Sunday, November 02, 2014

EL DIA UNO / CUENTOS SEDICIOSOS Y BOLIVARIANOS

EL DIA UNO


a James Meredith (1933- )

«I was engaged in a war. I considered myself engaged in a war from Day One. And my objective was to force the federal government – the Kennedy administration at that time – into a position where they would have to use the United States military force to enforce my rights as a citizen»: James Meredith

            El Día Uno:  El primer día de mi vida verdadera y concientiva yo lo llamé el Día Uno. El Día Uno de mi libertad, el día uno de ser un guerrero. Cuando ya había regresado de la Fuerza Aérea, a pocos años, durante el verano de 1955, lo preciso, mataron a Emmett Till, vecino de Chicago que visitaba con su familia Money, Mississippi. Yo creo que mi corazón estaba en el cuerpo de ese adolescente de Chicago; yo me he atrevido a silbar a una mujer blanca, como diciéndole usted es hermosa, y no creo que se me tenga que matar por eso.
            He entrado a tiendas de la gente blanca. Veo que abren los ojos, azorados, temerosos. Creo que no soy invisible, ni un marciano o venusino ente intergaláctico. No tengo por qué sufrir que alguien me juzgue con horror. Siempre trato con amor a la gente. Y, generosamente, me visto el uniforme militar de la Fuerza Aérea para que me tengan confianza. Soy ciudadano de un país, cuya Constitución tiene una Carta de Derechos, digamos que en defensa de esta nación, yo me hice militar, en cierto modo / guerrero.
            Este día ha cambiado mi vida. Ahora entiendo cuánta razón tenía mi padre durante los tiempos que hablamos... Cuando secuestraron a ese chico negro, sólo por ser negro, yo me acuerdo de mi niñez, de mis padres y mi familia toda; cuando lo golpearon salvajemente, el dolor que se aplicara contra él es en mí que duele más intensamente. El disparo que matara a Emmett Till se me alojó en alguna herida. La mujer que se ofendiera por un silbido que le echara el muchacho debe estar llena de odio y debió ser la que haya sido arrojada al río de Tallahatchie, aquel 28 de agosto. (¡Mire usted si he cambiado!)
            Estoy dentro de ese féretro abierto mostrando mis heridas. Este féretro de Emmett Till es cada calle por la que voy. Todo lo que me hace sentir amenazado, prohibido o a punto de ser asesinado. Es el féretro de la consciencia atada, escupida y obstruida. Ese ataúd le pertenece a cada negro estadounidense. Conversé largamente con los abogados de la NAACP sobre Emmett. Ellos me ayudarán a que mis heridas no duelan tanto. Quiero que ese ataúd ya no esté más abierto, porque dentro está un ser humano que gime todavía y echa gritos de dolor en las calles de Mississippi.
            La NAACP y yo libraremos una batalla. Cerrar ese ataúd es asunto que compete a un negro y el Gober-nador. Ross R. Barnett proclamó que «mientras yo sea Gobernador, ninguna escuela será integrada / no school will be integrated in Mississippi while I am your Governor».
Cada día que se me diga que yo soy un negro silbando a una mujer blanca y que ahora vengo a silbar con hijas universitarias de los hombres blancos, es como si autorizaran a que venga una turba sobre mí. Es un acto de secuestro, maltrato y homicidio, ya no contra Emmett.  Contra mí. Es alguien que abre el ataúd y blasfema el dolor que hay dentro.
            Supongo que ese Día Uno fui visible por primera vez. El Gobernador reconoció que yo existo. El Fiscal General de los EE.UU., Robert Kennedy le hizo conocer a Barnett que soy un guerrero. Supongo que Emmett no llegó a ver el Día Uno en su vida; yo no voy a dejar que me obstruyan el Día Uno.
            Barnett fue multado con $10,000 y sentenciado a cárcel por desobedecer lo que la Justicia Federal le dijo: Un joven negro necesita comenzar sus estudios. Ese joven soy yo. Y no vengo a silbar a ninguna mujer blanca. Vengo a cerrar todas las heridas que se infligieron sobre el cuerpo de un adolescente. Vengo, si quieren verlo así, a sacar del río el cadáver, donde se le halló con la cabeza destrozada por los balazos y el despeñamiento.
            Antes de ese verano, yo no era pretencioso. Quería ser uno más de los que estudiaban en el campus de la Universidad de Mississippi desde esos tiempos, pero el miedo.... el miedo... ya, cuando el 20 de septiembre de 1962, dí mis primeros pasos hacia la entrada, me sentí envalentonado, pero no se me dejó entrar; volví el 25 y tampoco y después el 26... yo quería un Día Uno de mi vida, como estudiante. Tenía ya un diploma de negro, una victoria legal que ordenaba mi admisión a la Universidad de Mississippi, la expectativa de verme fuera de la doctrina Separated, but equal. Pero también... tuve enemigos. Uno tan importante como el Gobernador y sus turbas de elitismo racista.

            2.

