo repitió al describir a Francisco Romero Robledo, otro defensor de la monarquía y quien, a un año del brote repuboicano en Lares, dijo: «Entiendo, pues, la monarquía como la base de la libertad... y de todas las maneras de ocupar el trono, la herencia es la mejor, la herencia no interrumpida».
       Viajó a París, con su maleta de odios, el florete escondido, y una sortija de protecciones. Fue arrestado en Madrid, sufrió par de meses en cárcel, y se le dijo el por qué —«escribes cargado y dueles como miles de escorpiones en la piel», mas Cánovas dijo que los Ostaló, en Puerto Rico, son amigos, aunque sean liberales y te enviaron a EE.UU. para que veas escorpiones blancos.
       Ahora que no pesa una condena del Consejo de Guerra sobre sí, Mariano medita lo que escribiera en su primera aventura periodística en La Linterna. Un recuerdo de su madre le dice que un alacrán criollo, no siempre recto y veedor es Muñoz Rivera.  Navega con bandera de amigo. Ahora sabe que, ideológicamente, a este, como a su padre mismo, lo formó Sagasta y Robledo, que puede vivir en el submundo y en las superficies. Hace unas reflexiones familiares. Retrata. En sus impresiones de cronista pesa como elemento de color una brujilla troyana, el libro de recetas contra picaduras, un deseo de salvar a Valero como el más valiente de los bolivarianos, pero, se que oscila demasiado para ser un Valero Bernabé él mismo. Mariano ha sacado la catadura de su padre, el acomodo... «mira que quien te salvará la vida, es el  mismo a quien clavas el aguijón».
       —El mejor lugar para salvar el país son las instituciones—, le dijo Muñoz Rivera. La guerra vati-cinada fue la Guerra Hispanoamericana. Mariano Abril se inhibió de involucrarse, mas a su regreso a Puerto Rico se alió a Muñoz Rivera, representó al distrito de Guayama; primero como miembro de la Cámara (1904) y más tarde como senador (1920). Del florete quedan recuerdos, cronopios. De la madre queda todo: magia de sus memorias. Él le habla a la sortija que le diera y la escucha. Aún ella da buenos consejos y advierte que los políticos son como los escorpiones, ‘hablan mucha mierda, empujan bolas de excremento’ que en su rodada en las cuestas puede que sepulten a quienes se creen más listos...

03-17-2004 / DEL LIBRO LAS SENDAS OSCURAS DEL ESCORPION


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Thursday, November 13, 2014

Sunday, November 09, 2014

UN NIÑO QUE SE SUBE AL TEJADO / CUENTOS OSIRIANOS

UN NIÑO QUE SE SUBE AL TEJADO

            Amigo de las aves, Hermoso. Le gustaría volar, no morirse. Y es dulce, soñador, imaginativo. Dicen que como las aves tiene el esqueleto ligero y los huesos delgados. Los niñajos burlones le dicen la quilla o pechuga» porque es una caja toráxica con esternón, desarrollado y todo músculos en el pecho.
            —¿Para qué tanta pechuga, nene, si tienes patas de alambre?
            Y ahora le ha dado con silbar como las aves. Será que con ellas se entiende, porque no tienen dientes. La Quilla se partió los suyos, se rajó la boca, un día que se fue de bruces.
            Fue la única vez que, por la sangre derramada, lo pusieron de pie los ex-compañeritos escolares.
            Ahora, sin dientes, cada vez menos bípedo, se sienta sobre un saliente de tejado como una cigüena que espera dar un crío al fondo de su alma. Le dijo a su mamá que un ángel nacerá, por amor de su corazón que
es grande, aunque sus patas sean cortas y débiles.
            —No tenemos dinero para llevar a un ortopeda. Mantente quieto, sentado. No llores y no digas disparates. Bastante es estar vivo.
            A veces él quisiera ser como una golondrina, cuyas patas pasan inadvertidas, casi nadie se las ve porque la envergadura de sus alas y cola se las tapa. Ha visto que las águilas tienen las patas muy fuertes, aunque cortas. ¡Pero qué corazón tienen para volar así, tan veloces!
            Cuando observa las aves, el chico de gran pechuga y patitas de flaco alambre parece que no está solo. Cuando se sube al alero, como si fuera una cigüeña en el saliente, él escapa de la incomprensión y la soledad; pero no está solo. A su privacía se acercan muchas golondrinas que vuelan a golpe de alas y él aprende, o alguien le explica. Tiene que ser así porque él apenas ha aprendido a leer y sale con unas cosas que a su mamá, la viuda, la sorprenden.
            —El alabastro parece que navega en el aire. ¿Sabes por qué? Vuela a vela en corrientes de aire. Es el aire quien lo empuja, no necesita aleteadas ni remos.
            —¿Aves remeras? Las aves simplemente vuelan—, dice la madre 'sabelotodo’ al muchachito majadero.

