Saturday, November 08, 2014

YO NO FESTEJARIA CON ELLOS / de CUENTOS OSIRIANOS


YO NO FESTEJARIA CON ELLOS



«This is a great challange of our time, the storm in which we fly. History is, once again witnessing a great clash. This is no time for impatience and self-defeating pessimism... We are ready for war!»: Presidente George W. Bush

            En los días que elegí para Tu Ofrenda, días de recordación y espacios arquetípicos, Tu templo, no dancé con tu cuerpo ni te orbité. No pude invocarte ni en silencio.
            Un nubarrón de luto estremeció mis venas. El frío se aceleró de un golpe en medio de repique de tambores. No hubo voz que dijera: La bondad es infinita.
            La salva de cañonazos avanzó. Entonces, puede que yo fuese Gerónimo / el Terrible / que asesinaba las palabras debidas. O apropiadas. A mi diestra: Nelson Miles o el Gran Discursador, rey-sacerdote, que nos ataba la lengua, Bush, hijo; y han sido muchos de los que con él bebían o aún beben  sangre.
            El día fue llamado Solemne. Ese momento se replica desde hace 445,000 años que, desde lejanías de Sirio, fuera de nuestro sistema solar, llegaron los hijo de Anu, señor del Cielo, y empezaron a buscar minas de oro encima y debajo del Golfo Pérsico. Fue más fuerte que ninguno, maligno como demonio fue Enlil. Tú, Durga, fuiste una santa bendita comparada con estos anunnakis del Origen Perverso de los dioses que marcan nuestros días.
            Para hacer celebraciones en el día que fue llamado Solemne, o Macabro, según las miserables lealtades de los oprimidos o los engañados, todas las prudencias convencionalizadas acudieron, ocuparon el parque. Se sentaron junto a la Gran Tarima. Maat dejó que el Sol pasara sobre el Nilo. Cursó así todas las esquinas, examinaba el caudal, celosa de la espuma, el musgo, las ondinas.
            Como el mayor cómplice de Enlil, el presidente estaba allí, perfecto guachinango con los ojos fijos en escarabajos de la orilla. El jefe de la CIA, el jefe de los jefes del Pentágono, el Gran Estado allí todos llegaron, solemnemente vestidos, aderezados, circunspectos, para ver a los deudos del Quebranto, a los que necesitan la bendición de autoridades temporales y disputas rituales con lo Eterno.
            Ataron con cornil a bueyes del deseo. Calcularon el número de lágrimas, se pidieron credenciales a los llantos. Todo estuvo en su lugar, en la zona segura, acordonada; allí, con las pirámides de la Física Clásica,
presidía el Logos, el análisis, el control absoluto.
            A ninguno se quiso descalzo, o con sandalias, ninguno con T-shirt, ninguno con coleta o melena de desgarbo. Nadie que sea descortés que esté presente, ninguno que gesticule en bruto sea admitido.
            Nadie con aretes en la oreja, o tatuaje visible, se aproxime, nadie con angustioso rostro o con olor a tufo, nadie con patas de cabra, o tarros de cornudo. Ninguno con dientes neguijosos.
            Exento sea del podio quien no admita los Nuevos Paradigmas y su noción del riesgo.
—La guerra es lo sagrado, han repetido—. No se vea al penco con los ojos salaces. No se tome una foto al que está espatarrado.
            Evítese la escena del que se rasca el orto; todo debe ser perfecto, con objetividad racional, preformulado.

            2.

