Saturday, December 15, 2007

Yayo el Turco

There is a dubious loyalty to the southern regime, troops were in full retreat or defecting en masse to the North. A heavily guarded demilitarized zone (DMZ) on the 38th Parallel continues to divide the peninsula today. The war affected other nations as well. Turkey's participation in the war helped it become a NATO member. The entrance into the war has been criticized inside the country, however: General Walton Walker, U.S. Eighth Army


Quien lo conoce, seguramente, lo llama Yayo el Turco. De turco, en verdad, es poco lo que tiene. Fuera de recordar, con su buen humor, el residuo de frases sueltas, mariposeo verbal del árabe y jergas que él descompone. Hay quien dirá que parece uno. Es bigotón, con barbas azulinas, cabello negro que peina hacia el lado. Entonces, son visibles sus ojos oscuros, de párpados anchos, la frente, el cutis limpio, con la piel sedosa. Para precisar la semejanza, faltará el turbante. Un pantalón y túnicas que indiquen jeraquía. Un vestido que sea un verdadero lienzo de colores. No será necesario. En definitiva, no es kurdo ni árabe ni turco. Es pepiniano. Hijo de jíbaros puertorriqueños.

Está empleado en la Autoridad de Fuentes Fluviales. Celador electricista. Un hombre bonachón, de 5'.7" de estatura. Responsable con la familia, sobre todo. Su esposa está primero que sus dos o tres cortejas. Cartilla que lee a todas. «No te pases del límite. No entres a líneas de combate».

El dice que el amante ideal tendrá una esposa, lealtad encarnada «que no destruirá con propia mano». Esto es otra de sus metáforas de guerra.

«Quien lucha por Corea, si la ama y la compara con el amor de un esposo por su esposa, que no la hiera con su mano. Que no la hiera con la guerra. Quien, por los ideales de democracia y libertad, dice que lucha, hágalos sagrados, como el hogar y la esposa. El surcoreano se vale del gringo, velagüira; en Corea del Norte, ronda el ruso; esos son los amoríos menores. El matrimonio, si se destruye y se agrede es por causa de esos buitres que al acecho, nos jeringan... Para pescar en río revuelto, se acercó el turco. Se metió en una guerra en que no tuvo arte ni parte. ¿Sabes qué quiso? Una membresía en la Organización del Tratado Atlántico Norte... Mira lo que uno piensa cuando sale del pueblito y llama a la nación americana, mi país y mi bandera».

Como de costumbre, este sábado sus amigos lo esperan. Veteranos de la Guerra de Corea como él. Beberán unas cervezas en un bar de Tablastilla. No se cansan de oír sobre sus peripecias y estas comparaciones, «el matrimonio es mi DMZ, mi zona desmilitarizada».

El Turco bien que explica lo que se aupa entre las leyendas populares de su pueblo. Está, en primer lugar, su mote, El Turco y, para el que interesa verlo en serio con su historia, sus anécdotas de guerra. Por quererlo así, supo que la prensa adujo: han sido 5,000 prisioneros de guerra, sólo en el grupo estadounidense, nuestros muertos. Alegaron que los comunistas son atroces y asesinos, aún con quienes sobreviven. Dos tercios de esos prisioneros de guerra, ni en par de años de su cautividad, han podido soportarlo. Provocan a sus verdugos a fin de que se les anticipen las ejecuciones o la tortura cese.

«¿Quién fue más cruel?», preguntaron a Yayo. Calculan que más 12,000 comunistas norcoreanos, tomados como reos, murieron en encierro. El odio es mutuo. La violencia ciega. El hambre, el aislamiento, insoportables. El ejército, aliado y salvador, ése en que estuvo y que llama héroe a cada uniformado, dio el mandato. «¡Mátenlos, maténlos sin miramientos!»

El recuerda la campaña, una en que, por primera vez, oyó que hablara el Dr. Don Pedro Albizu Campos, Aid Korea to resist America. El Partido Nacionalista, claro que dijo: Que ningún boricua se reclute. Norteamérica se personó a agredirla. Yayo se reclutó, no por inocente. A veces late su auto-reproche como una herida de guerra. Y, de paso, siente que Albizu que terminó en la cárcel, explicó el por qué no ir del modo más sencillo. Es Corea, tierra dividida por los imperialistas. Chinos, japoneses, rusos, norteamericanos... la han convertido, finalmente, en un pueblo desmembrado... Hay un paralelismo entre Corea y Puerto Rico. Monstruos se la comen, la dividen. La desangran... ¿Con quién dar los detalles de lo que vivió y lo comprenda? Amigos verdaderos, combatientes de su buena cepa; algunos que beben con él, oscuramente aliados en tristeza. «Si la política es sucia, más sucia es la guerra», filosofa. «No me hagan recordar estas cosas», dice a sus interlocutores, «hablemos de algo divertido». Por consiguiente, se hablaría de la Santa Crica y sus profundidades.

Con cervecitas, rones y el fondo de música mexicana, Yayo saca su romanticismo amacharrado. Evoca la libertad y el sexo, la metafísica de lo masculino y femenino. A él corresponde ser un combatiente, con arma de victoria en alto, vaya cojones, timbales de adrenalina, tendrá que serlo y, además, mantendrá la pení(nsula) unida, sólida, bien adentro y chorreando. En secreto, así quiso que fuera Norcorea, el país que una lo que el imperialismo norteamericano divide. Unir no se pudo. Llegaron las potencias extranjeras (¿quién lo habría pensado? ¡Hasta los turcos!) Se asomaron a buscar despojos, pertrechos y bases estratégicas. Rusia y Norteamérica cayeron sobre Corea: Japón, como chacal colonialista, tenía esa presa tan herida y aún no la soltaba de sus dientes. Yayo, quien va en camino a Tablastilla, a más del 15 meses del regreso, todavía tiene las imágenes de los puertos de Pusán y Tonghae-hang en la memoria y el corazón en vilo. Con lo que más batalla, no es con la erección y la unificación peninsular. Es con los recuerdos de guerra. Sus peligros. Malditos recuerdos. Vio la ciudad medieval de Seúl, plena de ruinas y humeante por intensos bombardeos. En Norcorea, le dijeron que de igual modo, llena de quemazones, hallaría a Pyongyan. Dolía, con angustia, en su momento, verse perdido. Contado entre los muertos y descartado por desaparecido. Y, sin embargo, estuvo vivo, sacándose las señas de los dedos como mugre comunicadora. Implorando a Dios que lo hallen. Que lo rescaten. «No estoy muerto. Ni sé dónde he llegado ni qué me asegura que ustedes me entreguen a los gringos». Tres meses puso en el empeño de aprender unos retazos del idioma turco. «Si sobrevivo, soy más listo que el carajo». Aprendió a decir paz, amigo, soldado, alimento, frío, ayúdeme. Habría aprendido esta lección en cualquier idioma que fuese necesario. Haría el esfuerzo de significar tales palabras y emitirlas. En cada lenguaje reinventaría su ambición de sobrevivir. El que no llora no mama.

«¿Qué sucederá si regresas al campamento de Corea y te sorprende la explosión nuclear que se tramita?», le pregunta un militar turco.

«¡Nos jodemos! Con un bombazo, como en Hiroshima, ¿qué esperanza?»

«Puede que ocurra».

El habría querido que Sur Corea, el gobierno de Rhee, se rindiera para que la guerra fuese la más breve de la historia. A punto estuvo de decirlo, pero se acordó del chicharrón de cerdo y se imaginó sus olores. Al final, dijo: «Truman nos hará chicharrones». Según informes, él autorizaría el uso de la bomba atómica contra China y Corea si fuera necesario.

«¡Eso sí que es destruirlo todo! No respetar ni sur ni norte. Es comportarse peor que Japón durante los 35 años de dominio», meditó él cuando estuvo perdido.

Yayo el Turco no siempre se lanza a evocar estos recuerdos tan solemnemente. Después de noviembre de 1952, el presidente electo Dwight D. Einsehower cumplió con su promesa de campaña. Fue a Corea y halló cómo dar fin al conflicto. Uno de los resultados fue su vuelta a casa. Que hallaran a los POWs, a todos los perdidos. Ahora se siente afortunado. Hoy puede leer que los comunistas capturaron 70,000 soldados surcoreanos. Sólo 8,000 de ellos regresaron. En algunos de esos trances de captura, se perdió; pero aquí está... en Pepino, vivo y coleando.

El tiene los brazos fuertes, el cuerpo musculoso; ya no es el joven espigado que reclutara el ejército. Ya no. Hoy está medio gordito; pero, para quien lo busca y lo trata, es un típico pepiniano, buen vecino y jovial. Parece que no sufre. Que nunca ha sufrido. Han comenzado a olvidar la guerra los que la pelearon. El todavía suma números, resta, se informa cómo ha sido. Los comunistas norcoreanos han dicho en la prensa que 390,000 norteamericanos agresores pagaron el precio justo: murieron. Y menciona, al menos, 29,000 mercenarios internacionales. Son esencialmente turcos. Casi un millón de fuerzas enemigas de Corea dormirán en olvido. Se comenta: Esta guerra será olvidada porque es difícil mencionar los nombres en chino. Tantas muertes son ya el comienzo de la memoria vacía. La indiferencia que encubre y oculta más que la ignorancia de la Historia.

Yayo está vivo. Los muchachos de la guerra volvieron. Por eso se reúnen en Pepino. La generación en que coincide el muñocismo triunfante y el primer movimiento supresor del comunismo, tras la Guerra Fría.

«¡Ven acá, Turco!», lo llamaron.

«¡Yayo, Yayo!», desde la esquina lo van queriendo los amigos.

«¡Veterano!»

El no es uno de quienes ha cambiado sus valores. Ama a sus padres, respeta a los mayores. Es honrado. Su país es primero... Y lo que explica su arabismo o su turquez es tan simple: se fue por rumbo equivocado; pero no lo hallaron huestes enemigas. Sí, los turcos. Los EE.UU. abrió bases militares en Turquía y terminó alternando con soldados de Gemlik, Hopa, Estambul y Bursa.

Yayo el Turco llegó y de la vellonera seleccionó un bolero en voz de Pedro Infante. Y es Toño Palomo el primero que saluda.

«Turco, ¿qué dices? ¿Cómo van las cosas al sur del Paralelo 38?»

Antes de sentarse en su rincón favorito y entre amigos, lo escucharon. Nadie le quitará lo picaflor, la sensualidad a flor de piel. Sendo bellaco. Lisonjeó una moza a su paso. Dice que el macho propone y la mujer dispone. El ofrece de sí la calidez humana, su poder imaginativo, las palabras precisas, con visión articulada, digna y adecuada en cada detalle. Además, Yayo el Turco es apuesto. Pocas son las mujeres que rechazan que un silbido suyo las detenga. Las conduzca a donde sea que proponga los rituales de sexo, siendo casado.