            Para que James se educara, en su natal Kosciusko, Mississippi, él tuvo que convertirse en guerrero. Sus batallas comenzaron durante su infancia. Había quien pensara que el niño no necesitaba más instrucción que la que la madre imparte ni más trabajo que el que asignara el Papá. A James le dijeron que tenía que ser más negro, más puro, no indio, para que se le respetara. Y pudiera ir a la escuela; desafío, no incierto,, él fue a la escuela sin miedo y todos se acostumbraron a verlo y quererlo.
            Los Meredith y su ancestro se peleaban con parientes que tenían más pura la sangre de Choctaw; unos le pedían al pequeño Meredith que fuese un indio obediente, así «cuando crezcas se te venderá licor y la marihuana, la talarás tú mismo por ahí, en tus andurriales, camino a casa».
Otros le decían: «Ve a la escuela, para que aprendas, por lo menos, a ver la cantidad que te pagan y reconozcas tu nombre con letras, no sólo por el oído».
            «Mas Papá fue más terco». Instruía a James, que oía con respeto... porque ambos eran listos y entre gente lista, se abona la empatía y la sinceridad... «Quiero ser un guerrero, Papá».
No eran cosas de niños, o boberías. Le dijo: «Prepárate para serlo». Y puede que mucho antes que el discurso de Stokely Carmichael en los '60, ofrecido en Greenwood, Mississippi, James se lo oyera a su padre siendo niño: El negro del país que se una como UNO, que reconozca su herencia y que ayude a construir un sentido de comunidad, porque el blanco va a  decirle: «Somos iguales y esa la mentira más grande entre todas la que forman la Tabla de Valores de la sociedad blanca».
            Su padre dijo más: «Entre un guerrero y su víctima hay una diferencia enorme. James, ni somos iguales al indio ni al negro ni al blanco, ni siquiera dentro de una raza hay igualdades... «¿Por qué, si dicen que somos iguales: los blancos nos solicitan que estemos lejos de ellos, por qué morimos más pronto, por qué hoy bebemos más alcohol que en los días de la Ley Seca, o cuando éramos esclavos y la tristeza y la miseria eran más visibles? Hoy comemos más, pero seguimos con altas tasas de tuberculosis y, James, cuando eras tú demasiado niño para verlo, a los negros los linchaban en los caminos. Los colgaban de los árboles»...
            Para el blanco son las drogas de sulfa, al negro el remedio casero del yerbero.  «En Mississippi, la salud se basa en la clase. Y nosotros tenemos una clase con una mala dieta, una raza de gordos con problemas cardíacos y estrés y con mucho vicio de alcohol, una raza dolida por linchamientos, amenazada y marginada».
            «Es una mentira. Nadie es igual a nadie ni por el color de la piel... A unos la inteligencia se les despierta tarde. Unos no aprenden jamás, sean los más blancos o los más prietos. Unos no quieren y se justifican, porque son  blancos malos, otros son el blanco de las balas y las golpizas, porque son los guerreros buenos... Recuerdo
cuando se me decía: Tú, Cabecita chata, lo que tienes que ser es agricultor; como fueron las tribus de la Muskhogea, al este de río Tombigbee, así decía una negra delgadita, la única que conocí que lo fuera».
            Posiblemente, la Madre de James supo algunos secretos sobre la adecuada nutrición y el vestir menos la tela de lana que la de algodón. El varón es quien no quiere control de nacimientos, pero, sí él advierte que en el campo la higiene sanitaria debe ser modernizada. Con tanta abundancia de manantiales, ¡qué muchas casas de negros no saben qué es el agua potable, agua limpia por el fuego! El blanco se queja de que el negro es maloliente. Bueno, a bañarse más y a menudo es una forma de desmentirlos y aprender disciplina de guerrero...
            «Viven y comen como si fueran marranos. Por eso anglosajón y el judío dicen: Separados es mejor. Quédense allá. Allá pueden ser iguales, sí... iguales entre ustedes, ¿me comprendes hijo? ... ahora te diré algo sobre la universidad. ¿Quieres ir? Hállala también en cada lugar, en la conversación con otros, los tranquilos y viejos con el corazón eterno, en el presente transitivo... La gente cree que la Universidad lo enseña todo, que allí está el almacén de la Verdad y la Sabiduría.
            Acuérdate en las universidades están muchos demonios encerrados. Los perseguidores y manipu-ladores de la Consciencia y de la Libertad. Los centros universitarios son los más penetrados por la CIA; son campos de batalla, donde se pelea una guerra de baja intensidad, que es la más importante de todas, porque es infiltración de una clase por otra y el proyecto de influir en los paradigmas del pensamiento social».
            Ya cuando su padre no vive, James cuenta los días en los que será un ciudadano, no un ser mutante y escondido.
«Porque los negros jugamos al camaleón y cambiamos de color, James, aprende a vivir. No estás exento de que un día venga el blanco a besarte las mejillas y después te apuñale por la espalda, cuando estés desprevenido».
            «James, hazme caso» para que no suceda esto... Le han negado varias veces su admisión universitaria a la UM. Dice que Bob Dylan sabe de su caso. «James Meredith won a lawsuit that allowed him admission to the University of Mississippi in September 1962». Cuando dicen en Oxford Town que «James parece un chico bueno y patriota», ya que sirvió en el Army, otros recuerdan: «But he is still a nigger!» ... Bueno, en la naturaleza misma de las cosas, nada es liso y parejo, nada es igual ni homogéneo.
            Después James se matriculó en Jackson State College en 1960, hizo dos años de Ciencias Políticas, en un afán de entender cuán profundamente enferma está esta sociedad que su padre no quiere. «¿Ves, América, que yo soy un negro bueno?»
            A su padre le habría gustado que él estudiara medicina porque, en los ghettos hacen faltan médicos que instruyan a las negras primerizas. La medicina de excelencia se combine con la boca de científicos sociales, porque los pobres se están poniendo gordos, demasiado gordos para correr en caso de motines y quemazones. Y las franquicias de comidas rápidas colocan mucha grasa en los sesos. «¿Ves, América, que yo soy un negro bueno? Lo que haya sido invertido en mí, tarde o temprano da frutos».
            Ahora, hasta su propio padre, especula en torno a qué puede estar pensando Dios sobre el dinero y aquel que lo tiene en abundancia. «If you want to know what God thinks of money, just look at the people he gave it to». ¿Se lo habrá dado a los blancos porque ellos son mejores? James no sabe a quien ha citado su padre. Habrá sido algo que leyó durante la Era de Roosevelt, cuando su padre, dijo que FDR, con la firma del Acta Wagner y el establecimiento del Seguro Social, estaba trayendo esperanzas a los obreros, afiliados a sindicatos y envejecidos jornaleros.
«People at least are getting something to live on in their later years».
            Los amigos de su padre y los jóvenes de los decenios 1950s y 1960 todavía no se enteraban de que el progreso, cuando viene, llega con mejores salarios, menos horas de la jornada de trabajo, más ocio, plus Medicare — y un seguro de salud para la gente vieja.
            El que se repite «Que la piel no cuenta, que por la piel no se sufre... sufre el alma, que hay que ser bueno, no un revoltoso que inspire el odio... regresó del Ejército porque el dinero, Dios no se lo dio a Papá ni la Era de RFD lo premió, para que pudiera dar algo más que consejo ... «Pero, ¿qué te hizo a ti el indochino, James? ... porque elogió el nombre de James Meredith y, tras terminar, la escuela preparatoria, ingresó a la Fuerza Aérea. «Que si los coreanos no le cayeron bien, es la misma cosa de que las insidiosas objeciones al que tiene la cabeza chata y los ojos oblicuos, gente de los Choctaw».
Y, porque sirvió a la aviación militar, a su regreso, se James comportaba como si ya lo que viniese a ser su destino fuese una transición hacia la blanquez. En Jackson State College, comenzó sus planes de ser el primer indio de cabeza chata, guerrero negro, afroamericano, que rompe las barreras... del Día Uno. Las que Emmett Till no pudo romper.

