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Thursday, February 26, 2009

El loco de O Cebreiro





Por la Vega de Valcarce, vallecillo
que discurre el río, el viajero la entrada conoce.
El sabe cómo y entra y sale del reino.
A Galicia se la sabe como palma de su mano
y donde se cobran los portazgos lo descubre
y cómo no pagar, se agencia artimañoso.
El sabe qué hay detrás de las montañas;
orgulloso se siente de ser nativo de O Cebreiro.

El se confiema peregrino, caminante
en aras del secreto. ¿Será del Cáliz
del que tanto se habla? Este aldeano ya
sabe del Vaso santo y no es ajeno a él.
«Dotado me fue la kelim y no es milagro
que se me llene de luz; es la misión,
el proyecto, el destino, no sólo
de los pobladores de O Cebreiro».
Lo que dice que le falta es la Torah.

Por la Vega de Valcarce,
un loco va. Lo tildan de soñador / embustero /
porque arguye que las brujas existen
y con ellas compite, a recoger las veiras
del molusco y, en la noche, descansa
rodeado de las ocas y, en aquelarre,
le platican los sabios de otros mundos,
aquellos colonos de Galicia,
sacerdotes de un Antiguo Secreto.

A él, celta postrero, no mencionen
a expensas de su calma
sacramentos con voz privilegiada
y asomos de tabú y excomuniones.
Satisfecho está con los milagros que ha visto
y cómo con ellos, en vez de agradecerlos,
se porfía, se mete miedo:
«¿Con quién
cree que hablan?»,
dice a los curiosos
que tantos nombres le endilgan:
fantasma del pontificado de Teodomiro,
obispo de Iría Flavia, inventor
de la leyenda del sepulcro,
amigo druída del Apóstol Santiago.

Fue en Compostela donde vio
a Diego Gelmírez, el obispo, a quien
dijo lo que había dicho Pablo: Loco
se ha de volver, con locura santa,
quien conozca al eterno vagabundo.

Las posibilidades de lo desconocido
y el sentido oculto de la dicha
es su encanto. Es lo que trae
de seguro en el hatillo.

Loco se vuelve quien sabe reirse
de la tosudez y seriedad del tráfico mundano
y el que enciende el instinto, melodioso,
quien como Dioniso busca el éxtasis,
y como Orfeo, la lira y la quimera.
La vida es viaje, largo a veces
y otras, liberador como la luz
o una carcajada.

Y, al fin, que se fue riendo
el Loco de O Cebreiro.


07-03-2005 /
Indice: El libro de la amistad y el amor

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Nota sobre Estéticas mostrencas y vitales / Desacralización del Origen /La Naranja / Revolución Bolivariana / Convocatoria de Estudio de la Historia Pepiniana / Search: CLD


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Friday, October 17, 2008

Scarabeus sacer


A Kafka


Puede que pasados los 4,000 años,
o con la carga de frustración de los milenios
de rudas y culpadas emociones,
usted diga que su alma es una bola de mierda.

Se siente pues, literalmente, un insecto,
un escarabajo que no proteje a nadie
y no es sagrado ni viril ni empático.

Un cagazal de coleópteros guarda la cabeza humana
y sucede así porque estamos enfermos.
Uno es como una letrina que recoge excrementos
y, entre residuos culturales, vio
que se guardó todavía un escarabajo pelotero.

Mal mira con las pupilas de desazón de los siglos.
Van 40 siglos que arrastramos este asco clínico,
racionalismo impuro. Ya no creemos.
En conjunto, nos separamos del Khepera
y su fuerza invisible.

(Usted no cree ni yo que Jepri exista, no creemos
que el sol se mueva, a través del firmamento,
y que su sustancia sea un huevo nutricio,
un huevo con vida, lo creativo).

Es que ya no se canta, con convicción, el viejo lema:
«Durable para siempre es la renovación de Ra».

