Tuesday, February 03, 2009

1. Profecía de la mujer infiel


Ví a la mujer que dijo a cada varón
que conocía: «No creo en tí».
En momentos de ira, ella gritaba:
«No te deseo», porque tenía
su jardín en la oscuridad de Occidente
y el Sol no llegaba a la huerta y los pétalos
de sus rosas se cortaban, si alguna vez cortados,
marchitos, escuálidos, con el color violáceo,
sin esplendor, de una llaga.

En la puerta de su casa, la más amplia
de las puertas que ví, había cerrojos
arriba, candados abajo, pestillos
y pasadores a los lados, y mucho polvo
y telarañas. Un rótulo leía:
«Prohibido Entrar», y en el interior,
si alguno entró antes que se clausuran
las ventanas, alguno sería que vivía en terror,
o en tentadoras indulgencias.

Dicha no había. La alegría
no estaba allí, sino la rutina,
la aridez, porque esa mujer no tenía
útero como la Madre Fértil que yo conocí.
Su feto fue el accidente de sus cautiverios.

Nadie la llamará Emperatriz
[a ella quien presume la ética de muchas
jefaturas, y siempre está en pie
con función ejecutiva]; nadie la llamará
Sacerdotisa porque no conoce los ritmos
de la Luna ni los plenilunios; una corona
ciñe su cabeza y son doce calaveras
como si fuera pirata en laguna del saqueo.

Codicia, ambición, sus lemas; nadie ha visto
su túnica, han dicho que es gris
y que sobre ella se orinan los gatos
(todos pardos en la noche eterna)
pero, utiliza una bandera multi-estrellada
de algún imperio que le dice Triunfadora.
A sus pies no hay espigas ni semillas
que se valga sembrar, ¿dónde?
sin el Sol, su huerto es un ortigal.

Nadie le dirá dueña de Abundancia
ni hija de Vav, ni conectora, ni bienechora
por su influencia en el mundo.
De legiones de sombras está rodeada
y la Cornucopia de las Delicias está vacía.
Sirvió en sus banquetes alimentos tan rancios
que ninguno de sus comensales aprobó
y la miran con caras largas, estómagos vacíos
y no catan el vino, siquiera el agua,
porque es agua de Mara.

Nadie la llamará Motivadora
porque sus mensajes agravian el placer
de vivir. Su demanda es la Lucha, rigidez;
su verbo son: Litiga. Castiga. Vence.
Corta la raíz. Abrete, mundo.
La puerta es ancha. Echalo, humíllalo.
Atosígalo. Niégate. Tírale tus ventosidades
a la cara. Házlo sentir innecesario, vale-poco,
inadecuado, insignificante, espurio.
Que viva la mujer en despecho.
Que viva el feminismo.
Ellas primero; yo, la mujer.

... pero ví que la Mujer no tiene armadura.
Ningún varón la protegerá porque a la inocencia
desolla como a carneros blancos
que huyeron a la distancia, curiosos de su jardín.
En tierra de cabos sueltos vive, con féminas
que le forman corifeo; pero que nada regulan
siquiera su lealtad. En tierra de elementos
caprichosos, ella dijo: «Estructuro, ordeno»,
y falsamente lo declara, porque su poder interno
es impulsivo y traiciona la Verdad
del Tzadik-emet.

Profecía doy de la Mujer que se fue de Tiferet,
esfera de Rajamim, misericordia, y se virilizó
con lo peor del varón y con quien no dio
de su ser a otros, morirá. Ninguno vendrá
en tiempo oportuno a consolar su amargura.
A la que cerró su útero para la benevolencia
costará que vuelva en teshuvá a Hashem.
Lento veneno será su falta de humildad.
Cárcel le será su homofobia
y sinceridad no tendrá de sus amantes.

Profecía doy de su caída con dolor
porque su hija vive en la orfandad
siendo Hija de Rey, hija de sacerdote
y él es un Carnero blanco, y la llama.
Espera a la que no vendrá
.

De El libro de la amistad y el amor / Indice
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