En el bar ya está Toño Palomo, el fiebrú. Se burló de Belén, el guardia cascarrabias. Comentó que otros choferes festejaron cuando partió desde la plaza, arrancando brea y quemando llantas. Recién compró lo que soñaba: el carro nuevo. Tendría que pregonarlo aviezamente con amarcha triunfal de arranque alrededor de la Plaza Baldorioty. Escuchar que invocan al demonio abusador del poblado. Sueltan al toro bravo: «Cógelo, Belén, que va sin freno».

El burlado luchaba con la encía a puros lengüetazos cuando Toño Palomo lo dejó con sus nervios retorcidos en mal instante, pues chilló sus neumáticos y manejó como rayo. La maldita caja de dientes que se sale de su boca. Se le cae... y Belén, por buscarla que se rinde. La recoge del suelo y maldice al que se fuga de su celo policíaco y su orden de obediencia [Belén que epitomiza los poderes vigilantes]. Ajá: su dentadura se vomita contra el polvo de la calle.

Cada vez que llegan los comicios, ese celoso esbirro de La Pava, se siente sensitivo. Deambula, mucho más enojadizo que lo habitual. Hasta Yayo el Turco se vuelve sospechoso. Belén, en la calle, expone el celo del muñocismo triunfante. Politiquea con la macana en mano, el grito en cuello y su temperamento iracundo. Para Toño Palomo y Yayo el Turco, donde hay que mandar a ese endemoniado en uniforme es a Corea. Que se ensañe allá, en las áreas del Paralelo 38, con las fuerzas soviéticas en Kaesong. Que vaya ante el Teniente General y comandante, John R. Hodge, y se reclute. ¡Véte, Belén! Colmo del calerismo. Comunistas habrá [por siempre]. Que se vaya a matarlos donde estén. No en las calles de Pepino. Es Corea quien lo ha necesitado desde antes de 1945.

«En Corea sí que harán chirridos sus dientes y temblará su quijada», ríe Palomo.

«Después de verme perdido y entre turcos y no saber por quién se mata y el por qué, ya no me asusta nada. A Belén, por el contrario, lo embarrará la mierda», dijo Yayo.

Precisamente, al jactancioso lo compara con Corea del Sur, pueblo cuyo ejército fue poco más de 65,000 soldados, armados, entrenados y equipados por los Estados Unidos. «Corea es una trampa tendida para ciegos y el Sur, aún los ms cobardes, se han sentido grandes a la sombra de su protector».

Una Guerra de Truman fue Corea, inicialmente con el apoyo popular; más tarde, fue la Guerra Olvidada. Discutida y cuestionada. «La guerra que me asusta no está en los periódicos; yo voy a olvidarla pronto», es lo que Yayo el Turco comenta a sus amigos. Saborea la cerveza. Amplía los contenidos del deseo. Quisiera que el guardia Belén viviera una semana lo que él ha vivido. «Que si Albizu le ocasiona miedo a Muñoz Marín, o el al Presidente o los Congresistas, no... que vean cómo luchan los norcoreanos, el surcoreano cuando los observa se caga; se une a ellos y le deja el trabajo de exterminar la patria al extranjero». Sólo hombres, tan llenos de ira y dolor, deben utilizarse en ese infierno. Que lo soltaran en el campo de batalla para que no sea jactancioso. Corea: la primera confrontación sangrienta durante los años conocidos como la Guerra Fría, es el lugar que ha elegido...

«Allí quisiera verlo. Cagándose. O matando a gusto los diablos rojillos», reflexiona.
Leyendas históricas y cuentos colora'os

El ángel más amado




De todas las obsesiones que forja el pensamiento,
dulces voces de mis desvaríos, medito en tí,
como criaturilla más deseada entre la hueste,
y quien fielmente me nombras: amigo mío.


No que tú me entristezcas, pero no me desmientes.
Es triste este mundo, con hombres rotulados,
ariscos al espíritu, endurecidos por furor
de su carne y el apego a bajas ilusiones.

Bien que conoces a los hombres fugitivos.
Con el pan se conforman, cuando no, se esclavizan.
Sin el circo no viven; ya no pueden vivir
la senda de lo abiótico, mi dominio.
¿Quién hay que busque la noosfera conmigo
y te escuche, Dulce Silbo, mariposa de luz
en la noche serena, en plácido ocaso?

Para mí, eres fiel. Seguro que me has visto
(inexplicándome la angustia, airado a veces
como un perro raposero, o un viejo orejano);
pero mira si tengo cuajo en este ser-que-vivo;
soporto cada instante de vida, me guste o no,
sólo por escucharte, curioso amigo,
y de mis telas cortadas, ¿qué querrás llevarte?

No necesitas nada mío. No necesitas ni amarme.
No sé si fiel serás por siempre; pero confirma
que me oyes, cuando lamento; dí otra frase
en adición al habitual Amigo mío.

Del libro Teth, mi serpiente / El nihilismo pasivo / El lector cósmico /
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Geopolítica, 1894-1917

Desde 1863, la esperanza de una Tierra Libre,
generosa, hospitalaria, es más lejana.
La tierra de los fuertes está en los puños
de los divisores, marionetas de la Nueva Roma,
Gran Bretaña, a la que sirven
monarcas, timócratas, sinarquistas.
La expansión del esclavismo es el detalle
más nimio; la corrupción es el platillo cotidiano.

Con Roma disfrazada y sin iglesias que oculten
sus garras agresoras, está el Congreso de Viena,
Metternich, Eduardo VII, el Príncipe de Gales,
los Confederados, sureños esclavistas,
algodoneros, linchadores, discursos geopolíticos,
promotores de guerra, desmembradores
de la Nación-Estado.

Con estas operaciones globalistas
de la geopolítica en ciernes, ¿quién festeja,
con razón, que el imperialismo ha muerto?
¿Quiénes son? ¿Martin Van Buren, August Belmont?
¿Polk, Pierce, Buchanan, MacClellan?

De El Libro de la Guerra / Desde hoy serán claros mis rumbos / Click here
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Friday, December 14, 2007

Fin del Sacro Imperio Romano

En el año 1806, Europa celebraba la muerte
del fantasma. ¡Fin decantado del Sacro Imperio Romano,
imperio que nunca fue sacro! ¿Por qué no se sepulta
la razón del imperio, su codicia, y se exorcisa
un slogan, Roma-ramera-Papado? Nada ha cambiado.

¿Por qué son tan ingenuos los que festejan
y proclaman que el fantasma está vencido?
¿Por qué tan conformistas con el ocaso, si es mito?
Nada ha muerto. El imperialismo reviene en camuflaje.

La oculta envidia de Albión le halló traje en las cortes.
Un nuevo afán timócrata va en volandas
a embaucar al mundo, con gesto ultramundano.

Para la guerra global como embeleco se turnan
los violentos, siempre vuelven, resucitan y en nombre
de Dios y sus valores, piden el fin del mundo, la Némesis
o el Nuevo Orden. Mas no ha cambiado nada.

Hay ambición de territorios, belicismo por todos los rincones
y prácticas financieras predatorias, chantajes, menosprecios,
renovadas formas de espionaje, cadalso y exterminio.

Del El Libro de la Guerra / Obsesos del gran consumo /
Poetas del Mundo

Planeación racional

El Estado está lleno de oficinas y soldados.
Burócratas que al conocimiento lo reducen a dato,
a número inconexo, a ficheros tremebundos.
Todo se clasifica en blanco y negro y todo cuenta
como chisme, o choteo a falta de juicio y sabiduría.

Cada relación, por más informativa,
es ausencia de unicidad. De Chesed.
Fin de la misericordia; burla al humanismo
y la unicidad que nació del espíritu.
Unicidad que es voluntad de entendimiento.

El Estado es castrense, un juego tiene,
con los jóvenes del reino, hacerlos espartanos,
prusianos, fascistas, policíacos, sabuesos,
obedientes, narcisistas, eugenásicos.

Es que el mundo, al que coaccionan, es descrito
por dos facciones: burócratas gubernamentales
y milicos con grado de tenientes y sargentos.
Como una porquería. Esto el mundo.

Abunda en éste: el feo, el pordiosero, el retardado,
el pillo, el viejo, el tarado, gente inútil e inservible,
indeseables de todos los colores y tamaños,
gente que no quiere morirse de una vez,
pero cuesta mantenerlos. Fastidian.

Apestan, no producen, no se les puede ya
compadecer, sería mejor matarlos
como dice el ejército, por voz de sus veedores matarifes.
Los supervisores, a través de planeación, examinan
Opciones dizque menos duras, pero de igual estilo
y, al fin, racionalizan a quién han de salvar del exterminio.
No hay que quebrantar a todos, ahora se acuerdan.
«Si lo hacemos nos quedamos sin trabajo».

De El Libro de la Guerra / Poesía social / El niño ingenuo y dócil

El Libro de Raziel

Sefer Raziel HaMalach

¿Qué derecho y qué necesidad hay
de clamar por los secretos de Rzial / Raziel
o porfiar con cualquier ángel de alas azules?
¿Qué me va o me viene que tenga el aura dorada
y su cuerpo sea, al parecer, tan liqüiforme?

¿De qué vale si con un poco de amor me contento,
si la bondad no es magia que se aprenda en libros?
¿De qué me sirve un querubín, demasiado atareado?
¿Para qué más jerarcas, si los muchos que tengo
son peores que los ladrones primordiales
y los entes de las sombras y las profundidades?

Uno vestido de azul en la esfera de Chockmah
y en su mundo de Briah es él. Raziel, el que guarda
secretos, el que lo anota todo. ¿En qué lenguaje
he de leerlo?… ¿a quién diré, ya todos muertos,
pásame un dato, al menos? Enoc, Noé, Salomón:
¿qué dice aquel rebelde que me sirva, qué dice
aquel poeta de los cielos, aquel ladrón angélico?


Apenas sé meditar en mi camino; en este vil camino
de canallas, donde no hay jardines del Edén
ni ojos ni oídos para las cosas del Altísimo.
¡Ya he dejado de creer en los secretos!
ya no pido los exquisitos hermetismos.
¡Un poquito de amor pido, si algo!
O, de plano, que me dejen tranquilo.
3-12-1986

Del libro Teth, mi serpiente / Desde hoy serán claros mis rumbos / El lector cósmico

Teth en la existencia dipolar




Hay días en que las hojas tiemblan
por estarse en los árboles; Tu Arbol de Vida, Teth,
árboles de tus senderos que se deshojan
porque vienes a enroscar tu Misterio Oscuro
y encender con tu sexo la Shejinah. Resplandores.

