Sunday, April 06, 2008

Canción del éter


¡Oh, Agni! ¡Fuego sagrado! ¡Fuego purificador!
Tú que duermes en el leño y subes en llamas brillantes
sobre el altar, tú eres el corazón del sacrificio,
el vuelo osado de la plegaria, la chispa escondida
en todas las cosas y el alma gloriosa del
Sol:
Himno védico / Ciclo ario

Everything then, emits
LlGHT ... everything ... everything.
We live in a world full of SHINING
matter!:
Barón Karl Von Reichenbach



Como del éter el pan imponderable.
El éter es mi fe, una fe que emite luz,
fe que vibra en mi ventana, la carne viva,
mi luna de apetitos, mi sol de sensaciones.

Yo digo tengo un Alma y no es sólo lenguaje
ni un terreno de símbolos. No es sólo voz antigua
que llega hasta el presente. Con el alma defino
al cuerpo mismo y a la vestidura luminosa
que no veo, pero teje en mí como araña
su misterio y me da gravitaciones, espirales,
quanta, ondas, supercuerdas,
más alma cósmica y espíritu.

Mi fe es un éxtasis cotidiano de sustancia,
entusiasmo dionisíaco, pese a que el mundo
despedaza mi canto y me prohíbe el pan que como.

Digiero el éter, principio capital de la cosmogonía.
Lo proceso como alimento secreto, más sutil
que la tierra, el fuego, el aire. Lo absorbo
como si el viento solar lo metiera en mi boca;
lo como, no por miedo a la noche,
no por arrebato de luna, no por ninguna histeria emocional,
no por miedo a lo invisible; yo no necesito amuleto
para asomarme a la ventana más real,
mis sensaciones, mi cinco sentidos.

Proceso el éter digestivamente. Lo trago.
Lo inhalo. Lo expiro. Lo bendigo
con los ojos abiertos, en razón intelectual
y en emociones; pero el éter es fe, el odylo
que la ciencia no quiso, el chi, el prana,
el orgón, la quinta esencia, el alma del mundo,
el agente universal imponderable,
el fluído cósmico, luz astral del Verbo,
inefable fusión de mi vida y el cosmos.

A veces al aether lo sudo por los poros
y es más luminoso que lo que Aristóteles creyera
cuando lo llamó energía oscura. Contenido en mí,
acudo a más memoria de mis continuidades
y sigo siendo el hombre sembrado
como árbol en carne natural y, sin embargo,
el poeta en mis palabras se conmueve.
Es fe por la acacia perpetua, el árbol que no muere,
siempre verde, el árbol previsor
que dejó atrás el Destino, el pasado, el dolor.

Por eso, en los tiempos de una ciencia cuantitativa,
sin calidad de misterio, y del agnosticismo
con exaltada soledad y dogmatismo fatuo,
seguiré comiendo la palabra, el texto dulce
que transmite mi sonido por la luz.

Agni es mi boca hambrienta, mi intelecto creador;
Soma es lo que como de él, sustancia de su fe,
esencia de su Ser, sol y luna unidos.

El pan que me alimenta a diario tiene la potencia
de un cristal que quema; como el prisma
que origina colores donde sólo hubo resolana.
Ahora vendrán los alcoiris tras el rayo de luz.
Zeus mismo lo dispara.

En los ejes ópticos del cristal, yo siento
la energía; veo chispas, azules de cielo,
la dimensión de la pureza ódica. La luz vibra.
Da calor y dice, desde ese abrazo:
«Encenderé la zarza ardiente del Horeb».

El pan que me alimenta es sensorium Dei,
el cerebro de Dios por Paracelso descrito
en el fondo de los alambiques, por Newton
designado éter que llena intersticios del espacio
entre astros y constelaciones, entre soles y planetas.

Mi pan es fuego purificador, chispa escondida
en todo, hasta en mis sentidos,
a flor de piel; la fe quema. ¡Quema
como si fuera llama gloriosa del sol!

5-11-2002 / Estéticas mostrencas y vitales


http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-espirituales-misticos-religiosos-ateistas-y-o-filosoficos/140096-la-cancion-del-eter.html#post1331453

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