            3.

            Previo al Día Uno fue escoltado secretamente para que participara en el proceso de registro como alumno. Seleccionaría las clases, según unos folletos de orientación, pagaría los costos de matriculación. Quería sus 18 créditos. Tiempo completo. De hecho, ese día los alguaciles federales, patrulleros de frontera y guardias de la prisión federal se apostaron alrededor del campus. No estaría solo.
            Lo dejaron llegar hasta el Lyceum Hall. Pero según avanzaba el día, se reunieron centenares de estudiantes para verlo. Algunos levantaban el puño y se decían solidarios. Una enorme pancarta reproducía la fotografía publicada en la revista Jey: el cadáver de Emmett Till, que ya era un fantasma vivo por el predio de la universidad.
«Unas 50,000 personas pudieron haber visto el cuerpo de Emmet Till durante el funeral en su casa de Chicago»; pero, ahora habría que ver su recuerdo encarnado en el negro que desafiara al Gobernador.
            Estudiantes blancos y otros blancos iniciaron disturbios esa misma noche. Descubrieron que estaba en  los dormitorios. La presencia de los alguaciles fue el mejor delato. Entonces, le arrojaron piedras y botellazos. Esa misma noche, un periodista extranjero fue muerto frente Lyceum Hall. Quería entrevistar a James para el London Daily Sketch y las balas alcanzaron a 28 alguaciles. A menos de una hora de fragor, entre los perros del odio y del racismo, se halló el segundo cadáver posteriormente.
            El levantamiento segregacionista hirió a 160 estudiantes (48 policías entre ellos), a pedradas y botellazos. James ni siquiera se asomaba a la ventana. Oía los gritos. Reflexionó si era mejor abandonar el ideal de ser guerrero. Su mente se fue hasta su adolescencia y las primeras confrontaciones con la dureza de su destino. Y conste: no se le dijo el Gran Jefe Mushalatubee ni otro cacique, de sangre mixta, que se hizo llamar Pitchlynn, o Peter Perkins.
            Toda esa gente fue buena. No anduvo armada. Hablaron un idioma que él ya desconoce. Esa gente fue como la que él quiso ser hasta que la pobreza lo llevó a Corea. «Cuando ellos se quejaban de opresión y maltrato no se dieron cuenta que la perspectiva de ese sufrimiento fue la separación. Han admitido la palabra del Hombre Blanco, que el verdadero Gran Cacique, que dicta para blancos, negros, mestizos y mulatos, su doctrina: Separados pero iguales; «nosotros somos el Jim Crow voluntario».
            Medita si vale la pena seguir SEPARADOS, porque iguales no somos. «Mira cómo ellos, blancos, atacan a sus policías blancos, lastiman a estudiantes blancos que me apoyan por llegar con mi cabeza chata y mis labios bembos».
            Después de que la policía de carreteras de Mississippi salió del campus, el presidente Kennedy envió al ejército regular para suprimir el levantamiento segregacionista. Meredith pudo iniciar sus clases al día siguiente, gracias a la presencia del ejército.
            El Día Uno que James vive preambularmente y del que aspira a que sea el primero de su libertad, no ha llegado todavía. Ya no tiembla en sus manos un telegrama fechado el 4 de de febrero de 1961. Había escrito sobre el telegrama No Soy Libre Aún. Lo relee. Lo tiene sobre su cuaderno dentro de un aula. Medita como en la noche anterior que los imperativos de la sociedad blanca son antisociales; pero duelen en la sociedad más pobre, que es la suya.
Desde que la negrada como grupo se emplea y educa en la ciudad, ya no sabe para quien trabaja. Abundan los  accidentes industriales y las farmacéuticas, los hospitales y las agencias de seguro, forman equipos ominosos.
            En la universidad, hay policías blancos defendiendo su paso franco y expedito por los pasillos, pero él los  oye. Se lamentan de que el caprichito de un negro mueva el Establecimiento a protegerlo, sacan cuesta del costo financiero, de hacer rey a un pobre indio-negro-a son of bitch, a final de cuentas.
            Decía su padre que la Sociedad Blanca mata con la hipertensión y el estrés, utiliza asesinos silenciosos que se originan en las condiciones sociales. La principales causas de enfermedades modernas son ambientales.
«The largest killers!» — acusan
Entre el 70 y 90% de todos los cánceres se origina en querer estar unido al blanco que no los quiere; «pero, ni el mismo blanco se quiere a sí mismo. El blanco quiere su dinero. Que nadie venga a quitarle lo que él mismo ha robado». James dice que su padre, si lo hubiera visto en uniforme, sería para que defendiera a los negros. Un guerrero que sabe lo que quiere. Que no se venda a la CIA... Su padre lo soñaba, si algún día él fuese capaz de no dejar la escuela y estudiar con denuedo, que fuera el primer médico de los Meredith. Guerrero espiritual. Gran  consejero.
Pero, al estudiar Ciencias Políticas, su idea es conocer la Ley y demostrar que la política es, a largo plazo, una medicina, «la que llamas Medicina Espiritual, Papá».
            Su padre habría entendido que él quiera ser abogado. Esa es la meta por la que quiso ingresar este verano a la Universidad de Mississippi y, aún más, después querrá ir a Columbia University. Espera que ya surja esta agresión que ha visto en el campus de Oxford Town. Que no tenga que comerse la uñas esperando un telegrama que diga un No al Día Uno, como Mississippi que prefirió hundir en violencia al campus antes que desistir de la segregación educativa.