            El día fue llamado Solemne. Bush estaba allí, y la pobre Condolezza, figurón marginal de la sombra, y Colin Powell, el Neandertal más ocre de la cueva, y Chenney, quien buscaba su mirada para hacerlo portavoz de otra mentira, porque ambos, uña y mugre, óxido de uranio tienen por hemoglobina.
            La prostituta se apoya en el arquetipo del verdugo, dijo Maureen B. Roberts, PhD. Y siendo asi, con mi verdugo, anduve. —A diez calles, por lo menos, te vieron...— Que me contaran no fue necesario, te corté el paso y te llamé, pero cruzaste de largo.
            —Ven a darme consuelo—, le grité. —Entretenme con tus mentiras que no soporto este paradigma de  muerte y Enlil, el benevolente, no se asoma hace ratos por los cielos de Sumeria.
            Te metiste en una luna de maula: eras la Maya que niega, la proyección que engaña, la víctima que con-dena.
            En la Harbor medio-vacía por causa del evento, Memorial Day, homenaje a grandes héroes y familias crédulas al virtualismo entronizado, te vieron y me cuentan que pasaste comiendo de las culpas que los demás te transfieren. Tú tomas y dejas, surtes y olvidas. Este es tu consuelo, por lo menos.
            Vestida ibas con gracia de tus nalgas. Plata líquida en tus haldeares, intensa virtud, tus piernas y el movi-miento de tu sieso, ¡qué delicia, mayativa, descocante!
            Con fortaleza y audacia te exhibes. Con pantaletas azul celeste de tu antiguo cielo, atrapas.
            Robaste el privilegio de ir en desvergüenza por la calle y echas la escandalosa durante el Día Solemne y estos robocops del Estado Vigilante nada dijeron aunque diste la nota discordante, ramera caprichosa, efeba desobediente.
            A cambio de dinero admitiste la gumía, la daga turca y la exacción, te diste precio por vender jera y placer al mejor postor, así me heriste, Luna de la tarde, madre de la noche.
            Llevaste tus senos perfectos, quirúrgicamente diseñados. Tus labios como flechas de ballesta daban besos, tu saliva debió ser  como lava de volcanes porque quienes te compran chupan del bote y son felices, se repiten en noches continuas de macanda y tú con ellos, fletera, y ellos contigo, son felices.
            En los quintos infiernos no es donde te buscan; eres ya accesible objeto de la calle, tu jarana lasciva tiene hoteles a tu paso, coches que te llevan donde quieras por servicio, nenorra. Erotismo por paga.
            Fuiste la única puta que salió a la calle a proyectar su verdugo interno, amenazante. Duro y parejo te dan y tú resistes; yo no, te perdí, capulina, y estoy triste porque yo también amé tu araña venenosa y sus precondiciones instintivas.

            3.

            Los sentidos son tus puertas hacia el éxtasis: Tony Buzan No soy yo quien te culpo. No que haya dejado de quererte. Yo abrí todas mis moléculas cuando vi tu Luna llena y eras sacerdotisa de tu propia llama; yo te llamé Mi atracción, gravedad del ansia. Te entregué mis ladridos. Por un fulgor de tu aroma masturbé cada espacio de penumbra, el que tú iluminabas, porque eras ya Una en mí y yo contigo, el Todo.
            Tú me enseñaste a agrandar mis pupilas y me asomé a mil ventanas cuando te posabas en la noche, gentil mariposa caída a mis talones.
            Nada te escandalizó entonces. Tú, sin jerarquías, nada prohíbes. Te dispensas, entera, peludona, tersa como rosa de piel, tenuemente naranjuda como papaya y sandía, melón abierto, para mutua algarabía.
            Tú, espiona, por revelar el caos, la compresión infinita con su deliquio singular y dulce, te pusiste a gatas y a danzar locamente, a perderse, a clavarse en giros del cósmico espín gravitatorio y ¡gozamos pues que tarde fue! tú, entorchada con el rabo a mi deseo; yo, hundido en tu íntima anonimia. ¡El éxtasis! lo eterno.
            ¡Sí que fuimos dionisíacos  antes que se cumpliera la plenitud de los tiempos del profeta; sí que sabíamos de ángeles / sátiros y de monismo puro, sí que estuviste satisfecha de la verdad de tu cuerpo, tu templo femenino, ovario ctónico, el monte santo donde la zarza encendida fue pez con hocico caliente y su estallido viscoso, jalea del pan que brindo, vino que bebiste conmigo!