Días hay en que la calle se queja de su polvo,
días de Teth, tuyos. Todo será limpio para la noche
de bodas. Tu Luna Nueva. Todo se arrastra
entonces como una serpiente con prisa de mordernos
o una hiedra que trepa, cuanto puede, y nos alcanza.

Hay días en que todo rema con su propia fuerza
hacia la mar desconocida y se levantan las olas
y se desprende el Viento de lo Alto.
Van las aguas y el Aire en rescate de quien pisa
la Tierra. Visitan los Divinos la finitud del hombre.

3-12-1986

Te van a sonreir, hijo mío /
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Thursday, December 06, 2007

¿Quién funda mi lenguaje?

El destino regala la lengua fundante nombrante para que el ente sea: Martin Heidegger

Y el espíritu de Dios sobrevuela por sobre las aguas: Talmud

El portal es como el beso, una boca lo da
y hace presente todo lo presente.
Un labio hay que lo anhela y que no se retira
hasta que tiene delante la original palabra,
la bendita saliva, la voz de ese algo prometido,
no sólo su fe. Algo como algo.

Ese beso que nombra que algo SEA, por jota o Jet
o equis, que sea Vida, Acceso, apofánsis,
algo y más que algo y, por ser, lo devela.
¡Sea la luz, sea el beso delótico!
sin el cual no hay verbo ni un nivel arriba
ni un nivel abajo ni vida esencial en la cima
ni vida que vitalice abajo.
Sea el portal para jaiut
otro labio / destino / ente del ser
que espera, que interpreta, que se abre.

Como un beso es la entrada a mi palabra.
El portal de mi poesía se hace de besos.
Como un beso la casa del lenguaje, el poema,
el comprehender, la expresividad de las declaratorias.
La interpretación circumvidente.

Como el suspiro fundante, sea el susurro del enamorado
y el sexo de la primera vez, coito donante que potencia
el acceso al misterio femenino / masculino
desde mi propia alma, como nivel superior de mi energía
y ascenso de la óntica semilla / ontológico beso
hasta el logro del espacio abierto.

Y luego que ascienda aquel / aquella que proyectó su luz.
La que ronda, el que sobrevuela: los besantes.
Que no sean ellos / los vivientes / jaiot / críos
para el águila que puede destrozarlos.

Que no estén abandonados por el tzadik que examina
porque, después vendrán las intuiciones discursivas,
el lenguaje amargo, el desgaste del beso.
La consciencia mundana. Los abismos.
2.

El acceso al ente implica necesariamente el acceso a su ser. Se tiene consciencia de algo en el modo de su existencia: Martin Heidegger


¿Dónde vive Jatoteret, aquel que besa
desde la Cima del mundo, aquella / águila /
madre que sobrevuela sobre la creación
de todo mi lenguaje, aquel que unió la inmanencia
y trascendencia en esta boca que clama,
entre la vida esencial y el temor
y ese amor que presenta los entes,
con el logro del beso?

Beso tan simple como el ver lo que ambos
han visto, siendo como roces de besos
sin que falte el encanto y la estructura del cómo
aquel que besa se retira y toca sin tocar,
aquel / aquella / que nombró el amor /
por primera vez, y se asomó presentándose…

Aquella / aquel que recibió algo como algo
se hizo comprehensible y recibió dación
desde la inmensidad del apriori
y ascendió en sobrevuelo porque toca sin tocar.
3.

Un espacio unitario tiene que estar ya dado para cada concepto, un todo en el cual puede ser dado a través de la intuición: Martin Heidegger

Y las criaturas vivientes [jaiot] corren y retornan como la aparición de un relámpago: Talmud

El portal es el espacio único por el que regreso
al infinito, al ver total, al reino, a la Cima,
a los siete cielos; tarea distinta el aprehender sucesivo,
la tierra, los ocho vértices del cubo, la boca circuncisa
de Zot en Janucá, el corazón circunciso en Yom Kipur.

Mi portal es el prepucio del oír. Octavo día de Sucut.
Tarea distinta cualquier beso que no sepa
cómo pudo la boca interrogar su ser.
Como ente en su ser guardado es el beso
que entra a mi portal, celoso el poema
que el suspiro recoge.

Como espacio de privacía
la estrofa y el nido, luz autoreferenciada
el que besa y te nutre y te mima,
con ese amor fundante y su alimento.

8-02-1990 / De Teth mi serpiente


List

Tuesday, December 04, 2007

A Sara, la princesa


¡Te necesito, reina de mi sábado, rectificadora
de mi obra, Or iashar. Amasada fuíste
con el polvo más fino de mis huesos, yo, afortunado
porque dije... «Yo quiero, pulverízame» y, al querer,
te invoqué sin saberlo, supe que algo de tí necesito.
Algo de tí me completa y bendice.
¡Tú, guardiana de mi secreto!

Apoyada con pies rítmicos, ágiles y pequeños,
cuartos menguantes de luna, subíste a la Cima.
Antes que yo víste la nación en la tierra.
Serás padre de un pueblo, amado mío.
Nacíste para multiplicarme con tu dulce esencia.
Acercáste la vasija de tu vientre y anunciaste
las generaciones: el rambam del mundo venidero.

Entre polaridades de severidad y misericordia
avanzaste y, sobre todo, por la urgencia elemental
de sacar raja de la pasión, darte vuelo, añoranza de fe.
Clamaste por cambio, vencíste el miedo.
Permanecíste fiel. Aún sigues a mi lado...
2.

¿Y quién confiaba en tí, la aparentemente vulnerable,
si la Cima fue descrita como inhóspita, innacesible, fatigante
y su rumbo tortuoso? «No es el camino fácil»: fue escrito.
¿Quién confiaba en tí, si no yo, que no comulgo con ruedas de molino
y te he visto en la virtud de lo que eres, cómo te anticipas
y me enmiendas, me llevas a tu paz, Mujer Kosher,
Virtuosa de la Luz que vuelve, Corona mía,
navegante en aguas de alegría?

Tú alcanzaste la Cima. Bebíste de la Fuente.
Tú, con pie pequeño, más grande que el reino de este mundo
y los héroes que se miden por ventajas, siendo falsos.

¿Qué expansión de luz te mostró entre abrojales
que en la Cima está la Fuente, el Pozo del Viviente que nos ve?
Aún se preguntan las báquiras de Egipo,
aquellas que mucho hablaron sobre las aguas amargas
para la boca del mundo y del útero extendido de temores.
Nada te detuvo.

Y dijeron los poderosos, como incrédulos
y berzotas de tu sacerdocio: Todo es conflicto
porque somos como el buey que pasta entre riscos
y mil montañas, sin encontrar una Fuente.
Ir y venir desgasta. Bueyes en la noria somos.
Alma grosera de buey adquiere el horizonte y en mil montañas
pasta como la bestia de lo múltiple, incluyendo la yunta
que se doblega y en su día da labores.


«Fruto de Egipto no quiero», dijíste al fin.
Desde esos días te bendigo.
¿A quién se dará una corona, sino a tí,
Mujer Kosher, Virtuosa de la Luz que vuelve
al que la luz donó y la puso en aguas de alegría?
Tú alcanzaste la Cima. Bebíste de la Fuente.
Tú, con pie pequeño, vencíste.
Zaín te dio la Espada como espíritu
y la encendíste como si fuera lumbre.

Por ornamento, la corona es tu virtud
y amplia percepción de autoridad manifestada
(misión sobre el mundo por expansión de luz
que por tu amor regresa. Or jozer).
Más tú, Mujer Virtuosa,
peregrina, corres y retornas,
vas a la Fuente y regresas
a la Cima. No temes ni al camello
ni al Angel de la Muerte.
Del libro Teth, mi serpiente

Monday, December 03, 2007

La transmigrada

La metáfora se renace en la carne:
George Lakoff
No existe significado literal,
ni verdad como correspondencia:

Mark Johnson


Tú eres una zorra de las que a mí me gustan.
Ojos poderosos que observan la distancia
entre el mundo de la presa y las ganas de alimento.

Los colmillos comieron a gusto de la fuente primaria
del pensar, no fue carroña, ni sobrajas que los buitres
dejan. Digo, la fuente primaria del sentir y el soñar.

Al territorio de abundancia fuíste y lo llamaste
Tu Alimento, grata carne, imputrecible,
tu experiencia básica, la empiría.

Tus ojos supieron traducirse en la estrategia
de sensorialidad. ¡Qué piernas ágiles, veloces,
tienes en los encuentros y en las despedidas!
Tu oído percibe cómo vibra el alimento vivo
y cuán bajo es el gemido del hambre profunda.

Sin embargo, lo que todavía eres es un continuum,
evolucionario, renacido en la carne, terco para no darse
el olvido porque estás en el cuerpo, no en entelequias,
en toda biología te fundamentas, integrándote
a paisajes, a luchas ajenas, a ganas
de cada cosa que los empeños sean,
ya imaginarios, inconscientes o estructuradores.

Y por eso eres mi zorra favorita.
No estás hecha de literalidad, sino de plena lujuria
y de íntimas sospechas que expulsas con tus puterías.

Antes de conocerte como hoy, fue tan distinto.
Eras una fierecilla aterrada. Te escondías hurañamente.
Eras una metáfora cautiva con una rata entre los dientes
y poco Erlebnis, testigo de tus días.

Hoy es distinto, eres ducha y razonas, aunque vivas
de la carne y de la lucha que a todos sobrevive,
sin garantías de justicia ni dicha.

Hoy si te referencias. Accedes a tus dudas
lo mismo que a tus iras. Te sustraes de la matriz colectiva
de tus imaginarios. Te enderezas y te tuerces
para el idóneo ajuste a lo que tienes dentro,
el salvaje refinado.

Te aprecio renacida, metáfora,
diablesa, cuestionadora del control en tu entorno
y de la falsa hermandad con que te enamora
el que se topa contigo, por querer ultrajarte,
bestia hermosa, zorruna sutileza, trasmigrada.

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Los pordioseros

La sociedad civil es por encima de todo
una sociedad sin un orden sacralizado:

Ernest Gellman

Tal vez aún no lo has comprendido.
El amor es divino. Encarna con la sospecha de ya
tenerlo todo por gracia del infinito de su esencia.
Se olfatea más allá de los desastres. No como ellos,
los que por el amor dan ceros y se despojan
como tales. Por la energía dan cero.

En la visión protestativa, el pordiosero declara
que el mundo es tan finito. Carece de abundancia.
Entonces no vale que el zorro conjunte los esfuerzos
y observe desde su madriguera el bien determinado,
la comunidad universal de las virtudes,
el bienestar general para los pueblos,
la dignidad que iguala al que trabaja y subsiste.

Ahora que abundan los desesperados
como vitriólico ornato del cinismo, aprovecha
y medita la sospecha que nos desafía.
Házlo como quien compadece o regaña
a los espantapájaros. Deja el lamento.
Sé cantor de optimismo. Con un poco
de amor se llenarán tus manos.