Hará ya 4,000 años, más o menos,
que nos convencieron de llenarnos de otra cosa,
no de aquella metáfora cósmica y sagrada.

Somos los hijos del realismo de lo epistemológico,
no del escarabajo con dos alas. No hijos de la Bola Solar.
No del ovum de mierda, camino al sumidero.

Es imposible la resurrección. Incrédulos somos
de lo generativo. Nada se renueva sino el hedor de sangre
viciosamente derramada en atropello. Más vale
ser guerrero, no místico. Somos hijos de finitud.

Y ninguno protegerá la vida con sabiduría.
Ni esconderá en el estiércol su mejor secreto.
Subimos a la bóveda celeste sin un dios-sol
que nos guía; somos duros y escépticos.

Rodamos al otro lado de los cielos, odiándonos,
insolidarios, belicosos. No cargaremos sobre las espaldas
ni a la propia alma. No nosotros, los modernos.

Todo lo hemos dejado de creer.
Coleópteros somos, sí, acaso
porque nacimos en medio de la mierda...


03-02-2000 /
El Libro de la guerra

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Indice / El pueblo en sombras / Cuaderno de amor a Haití / La Naranja / Cuando la metáfora es un laberinto

Friday, October 03, 2008

Vale Santoni



Querido jefe, hasta luego. Tus hijos espirituales, veteranos de las campañas que libraste durante más de 30 años, miraremos hacia tu sepulcro como un símbolo enhiesto y no omitiremos medios para impedir que se extinga la llama que tú encendiste en los altares de la República y en el alma de todos los dominicanos: Panegírico leído por el Dr. Juan Balanguer en el del Palacio Nacional a San Cristóbal el 2 de junio de 1961, al morir el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo Molina.

«Ese follón del espiritismo en Pepino es cosa vieja». A Vale Santoni no le vengan con cuentos. A él no le gusta y sabe por qué, cómo y de dónde procede todo eso. «Es cosa de negros». Si lo hacen, con malamañosas alusiones por picarle la cresta, él tiene muy claros los expedientes que lo mencionan y la difamación que se le hace. Todo lo que concierna a la maledicencia fue explicado por su parentela, que son dominicanos que llegaron a la villa de Aguada cuando la Cédula de Gracias, dictada por el rey Fernando VII, en 1815, autorizó a que salieran de Santo Domingo los españoles leales.

En su progenie no se quiso otra cosa que no haya sido, desde siempre, con la llegada de cualquiera de ellos, que un Santoni sea un buen español y propietario. Y su cepa lo logró. Es cierto: Domingo Santoni fue Alcalde de Aguada y corría el año de 1843 para entonces. Volvió al poder municipal en 1864. Ángel Luis Santoni fue esclavista en tal área; Santiago Santoni fue Alcalde de Rincón en 1880. «Santoni es un nombre asociado al servicio público», dice el vale a mediados de 1960. De los corsos que llegaron a Puerto Rico, él mencionaba a Pascual, quien fundó una central azucarera en La Romana (República Dominicana) y se casó con una boricua. De los Santoni Danesi, habría que decir, según las memorias del Vale, que pasaron de Salinas a Rincón y de los Santoni de Yauco, «habría que decir que son los corsos que emparentan con los Ortiz de la Renta y el hacendado Joaquín Vidal, agricultor cañero, de origen mallorquín del barrio Perchas.

Los primeros Santoni llegaron por el 1820. Son gente a la que les ha gustado el poder, «pero no para fuñir a nadie». De ahí que a Vale lo enoje el que alguno diga que él justificara que el General Trujillo Molina haya hecho su escante con asesinatos en la frontera dominico-haitiana y que viene de una familia de explotadores. Sin embargo, por esas cosas de los pleitos y campañas por los escaños municipales, su familia ha estado bajo el fuego de las acusaciones. «Pero eso es historia vieja y mal contada».