               02-12-2000


 *

EL ATAUD VACIO

            Se queja una madre en el arrabal. Ella tiene un niño enfermo. Sus huesos no son sólidos y pesados. Es un pésimo mamífero. En las médulas, hay más aire que sustancia. Se traba en sus propias pies y cae al suelo. No hay siempre hay alguien que lo socorra. Por eso a veces parece hasta golpeado.
            —No hay dinero para curarse males ni comer suficiente. Y este pobrecito hijito diviniza las aves, quisiera haber sido un colibrí, si es que de nacer de aves se trata. Ese es un relámpago con plumas—, oyó que dijo. Puede posarse, con su inquieto vuelo de 200 oscilaciones hasta en cuarenta flores por minuto. ¿De dónde sacas eso, Pechuguita?—, le pregunta, una vez que le oye la respuesta.
            —Es que son los «animalitos que mejor adaptados están al movimiento».
            —No digas disparates. No hay dinero para curarse males ni comer suficiente. Mucho menos para ir  un loquero porque pierdes la razón y, sin curarte,, se asoman las burlas.
            Para Pechuguita es normal dar estos argumentos. Aprende por causa de ver las apreciaciones que suelta a cada paso. Dijo que ya sabe por qué le dicen La Quilla o Pechuga. Su corazón tendrá más de 500 pulsaciones por minuto. Más veloz será que una paloma y sus pulmones también serán más grandes.
            Suministrarán el oxígeno en abundancia. Esto ocasiona una complexión similar a la pechuga de las aves. No se guardó el secreto. Un ángel que tiene alas lo visita.
            —Me conversa y aprendo con él a silbar como pájaro.
            Además tendrá el corazón tan poderoso que pesará más que todas sus extremidades, más pesado que cualquier parte del cuerpo, aún más que la cabeza; pero nunca tendrá pico.
            —Me crecerán unas alas—, concluyó. —Tal vez así podré nadar en la laguna y subir a las ramas altas de aquel árbol de roble; o subiré al mangó, o podré traerte los frutos del palo de aguacate. Cuando maduran tan alto, sin alcance, utilizan las varas al cortarlos, o se espera que caigan por su peso; si yo volara, ya no sería necesario, mamita.
            Ninguno otro animal existe que sea más habili-dosamente móvil, sea en Tierra o Cielo..
            —¿Y quién lo dice? Un torpe corino, patas chuecas, pati-guango, cuasi rengo volará.
            —No quiero que digas esas cosas y vaya a pensar la gente que estás chiflado además patichueso. Mejor cállate, pechuga, para que no te burlen—, le aconseja.
            Y aunque se angustia por la presión materna, preguntó al ángel:
                        —¿Cómo tú siendo hombre tienes alas y vuelas?
                        —Porque soy como tú. Mis huesos están casi vacíos, sin médula, y mi corazón es muy grande y no tengo dientes para la ofensa y me gusta el secreto que esconden los flores y liban las avecillas con sus picos.
            —Yo quisiera tener alas, yo quisiera tener pico y saber el secreto. Concédemelo, angelito, porque ya que otros niños se burlen de mí. Entristezco.
            El ángel dijo con alegría: Concedido.
            En la mañana, Pechuguita murió. Se fue volando y se hizo un baquiné de despedida. Vieron que volaba un angelito. Era La Quilla. El ataúd tan humilde estaba vacío.
            Entonces, por no comprender lo que había sucedido, lo cubrieron de flores. En los derredores de la casucha, se convocaron multitud de colibríes y alguno entró a la casa por la ventana abierta y, en medio de la gente, libó del ataúd el alma del niño.