Regresa a las cúspides teórico-metafóricas,
a la empiría de principios de amor y de alegría;
contagia al mundo, con el nuevo renacimiento
que expresa la energía y salta al mundo
como un zorro verdadero: con precisión
de ojos avizores, dúctiles garras, no hirientes,
ágiles movimientos, orgullo porque el monte
se abrió para tí y te dio una tarea.

Los treinta y dos caminos




Lo que más encanta de tí, en los sitios de adoración,
es la promesa del Izri. Aunque seas la niñaja
en las casas de las vanidades,
la naara de la ley, Agar la despojada,
el amado buscará en tí una princesa
y Bet Aven será inmundicia
y piedra caída, civilización desolada
y desolante. En treinta y dos caminos
dejarás huella y, desde el Yesod,
formarás los peldaños y, en diez esferas,
de tu cuerpo, hallarás sabiduría
y me la darás, tentándome, Serpiente,
y entonces, Novia Divina, serás
Na'arah, madre del guacho,
el pequeño mesías.

Bendición del Caos


No es que él sea autosuficiente e inmutable.
El quiere ayuda, así como la quiere el mundo,
así como la quiere el universo entero
y, en su nivel precario, en orden contigente,
el cosmos que más sufre.

¿Y quién es, hijo del Tiempo, el cosmos
que más sufre, quién es, Hijo del Tiempo?
¿Acaso no es tu Rostro colectivo,
tu gen hereditario, tu voz irracional,
tu legado profundo,
ese corazón del viviente,
el tuyo, Caos, y el nuestro, el mío,
tuyo, padre de las almas añorantes?

Algo perturbador y divino al mismo tiempo,
algo que no quiere ser dios ni adoraciones,
algo indefenso en la espesura de coincidencias
de azar monstruoso, vino contigo, hijificándome.
Vino para que hubiese un día hemeral,
un día para que duerma la noche
en un estado numinoso, mi mundo mágico
en lo vulgar del día y lo triste del mundo..

Desde entonces sabemos tu secreto
(en vano lo escondes, orden del desorden),
pero, ya no temas: aún el caos tiene
regularidades estadísticas; no eres un anarco
sin collejas nerviosas y sutiles. Sufres.
¡Bien que te lloras y te quejas en el hombre!

Por eso Todo / Nada / el Origen pide un auxilio
de efecto selectivo, unas regularidades naturales.
Todo lo que es remoto, sin tiempo de conteo,
despeja el camino para lo cambiante.

Ser necesario tú (y con contigo)
hemos querido ser para lo contingente
y por azar de fluctuación y evento impredecisible,
pedíste que te olviden y perdonen en un sistema abierto
y pedirás que te prueben racional, aunque menos eterno,
cosmos creativo, apenas perturbado.

La constante es ese Ayúdame, si es que yo
me autogendro, dáme un testigo, una partera
un sostén que me detenga el ansia.
El grito universal es un OOOMMMMM, ese mantra solitario
que parece que llama un ayudante, un nuevo eco,
que reconcilie las crudas paradojas, ser y advenir,
lo Eterno y lo transformativo, el absoluto Ser
y el leve escándalo de tener que variarse
y vestir en formas tan complejas,
aparentemente temporales.

Todo clama que se hallará una coincidencia
de infinitas dimensiones, más allá de la creencia aterradora;
todo clama, ¡aún yendo como objetos libres, en caída,
algorítmicamente inexplicados, en pos de regularidades!
Todo clama sin un aviso cognoscible:
organízame, ayúdame,
observa este dolor, el universo duele...

Alguien tendrá que decir que aún
lo más bello, grandioso, inefablemente íntimo,
el Bien Imaginario, el amor que rebosa
como fuente, es la necesidad lógica de ser,
aunque a veces entristezca y deje su control a los contrarios
y se estremezca, dentro de sí. Y, ¿por que no?
se colapse muchas veces y parezca
que la deseperanza se lo come.
Mas sólo en apariencia es cierto
que el universo se una horda de caníbales,
tragones de materias de sus girantes cuerpos;
ebrias criaturas, monstruosas, que beben
los orines del plasma hirviente.

Es mentira que externa pertubación carezca
de sentido y que todo esté en sus ciegas miras
en beneficio de la Nada y el Derrumbe...
¡sólo que, por de pronto, vienen y se presentan
a presuntos cavernícolas, demonios en desorden,
cazadores que van, con sus garrotres, a escollar
la organizada variedad de los entes
prebióticos posibles...

... pero es que todo tiene libertad,
¡ay! en esa experiencia interna de dolor
que precede a la dicha, a las realizaciones.
¡Al conocimiento, al amor de los cimientos!
El potencial a la apertura, al movimiento,
se emergió con una carga de indeterminismo,
con una orfandad que busca al padre
y una indefensión que se parece al vientre,
al nutricio rincón, lo femenino,
donde simplemente se late, se reencuentra
el corazón con su tiniebla, su caos oscuro.

Es sólo el comienzo, auto-organización.
No sea triste tu comienzo, hermano Caos,
Se está cosiendo la necesidad con hebra fina,
con cuerdas de luz cósmica, palomas desconocidas,
para que todo exista como el cavo rilievo
y el alivio y sea, seguramente comprendido
y sostenido por las lógicas del orden contigente.

El Caos dará su aviso, sin cadenas, nos hablará
en la foma de ondulancias, no del todo coherentes,
pero te prediciendo los momentos magnéticos
de sus futuros electrónes, su magia y su belleza…
Tú los cuantificarás si le formas un templo,
sin engaño, si lo cuidas en las vibraciones de lo manifestado,
si lo consuelas al decirle: «¡Qué curioso tu paso
por los caminos cósmicos, qué infinita tu edad,
tu masa, tu carga, tus momentos angulares,
que han sido los mismos en cualquier universo
que has hallado y poblado con tu carne
contra el fragor compresivo de la materia oscura!»

«Tienes Padre, Caos primogénito,
padre ocasionado para el Bien.
Padre del Erebo y la Noche, hijo del Aire y el Tiempo,
te bendigo. Padre, antes del Orden, tu mismo corazón
me has dado potenciado al amor. Te lo agradezco»

«Tienes prole y familia, jamás ha ido solo
por esas rutas, al parecer, inestables, sin geografía,
sin propósito ni solidaridades... y yo, me he visto en tí
y, sin embargo te bendigo, me aferro a cuerdas que tiraste,
hebras cósmicas, hilachas de una falda única,
la divinidad dipolar del Origen
y la definida direccionalidad porque no es bueno
ser inmutable, tan absolutamente perfecto
que Todo se convierta en perpetuación
de una rutina universal de aburrimiento
y el Narciso que se mira a sí mismo
y nunca es mío ni de ella ni ninguno
ni a los planetas, macho y hermbra terrenales
en secuencias de procesos autoreguladores».

«No has venido para dar hasta el hartazgo una mímesis,
misa de un falso Dios con sus espejo; ¡ay, Caos propositivo,
por libertad llegaste, libertad como fuego
de un antiguo Prometeo. Con las cargas del misterio,
llegaste con el caos temporal y contingente,
con la osadía de quien abre una Caja de Pandora.
Con edades de condiciones iniciales que pueden
replicarse ad infinitum, bendigo la esperanza
que nos traes, al fundar la mañana de creación
en plena noche… Por ahora…
arrastra conmigo, primicia de mi Devenir,
dáme ese dolor con que partiste, cómparteme
las progrenies de estrellas que soñaste,
pariéndolas en lo inmanifestado del Tzimtzum divino»

Quiero que exista el deseo profundo
y la experiencia interna, y no sólo el capricho
de los entes absolutos. Me gusta el Vacío,
si fuese necesario y tus peregrinajes
de Sabio Andrajoso que se escapó del tiempo
con monstruosas ecuaciones de infinito
y complejas e incomputables variables…

05-12-1994

Del libro Teth mi serpiente

La rebeldía


¡Ay, hijo de Adam! el por qué restauración
Te demando a tí y las simientes que hoy derraman
lágrimas de Nánaco y en Pilar del Juicio,
tarugo y bobarrón te Sé...

... el por qué no te observo querendango
ni te río las berzotas, hijo de Adam,
ni el olor de báquira y jabalí te soporto,
el por qué tu ofrenda ya no es grata
y no es para mí, el por qué, Narciso,
te rufugias en Nob y luchas
contra la Estrella de David,
yo lo conozco, tu causa juzgo.

Es que no amas ni bendices
el amor que te dimos, mis palabras oíste
y te instruí, te senté en mis rodillas.

Mas soltaste el lazo y asaltaste
la Casa de Nuestras Palabras
con espada de incredulidad.

Vectores


Caerás de espaldas ante Mí, Adán,
el creador de misteriosos aguijones en las sombras
de todo lo que existe, pájaro carpintero
y Toro Umbrío de las singularidades.

La monda soy de las eternidades,
lo más extraordinario que te abra la boca,
lo más divertido que te sorprenda
en el amianto, roca de silicato
que por el fuego no perece.

Alégrense pues tus pajarillas.
Canta mis creaciones.
Vectores de energía, intimantes formas
de amor, tengo contigo, con tu sexo,
y atracción ejerzo desde los recintos
de Malkut, envolturas de pupa,
mi rueda de timón y mis velachos de trinquete.
Navego contigo en aguas cósmicas
del Arriba y Abajo.

2.


Nada es más amado
que mi secreto desintegrador,
el éxtasis del aire, espaciándose,
el bautizo de relámpagos,
comiéndose el carbono
para apofántica
desocultación de los entes.

3.

a Ravenu Bejaié, cabalista judío

Son todos ustedes, hijos de Adam,
mis amados. Conexos son de mi pacto.
Como un solo pueblo de Urania,
les observo. Mi geografía no es mínima.
Son los vecinos de mi ciudad.
Heredad adquirieron en Jerusalem.

Cuatro niveles de kedushá
mi ciudad tiene, nación de naciones
ha de ser Su Templo.

Quien quiera ser hombre universal
bájese del camello de su orgullo.
No transgreda mi paz. No tome
en vano mi propósito.

Despójese del cuerpo del marrano.
Desnúdese y lávese porque sarna
y vómito es la hipocresía de quien come
los desperdicios de la vanidad.

La promesa


Vuelve a la cama, pez de la Diáspora,
hijo del exilio, peregrino, circunsciso
de Borikén, que el niño de Isaí, el menor,
rubio, hermoso de ojos por tí y tu pueblo golpeó
la cabeza de Goliat y el manto de los violentos
fue rasgado.

Los fieros amorreos, amalecitas,
filisteos, la jungla del perverso,
están siendo vencidas una a una
por la justicia que es por siempre
y por causa de la porción de Tu Heredad.