            4.

            Alguien se lo dijo: «No abofetearás con guante negro la cara mi Gobernador». En meses fue el único blanco que le dirigió la palabra. Puso un diario del día sobre su mesa en la cafetería. Como siempre, James comía solo, aislado por los blancos y los extranjeros. Leyó el titular de la portada: Charges on Barnett dismissed by the 5th Circuit Court of Appeals. Nadie multará al Gobernador. Ninguno lo acusaría ni lo hallaría culpable, haga lo que haga. Ninguno debe llamarlo racista, aunque sea un homofóbico crónico. Después el estudiante blanco gritó, voz en cuello,  el titular leído y los que daban sus espaldas a James Meredith (por la idea de no verlo) enderazaron sus asientos, se  voltearon y miraron al que dio tal pregón. «No hay delito. Barnett es inocente». Aplaudieron y vitorearon, con mayores gritos, el nombre de Barnett. Manoteaban en las mesas y hasta tiraban servilletas humedecidas hacia el negro.
            El terminó su almuerzo, pero, por momentos, estuvo a punto de salir huyendo. Aquella cafetería universitaria parecía un circo pavoroso, encuentro con bestias de infiernos mitológicos. En las noches, hasta altas horas de la madrugada, sus vecinos de habitación en la sección de dormitorios, jugaban el baloncesto. Saltaban al parecer sobre el piso de maderas, rebotaban un balón en las paredes, todo para provocar a James y descubrir cuánto soporta de martirio. El balón disparado al mismo definía el impacto de un temblor con movimiento oscilatorio, capaz de echar el edificio abajo.
            Por meses y meses, él vio cómo no fue bienvenido a ningún diálogo. Si se sentaba en una mesa en que estuviesen blancos, al segundo se levantaban a mudarse de asiento y su mesa quedaba vacía. Estaba olvidando lo que se llamaba sonreír y aquel don tan suyo de añadir a todo: Muchas gracias. Bendito sea usted. «Y pensar que Emmett perdió su vida por silbar, «qué niñas lindas», a mujeres de este tipo, elitistas, narcisistas, macabras, cómplices desvergonzadas de este síndrome de deshumanización y antipatía.
            Por querer salir, con su diploma, cuanto antes, intensificaba su poder concientivo y su memoria. Se graduó el 18 de agosto de 1963. Fue el resultado de meditar en una frase que le escuchó a Carmichael: «Un hombre que pierde la conciencia de pueblo pierde la conciencia de sí mismo». Por eso un día, saliendo del campus de Oxford Town, por un rato para quemar en un cigarro todas las penas, vio la escena más hermosa en años: «Los gorditos de su vecindario», esos manduletes que juegan en los parques llamándose «Bro» unos a los otros.
            Jóvenes negros de los que no han conocido aún las promesas decantadas y pomposamente publicitadas sobre la alta tecnología para el cuidado médico: son negros a los que nada se les cumplen.
            Ahora le han tratado de «Hermano», le han sonreído y cree que está en el paraíso. Alguien le dicho: «Bro, el cigarro mata» y después. «God bless you, bro!»
            No todos son iguales entre los negros. Lo que iguala es el amor y la Doctrina de la Separación dentro de la fantasmagórica igualdad, es la evidencia de que el amor está escaseando y vivimos en estado de emergencia. No todos son iguales entre los blancos. James ha ido a ver a un amigo nigeriano, vive fuera del campus, y le recuerda que los dos asesinos de Emmett fueron declarados inocentes y que deliberación de 67 minutos por parte del jurado fue una burla peor que la acaecida con el Caso Scottsboro Boys en el decenio del '30.
Y él que perjuró que hay que hacerse guerrero, todavía no se ha asomado al Movimiento donde los guerreros no tienen ningún ancestro ni se basan en el color de la piel, o la cabeza chata, o la nariz de simio. El amigo de la NAACP telefoneó. Quiere que vea a estos manifestantes de los parques de Oxford Town. Son inspiradores, le ha  dicho. También ya abundan en Chicago, Nueva York, Boston y se les observa en las playas, librerías, cines, museos, restaurantes y otros espacios públicos.
            Hacen sit-ins. Silenciosos. Disciplinados. Bien vestidos. Cuando la Policía los arresta, hacen votos de jail-no-bail. No quieren que nadie las pague las fianzas y cumplen en la cárcel el tiempo del castigo. Defienden el Movimiento, o privan a éste del pago del gasto que implica que se merme sus fondos financieros por las fianzas.
            «Por ahora hay que sufrir todos un poco».

            5.

