Friday, May 07, 2010

Lamento ante la representación del Ego



«Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal»: Génesis 19:26

Amarga cera de Sara, tú no eres la saraí
que quiero, la Sara-lazo, sin sal,
que no es mar(a) amarga del agua del sur
ni cueva miserable de Zoar.

No eres mar muerto al sur de la llanura del Jordán.
Ni evocación del humo en grandes cantidades
que vio Abraham saliendo de pozos negros
con sal y azufre petrolera. Seas pues salificada
como mujer presuntuosa, arquetipo de Ebla
en Tell-Mardikh
porque para el Ego fuiste hecha,
como símbolo de lamento
aunque tengas dos crías, hembras con vientres
más dulces que la miel.

Amarga no quiero la visión de Ezequiel
que vio a los hombres en hambre
y malas bestias que los destruyeron;
y vio pestilencia y sangre pasando por el vecindario
y vio al narco que metía sobre ti su cuchillo.

Y Ezequiel no lo quiso decir; pero tuvo que hacerlo:
«Yo Jehová he hablado» y el Tiempo no tiene compasión
porque el tiempo que el hombre forja con crimen
se hizo, se cumple como destino y, si El no hablara,
verá que como multitud por riqueza y política
entre ellos se siguen matando
y transmiten la suciedad de sus vicios a sus generaciones
y forman mujeres amargas, golpeadas,
fatuas, tontas, esclavizados con su consentimiento
y como aquella que vio la guerra que venía,
entercada dijo, «pero no abandonaré mi hacienda»,
Vio los pozos echando humo y dijo:
«El Sur es bueno
y no quiero cruzar el Jordán. Venga o no, el volcán
de sal y ceniza me quedo»;
mirad todo lo que hay en el Ego
que prefiere ser la Estatua de Sal de la amargura
antes que obedecer el espíritu que minifiesta:
salva a los niños porque ellos no pueden huir
de lo que viene, échate al hombro al anciano
que ya no camina, porque las Maravillas
de la Sal se aproximan.

Los volcanes de tristeza erupcionarán,
se abrierán las grietas de las temeridades.
El mundo se ha vuelto siniestro y se desprecia
a la cuñada viuda y se masturba el cínico
en rincones, donde aún no hay lepra de egoísmo.

¿Quién ordena la aniquilación de los primogénitos
de Egipto, quién ordenó los infanticidios?
¿Por qué, Ego, lamentarás hoy
si pudíste evitarlo? Tú lo hicíste, Consciencia Amarga.
Tú desobediente, Estatus Quo de canónica injusticia.

Ahora no silencies al profeta. Ni lo culpes
ni al que reprueba tu iniquidad lo persigas
ni desmientas. Es tu obra, Ego.
Mirad que los veteranos y mercenarios mueren
como mueren bajo sus propios mares de muertos
y mira a los que lucran sin compasión
en medios de sus campos de cosecha.

El desastre que traen con sus cosificadas lágrimas
de granizo, no lo envía dios alguno; tú lo hicíste.
Todos los que han llorado, o se explotan
en canteras de esclavitud y en soledad, viven con frío
como hielo de la granizada. Y ayer, no tuvíste
piedad. Los oprimíste.

Amarga cera de Sara, tú no eres la saraí
que quiero, la Sara-lazo, sin sal,
sara por Lot inmerecida. Como lepra
de Miriam, siempres has intrigado y Moisés
está triste con todo tus actos,
como Lot afligido en las cuevas que habita,
triste cuando la Mujer de Sal consiente sus terquedades
y no piensa ni en la familia ni el marido.

Tú eres la Estatua del Ego, el culto
a la desobediencia, el tributo a la muerte.

2.

«Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos»: Lucas 17: 27:32

Cosificado sea el Ego para que se pueda
arrancar y despeñucar como a las piedras.
Reducido sea en roca de sal y que mire atrás
sin nostalgia de sus muchas traiciones.

Que al Espíritu no se lleven sus antecedentes,
memoria arruinante de la bondad.

Cosificado sea. Que se vuelva abundancia
en el lamento por rumbos de la llanura de Sodoma
y el monte de Hebrón.

Que se comprenda como polvo del desierto
y como sangre de Medusas
que no eran para sí; ni dignas compañías
ante un sacerdote de Melquisedek.

El Tiempo se va y a ella no la detiene.
Crece el ego, cosificada sea
porque contiende con el alma de Lot
a quien dice: «Mi marido no plantará sus tiendas
lejos de las puertas de Sodoma».
Pero gente de guerra y de vicio porfían.
Como la gente de Adma y Zeboim.
Cosificada sea la que respondió:
«Yo no quiero que andes con Abraham.
Ni que vayamos al Norte al encinar de Hebrón.
El Sur es bueno»;
pero, tras la batalla de Sidim,
no fue tan bueno y lo decían los sueños
que no son por las cosas mundanas
con que ellos prosperaban en el Sur...

Cosificada sea ella que sólo agradece
verse viva, en prisiones del mundo
animal y turbulento. Y Lot bendito cuando dijo:
«Pero no tenemos dignidad.
Estamos solos y Abraham nos necesita a su lado».