El hombre mutilado


No. Estos hombres mutilados, acósmicos,
son perversos, y sólo obsequian
las cuchilladas del espanto.

Te besarán con balas cada vez que te vean.
Van sin una rosa blanca de amor puro.
Van con un cinturón artificial y matan moscas,
sin tocar una estrella con la muerte.

Un perro rabioso por senderos lo guía
y una vara negra es un bastón
que a lo que toca lo convierte en mugre.

A un águila sirve, águila de inmensas garras,
y muchos ojos que citan la carroña;
serán muchos sus crímenes.
Del libro Teth mi serpiente

El hombre tenebroso

Y sin amor y sin Dios, ¿qué queda del hombre?:
Heinrich Pestalozzi


Uno que dejará que su cría muera
de sed, que a la amada se mutile,
que se impere el bostezo
en hambre de alimento.

Uno es que promete nupcias
a la inopia, pero no construye casa alguna.
Uno es que larga el pie a la distancia
y entra con ex profeso alarde de tropiezo.

Uno que te echa a pique y te pica la cresta
y da tormento, porque para él
no hay fe, la vida es mala, dice.
No hay que confiar en ninguno.
Sellado fue el camino de lo maravilloso.

No hay respuestas naturales,
los vínculos cósmicos no existen,
el subconsciente es lodo, causa
sin causa, cascarón de miseria y olvido.
9-08-1997

Sunday, December 02, 2007

Neo-amalacitas

al Cacique Aymamón, neo-amalecita

Llegó la sangre al río.
Los taínos la vieron fluyendo por Aymaco.
Donde nadie esperaba, Valle del Culebrinas,
tierra de inocencia y sedimiento, edén
del trópico, el caín manchó los aguas de consciencia.
Distorsionó semblantes, ensombreció la tierra.

El ADN fue maldito, un mensaje del código
diría: Se suspendió lo eterno.
Don Diego Salazar, de la Villa de Sotomayor,
intensificó su venganza, hirió a 300 indios.

Salcedo murió en cercanías de Añasco;
Aymamón estuvo en vela. La inocencia
había jugado a la pelota con el cielo
y una mancha purpúrea persiguió
a todos, a Salazar, al extranjero,
como en tiempos de Amalek,
sacrílega sombra, trágico ejemplo.

De Caparra llegaron más gendarmes,
hombres con hopeantes perros,
caballos que parecía demonios,
espadas filosas, ávidas de sangre.

El cautivo tenía escrito en la frente,
amalecita, Aymamón lo tomó
como compadre, lo admiró como a héroe
y le pidió su nombre por causa de la espada.

En menos de un día de luz,
a los predios de Aymaco, el nuevo amalecita
llevó la sangre al río; con la espada de Salazar
vencía a los santos, se aliaba al enemigo.

Adoctrinaba el vicio de la muerte,
la traición, ay mamón, su treta infame.
El mal taíno entregó como cuartel el Culebrinas
y de Caparra llegó terror de artillería.
Del libro Teth mi serpiente

Los camaleones


...pero muchos días hay de por medio,
hermano que escondes el arma,
soldado del Underground.

Días obreros, de miles de nulíparos
y avispones, vivarachos, que amenazan
al ego como un camaleón;
ahí cuando más sufres, te cagas
de miedo, cabrón.

La ansiedad no permite que escuches.
El protagonismo es quien arma
con navajas, harpones,
metralletas, espadas,
palabras viscerales
que nunca aprendíste
ni quisíste llegar a decir
como Nechalev.
2-08-1994

El provocador armado


Un egoísta esconde el arma.
Ante la masificación de sus gestos,
la esconde. Quiere ser puro, original,
el único, porque se replica sin gracia
el himno de su espora, se proletariza
en un sentido asqueante, mecánico,
indisciplinado, como en colmena
en que se posa un zapato.

Escondida el arma, sea cual sea,
el ciudadano tranquilo y dulce dice
'no hay nada que temer; te da respeto;
si al cigoto va solo, si a la celda real
(donde el zángano suele verse
conspirado por una reina que aguijona
y lo besa con la miel de la muerte),
de algún modo, trasciendes como mártir...
2-13-1994

El clandestinaje del resentimiento


¡Qué egoístas somos!
Ya no rebeldes, pero empedernidos aún,
en consumos, cazados
por la tendencia de la pose, tercos
en el clandestinaje del resentimiento.

En cada consigna, nos pretendemos
héroes; por cada batalla que damos,
queremos un monumento, una etiqueta
de honra, o al menor un cartel
que declare nuestros hombres
sin humillación.

¡Qué egoístas! ... y aún si no fuese así,
autojustificados porque vivimos olvidándonos
unos a otros, fragmentándonos,
preseleccionándonos
hasta que la liberación moral
quede en la burla, o en círculos
de estatus cimentados en odio
o lucro, porque los hábitos
y promesas de guirsa-yankuta
pudrieron el pan entre hermanos,
todo lo jodió como guiso de lentejas
por los siglos en las ollas de su pudrición.
12-11-1994

Saturday, December 01, 2007

El dios extendido


A mi hijita Gabi

¡Que me sepa a rosquillas
al llevarla dentro del quipe
porque ella es como el pez de rumantela
y de futuro! ¡Que conozca la nava
entre montañas! Mi querer querido,
el beso de revuelo, ¡la gana
de llenarse de amor en la mañana!

Que conozca su llanura que es la piel
y de paso, a mí, el creador del hombre.
Déjame. niña, que te diga mi querer,
te quiero, y mi beso sin olvido,
zorrocloca, sea como el amor que vive
en tu cuerpo, sustanciado.
29-6-1979

Del libro El hombre extendido

Dános un gránulo de sol


Dijíste la palabra Padre.
No sé con qué boca.
Es el alto túnel, tu boca,
tu lengua de fuego.

Padre que estás en lo alto del Irminsul,
dueño eres de la esfera que rutila,
del puño que azota el espacio y subvierte
la chispa y la entrega, prometeica,
como gránulo de sol a los hombres.

¿Quién puede mirar a tus labios
y a tus besos ígneos pegar los suyos
que sobreviva y lo cuente?
Sin decirte, dador de deseos,
¿quién habrá que diga, no te amo?

¿Quién, entre los hijos de la tribu,
alma de Teutatis, querrá
no verte, ni saludar tu sueño,
cuando hay noche y te duermes?

¿Y quién sino tú ves primero que el hombre
la llegada de Ella, la Carroza de la Primavera
y quién, sino tú, la fecundas y traerás semillas
al corazón de Nerthus, nuestra Madre?
6-15-1990

Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

La ausencia, el vacío

¿Quién dará el áspid y mecerá, como tú,
congrio del cono, quién hará una pirámide
para este ser que se vistió de cayarí
y va en roja vergüenza y en chifla por el monte
convertido en el chac mool que mendiga y sucumbe.

Mira la bandeja vacía,
llena de tu ausencia.

Te fuiste otra vez
y el corazón es un vendaval
de chilmole y en vano corto leña
y barro en los chacates
para hallar la luz y la espiga.

Mira cómo se queda la mujer.
Mira la rodilla golpeada del hombre.
Como Peniel, el ángel, torcíste mi cadera.

Al que besó tu correa de relámpago divino,
burlas de oquis. Has puesto al rayo
en el bocado del lamento.
Te fuiste y fundaste
la angustia de uso diario.

Voy descoyuntado con mi mujer
a cuestas y ella canta para el chacaneo
la miseria más oscura porque
si no estás en mí, yo tampoco estoy en ella.

4-11-1990

De El hombre extendido
Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

Domestic intelligence

There is no right to strike against the public safety by anybody, anywhere, anytime: Calvin Coolidge, al justificar el envío de la Guardia Nacional para suprimir la Huelga de Policías de Boston en 1919


Saluda, América, la Gran Mano amiga
de tus protecciones, el ojo avizor
que irá en Tu Amparo, el dios omniauditivo
que escucha tus suspiros, y no temas
si nada debes, si nada hicíste chueco.
O apurado.

No sufras aquí ni allá,
ni en ningún lugar del cosmos
donde azote el peligro o su amenaza.
¡Estamos contigo!

El Huston Plan es un alarde del '70.
Eso no sirve; yo sí tengo mil ojos,
mil orejas y mil pies y mil manos
(que han sabido y sabrán cómo darte
seguridad interna, domestic intelligence,
espionaje preciso, eficaz, riguroso).

Yo sí sé interceptar las cartas y ejecutar
the break-ins, sin que ninguno sepa;
yo sí preparo Listas Negras y Rojas.
Grabo hasta el ronquido de los radicales,
ya cansados de gritar en sus desiertos,
o en las zonas de bravata de sus actos.

Yo sí expongo al diplomático siniestro.
Investigo sus cáscaras amargas,
sus pasadas credenciales, sus deudas,
sus amoríos, sus indiscresiones...
Yo lo acuso, lo difamo, lo suspendo
y lo mando a matar, si es necesario.

¿Más listo que yo? te juro, América,
ni el Diablo ni el hambre ni el bostezo.
Yo sé quién elude los impuestos,
quién es loco y quién sano, del que estuvo
en las prisiones, o en terapias, tengo su nombre;
yo sé las maniobras de los mariquitas
y el nombre de lesbianas de renombre
y las agendas de poetas
y celebs las conozco
y al que escribe canciones de protesta
lo fichamos, lo mismo que al ecologista,
al que organiza, al ateo y al terrorista,
sin importar colores ni nacionalidades.

De los llamados anti-imperialistas, ah
he investigado a todos, desde Mark Twain
a Samuel Gompers, fichamos al presidente
de la Universidad de Harvard, Charles Eliot,
y aún entre los jet-setters millonarios,
Andrew Carnagie está fichado;
de Anna Eleonor Roosevelt,
sin importar el rango del marido,
añadimos su nombre, porque escribe
en periódicos columnas de tinte indeseable
y se codeó en la ONU con extraños.

Todos los que predicaron New Deal
tuvieron que ser reexaminados;
fontanar de izquierdismo venenoso
fue el '30, su decenio rooseveliano,
y las sit-down strikes del '39
fue musa para universitarios.

Es un trabajo sucio, ha dicho Rockefeller
a un comité; ah sí, ahora no le gusta
lo que llamara el Estado Policíaco;
pues voy a poner su nombre
junto al de Hoffa y le diré a Allen Dulles
que investigue si nexos tiene
con la mafia de New York y Chicago.