            Le dijeron que No dos veces en 1961. Es joven y, por tal negativa, le duele el pecho como si fuera un negro cardiopatógico. Esta sociedad lo enferma. Está fuma que fuma. Se da cuenta de lo necio que fue él al irse al Army, donde se aseguraba que, tras su baja honorable, lo educarían para hacerlo un Guerrero Civil, ya no viendo mortandades. Le darían becas, le abrirían todas las puertas. Y él, se sustentó con esa promesa, entre 1950-1953. Unos se morían, él no. La oferta que se le hizo a 36,576 estadounidenses que murieron durante su servicio en la Guerra de Corea, fue la misma hecha a otros 17,670 que murieron fuera del teatro de batallas.
            Han sabido que James Meredith se va para Nigeria.
            «Allá es donde debiste irte al nacer», le dijo uno al que creyó un hombre respetuoso, sin envidia, un profesor inspirado. Le ha entregado el diploma de la Licenciatura; pero James quiere más... «donde debiste irte al nacer». ¿Qué estupidez es ésa? Tiene deberes el que es libre y al Derecho de sus Libertades se atiene. Hay que tener un Día Uno aquí, antes de marcharse. Nigeria necesita un hombre libre; no que vaya el que ha nacido esclavo de nacimiento.
            Las indias que parieron a sus ancestros se juntaron con esclavos y ya, cuando su generación fue negra, a este niño se le olvidaría su propia historia. Dijeron que se olvidó del predicador Allen Wright, y de Joseph Dukes, que era el gran intérprete de los sueños e ideales de los Choctaw. Porque se fue a la Escuela, se educó hasta en el Colegio, ahora es digno de ingresar a esa escuela nigeriana...
            James tiene suerte de que las tasas de sobrevivencia para infantes y niñajos hayan mejorado y que haya gente que haya creído en fundar un colegio para negros, así los que «ni entre ellos mismos son iguales están separados de los que lo son, ¿será eso?» Otros negros se han hecho adictos al tabaco, muchos más a la marihuana, adictos al azúcar, a la sal excesiva, a los óxidos nitrosos de las chimeneas y fábricas, a los humos del tráfico en la hora pico, y se cree mucho estrés por todo lo que se oye.
            Las promesas de la Tecnología Informativa es mera propaganda. «The mountain of corpses gets too high to be occluded by even the most refined techniques of the PR industry and the most lavish contributions to politicians».
            Meredith quiere irse a Nigeria tan pronto salga con su diploma de marras. Alguien le escribió de la  Universidad de Ibadan en Nigeria. Ven por un grado de Leyes y el Movimiento lo espera. La semana siguiente, según lo había prometido, el 19 de junio de 1963, JFK presentó al Congreso el proyecto de Ley de Derechos Civiles.
 «Urgen muchos abogados para que desmientan lo aquí se dice».
            George Wallace, gobernador de Alabama, tampoco se ha salido con la suya. Obstruye ilegalmente la integración racial en la Universidad de Alabama y el Presidente John F. Kennedy envió suficientes fuerzas federales para retirar del camino al gobernador y permitir la inscripción de dos estudiantes negros. Esa misma tarde el mandatario se dirigió a la nación por TV y radio, con un discurso histórico sobre los derechos civiles. Al día siguiente, asesinaron a uno de los líderes. Medgar Evers en Mississippi.
Y James Meredith está deshecho. Ha escrito en unas cartas: «Aún no soy libre. Aún está insepulto el corazón de Emmett Till. Aún no puedo irme a Nigeria. Aún no es Día Uno de mi vida».

            6.

            Sin embargo, se fue. Y regresó y se matriculó en Columbia University. Y viendo que no cesaban las injusticias, un cinco de junio se lanzó a lo que llamar la Marcha Solitaria Contra el Miedo. Comenzó en Memphis y esperaba terminarla en Jackson, donde comenzó su deseo de ser libre en pleno siglo XX. Lo estuvo siguiendo uno  de esos defensores de América y sus valores, su agenda de Separated, but Equal, viva el racismo, abajo Martin Luther King, Jr. y le dio tiro para que James sufriera en carne y hueso lo que Emmett, por si acaso no lo admiró lo suficiente...
            Fue en 1966 que pensaba en haber nacido en una tierra de asesinos y cobardes, negros gorditos, vacilones, cingadores, apáticos y viciosos, demasiado obesos para escapar de una lluvia de balazos o co-marchar con anglos de la izquierda, que son los que sacan bandera militante.
            Están cantando una canción de J. B Lenoir. Shot on James Meredith. Es la segunda canción que le han dedicado a las causas de un hombre educado, inspiración para los combativos.
            Martin Luther King, Stokely Carmichael y Floyd McKissick han decidido un proyecto conjunto. El primero que se observara entre blancos y negros. Van continuar la marcha que James dejara interrumpida por causa del asesino «de paga» del gobierno. O el cobarde que, a escondidas, le echó par de balazos. Los manifestante irán de  Memphis, Tennessee a Jackson, Mississippi, como lo había pensado aquel Pobre-Indio-Negro, A Son of a bitch, al final de cuentas.




CUENTOS SEDICIOSOS Y BOLIVARIANOS


CUENTOS SEDICIOSOS Y BOLIVARIANOS


Indice


* El ángel de la muerte  / 1
* La pesadilla de Tanton / 5
* Delirios del patriota en París /  15
* Donde los dioses mueren / 22
* Te diré quien soy /   27
* La Cruz parlante  / 33
* La carta de Dominga / 35
* «¡Ay, tras viejo, chocho, paíto»: Eulalia Prat / 44
* Las ideas de Papá y lo que pasa en Cuba / 49
* El fiero desenlace o para destronar a un falso rey / 57
* El maestro / 62
* El Día Uno / 65
* Los tónicos endiablantes / 84
* Para cumplir con la ley  /  90
* La ley de la pistola y el gobierno para siempre / 92
* El nieto y el mechón de pelo  /  96
* Cuarenta años, Todesengel  / 101
* Testimonio sobre insectos y gusanos /  107
* Teoría de los hombres cansados  / 115
* Por celo de tu cuerpo, Simón / 123
* Cecilio el desobediente /  129
* El permiso  / 139
* El tercer Jesús  / 142
* Análisis de mundo /  147
* La ruta del Valiente / 157