En Pepino, pormenoriza el Vale, hay familias políticas que han sido pro-españolas, apellidos muy conocidos y tradicionales y que, por tanto, como la suya, han administrado la localidad como alcaldes y sus parientes han sido, sino alcaldes, funcionarios en otros pueblos. Desde que está en el Casino del Pepino, Vale Santoni funge como el que todo lo sabe. Está familiarizado con los nombres, a saber, los Del Río, los Chiesa, los La Xara, todo el que tuvo u ostenta todavía cierto poder público o financiero entra en la cuenta mental de sus intereses. Martín El Vale es un tipo que se junta con los ricos. No que menosprecie al pobre; pero no se le observa en comunión con ellos. Es burgués. Anexionista. Conservador. Pomposado. Ama la élite y la vieja guardia. En el Pueblo, se piensa que es franquista, o que cree en las Falanges. Un facho.

Es un consultor político porque, si bien no compite para nada, es un portavoz / correveidile de los republicanos. La bohemia política le encanta y, más si se acompaña, con el póker. Los políticos de Pepino lo traen de allá para acá por lo que él sabe y, posiblemente, se le distingue desde principios del ’30, cuando Oronoz Font fue electo Alcalde y lo hizo miembro del Casino.

Vale Santoni dice que la historia le gusta: Identifica cómo, a medida que avanza una sociedad más flexible, se pierden los valores. Se intensifica la vagancia y el confort generalizado sobre bases falsas. Una sociedad sin memoria lo primero que olvida son los apellidos, la procedencia y la gratitud. Todo se sustituye con envidia y con odio. El es muy religioso porque él no odia a Dios ni lo olvida. Los que ésto hacen se vuelven resentidos. Se refugian en sus instintos lujuriosos y en vez de buscar la verdad en el trabajo, en los valores cristianos, la buscan en la superchería, las borracheras y el sexo.

«Inclusive, dicho con dos palabras, en el espiritismo»

Ahora se concentra y hablará sobre Monsiú Alers. Diferencia a los suyos de él, porque Alejandro, hacendado esclavista y usurero como fue, no fue realmente blanco, ni francés, como se piensa, sino un mulato. Y la gente mulata se acompleja, se resiente y se vuelve violenta y cínica. Ejemplifica con las correrías de Silvio Alers, cómo murió, trágicamente. El gobierno de España le aplicó el garrote vil en la Cárcel de Aguadilla.

Aquellos valores, como clan, por los que los Alers de Culebrinas vivieron durante el gobierno de España, fueron tan distintos a los de su cepa, los Santoni Santoni, los Santoni Vidal y los Santoni Danesi. El haitiano destruyó su propio pueblo y se fue al Santo Domingo español a hacer lo mismo. Esa escuela haitiana, usurpadora y fornicaria, formó a Monsiú Alers, el que vino a Pepino, después de su estancia en las costas de Aguadilla y Aguada.

«Esto yo no se lo perdono a Paco Domenech, el Brujo. Mandó a Don Lion el Levitante a echarme mierda de bruja en mis balcones. Mandó a Guilimbo a vaciar polvos de mierda de boa frente a mi casa». Dijo que vio a Florita, la hechicera, barrer con una escoba como si fuera una bruja, dizque por salvarlo de la muerte. Los brujos lo acusaron de lo mismo que a Trujillo, antes de que fuera asesinado, en 1961: de ordenar una masacre de cortadores de caña en La Vega y Moca; de promover que Franco Bahomonde, el Generalísimo, le enviara republicanos españoles a fin de que se mezclasen con su pueblo, blanqueándolo. A Trujillo no le importaba que llegaran, por ñapa, los judíos a la república, pero que sean de ojos azules, laboriosos, ilustrados. Gente blanca y sacerdotes con espíritu santo.