Quien discuta está bajo sospecha.
En armar las redes es que se pesca,
se formula el candidato al exterminio,
se atanca el río revuelto.
2-4-1990

Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

Un cobarde de mierda

I have here in my hand a list of 205, a list of names that were know to the Secretary of State as being members of the Comunist Party and who nevertheless are still working and shaping policy: Joseph R. McCarthy, 1950

Al amanecer ya no estabas.
¿Dónde te fuíste?
Escuché por largo tiempo
aquella urraca, ebria de puñales
y quebrantos, que se lució en la tele
diciendo I was a hero, I am Tail Gunner,
uno que alegó bombardear mil enemigos,
en una Guerra en la que no fue
sino un cobarde,
bah, tail gunner joe
de mierda de Wisconsin.

Lo escuché dar nombres y avisos
de gente indeseable; pero la copia
de sus inuendos fue el petardo inventado
por sus miedos, cobardía infame
surgida de sus cobardías;
no había copia de nada, ni evidencia;
sólo alarde del corazón corrupto.

Mucho ruido y pocas nueces,
chismes que a tí te gustan, Madre,
porque pasan por honestos e informados
esos senadores de la guifa y la pose,
con más poder que méritos,
con más maldad que razones.

Un verdadero pueblo sufrió
por causas del escándalo que hizo,
su paranoia tan logrera.

¡La guerra más sucia hasta entonces
del Pueblo Americano! Gente real, más pura y sana,
vecinos, acá y allá, en los mundos oprimidos
por tu mundo, todos sufrimos, todos...

Lo debí imaginar: fuíste a aplaudirlo
a Wheeling, West Virginia, y me dejaste
en la noche solitaria. Yo, el plantado.
En el club de las mujeres del Republican Party,
se despachó el microbio que te importa
y habló sobre la Bestia Roja
y pérdidas de información clasificada;
acusaba a tus hijos, a tu gobierno,
a tus clubes, a tus mismos cocineros
y a los que tienden tu cama
y te lavan la ropa y te cortan el césped.

Tú, crédula y bochinchosa,
le creíste a Don Nadie y así llenaste,
poco a poco, de más sangre a Tu Pueblo.

Del libro Memorias de la contracultura /Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

No abandones a Guanina


Sé feliz, no por ellos,
guamikenas que vienen al rescate.
Sé jovial por tus ojos y roba
de la belleza de lo externo
hasta que permanezca cada taína en tu pupila.

Desnúdalas y ámalas que son la alegría
de lo creado, las melodías pendulares
que tañen y danzan con címbalos de infinito.
Que nada las oscurezca hasta que sean tuyas
en tus noches, totalmente tuyas, en orgasmo.

Después que mueras, ayudarás
a liberarlas con libertad sideral;
serás ángel taquiónico si las llevas contigo
a danzar en negros agujeros.

Mira que has de bailar hasta el fin de tus días.
Ellas te enseñaron a bailar en tu deseo
antes de meterlas en tus ojos y en tu alma.
Del libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

De Lope de Aguirre a Cruspa

... No me tientan las fornicaciones y adulterios pues mi carne se aquietó tras la muerte de Cruspa, mi mujer: Lope de Aguirre, en texto de Miguel Otero Silva

Había olvidado que hay
(y siempre hubo) tantas fantasías
que la carne discierne.
Tus besos, por ejemplo,
que predican la realidad a los músculos,
la dulzura de tus endorfinas en tus labios.

¡Ay! pobres de los que no mencionan
que el amor existe.
Yo lo haré, Cruspa,
yo, porque te he amado
con el viento de marzo,
con mi pata coja,
con mis ojos fieros, abizcados,
con lluvia que me desvela
y sobre la alfombra verde del prado.

Tu piel es suave,
más suave que el mundo,
menos esquiva que la justicia,
el rey Felipe V y sus gobernadores,
el amigo en que confiara, Inés
o mis marañones.

Existes, Amor, haya palabra o no,
para identificarte
y voy sensualmente
por tu adjetivo y tu verbo,
por tu cuerpo de onda,
por tu ser y sus partos...
Del libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

El segundo sueño


Sein-lassen,
dejar-ser al Ser, preparar al ser una morada, dar noticia en el habla, morada del Ser y preparar al ser cobijo: Martin Heidegger


Voy a desarropar el cuerpo
de esa posesión lujuriosa y cerrada.
Quitaré la telliza que la cubre.
Observaré sus partes, sus velas,
que horizontalmente parecen
la verga del trinquete.

Echaré venablos a su desnudez
de repulgos ursulinos, mentirosos,
a sus palabras arbitrarias
que jamás han sido silencios,
ni íntimos vientos que, a mitad
de la tormenta de mis años,
me estremezcan.

Vaciaré como una tapara
mis manos en sus partes, no
para adorarla, tocaré, sí,
su cuerpo de ternejo y de soniche
hasta matarla y sacar leña menuda
y el haz del harma de sus corrupciones.
9-9-1981

Del libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

La deseada


Son muchos lagos, charcas,
esteros, ríos, cavernas y cenotes,
aguas de bendición
que te diera por señal
la Deseada.

Tú dudas ante cósmicas imágenes
y te engañas con canales sensorios,
espectros del dualismo perverso.
Y, ¿qué has sacrificado como yajna
al fuego de la alquimia, rasayana?

La Deseada sólo quiere que te laves
y dejes en las aguas el residuo mercurial
de tus angustias, tus infiernos.
6-8-1979

Del libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido / Heideggerianas

Diosa de carne y hueso


Aquí estoy a un pie
de tenerte o rechazarte, aquí
con un sol que no es teótl,
sino tu espejo, tu otredad sospechada
de Cihuacoatl Tlacayel.

Me gustas, niña.
No has cerrado con tus piernas
el destino; mi sol cercano bajó;
se hundió en tu carne;
chupó la sabrosura en tus costillas;
predicaste tu óvulo de ciclos luminosos
en el curso de las lunas
y las exploraciones celestes.

Ahora, en las selvas perdidas,
tu voz me llama tu amante.

Del libro Lope de Aguirre y los paraísos soñados

La palabra amorosa


Ha sido una bendición que me quieras.
Había olvidado que nacemos
para alguna canción que vive cada vez menos oída.

¡Qué bien dices en qué consiste soñar
(si es que soñamos)
el completo sueño que escondemos!

¡Qué bien amas si cantas
(porque conmigo cantas
y cantando me amas)
con obsesión equivalente!

Habíamos olvidado
(si es que olvidamos por completo)
que la dulzura no es un mensaje difuso de la cara,
oscura y temeraria duda ante lo incierto...
acaso si... risa fulgurante que sigue ahí
y enciende rostros al futuro
y todas las pasiones son visibles
(si es que todas sirven, turbias o felices,
como sean, para dar residuales luces
e ironías al pasado, o al hoy, o a lo que venga...)

Ha sido una bendición tu corazón que comprende,
sin ninguna obediencia, si es posible
que obedezcamos sin premeditarlo,
por debilidad que no conviene,
por comportamiento diseñado,
que parece destino...

No, ya aprendimos,
por palabra de amor,
a optar y se nos pega la gana,
y somos desobedientes,
y lo que más conviene es sonreír
aunque nos duela la cara.

Había olvidado que hay
(y siempre hubo) tantas fantasías.
Tus besos, por ejemplo,
que predican la realidad de los músculos,
la dulzura de las endorfinas,
y no mencionan que el amor existe,
pero está el viento de marzo
y su lluvia y tu alfombra verde de prados
y tu piel suave, más suave que el mundo,
menos esquiva que una idea...
y existes, haya palabra o no,
para identificarte, y voy sensualmente
por tu adjetivo y tu verbo,
por tu cuerpo de onda,
por tu ser y sus partos...
En Tertulia de Mizar
(Núm. 683, 18 de julio del 2000)


Del libro
Las zonas del carácter
/ Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido

El alma bella

¡Qué bien nacíste que ya no hay sombras
ni miradas que acuse la voz de la tribu
en el carbono!
Los hijos de la tierra te dirán
te quiero

con la fuerza con que hoy te lo digo
y cuando coloco un tachigual
de algodón sobre tu cuerpo.
Tú adornarás al mundo.

16-5-1981

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido

31 de marzo del 1282


Este Martes de Pascua
la calle amaneció llena de muertos:
niños descabezados, mujeres
con los ojos brotados por espanto,
lanzas atravesadas en sus vientres,
hombres con sus brazos cercenados,
lomos y espaldas clavadas a cuchillo.

La Iglesia de Palermo ardió en llamas.
Las vulpejas están alborotadas en los montes.
La calle está vacía como un silencio,
pero millares la poblaron en la víspera.
Hoy queda el dolor y su viscosa muerte.
Víspera siciliana: la matanza.

2.


¿Quién explicará lo que ha pasado
a los ojos de las zorras en las cumbres?
Han advenido al paisaje de estos entes,
¡y qué sorpresa! ven en su entorno
y no lo creen: ¡verdad: más salvaje
ha de ser que lo creído!

Esta desmesura, si es civilización,
bien se la coman los buitres de otro reino.
Han dejado por carroña y por despojo.
¡Demasiado!

Que lo expliquen a ellos mismos,
a los que se llaman seres espirituales.
Que lo explique Carlos de Anjou,
el Rey de Nápoles, a las generaciones futuras
de Palermo, que lo explique Pedro III
a los aragoneses y a los protectores
del espíritu, los valores,
y verdades eternas,
los dioses y las cristiandades,
y los zorros del estero,
seres naturales de pantanos,
hijos de madrigueras
y lunas y menstruo,
no queremos saberlo.

3-2-1976

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido

El perro que ladra por mí


Los perros se parecen al hombre.
Ya sólo ladran a la campa,
a fantasmas que van,
quejumbrosos, sin las ninfas,
sin encinos, sin la caricia
de las cosas amadas.

En la campa, sin árboles,
no hay quien siegue ni esparza
las canciones de trilla.
El olor del arroz falta en el balay.
El guiso dentro de la olla.

No hay un hueso que roer
ni leña descocada
por el fuego baladrero.
Falta todo, ente y ser,
la esencia y el hallarse.
Madriguera y callejones faltan.

Como al hombre,
que la chavisca arda y cruja
a los perros les gusta, lo demandan.

El perro que asoma su cabeza
sobre el barandal en La Habana
se irguió en sus dos patas
A mi nombre es que ladra.
Cotejo entre la balaustrada
que me espera.
Que su cola me llama.
Que no quiere peinar canas
y verse solo,
carcamal de sus años
y nostalgia.

4-11-1983

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 / Sequoyah 3 / El hombre extendido

Los filántropos inauténticos


Cuando ya no son pobres
esas gentes que respiran tan tranquilas
y opinan a gusto sobre todo
y contra todo, ¡ay, ya sé!
con ellas no puedo contar.
Mas bien, estorban.
Ayudan poco.

Este trámite de vencer límites
y necesidades depende de una pizca
de confianza y necesario decoro.
Y esta gente de tantísimos oficios,
tan valiosos al parecer, ya no comprenden.
Una mente que discierna justamente,
voz que sienta, la buscamos.