EL ÁNGEL DE LA MUERTE


            El sutil Ángel Hechicero de la muerte —«vestido con estola nacarina», «brillante como el ébano bruñido»— rondaba el hogar de José de Jesús, ex-Alcalde. Era la madrugada del 24 marzo de 1898, cuando volvió a soñar con la Cacica. Ella le ofrecía «el hombro esclarecido / los bucles de su riza cabellera» y, sobre todo su voz llena de sueños...
            El se reclinó en el hombro. La fiebre desaparecía con el reacomodo de su cabeza en su piel.
            ¡Qué mejor almohada que sus hombros!
            En Mayagüez, se dijo por los «conservadores de siempre», a saber, Olaguibet, Balboa Blanes, Suau y Mulet, Ruiz de Porras y los descendientes de Cucullu, el chismoso, quien alegaba que la Cacica no es otra que la Vengadora de la Desobediencia, agente ocasionador de su fiebre tifoidea y que a José no le valdría ser médico. Para infamar más al enfermo, le inventaron antecedentes de ebriedad en Añasco y la Sorbona, gusto por los alcoholes y, sin embargo, él sólo estudiaba la historia de su descubrimiento.
            «El verdadero elíxir que yo he bebido es el vino de los parnasianos, la poesía».
            El verdadero exceso fue confesar vívidamente, cuando fue diputado en Cortes, sus vivencias del Sitio de París durante la Guerra Franco-Prusiana. al mando de Helmuth von Moltke.
            ... pero su lealtad no es con Francia ni Prusia. Ni aún España. Leal es sólo a la Cacica...
            Como no salía y se alejó del Casino, por causa de la tifus, dijeron que estaba ciego. O le temía a los yankees. No. El escribía sus Teorías de la Visión y, en el casino, disertó varias veces sobre la ceguera. El veía hasta la sombra de lo aparente y, por causa de la Cacica, iba a la región de Yagüez, lugar de aguas puras y claras, y conversaba los sueños que tuvo el mismo Urayoán.
            De conversaciones tales, organizó su visión política.
No es delirio suyo. Observa cómo la Cacica le habla. Incentiva el seguimiento a ciertas realizaciones. «Aprender a morir en medio del sueño, no antes ni después. En medio, como Osmalín. No dejar de soñar porque, al final, cuando el sueño acabe, lo soñado será tu realidad y estarás en medio de lo más nítido del Alba como «presagio singular que nos advierte / que detrás de la tumba, raya el día».
            ¡Como obstruyeron y odiaron al médico-poeta, cirujano de París en la colonia! No en balde el ángel de la muerte lo quería, con la presencia especial de su radiancia, la estola nacarina! Le conversaba minuciosamente con la voz de la Cacica, cuyo «labio sonreído se colora» al referirlo como «flor de los trópicos», verdadera  rosa de Venus.
            Para José de Jesús, ver el ángel que ronda es confundir «sus mejillas con la Aurora» y la Aurora es el sueño de su Cacica, sueño por el que le surgieron los enemigos que le dejaron morir, en vísperas de un nuevo régimen. El era más que un simple autonomista. O reformero.
Muchos vecinos alegaron serlo hasta que España apretaba las tuercas, los corsetes de suplicio y clavaba astillas entre las uñas de los conspiradores. Desde 1848, cuando se construyó el Cuartel de Infantería, mayagüezano, los administradores José Antonio de Cucullu, asumió que el pueblo está lleno de truhanes subversivos. Y, después de la revuelta de Lares, Bruno Ruiz de Porras y Antonio de Balboa Blanes, argumentaron que la persecución debe ser más intensa y el ex-Alcalde Olaguibel, antes y después de 1887, quiso sangre y torturas. La manifiesta evidencia de las sofocaciones para cuentas al Gobernador Palacios.
            «Todo ciudadano es sospechoso en Mayagüez y tiene nombres de truhanes», se dijo y del semanario La Razón extrajo a gusto los nombres.
            No se salvó ni el ex-alcalde del 1890, el médico-poeta, el buen enamorado que delira con la Cacica y alienta la visión de dar la autonomía administrativa a las Antillas.
            «Pero eso no se puede. España lo prohíbe», le dijo Olaguibet.
            «Se puede, pero hay estar en medio del Sueño», ripostó.
            El sutil Ángel Hechicero de la muerte ronda al añasqueño que no canta a la autonomía colonial. Por el contrario, su sueño es tan grande como el de La Cacica de Guarozabo, en Mayagüez, cerca de la costa. El sueño se pervive, rumbo a la islita de Mona, donde hay dos bateyes y una marca taína que la que Cacica hizo.
            «No es quedarse en la Tula, sin ir al círculo distante y la región encantadora, despertar en el Alba de las Tres Antillas».



                              06-07-2000

Tuesday, October 28, 2014

LA PESADILLA DE TANTON

La pesadilla de tanton


«I've come to the point of view that for European-American society and culture to persist requires a European-American majority, and a clear one at that»:  John Tanton, Dec. 10, 1993

«And more troublesome, what about the less intelligent, who logically should have less? Who is going to break the bad news [to less intelligent individuals], and how will it be implemented?... I have no doubt that individual minority persons can assimilate to the culture necessary to run an advanced society but if through mass migration, the culture of the homeland is transplanted from Latin America to California, then my guess is we will see the same degree of success with governmental and social institutions that we have seen in Latin America»: John Tanton, Padre del Movimiento Anti-inmigrante y la Literatura del Odio en Norte-América

               1.