               07-12-2000


GERONIMO (1829-1909) / Salí a buscar mi cabeza

Gerónimo (1829-1909)




               A Gerónimo (1829-1909), el Jefe Apache

«Geronimo’s repeated escapes embarrassed and provoked politicians, army officers, and the non-Indian populace of the Southwest. His very name brought terror to the people who continually heard of his evading capture and occasionally killing Anglo-Americans and Mexicans. Territorial newspaper headlines blared his name, time and again....Geronimo spent more than fourteen years at Fort Sill, although he was allowed sporadically to appear at world’s fairs and other gatherings. He was a celebrity in defeat but still a captive when he died and was buried at Fort Sill in the new state of Oklahoma». Angie Debo, Geronimo: The Man, His Time, His Place (1976).

             En Alturas del Río Gila, la historia de Gerónimo, sus luchas y heridas interiores, permanecen. Fueron días desesperantes de guerra, con mexicanos en la primera etapa y con anglo del Este en sucesivos. Nos llevaron, casi a rastras, a una Reservación de San Luis... porque agotamos la energía de estar en pie y, sin embargo, el día crucial fue cuando llegaron por mí en 1886 y requirieron mi rendición. Dimos suficientes muertos y no quise exterminios innecesarios. Padecimos con mucho dolor...
            Consulté el Espíritu memorial de mi pueblo y me dijo: —Yo soy el fluyo en el río, pero regresa. Baja con sus torrentes... Nadie lo cambiará.  El alma se nos hizo tan grande y fluyente que regresa como lluvia, cae de los espacios celestes y la memoria se queda en los montes. El cuerpo está en tierra, a veces se arranca y se retira; pero el cielo lo rescata y trae. Esta vez como el alma de la raza, te pido que te esparzas y vayas a Oklahoma y te nutre con cada sol en las mañanas y te lleves a quien te diga:  «Eres, con tu sangre, Gerónimo, la noción libertad y autonomía que anima a los Apaches de Chiricahua como pueblo».
            Treinta años antes los caras pálidas vencieron sobre los mexicanos y sobre la región se impuso una ley que rediseña dominio del Tratado Guadalupe Hidalgo de 1848. Las alturas del Río Gila son de los Apaches de Chiricahua y eso cambio externamente, pero abrió otro proceso del que Gerónimo dijo: Los invasores sólo provocan el hallazgo del espacio con su alma.  Primero llegó una soldadesca mexicana y mataron a mi madre, mi esposo y mis tres pequeños hijos... ¿ya que otras almas amadas matarán?
            —¿A dónde buscaremos el alimento para aliento, o lo comeremos en paz, si pánico en la aldea, a dónde más se distribuirán las medidas del infinito, la seguridad, protección y porvenir, si Chiricahua lo daba?
—Batallas interiores son las que se ganan con mayor derecho.
            Al fin, lo desterraron de Arizona. Dijeron que van rumbo a Florida.  A partir de ese día, las Alturas de Gila River serán alimento para la memoria más que para la boca y la vida. Iremos a espacios menos conocidos—, les dijo a quienes quedaron con él.
            El traidor que lo puso rumbo captura, después de impensables batallas, aun estaba entre ellos. Un hombre blanco que servía como agente del General Miles.
            —Danos señal al tiempo convenido y matamos a estos ojos blancos. Rompemos estas ataduras— dijo uno de los treinta indios de la nación apache que quisieron compartir su suerte tras la rendición.
             —Valor no fala a ninguno de ustedes. Pero el Gran Espíritu pidió dos años de tregua y reunir fuerzas y cerciorar si es cierto que se nos preparará una gran reserva en la tierra de los Apaches porque regre-saremos... si me entrego es porque no puede seguir viendo a mi pueblo morir de hambre y frío a los míos...
            —No confío en el ojo blanco... Son hombres despiadados.
            —Pero están mejor organizados y sólo quieren tierras...
            —Así es. Y mételo en la cabeza. Evitemos las compicaciones. Ya no es tu tierra. Ahí no estarás más... y sé que duele. Acostúmbrate a buscar en tu alma tu nueva tierra y cielo, será allá en la Florida.  Que la oscuridad no deforme tu pensamiento. Es más.. No se acaba el mundo para ti... Prepararemos tu reservación. Ahora bien, sólo que explícanos:  cómo un  apache como tú, inteligente, de entereza, te empeñas frenar el desarrollo de la civilización, por un concepto absurdo de libertad, tierras y propiedad. Y como nos ha dicho el General Nelson Miles somos los Emisarios de una Nueva Idea...
            —Soy quien te cedo la tierra. La comparto. No está en venta. Que no la tenga tras la batalla  no es que la  desprecio. O permuto. O dejo de lucharla. No la pierdo porque la tierra los espíritus divinos la presta del mismo modo que la vida. Nunca creas que pierdo la  libertad, si pierdo. Al conservar la libertad lo tengo todo todavía, y no necesita nada más. Menos que intrusos de ojos blancos como la muerte impongan límites y reglas y nos digan cómo vivir y gobernar...
            —Pides un espacio conocido, pero vas por tren a conocer mundo. Y verás Fort Sill, cerca de Lawton, en Oklahoma, que no ha de ser cautiverio, sino un lugar de espera y descanso...
            Después de la reunión en Skeleton Canyon, Arizona, al norte de la frontera, el 4 de septiembre de 1886, se oficializó la rendición. Con 22 años de cautiverio, en edad muy avanzada, la última de sus confesiones de gran cacique que: No fui maltratado físicamente, y hasta diría que me trataron bastante bien; pero me dieron el castigo más grande que se le puede dar a un hombre: sacarle el corazón y dejarlo vivir.