Vale Santoni dijo que escuchó la voz cavernaria, profunda y grave, de El Británico, otro de los guías que Paco Domenech sacara de los antiguos tiempos. Lo escuchó, al comunicarse en trance mediunímico, y hablaba un inglés vibrante, europeizado, como los viejos piratas antillanos. «Pero yo no sentí miedo alguno y fui a decirlo al Padre Aponte, a pedirle una misa exorcisante por el Pepino». Además le pedió al sacerdote que rezara por O’Neill, vecinos de Aguadilla, por los Firpo, que son corsos, por los Salguero, las familias Cabán, Eurite y Suárez de Mendoza, cuya simiente se ha mudado a Pepino. «A todos ellos, los hechiceros quieren destruirlos», porque Aguada y Aguadilla abrieron sus puertos a Europa, asentaron en sus tierras a los dominicanos, a españoles antillanos y de Bariñas (Venezuela) que rechazaban la anarquía y el odio negro y bolivariano por el europeo.

Vale Santoni hubiese preguntado: «¿Por qué te comunicas el inglés conmigo, Domenech, si sabes que sólo hablo el castellano?» Racionalizó que no quiso que se encendiera una discusión con emisarios ilusorios del Diablo, siendo que Paco el brujo es poderoso. Engaña y desarmoniza las almas, si se le hace caso. Supo que su intención fue recordar el ingreso de Trujillo Molina al Ejército Dominicano. Diría que fue bajo el auspicio de la Marina americana, a la que él prestó servicios, una vez que se ocupó el país por largos años. Las tropas estadounidenses no abandonaron la antilla hasta el 1924 y ese año, cuando fue electo Horacio Vásquez a la presidencia, se hizo a Trujillo el Teniente coronel y Jefe de Estado Mayor dominicano.

2.

«El espiritismo es cosa con la que yo no quiero cuentas», siempre lo dijo Vale Santoni.

Y hay que decir más: los Santoni, en Pepino, nunca anduvieron con hechicerías. Mejor que se diga lo que dicen: Vale ha sido un alzacola del Cura Aponte, el incondicional de Cucán, el casinista consuetudinario, el buen amigo de la familia Caballero, los Abarca Portilla y otros que en Pepino, son cultos, buenos conversadores y le gusta la distinción y jugar su dinerito.

«En eso dudo yo que haya pecado», justificaba.

«Este follón de espiritismo», dijo cada vez que pudo, «es un invento de Paco Domenech y la gente espiritera que desde Aguada a Rincón y del Pepino a Moca», le han echado miedo a su familia. A Santiago Santoni, ex-alcalde, de Rincón, «por poco lo enloquecen». Quisieron embrujarlo con un fufú de muerte. Considerándolo ya, por lo que a él personalmente ha sucedido, cn esta epidemia de espiriteros de Pepino, Vale alega que es una conspiración de negros que invocan la Real Cédula de Gracias de 1815. No otra cosa dijo Domenech cuando se traslenguaba como Alejandro Cantero, el catalán. Sería una advertencia que le dan los espíritus mediunímicos por el intento de los transterrados por vigorizar la industria azucarera y con ello perpetuar la esclavitud y la opresión del africano en los cañaverales.

«El espiritista es un agitador escondido». Sólo que no viene, con bandera de político. Se disfraza de catalán con voces de uiltratumba. Y ejemplifica con la voz con que el negro retinto Domenech comunicara al guía Alejandro Cantero. «Así han echado sus mentiras. Asustaban a la gente de iniciativa en el campo».

No se equivoquen. Un ex-alcalde de Aguada, Agustín Domenech, fue buen amigo de la familia Santoni. Orientó a Domingo a que comprara tierras en Rincón y Quebradillas. «Juan Martin Domenech de Arce es una linda cepa y él también fue Alcalde». Santiago Santoni llegó a Rincón. Querían extenderse a Hormigueros, Isabela y Ponce, según crecía la parentela. Santiago tuvo por amigo a Luis Chiesa, ex-Alcalde de Rincón, y luego de Pepino. Conoció a los mallorquines de Saltos, que son Domenech también, y a los Vidal de Perchas. «Y ahí le dijeron: No hagas éso. Con familias de Isabela no te metas; no compres ni tierra allá. Que ninguno de tus hijos se meta con los isabelinos. Allá hay muchos negros brujos. Allá son brujos hasta los españoles y, si saben que son dominicanos, los embrujan».