            Fue un día muy activo, con mucha bilis derramada y estaba deseoso de echarse en la cama y dormir  profundamente. Anduvo con Roy Beck, director de Numbers USA (también, compinche de andanzas y ex-empleado de la Fundación U.S. Inc., del propio John Tanton). Ellos dos son los que mantienen el racismo vivo en la nación de Washington, Madison y Adams.
            El viejo funcionario, el Dr. Tanton, es considerado el arquitecto principal de la Ley Migratoria de 1924, que instituyó el sistema de cuotas y prohibió la inmigración asiática a los EE.UU. Es anti-semita y en el decenio de los Cuarenta fue vocero pro-Nazi de la Coalición Americana de Sociedades Patrióticas, por lo que fue acusado por violar las leyes de sedición en 1942.
            «Sé que te quieres acostar, te veo esta noche soñoliento y fatigado. Voy a cerrar bien toda tu casa. Pusimos mucha presión al condenar a los invasores; había Mafia mexicana, velándonos, y judíos secreteándose cosas y no me gusta que nos sintamos tan lirondos cuando alguien a quien ofreces una revista de FAIR, como American Renaissance, en tus propias narices la escupe, te la rechaza y riposta, como uno que te refiero: 'this is a racist, pseudo-scientific magazine'  y no la quiero», lo advierte, que así le dijo.
            «Pero, hombre, ¿te amedrentaron? Los datos están ahí. Si decimos que la habilidad de los latinos para gobernar California es casi nula es porque es cierto, allá y en Michigan, en Texas o Washington. La habilidad de ellos es nula aquí... whether the minorities who are going to inherit California 85— 85% of the lower-grade school children are now minorities — demography is destiny!, ¿crees que podrán regir en una sociedad avanzada y quitarnos el poder? No. Por mil demonios no... porque ellos son mediocres, inferiores y nosotros sí sabemos...»
            ...sobre los males de la raza, la inteligencia que se descuida y la eugenesia que se pone a la zaga. Están en casa ya. Se pasen con el odio al extranjero y se lo traen a la casa. La hostilidad está dentro ellos. Se impregna en sus ropas y gestos.
            Y mientras daba esa perorata, casi desnudándose enfrente para echarse a la cama, el Buen Roy Beck velaba por la seguridad de la casa, activando alarmas, pestillos y barrotes. ¡Qué par de pejes!
            Uno, como el viejo, a la caza de contactar excéntricos multimillonarios, como Robert K. Graham, de quien supo sus quehaceres de eugenesia. Otro, con afán de que le construya una raza perfecta, digna de inscribirse en la novela  The Camp of the Saints de Tanton. Un mundo donde no haya hordas salvajes de indios en asalto de Francia ni mujeres blancas enviadas a burdeles inmundos para el disfrute de hindúes de oscuros rostros e hirsutas barbas, «in a grotesque orgy of men, women and children».
            Hay otra novela de Tanton que toca el tema de la lucha de las razas, The Turner Diaries, casi un credo de supremacistas anglosajones en América y él, escritor  y activista de prejuicios humanos, la llena de monstruos que saca de su fantasía delirante. Arguye:«Todos los inmigrantes son monstruos», «grotescos enanos», «mendigos en las calles de Calcuta», sólo que según pasa el tiempo actualizará a sus personajes.
            Ya no necesita judíos, pese a que reniega del Holocausto y sigue odiándolos; ya no necesita negros colgados de ramajes de los árboles. Basta con que sepan que él es amigo de los que defienden los Klanes (KKK) y quien es pensador nacionalista en pro de la raza blanca, lo llamará Buen Amigo. Sepan que el Buen John es Amigo del Buen Roy y es un guerrero.
            Ahora: «la agenda eras tú, mexicano».
            «¿Estás ahí?», a veces piensa que sufre paranoia.

                        II.

         Llama y pregunta por el Buen Roy, su editor de Europhobia: The Hostility Toward European-Descended Americans, para que le ponga sobre la mesita de noche la grabación de la tarde. Antes del evento nocturno, cuando estuvo con John Vinson, entregó a él su apoyo incondicional al grupo que preside, American Immigration Control Foundation, gente que se explaya contra el multiculturalismo y que, a su juicio, lamentablemente, «por razón del mísero pueblo que somos». El error la Nación Maldita es que reemplaza la cultura euroamericana con culturas disfuncionales del Tercer Mundo.
            Desde la compañía publicadora, The Social Contract Press, Tanton y sus asociados llenan la comunidad de propaganda, de una esquina a otra del país y sus organizaciones forman la red de su Tarántula de xenofobia, cada hilo una picadura vene-nosa, Federation for American Immigration Reform (FAIR), U.S. Inc., Center for Immigration Studies (CIS) y otras  tantas.
            Después de su jubilación en Michigan, donde fue oftalmólogo, se ha dedicado a sacar los ojos al prójimo, cerrárselos, como los suyos, para no admitir los cambios demográficos y quedarse con la ilusa jactancia de un mundo nacionalista eurocéntrico y mayoritario. La American culture que Tanton discursa en su miopía equivale a una mayoría de ancestro europeo, donde quien migra se asimila, porque, de no ser así, maldita la hora de recibirlos. Maldito el país, que claudica por la  mediocridad, el suicidio y la decadencia. Asimilación es una llamado del Destino. Ahora su discípulo, como un charlatán, lo cree.
            Desde que Beck editó The Immigration Invasion, el libro de Tanton, sus nombres circulan juntos. Dos tales para cuales. Ambos enfatizan que la amenaza más grande que acosa a Norteamérica USA es la inmigración desde el Sur de la Frontera, mexicanos y centros-americanos que son non-white aliens, el bloque de enemigo.
            Es preferible que se replique el publicitado Gen Humano sintetizado en Inglaterra. «Preferible o se llenará el país de asiáticos». Ambos, Tanton y Beck, creen que levantar un Muro o Tortilla de Acero y Hormigón Armado, con super-tecnología que pueda detectar a quien se filtre e invada el Norte, i.e., para entrar a los EE.UU., es tan deseable como fue para los comunistas alemanes cuando vieron el flujo de 'traidores' desde Berlín y edificaron la la Cortina de Hierro, y separaron dos ciudades alemanas con alambradas de púas y luego con la muralla de concreto, mallas electrificadas, minas, perros y atalayas.
            «Ah, buen Roy, lo que me quieras comunicar, hazlo mañana, ¿de acuerdo?»
            «Pero te dije... es por cuestión de seguridad que prefieron hablarte por un rato esta noche».
            «El sueño me mata, o los años. Mi lucha y mi salud es lo que debe quedar. Guarda todo, sé buenito que el viejo está agotado».
            «Lo hago, lo hago».
                 «Para que mi nombre sea honrado con sala dedicada en la Biblioteca Histórica de Bentley»
            Mas son los mismos académicos de la Universidad de Michigan, donde opera laBiblioteca Histórica Bentley, quienes se preguntan: «¿Cómo es posible que se guarde aquí la basura / 'private papers' de Tanton / su literatura de odio, la más hediente en el siglo? Cada libro de Tanton-Beck es feroz diatriba, pero su último libraco marca el año de 1988 como el «hito del nuevo racismo antiinmigrante y anti-multicultural».
            Regresa de un evento en que habló con rudeza inusitada contra las autoridades de la frontera canadiense, censuradores, que impiden que el libro entre al país y se distribuya en Quebec.
            «That's hate literature», le dijo un canadiense en la actividad, «we don't like your shit out there!»
            «El canadiense y el mexicano nos agriaron esta noche», dice Roy.
            «Bah», descree, pero repone: «Me he sentido mal, Roy, pero te pregunto: Ese fulano blanco, que dijo que es oftalmólogo como yo y apenas endereza sus ojos bizcos, ¿qué me dirá que me mortifique?  ¿Quién tiene fe en curar a las bizcas conciencias y quién es para dudar sobre lo que yo digo, que es simple. Si una persona  [léase asiático o mexicano, llegara a California] mejor que tenga la inteligencia y cultura necesaria para asimilarse de modo que él y su familia puedan funcionar bien en una sociedad avanzada. De no hacerlo, pa' fuera y pagar gastos...».
            Tal vez no supo formular su nacionalismo blanco. O está estúpidamente prejuiciado. Ya son irrisorias... Se dice que hablan demasiada mierda
sobre la Invasión, «la cultura de sus naciones y cómo  se trasplanta» y, desde América Latina, invaden con el mismo grado de subdesarrollo o de su gobierno e instituciones sociales»... ah, que es CERO, la gran mierda.
            «¿Dejaremos a individuos como tales que obtegan privilegios estatales o federales?»