* 

Salí a buscar mi cabeza y rejuntar
mi osamenta...


... You told your soldiers to put me in prison, and if I resisted to kill me. If I had been let alone l would now have been in good circumstances, but instead of that you and the Mexicans are hunting me with soldiers... The Indians always tried to live peaceably with the white soldiers and settlers. One day during the time that the soldiers were stationed at Apache Pass I made a treaty with the post. This was done by shaking hands and promising to be brothers. Cochise and Mangus-Colorado did likewise:Geronimo, Geronimo's story of his life, In Prison and on the war path, 1909.

            Poco a poco, él fue abriendo los ojos. Tosía, dolía su pecho por causa de una neumonía y recuerda que cayó del caballo cuando iba rumbo a su casa, una celda.
            La noche estuvo tan fría que las manos del amigo que lo ayudaban a incorporarse, con la meta de subirlo a su caballo nuevamente, las sintió como brasas; pero era un apache chiricahua. Se tranquilizaría. La primera confesión no pareció objetiva, sino racional. ¿Estará enloquecido? —Salí a buscar mi cabeza y rejuntar mi osamenta—, dijo el caído.
            Entonces, el amigo de sus angustias y su tribu, conocedor del dolor, no se enojó al oírlo:
            —Me confundiste. Delirabas.
            El accidentado había despertado en Skeleton Canyon, y dirigía su plática, casi a salivones de murmullos, a un tal Lawton por interlocutor, quien lo presentaría ante el General Nelson Miles.
            —Pero ni estás en Lawton ni estás en el Cañón de las Osamentas. Deliras desde que caíste del caballo.
            —No debí, entonces, decir eso, supongo—, dijo el apache.
            Seguramente, soñó con el año de 1886 y su rendición. Quedó de nuevo como muerto. Y le frotaba la garganta y el pecho. Sabía que volvería en sí y, cuando lo hizo, mencionó que el mismo Theodore Roosevelt iría a verlo a la Feria Mundial de St. Louis; se dice eso, por de pronto, y se le protegerá de la mexicanada que lo aborrece. Es por lo que voy rumbo al Fuerte Sill.
            Los colonos mexicanos que fueron a la Feria quemaron las fotografías que anunciaron a Gerónimo como una celebridad de los Shows del Oeste. Matar mexicanos para él no fue un show. Tal vez lo sea para los anglosajones que lo subieron ferris como payaso. Venden dibujos suyos y librejos como souvenirs. Y son historiejas adulteradas. No son sus memorias. Ninguno ha preguntado el por qué de su belicismo. El no puede entender todo lo que sobre él se dice en St. Louis.
            —¿Te robaste el caballo o lo pediste prestado?
            Y sonrió. Le gusta saber que al menos uno le sabía su nombre: —¡Y no es Gerónimo!—Los folletos con su retrato mienten.
            De pronto le preguntó qué hacía, tan viejito ya, fuera del Fuerte Sill, de Oklahoma, donde vive cautivo. Es prisionero de guerra y, como tal morirá y será enterrado. —Prisioneros es lo que somos—, le dijo tres días antes de que muriera de pulmonía el 17 de febrero; pero él no está sino viviendo la súbita acronía. Se ha perdido en el tiempo, tres días antes de su entierro.