Han pasado tres o cuatro generaciones desde que la familia Santoni recibió la advertencia y, según se lo han pasado de boca en boca, hasta hoy que el Vale Santoni lo pondera, el meollo de este asunto es político. Lo disfrazan; lo ocultan en vaporosos éteres ultratúmbicos, pero es odio contra España, contra el dominicano y contra el anexionismo. En los tiempos del Gobernador Mendizábal, cuando se hizo un poblado en honor de la Reina de España, unas familias españolas, residentes en San Antonio de la Tuna, en la parte izquierda del Río Guajataca, y ésto antes de fundarse Pepino, veinte años antes por lo menos, fueron apartadas de Dios por los espíritus. Esto lo dijo Alejandro Cantero: «Que la maldición del dominicano en Puerto Rico vendrá del poblado de Isabela».

Posiblemente, Vale Santoni racionalizó, discutiéndolo a fondo con Oronoz Font, historiador ex-oficio. La maldición que echó Cantero mentaría que Isabela se excedió de población esclava. Los mismos peninsulares, como liberadores, no serían otra cosa que remedos de negros, en apariencia blanca, con el alma africana. La llamada orilla izquierda del Río Guajataca, fue la que correspondió al barrio de La Tuna en el área del puerto. Allí, por desgracia, se asentó una villa pesquera tomada por la cimarronería. Ciertamente, un buen lugar para hacer un poblado a la Reina Isabel, la monarca de España, pero, para hacerlo en justicia, se tendría que vencer la resistencia de la gente oscura. Convencer a los pescadores de admitir el gobierno y los nuevos pobladores, que son la gente blanca.

Toponímica y geográficamente, San Antonio de la Tuna siguió siendo lo mismo; pero, no las almas de los pobladores. Cuando se efectuó la primera procesión, los Corchado no fueron ya los Corchado; los Piñero no fueron ya los Piñero, los Avilés no fueron los avileces ni los Juarbe no fueron ya los Juarbes. Allá, en toda esa área, el indio y el esclavo cruzaron sus almas y el que viniese tendría que hacer lo mismo.

El mestizaje de las raza sno es el problema que conturba a Santoni. «El espiritismo es cosa con la que yo no quiero cuentas». Esto es lo que, realmente, le molesta. El sincretismo cultural que surgiera.

Y él halló el culpable. Le dio el nombre de dos ancestros isabelinos. Gente de San Antonio de la Tuna, gente que convivió con cimarrones: Corchado Juarbe.

3.

Todavía está obseso. Ha creído que Santo Domingo debe controlar las contínuas olas de inmigrantes desde Haití. Es cierto que el país vecino ha sufrido. Papa Doc Duvalier es un demonio y utiliza el vudú, la hechicería y, aún así, no sale de su grave crisis política y económica. La violencia en su escenario no cesa. Es la razón por la que Trujillo Molina los odiara. El haitiano es un guache despreciable.

«No. Yo no justifico qué se hizo», dice Vale Santoni.

«En Moca se prendieron alrededor de 800. Hacíaseles levantar el brazo izquierdo y los verdugos les hundían la bayoneta en el corazón. Los niños de pecho, cogidos por los piesecitos, eran lanzados contra los árboles», cuenta Luis Mejía.

«En el Santo Cerro, provincia de La Vega, en un zanjón, enterraron seiscientos haitianos. Casi todos fueron ejecutados con machetes, puñales, y bayonetas. Se les obligaba, antes de sacrificarlos, a cavar sus propias fosas... Cuando las víctimas salían corriendo eran cazados como fieras. Muchas familias dominicanas escondieron sus sirvientes y cocineras haitianas para salvarlas».