Ellos dejaron de creer que el pobre
es digno y que tiene su orgullo planetoide
y que, en dolor, ha gritado por su causa.

En medio de acusadores
(quienes miden con sus normas
lo que en nosotros valoran, inconsultos),
somos los badulaques.
Su piedad es estorbo, camino de espiguillos.

Los compasivos, a dienticos pelados,
se jactan: yo estoy arriba
aunque jodido estuve y véme ahora...
No bailo con la fea.
No arrastro mis lamentos.

Cuando el pobre está expuesto
y llagas y pulgas tiene por corona,
los triunfadores son sus puyas
de mayor tormento.

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

El hombre quieto y pobre


Antes yo, sin ser feliz,
era un pobre tranquilo, arrinconado.
Como un santón cantaba
todo el santo día y, agradecido
de mis pilchas, mis harapos, suspiraba...

Yo en nada dí pie con bola
ni en nada ni con nadie.
Quedaba de una pieza
con cualquier artilugio de la tarde.
En pobreza hallaba mi piedra de amolar
y mi historial progresivo de pimpollo
enfrentado a la pillada de mis días.

Yo lité mi ofrenda seductora
y, en el esfuerzo, dí pichincha
y humildad de mi miseria bruta.

Han cambiado las cosas.
Ya mis huesos son compadecidos.
Los extranjeros dicen que no soy
tan libre como había creído.

Se me ha obligado a buscar diez pies al gato.
Han golpeado mis costillas
con piedad en bruto.
Me abrazan los que tienen fe
en la democracia y la riqueza inagotable.

Por eso he dejado mi reino de piltrafas
y maldigo los viejos días
cuando, sin ser plenamente feliz,
era un pobre tranquilo
que en la esquina
como un santón, cantaba.

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

Friday, November 30, 2007

El nihilismo pasivo


La boca es un lobo tremebundo...
¡Nada come y se jacta!
¡Con pan duro fue vencido!

Por eso... ahora somos
los crujidos del duedeno,
desperdicios siderales,
féculas, ortigas, lo indigesto,
y no sabemos consignas preambulares.
Ni sabemos llorar ni sonreir.
Nada sabemos...

Hemos estado hambrientos, pordioseros,
desesperados en el fondo del bostezo.
Avergonzados, sospechosos,
sin saber si estar agradecidos...

La geografía nos dio alguna vez
su dignidad de espacio manso,
volumen en la esfera
y advenimos a otro rincón
vomitados, violentos
desde el fondo de la Nada...

Uno al otro nos miramos
mansamente, dibujados en sociedad,
sin firmamento como dos colegiados
truncamente burlados por el infinito.

En miseria del ser-ahí,
papando de la angustia sus moscas,
¡ay! la rebeldía se apaga
y de la llamarada
del corazón oscurecido nada queda.
Ni histrión por remanente al que decir:
¡Fuíste mío; causal de mi fracaso!

La muerte abre su boca y nos espera
si no queremos ser
ni aún haber-sido... o siendo.

11-9-1996


Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

Me exilio


Antes que yo me vuelva desamor,
o agresión o piedra de tropiezo,
yo voy por lejanía, me exilio.

Si no voy a dar la esperanza
por obsequio o a evocar por tí noblezas,
reensanchando tus límites,
no rondaré tu espacio, Vida,
no estorbaré tu sombra.

De muchos modos estarás diciendo: Véte,
no sé si queriendo crecer o reducirte
alimentada por tu solo aliento,
normas a tu gusto, sedes a tu tamaño.

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

El hombre callado que les quiere


Sin hostilidad, yo sigo de largo.
Callo porque, en verdad, hay días
en que muero de pena por el mundo,
por ellos, los simpáticos,
padres, hijos, hermanos, dueños
y señores del habla cotidiana,
gregarísimos héroes
de medios comunicadores,
tan audibles que se meten en mi casa
sin quererlo por agujeros
de la radio, el cartel y los televisores.

Entonces, me aburren con sus chistes
y predicaciones, con alarmas solemnes,
con su falta de asombro
y su siempre-es-lo-mismo.

En cambio, dentro de mí, hablan
todas mis voces.
Me divierten, me espabilan
y, en insólita y mansa dicha,
descubro que les quiero, a los otros,
a los sordos que no me oyen.

Saberse así, tan mudo, es mejor
que escucharlos, es predecirles
con quieta plenitud
y, a pesar de todo,
quererlos.

23-9-1979


Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

Herodes y el zángano


El zángano infantil
es como una larva que no crece,
una trunca detención, antidialéctica.
¡Ya nacieron con los pies quemados!

Solos se quedan en los caminos;
en lo oscuro, hay antorchas encendidas.
No las ven, andan perdidos.

Hablan de pan y se alimentan con mendrugos.
Por eventos sublimes, inventan
mojigangas,carnavales pueriles.
Son pilotos y sus naves quedan sin destino...
por eso cuando nacen
ninguna cosa cambia
ni da señal ni llamado.
Herodes vive en paz;
no es un rey quien ha nacido.
No se escuchan latidos poderosos.
El pueblo duerme.

Distinto es
cuando nace el Segador insobornable.
Entonces cruje el viento
y Herodes adivina su amenaza
y ordena un genocidio infanticida.

3-2-1990


Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

El táctil demonio del abrazo


Yo invoco pigmaliónicamente.
Espero de mil modos lo posible:
presagio en carne y hueso la utopía.
El milagro transustancio
cuando doy mi caricia.
Soy el táctil demonio del abrazo.
Aún a la sorda y fría tersura
del mármol, yo acaricio.

Este es amor al arte y por el arte,
carajo, querer hasta las doncellas
que se mueren en roca y jugar sobre adoquines
con la sombra, en aras de la negra cianodermia.

Todo bailaría si iniciara mi trabajo percusivo;
yo toco en esperanza un ritmo
y a lo que es hermoso.
Mi epidermis es como el pincel,
lengua golosa y brocha sobre el lienzo.

A veces por lujuria me lanzo sobre el barro
y quisiera amasar alguna forma
(pienso en la mujer y en esculpirla
hasta con besos) y me placería
ser raíz y rama y tallo
y sí, al menos, un fruta que cuelgue
en lo más alto para ella.

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

Ofrenda para mis lectores


Cuando asigno a mis dedos su tarea
aquí, donde tengo el corazón
que sufre y canta, una letra yo dibujo
dulcemente, con emoción sincera
impregno la palabra.

Mi trazo debe ser intenso;
un rito de amor, con los primeros signos.
La tinta desbordarse, apasionada.
Lo hago de esta manera por 850 millones
de hermanos que no leen, analfabetos
que no han querido serlo.

Ellos no están exactamente
en tierra de abundancia
ni beben leche y miel.
No, todavía, en ese seno tan noble
del poema que acaricia una página,
falta algo más que una letra...

Este momento, si, compensa.
Soy aprendiz que emite voz
y dibuja su escrito.

Quiero leerles lo que tuve
escondido largo tiempo.
Me escucharán, al fin.

Doy mi anticipo, mi pequeña ofrenda;
rompo el silencio, no por todos...
Por aquellos que jamás han leído
sobre el papel mi aliento,
mi corazón, mis palabras.

3-5-1980


Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

Ella es libre


Ni modo que me crea el primero,
el único, el postrero, que madrugó
a saber que ella es un árbol de vida.

No soy el carpintero que techa su libertad
y la habita en un pequeño recuadro
y le hace jaulas ni soy el músico
que rimará sus cantos por vanidad
de reducirla a pentagrama.

No es musa que irrumpa, por encargo,
a la página alegre de mis existenciarios.
No es satanás erotizada, una culebra,
que ha salido del reino de lo oscuro
a fundar mi sexo con su sexo.

Ella es libre y por eso la quiero.
No es una diaria hostia consagrada al deseo;
pero acelera algún espacio de la noche
y es una llama y olor en carne viva
de lo desconocido y esplendor,
a veces ciego, pero siempre profundo.

Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1

Sequoyah 2 /Sequoyah 3

La madrugada


La madrugada dentro de mí
ella la enciende
aunque sea oscura la noche sobre el mundo.
Con sus uñas, escarbó en mi tierra
y sacó un corazón, no florecido.
Su lengua como ápice se metió
en mi saliva y escribió sus serpientes.

Por eso tengo un nombre del origen
y participo de la Danza de Nut
y ella es el Cielo y la Nube que me cubre
y yo estoy bajo sus pechos, bebiéndola.

Con sudor de sus brazos, me enroscaré
en su geografía, resbalaré en su arcilla
y armaré la tersura con mis soles.

Ella es semilla y sol,
ritual de raíz y lluvia y, claro,
bailadora, frenesí geotrópico,
ova y valva, polen y útero.

Las zonas del carácter / Revista Sequoyah / 1

Mitología taína


El taíno vio las veloces lagartijas
(aquellas que antes fueron
gigantes alosaurios) y su dios
se hizo piedra debajo de las piedras
y lo adoraron artesanos de huesos
y predicadores de ciencia
y de cadáveres y fósiles;
pero el taíno dijo:
en el fondo de las fosas
dios sigue vivo y por el ombligo
canta y en el eco entre lomas
se escucha y pide areito.


Reconciliado con la muerte
y con sus ritos, el alma vuelve
y el indio sigue eterno
y sin llanto volvió a la faena,
cazador de peces
como antes de bisontes,
pizcador de ovas, algas,
careyes, burequenas,
conchas, aves, jigües
con presencia en los ríos
y reposó así, dios y el indio,
junto a las ondinas de Su Imagen
... porque somos del agua
y para el agua...
dijo.

Y se hizo así preguntante cimero
de su Ser; se bautizó
en lo secreto de su alma
por el porvenir que nunca se devela
por completo y es el misterio permanente
de sus días, su espejo humeante,
la Otredad que trasciende.

Estéticas mostrencas y vitales

Oubao Moin, isla de la sangre

... an hecatomb of broken hearts: P. Shelly

Oubao moin, isla de sangre,
Caribe turbulento, en cuevas de rojos ríos
me alcanzó el desamparo. ¡Más pobre que la rata
está mi geografía en regolajede quemón y chasco!

Con espada se atravesó mi pecho.
El imperio de ácaros, ciegos
por su maldad, sin decoro, gordos,
impetuosos, predecibles como tupíes
y caraibas traicionan.

Visitan este rincón donde la dicha
estuvo y la abundancia y el reposo;
ahora todo es rebujo y botín,
hecatombe, olor a muerte.

Isla mía, los mimes llueven
como lloros de almas ajadas,
vencidas, impotentes,
y el cielo ya no es claro.

Nos cayó la macacoa, Yukiyú.
En cáncano de mar, en escapada,
ancianos y niños palidecen,
se desmayan, y los golpean arrecifes.