            De la fecha que lo regresa a su verdad, el amigo detectó el año 1904. Mas son cinco años en ese curso, pasado el invierno. Es cierto que iría a la World's Fair in St. Louis, y el Presidente Theodore Roosevelt lo invitó a desfilar con él. No será. Ya fue. —Entonces, no debí decir próximamente ni que Roosevelt fue quien dijo los dos como Grandes Guerreros—.
            Medita como si ya estará muerto: Roosevelt es un cobarde como criminal bien armado. Dijo que sí, porque es tímido, sencillo, casi no entiende el inglés, sabe cinco palabras: Yes, Not, War, Peace y Brother. No comunico la última palabra a nadie que la merezca: Brother.
            —No debí decir que desfilaré como amigo de ese vil cobarde.
            Ahora entiende que ni Nelson Miles ni Roosevelt ni el General Crook (quien le impuso la reclusión en el fuerte de Oklahoma) son amigos. Mucho menos hermanos.
            —Equivocafo fue decirlo de ese modo.
            Y, en su letargo, el jefe creyó que le contaba sobre estas cosas al sobrino. Salió de la celda porque quiso ver sus tierras, así también lamentarse de haberse rendido. Aún le quedaba mucho odio, más que antes, durante su juventud, y lo canalizaba hacia los mexicanos, mas ahora contra el yankee. Vería si las provincias incendiadas se han reconstruido: así en medio de los rojos paisajes de Arizona, así tras los nopales yendo a New Mexico, y hacia Texas. Ahora, pese a que los holandeses de la Iglesia lo han instruido para que sea vehículo de perdón y arrepentimiento, el odio sigue a pleno trote. Lo que hace es mover el odio de un lado para el otro. Aún así, cree que odia más a los hombres blancos de Oklahoma y de Missouri, incluye a los holandeses y a unos peregrinos que mientan los que van a las escuelas.
            —¿Avisaste a la iglesia cristiana que irás de paseo?
            Entendió que dijo que sí, mas revalúa. —No debí hacerlo—. Cambió su dios natural, robó autoridad a los Grandes Espíritus, canjeándolo por ese Dios cristiano que ninguna de sus esposas quiso. Ni Alope ni Ta-ayz-slath, ni Chee-hash-kish. A los dioses blancos no le gusta el indio lujurioso. Nana-tha-thtith se quejó. Cuando él no era cariñoso, por tanto odio encerrado contra el blanco, Zi-yeh no recibía sus besos. She-gha o Shtsha, ninguna de sus noches de amor, por lo que todas comprobaron que no volvió a endurecerse el hueso suyo de fecundar a las hembras.
            En el paisaje de Bedonkohe, cerca de Turkey Creek y el río Gila, comenzaron a asentarse mexicanos y ni su Abuelo / Mako / jefe de apaches de Bedonkohe ni su padre, ni sus tres hermanos, confiaban en los colonos de los asentamientos.
            —¿Fuiste a espiar a los mexicanos?—, le pregunta el amigo.
            El tiene su espíritu vagando por Sonora, donde también había mexicanos y los odió porque mataron a su esposa, a la que obtuvo desde que ella cumplió 17 años y le dio sus tres hijos. Una compañía de 400 soldados, con el coronel Carrasco en comando, entró a donde tuvo su vivienda y su esposa Alope, cuando él era Goyahkla, y padre pacífico y no tenía rol de guerrero en la tribu de Mangas Coloradas. Nació el odio por estos soldados por la sola razón de lo que hicieron. Y, ese día, 6 de marzo, según los calendarios de mexicanos y blancos, año de 1858, él cambio. Dejó de ser varón para ser una bestia, animal viejo.
            —No debiste cambiar—.