«No, yo no lo permitiría», grita conmovido cuando recuerda que fue real. Que lo leyó en la prensa del final de los '30. El dictador Trujillo pagaría a 30 dólares por cabeza, como compensación a Haití, al saberse que pudo haber sido tantos como 20,000 muertos. «Aquello fue peor que la Matanza de Ponce», le dijo el albizuísta más criminal que había en Pepino, el mentado Jenjibre.

Todavía está obsesionado con la suerte de la antilla. Y tiene el nombre de varios culpables para explicar las causas. «El espiritismo». El maldito vudú, seudocristiano. Y, cuando más divaga, ya disparatero y con un traguito encima, mitad jugando, mitad filosofando en el Casino, en esos días de Fiestas Patronales en Pepino, a la memoria le viene el nombre de Corchado Juarbe.

Y es que que ese apellido, como los negros, lo persiguen. Le mienta la abolición esclava, el espiritismo, el liberalismo subversivo, al socialismo de Mingo e Idelfonso, la Barcelona de Epifanio Manuel Liciaga Juarbe, la propuesta de Manual Corchado, ex-diputado a las Cortes Españolas, de que el espiritismo sea parte del plan de enseñanza de los estudios superiores.

4.

Sin embargo, un día que caminaba por la plaza le dieron la noticia. Uno que sabe que e; tema dominicano lo revienta.

«¡Mataron a Trujillo, don Vale!»

«¿Qué? ¿Qué dice?», se exaltó. Fue como si le dijeran que mataron a su padre.

Siguió al muchacho un buen trecho por asegurarse que no inventaba tal cosa por pura jorobancia.

«No fastidies conmigo, ¿dónde oíste eso?»

«Por la radio, don Vale. Por la radio y me acordé que usted es dominicano».

Y él corrió a su casa a informarse, sintonizando una radioemisora. El es ya puertorriqueño y por generaciones. Se equivocó el muchacho. Mas la sangre llama. Paco Domenech se lo dijo: «Los espíritus no conocen los límites del tiempo. No funcionan basado en los relojes. Ellos se asoman a las almas. Al karma. A las pasiones dominantes. A los sentimientos escondidos, ancestrales, a las ruedas energéticas del alma. Al inconsciente colectivo y sus cargas genéticas de instintos».

Indice / El pueblo en sombras / Vale Santoni / 53.

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Rafael Leonidas Trujillo / La Naranja / Blog político / Bibliografía pepiniana /

Friday, February 15, 2008

Ganas tengo hoy


Ganas tengo hoy, ayer y ahorita mismo
porque todo soy, menos estéril.
[Yo jalo a gusto y no me canso].

Detrás de la brecha que me corta
porque pasa y se atrecha por la Calle del Generalísimo,
doce leguas de Bajos Fondos he fundado.

Un barrio tengo con chalupas hermosas
que arrechan al feo y al bonitillo, al coñete miserable
y al espléndido, a golfos que se inauguran en la folla,
al jilipolla, maricón sin la cresta adoquinada.

Ganas tengo hoy, ayer y mucha vida
por semejanza con el talle y silueta de mis curvas;
se tuerce mi camino al Seno de la Vírgen.

Consuelo de muchos bandoleros ha sido ir,
subir a mis altares, abrir los muslosal mito de mi nombre.
Bajo un puente de mi rumbo pasean las colegialas
con cortas hazalejas, con las bragas vencidas
y me salgo de ruta y veo y me comparto.

Lito con ellas y por sus amoríos.
Doy sombra y brañas y chumberas.
Soy quien espanto al perro vomitero
que persigue al gato.

En el gordo maldecir de los gallegos
son mis besos herencias de baturros,
tercos, nobles, cachondos,ejemplares.

Virgen, mi nombre de misterio
[vieja sí, a veces], pero caliente siempre
y hoy y ayer y ahorita mismo, fuera
y dentro como puta de barrio.

http://es.geocities.com/baudelaire1998/zonacaracter1.html