            4.

            Te alimentaron con miedo, otrora fiera de nuestro amor gozoso; te vistieron con ansiedad mezquina,
animalito lunar que, a orillas de los ríos entraste al agua y me hiciste pescar tus pezoncillos y comerte a besos.
            Te dieron la enagua de la angustia. Te cosieron el corpiño del enojo. Te amarraron la rabia a las costillas. Destruyeron tu unidad biológica hasta esquilmar la hermosura de tu interna noosfera.
            ¿Ahora dónde está la magia de lo cotidiano, tu divertida noción de caos, tu guiño subterráneo que cautiva, dónde está tu duende que responde al mío, tu fantasma que a nados me alcanza en el fondo del agua, dónde la vieja autoestima de zorra que no vende sus verdades, su sentido de honesta certidumbre, dónde tu nalgatorio desnudo, suave como pétalos, túrgido por voluntad de forma y energía?
            ¿Dónde tu voz me da rugidos, a dónde llevaste tu madriguera cálida, tu feroz sustento, tu espíritu-materia, tu monismo puro?

            5.

            Yo no te culpo, guerrera de demonios. Quien arrebató tu riqueza innata otro ha sido, sin madre, sin olfato, sin ojos enternecidos. Alguien fue que, extirpado de su matriz de animal de bellota, ufano y de oquis quiso hacerse hiperrreal como el dualismo y odian al cuerpo y a pequeños ángeles que lo habitan, criaturas gozosas, tiernas, energéticamente seductoras.

            6.

            En la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente uno de cada dos               muertos fue un no combatiente. Hoy día la población civil      representa más de la mitad de las bajas: Mary Kaldor

            Yo no festejaría con ellos, personeros de ultraje, asesinos armados en ventaja; ellos son los que atacan tu presencia y en tí vistieron luto.
            Ellos matan a civiles indefensos. Lanzan bombas que cercenan a niños; a ciegas reparten su homicidio organizado.
            Yo no les buscaré más en la tarde en que la Luna asoma, en la noche en que sus brazos extraño y me siento tullido, diezmado, cercenado, por su ausencia.
            Tú eres mi ofrenda, memoria verdadera. Tú, puerca que andas en la calle pensando que tu hermosura es pingajo, tú, mi hostia sagrada, que besuqueas a los nuevos Apolíneos, intelectualmente arrogantes, crude-lísimamente hartos de sabotaje y discursos triviales que sólo exaltan al verdugo intelectualizado.
            Vagué por Harbor Avenue, calle del vicio, calle profana, donde ocultas coraje e impotencia, y te vendes y engañas. Fui a saberte ahí, a dolerme con tu inmundo despilfarro de energía, a verte vivaracha y compartida en tu doble vida de desastre. Y, sin que dejara que nadie te ofendiera, te busqué, te llamé por tu nombre más divino, Durga-shakti, Amada... y te fuiste de largo, sí, me desconociste, Amada mía.


[NOTA DEL EDITOR: La Avenida Harbor, en Santa Ana, es foco de prostitución y comercio. En la Mitología Sumeria, los Anunnaki son una raza superior, conquistadora y beligerante. Son fieros, malignos, hedonistas, incestuosos, engañadores, dominantes, sedientos de sangre, practicantes de la esclavitud, carnívoros y, en ocasiones, caníbales. Demandaban sacrificios humanos de vírgenes entre los pueblos conquistados.  En general, se les conoce como Ducaz (reptilianos) y Pers-sires, dos grupos que e disputaron la supremacía del mundo y en torno a los cuales la ciencia ficción arguye que se han empotrado en las hoy vigentes esferas política, financiara, científica, religiosa, legales, militares, médicas, y posiciones en la industria del entretenimiento y la industria sexual].


            Orange County / California / 2004

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