Del caney secuestraron mis caciques.
En cadenas, a brujos de cálida poesía,
ví y quedé yerto; con espadas
y sabuesos a mis valientes se mata.

En carrandanga nuestro dolor
se apila y como a bobos de Coria
a esclavitud y burla, a trabajo,
a látigo, a inquina, forzaron
a mujeres y pequeños,
a los débiles por años.

¿Qué vestido queda a la esperanza
si la belleza huye, qué harapo
describe al generoso ágape
si el espíritu se apaga
como en espejo opaco?

A ésto es lo que llaman
la Hecatombe.

Estéticas mostrencas y vitales

El amor afgano / 3


Sus ojos negros se han abierto.
De improviso se encendieron, se extasiaron
ante el cielo eunuco, sin estrellas.
La abrí, la gocé y entendí su alegría.

Con mis ensoñaciones, la madera es dura.
Se une al júcaro, se ablanda en flores.
La semilla: cebada y leche de infinitud.

Y arando va y yo con ella, como mulo,
tiro del yugo y me duermo.
Despertaré con sus ojos.

El henasco es terciopelo
de alfombras mágicas
y mi cielo es Bagdad.

Derramo mis cascadas de Cabul
y mi pene es tallarola de fino acero
que abre las grutas, con hormigas
que transmiten afanosamente
la sensación del morir y el vivir.

De El Libro de la Guerra

El amor afgano / 2


La experiencia es como un gato.
Sabe pausar y recordar el reposo.
Desde sus viejas conexiones con lo oscuro,
fluye y continúa, se levanta y huye.

Sabe las velocidades de sus noches
y que el reposo es alarma que condensa.
Un eslabón que se urde en el futuro
y avizora caminos por su sobrevivencia.

Huímos de la sonrisa curiosa de otros ojos.
Y mi pezuña se asoma y ella cubre con velo
su mirada, su carne deliciosa, sus besos.
Como la gata huye; pero yo todo lo recuerdo.

No hay eventos ciegos para dos que se aman.
Mi experiencia y la suya ordenarán las mañanas.

9-21-2000 / El Libro de la guerra

El amor afgano


Afgana es la tierra de mi andanza.
Armado estoy con mi boca que la besa
en cada guedeja de su pelo de rizos oscuros
como cavernas diluídas sobre Nudos de Kuh-i-Babá.

Afgana es su estatura de Kadin.
Es como la diosa Nut arqueda sobre mí
y yo soy la tierra que acaricia sus senos
y chupa de sus Picos de Chaitan.

Es esbelta como un junco que a mis piernas
trepa con fruición y se prolonga
con himalayas texturas del Amu Daria.
Fluyendo entonces al valle desnudo que soy.

Afgana es. En satrapía persa supo cautivar
antes que ojos de Tamerlán, oblicuos, ciegos,
dejaran los cadáveres, sin placer y amor.
Dignidad de estos cuerpos expuestos,
fue ella, como tú y yo.

De El Libro de la Guerra

Espías en Afganistan

A cada hora pienso
sobre los pasos de mi niña
cuyo lindo semblante
tras el velo se cubre.

Los chacales de Kagera
no la podrán morder
ni kafires de Londres
ni rusos me la podrán quitar.

Hazañerías de infieles
ni con soles de Atón
la harán huila de su paz.
Lunas ignescentes en vano
a la noche suben, en vano
de la noche se irán.

Mi niña afgana es jovial.
Nació en Farah y su padre
hizo alfombras hasta que murió
y me dijo: ¡ámala! Obedecí.

La amé sobre el henasco.
Fui su verano, su khazneh
de soledad, su alegría
geográfica de ser.

¡Pero la hierba del henil
sangró, y no de regocijo!
Vimos a quiénes escondidos,
son seres de vela y aúpa!

Blancos, pálidos del Soviet,
perseguidores, águilas
de pulcra temeridad contra el amor.
Cuicos contra la libertad.

Ella los vio y dijo son británicos.
Que sea un espejismo, no temas.
¡Recuerda el cántaro que yo el cuchillo
jamás olvidaré, seamos carne otra vez!

De El libro de la guerra

La sangre profanada


La vida es sagrada, símbolo eterno,
y como breña vomitada está.
Mírala en las murallas pintadas
con los gritos de atropello,
mírala hambrienta, andariega
y sin camino, sin futuro.

Seamos tristes alguna vez,
adoloridos auténticos.
Lloremos por una herida verdadera
para que conozcamos todo
cuanto está dañado brutalmente.

Lo que todos hemos dañado sin saberlo.
Giman escuchen el dolor prójimo
y que salga llanto y vergüenza
de los huesos: la esencia pura.

Aprendamos a lavar la sangre profanada
y con angustia, jabón de miedo,
¡lavemos y lavemos y lavemos!

De El Libro de la guerra

Giman


Giman y escuchen el dolor.
Aprendan a temblar
porque un poquito de miedo
es necesario y rico como el sedimento
para la carne llagada.

El dolor es un bálsamo secreto,
río profundo, caudal que fluye
anónimamente, día día.

Su memoria, con engaño, se olvida,
pero está siempre en otros
preguntando si le sabes el nombre,
su entraña, sus heridas abiertas,
sus paisajes siniestros.

La tristeza neural,
como la sed del cruel, bebe
del cinismo consuetudinario
y se seca en la orilla de los vados
como hierba por todos escupida.

Aunque breves y secables sean las lágrimas,
el gemido se asoma tantas veces
y otras tantas se esconde,
el dolor chapotea en aguas frías
y congela los huesos
para que el corazón no reviente.

¡Por eso! giman mientras puedan,
escuchen el dolor en la mañana
para se enlutezca el olvido
y asesine el motivo que burló
en carne viva la porción
de húmeda sangre que les toca!

Del libro El hombre extendido

El entierro oficial




Han salido a marchar esta mañana
por los hijos de los moribundos,
por los muertos-heroicos
y los demonios meridianos
danzan con las velas encendidas
y conjuran la muerte.

Ayer salió un ejército
de matanza organizada
y encabezándolo iban los viriles,
veteranos, y atrás jóvenes
que no quieren ser cobardes
y se acabarán en orgasmo
con esa perra muerte, mordiscona.

Va la hija de Lilith,
adornada de banderas y sonajas,
invoca ídolos, habla y habla,
como si así se fuesen como nubes
el humo negro de ciudades condenadas.

La furia está encendida
por lloronas y desencantadas,
les femmes qui pleurent
y la guerra vuela como lenguas
que todo vuelven slogans
y perspectivas de los noticiarios.

Cada pueblo de la tierra
por sus tumbas lloran
y por la hediente ofrenda
que quema la mañana
por las noches ladra.

De El libro de la guerra

El luto # 2


Cada pueblo de la tierra
cava una tumba, sepulta su miedo.
El cadáver viviente de una Empusa
es su fuerza, su consuelo.

Una lágrima hermosa se atrapará
como una presa, el luto de la carne
lleva perros de caza
y la paz dolida al que la agrede
lo muerde, porque con llanto
también navega el odio
y se sofoca cuando las garras
ajotan, entre ternuras,
a la pezuña hundida
y al corazón con espinos.

Del libro El hombre extendido

El luto


El luto lava las paredes y cimientos,
se quiera o no, a veces lo que ocurre
que se ama la sarna tan cobarde
y uña y mugre son sentimentales
y se cree en Dios y el espíritu
y el caos presente con sus desigualdades
y el más allá
que promete Sión de lo alto
para el pobre, el triste, el menso
y el desesesperanzado.

Con el luto, en apariencia, a veces
las tretas vengadores se diluyen,
pero no se engañen,
es cuando más engordan
y se aferran al sucio.
La soledad nunca gana
cuando el numen colectivo lava.

La incertudumbre desespera,
pero nunca mata y la soledad es
que nunca se sacia a menos
que encuentres ese amor perdido
que la explica y esa redención
que es más ausencia que vestido.
La gloria del derrumbamiento
es morirse, al fin,
hoy no, mañana.

De El hombre extendido

El puñal



Un zarpaso es un puñal
que clava las mollejas,
pero el luto es dos veces puñal
y no hay remedio: penetra en la memoria
y lo abre todo y lo escupe y destaja.
Con amarguras salen los remordimientos.
Del escondite salen culpas y cucarachas.

De El hombre extendido

La falsa unidad


Porque somos tan vulnerables
y quebradizos entes,
en el juego de las cosas
y las conspiraciones, las lágrimas
hablan con su lenguaje y su miedo.

La muerte tiene muchas formas
y fantasmas y quejumbres.
¡Por ella se pide paz y guerra,
sin saber cuál es el orden,
cual ha de quererse primero!

Unidad es otro grito,
unidad de la patria
aunque hayan millones hambrientos
y otros tantos en prisiones
y unos otros, ladrones.

Consenso, aunque no haya un clamor
en lo profundo: las elecciones
son medidas del morbo y la alegría
y el carnaval y las balas y el encono.


Del libro El hombre extendido

El perro manso


Cuando más duele
ese espacio inexplorado, vírgen
de las cuevas y la necesidad y el tedio,
ese gemido absurdamente cotidiano,
yo soy terco,
perro manso
y lamo la epidermis de lo vivo
y clavo mi pezuña en el calvario
como matando la sustancia terrible
de las cosas, como mordiendo
por bravío mi propio llanto
y más bajo no puedo caer,
yo soy terco
perro manso,
toqué ya el fondo.
Ladro para subir,
ladro, con odio de mis pulgas,
canto, ladro y canto.

Del libro El hombre extendido

El templo de la libertad


A temple of liberty and beacon of hope:

Marquis de Lafayette

Encontré el templo de la libertad.
Y lo hallé lleno de mercaderes y de fieras.
Allí estaba la esperanza: andrajosa,
cubierta de gargajos, apaleada
por adoradores de insignificancias.

Aquel fue el templo, altar que tú, Pueblo,
propusíste para el mundo como regocijo futuro
de naciones. Y me preguntaron quién soy
(¿cómo que el pueblo no me reconoce?.
¿Por qué pregunta quién yo soy?
¿Qué no seré yo sino uno de ellos?

El templo de la libertad


A temple of liberty and beacon of hope:

Marquis de Lafayette

Encontré el templo de la libertad.
Y lo hallé lleno de mercaderes y de fieras.
Allí estaba la esperanza: andrajosa,
cubierta de gargajos, apaleada
por adoradores de insignificancias.

Aquel fue el templo, altar que tú, Pueblo,
propusíste para el mundo como regocijo futuro
de naciones. Y me preguntaron quién soy
(¿cómo que el pueblo no me reconoce?.
¿Por qué pregunta quién yo soy?
¿Qué no seré yo sino uno de ellos?