              III.

            Por causa de un brusco movimiento, comenzaron a chillar las alarmas que el Buen Roy activara antes de irse del bunker, donde el jubilado vive. El invasor parecía no oírlas, pues con su santa calma describía cómo su esposa e hijos tomaron convenidas las habitaciones.
            «Todos estamos cansados. Caminamos por desiertos, sufrimos en guerras. Es tan hermoso que el presidente Ronald Reagan y Mikhail Gorbachev aliviaran las tensiones entre dos superpotencias, como ésta y Rusia y  se decidera, ya por fin, el final de la Guerra Fría... Ahora venimos por causa del Fondo de Pioneros que usted promueve para animar el mejoramiento racial... »
            «¡No,no!», gritó. «¿qué hace en mi casa?»
            Pues, sepan, pobres diablos: John Tanton dice que no. El centro CIS y FAIR dicen que no.
            American Immigration Control Foundation, se ha unido y dice que NO, NO y NO. Usted no puede estar en mi casa. Se van ahora mismo.
            No se dio cuenta, si Beck se fue y dejó la grabación solicitada sobre su mesita, con el vaso de agua. Si oye una grabación equivocada. El Buen Roy también debe estar soñoliento porque dizque, como dos guerreros arios, trabajan para quitar de la psiquis de los blancos esa culpa («unwarranted hatred and fear») que los multiculturalistas infligen para dar su complicidad a los invasores migratorios.
            «Hola, John», dijo el visitante al fin.
            «Carajo; no me jodas. Un enano de Calcuta. ¿Quién es usted? ¿Por qué entra a mi dormitorio? ¿Dejó Roy que pasara? Ah, mitad de ser, ¿qué quiere?»
            «No sé de qué Roy me habla usted».
            Le dio más enojo que miedo y le produjo una cierta parálisis cuando el sujeto dijo que dejaron las fronteras abiertas y fue el primero que entró con su familia. «Sólo tuve que apretar el paso y sentirme en su casa... Vengo con mi familia. Detrás de mí, seguro que vendrán otros miles, con sus hijos y sus esperanzas».
            Tanton hizo esfuerzos por levantarse y el visitante intruso se despachaba con la cuchara grande.
            «Simplemente, soy un músico, antes un militar no se lo niego, músico entre aquellos que llevaron su concierto Live Aid para el socorro de la hambruna en Etiopía; pero yo vine, con mi familia de Ucrania y vi que la mayor parte del mundo está empozada con desechos radiactivos y la catástrofe de Chernobyl no es la única; que tomé como causas. Usted debe estar pregun-tándose ¿cómo supo del Pioneer Fund, y el proyecto 'race betterment', si sólo se permite saber de él a recomendados por exclusivos grupos privados y gente que ofrezca nuevo entendimiento de la cultura judía?... Vea, precisamente, porque soy judío y hay que rehacer a muchos de ellos, a sionistas, que apoyan la guerra Irán-Irak, que lleva más de un millón de muertos... yo soy un judío que me quiero rehacer, he amado la venganza y la guerra. Y, ahora me corrijo. Vea usted. Nunca estuvo el mundo tan plagado de guerra, como ahora. Ni tan cerca de una guerra nuclear como en octubre de 1962 y yo no quise saludar el pacifismo ni miré el África hambrienta de justicia. Ni el Congo y estuve allí, como soldado, cuando ocurrió la masacre de Sharpeville, y yo fui un soldado en servicio del apartheid sudafricano... Dieciocho naciones africanas alcanzaron su independencia en ese decenio. Por eso, si hay los fondos pioneros, quiero un millón de dólares y tal vez iniciar un proyecto con inmigrantes... y usted, me dijeron, que es el mayor experto, ¿o me engaño?»
            Cómo putas fue que entró a su casa, se pregunta. Olvidó que lo había citado.
            En medio de su pánico, miedo a no ver lo suficiente ni poder sobreponerse de la repentina parálisis, miedo a no acertar el paso que lo lleve a sus alpargatas, miedo al judío estrafalario que tiene enfrente, se dispuso a desgañitarse.
            «¡Fuera de mi casa! ¡Fuera!», gritaba.
            Vana emisión de voluntad. No hay sonido que opacara al imaginario estruendo o chirrido de las alarmas. No quería escuchar a este hombre que revuelca su conciencia. Y es vano empeño.
            «¡Fuera de mi casa! ¡Fuera!»
            Ese hombre no existe. No está el Buen Roy ni ninguna otra persona en la casa. Nada suena como alarma y nadie puede oirlo. Subjetivamente, dentro de sí tal vez. Mas su corazón no oye.
            Está con ideas por percibir, pero más allá de las teorías de su vieja ciencia oftalmológica.

            08-02-2008