            Mas ha cambiado. Se arruga.  En ausencia de sus territorios, lo golpea la decrepitud. Cuando roban la memoria de si, se les seca la vida. Y él pisa más el aire que el suelo. Con mucho tiempo y cambio ha sido que muchos de sus guerreros olvidaron que su nombre es Goyahkla, bostezo pacífico, tranquilidad regocijada. Ha cambiado y lo designan como el Terrible Bostezo del Dragón. Este despierta y esparce su aliento, con fuego y muerte.
            El jefe Cochise, buen guerrero, lo vio cambiar, pasar de la calma a la fantasmalidad terrible y juntaron odio para vengar los ultrajes y asesinatos cometidos por los soldados sonorenses ( mexicanos).
            Antes eran tres grandes apaches. Pacíficos. Jugue-tones.
            Se hizo cristiano, le dice. No recuerda que lo haya querido alguna vez.
            —Te lo impusieron para que se te permita pasear y contar tus historias de viejo guerrero.
            —Ah, sería eso.
            Confiesa que sigue creyendo en la vida después de la muerte y discierne si el odio después de la muerte también se persiste. Su espíritu se escapó para observar si la tumba del Coronel Carrasco ha sido saqueada. «La mía lo fue». Y después pasó de Sonora a (Janos) Chihuahua. Rememoraría sus rebatiña en lugares como el norte del país Opata. Ante ellos hizo el nombre de Mangas Coloradas sinónimo de venganza brutal. Lo llamaron «el Terrible» y se calculó que, entre 1820 y 1835, los apaches mataron a 5000 mexicanos, obligándolos a esconderse bajo las faldas de los blancos y de sus mujeres con ojos azules.
            Dijeron que Gerónimo / Goyahkla / destruyó unos cien poblados desde el primer bostezo de odio suyo en inmediaciones del suroeste. —No debiste, Goyahkla—. Vengada la matanza cometida por Carrasco, no volvió la paz. Un par de generalazos, tal por y para cuales, Howard y Stanley de la División Armada del Pacífico lo acorralaron, ayudaban a sus enemigos y fueron quienes testificaron ante el Senado Federal que Gerónimo / Goyahkla / y sus Mangas Coloradas / habían admitido sus culpas, auto condenándose como los peligrosos forajidos.             —No debí dejar que dijeron esa mentira—, dijo.
            Y su espíritu voló con delirios de neumonía. Recordó que no habría perdones condicionados. El cautiverio por vida es preferible —a la libertad de la muerte, le dijeron. No entendía que ello fuera posible. Mas dijo: —Sí, ah. Ha de ser eso y no asentir no fue propiamente lo que quise.
            Recordó la última feria a la que acudió en St. Louis. Le dijeron cuando lo sacaron de la celda: —Será la primera vez que el Presidente de los EE.UU. permitirá que vayas. Esta exhibición es mundial. Viene gente de todos los continentes… No se enojará si cumples, sin truco, con estas normas. No narres a nadie sobre tus escapadas. Admite que se te ha tratado bien, a pesar de que eres un maestro de las fugas, y el engaño, Gerónimo. El ha autorizado que se te proteja. Nadie golpeará a un apache viejito. Hay todavía amargura y temores... En esta actividad, el Ojo Blanco de más rango y el Presidente mismo estarán, él desea verte... Otras gentes vendrán por mirar las suertes de enlazado con sogas que aún capaz de hacer para atar a las reses, al mejor estilo del Wild West... Dale el gusto al Gran Jefe Blanco, si te lo pidiera, porque es la Feria Mundial de St. Louis—, y, si bien decía, —ah, es eso, ¿complacerlo?— odiaba al blancos y a los mexicanos, aunque no osaron hacer más daño que humillarlo en el ferris y en meterlo de regreso a una jaula como si fuera un becerro o perro muy bravo.
            Advierte la debilidad de su cuerpo, empero siente más libre su pensamiento. El espíritu se le escapa de los huesos, sale por sus poros y, como si hablara con su nieto, o gente que le puso su nombre Goyathlay o Goyahkla, en su nativa lengua Chiricahua, habla que te habla. La vida duele felizmente esta noche que, al menos, se acompaña con un familiar Gerónimo. Es lo que más odia en la vida, ese nombre que le pusieron los blancos.
            —No debí permitir que se me diera otro nombre. Pero ese Gerónimo se parece a mí. Y, sin embargo. No estoy seguro que sea yo. Ni entiendo porque anda conmigo y a veces utiliza mis huesos…
            —Ni salir del Fuerte, Goyathlay. Estábamos pero-cupados—, le dijo el amigo, porque lo llamaban Gerónimo the Terrible como se imprime en los carteles y folletos de propaganda que se venden en St. Louis. Uno que bosteza ira. Bostezo de vientos monstruosos del Mal. Dragón, el Terrible. Y él sabe que se ha ganado el odio como Vaho de Enlil, el Sumerio. El odio acumula odio para siempre. Ahora es su odio sumado al de todos ellos.
            Sabe que morirá y ya, montado sobre el caballo, rumbo al Fuerte para después avanzar hacia la Feria, dice a quien cree que es su nieto: —Asegúrate que pongan mi cabeza junto con todos mis otros huesos; porque yo tengo que volver a la tierra de donde nací, ser enterrado allí y mis enemigos lo querrán desmembrado.
            —No vas a tu sepelio, Gerónimo.
            —Soy un cadáver ya en vida.
            Cuando murió, tal como predijo y advirtió al presunto nieto, los más burlones enemigos, mismos que lo usaban en las ferias para explicarse la cantidad de arrugas que son posibles en rostros oscuros, fueron a su tumba a robarse su osamenta y se antojaron de su cráneo. Dentro de éste, escupían, aún lo utilizaban de urinaco él y/o quemaban el tabaco u otras hierbas durante sus invocaciones de demonios. Miembros de la sociedad secreta de la Universidad de Yale, Skull and Bones, robaron del cementerio en Fort Sill este último bostezo de energía, juego del éter, que el Jefe apache salió a buscar aquella noche, arriesgándolo todo.
            El robo produjo un rugido humeante, muy grande. Hubo que llevarse la cabeza. Dar varios paletazaos sobre el cadáver, todavía no seco y pelado de la calavera, separar la cabeza. Birlarse el cráneo. Les produjo miedo. —Dirán que trataste de escapar, Goyathlay. Si no te subo al caballo, puede que los soldados hasta nos disparen por la espalda; ya no inspiramos miedo.
            —No debí morir aún. Fui a ver mis huesos y mi tumba. Y mi cabeza no está. Di, cuando ya no pueda hablar contigo, que la devuelvan a la Reservación Apache y que la añadan a mis restos, junto a mis huesos. Que tenga mi cabeza donde están el organismo... y más alta que mis pies, mis dedos, mis manos, mis esencias».
            Y cerró los ojos y no volvió a hablar al presunto nieto.
           
            01-03-2010