«Yo no quiero que andes con Abraham.
Ni que vayamos al Norte al encinar de Hebrón.
El Sur es bueno»;
pero el Sur habría de ser destruído
porque el Sur es el Ego, el capricho,
la temeridad, la guerra, la sodomía con la epidemia
de la prosperidad, el lujo inmundo sin-Ser.

Y Abraham llegó para el rescate de Lot
y Abraham era el kairós
del oportuno tiempo bueno. La Fortuna.

«Venga mi parentela amada.
Que Sodoma corre la misma suerte que Gomorra,
Adma y Zeboim: Van a ser destruídas».

Y ella dijo: «Regrésate, Abraham. Vuelve al Norte
y al encinar de Hebrón. El Sur es bueno».


Y Lot le dijo, «cabeza de roca tienes
Mira que se anuncia dolor y la bendición
viene del Norte, ¡ay, hembra de las cosas,
de la abundancia falsa del No-Ser,
no me cosifiques a mí también!»


Y lo perdieron todo.
Ella fue lo primero que perdió.
Se hizo sal, mirando con menosprecio al justo
y a Lot le vino el miedo de vivi en Zoar
y se fue a una cueva del monte con sus hijas.

El Tiempo cosificador casi se lo quita todo
y no quedó ningún varón en la tierra
si no Lot viejo y sus hijas
para fundar la nación de Moab
o la prole del Ben-Ammi.

3.

Hay ocasiones que son sólo un instante
que multiplica crecimientos, que hacen de un segundo
casi eternidad; hay kairós que no se pueden
tirar aunque el tiempo no espera por nadie,
y vira y la espalda y se va.

La gente quiere cosas, entes, ónticos progresos
y en la premura del tiempo es que traiciona al kairós,
ese instante que multiplica alargadas
e intensas ocasiones de amor.

El tesoro de cada momento tan misterioso es
como traicionero y fugaz; él tiempo no espera
al que necesita un abrazo, al que sufre,
al que está solo, encuitado; el tiempo
pasa por las cosas como un anónimo ladrón.

Y, bendito sólo es, no el indiferente
que elude ocasiones afectivas
y a la extraña multiplicidad del sentir.
Bendito aquel que pese a que el tiempo
lo empuja, lo presiona, se detiene un instante.

Consolará al otro y que las cosas se vayan
con el tiempo o sin él. El gesto del kairós
es abrazar a quien llora, sin mí,
y a quien su edad y crecimiento
puede que dependa de este instante.

Esta ocasión oportuna es el punto de amor
que sonreirá,si me detengo junto a sí,
y no voy por el rumbo de las cosas,
dizque las importantes para el porvenir.

Hoy detengo el tiempo por él,
haga un instante en la eternidad, o al menos,
en el durar, en el ir y volver porque me necesita...

Es ahora o nunca porque tampoco
el amor espera menos que el tiempo.

22-01-2003

4.

A mí jamás me gustó estar desencantado.
Ni tragar polvo ni verme humillado.
No me gusta la culpa. Ser-deudor
de aquello que no entiendo.

Por eso, aunque tenga una glándula
venenosa de víbora o serpiente
alojada en algún rincón de mi cuerpo,
aunque una tracción para el arrastre
y giros sospechosos a flor de la escamada
de mi tallo y frágil esqueleto,
supe que nací para el fuego de la sabiduría.

Que el engaño está fuera de mí,
no dentro, que si me agreden me defiendo
y muerdo, porque al hacerlo marco lo que es
desierto infértil y selva feraz y esplendorosa.

Me gustan que me encanten, con algo de cautela,
y arte especialmente, arte inocente
porque eso parece amor, aunque no lo sea.

Por eso pienso que yo soy una cobra
o cualquier ofidio, si me tratan como si yo curara
y en el fondo de mis potenciales, amigo.
Los amigos son alumnos de las curiosidades
y, ¿quén más curioso que yo?
que trato de ver hasta en el polvo, alimento,
y busco, agua de la Fuente Mayor,
algún oasis, nostalgia de Paraíso,
y árbol al que pueda enroscarme
humanamente y volver a ser erguido
como una torre voladora, como un signo
en el alto puente hacia la Vida.

10-09-2003

5.

a Adonai ha Aretz, a quien no siempre dí alabanzas

Para ser digno del Señor de la Tierra,
ese que menciona el Tanaj judío
comencé siendo como una hebra de pelo,
como pajita de una espiga de trigo,
como sucio que se acumula en mi prosapia
de Lot en la negrura de la cueva,
como rubio cabello que te entrega tu hija
cuando no hay otro varón en las llanuras de Sodoma.

Uno no es más que el ojo ciego que distorsiona
un rayo de luz, uno primero no canta,
uno es lo que revuelca el viento,
uno es la culebra en el polvo,
cana al aire de un simio pedante,
barba agrisada, caída, de un viejo sufrido,
apaleado de vida, soledades, lamentos.
Uno dentro de las contingencias de la Cueva de Zoar.

Se acumula yo no sé cuánto dolor
y se es humanamente el otoño antes que la primavera
y se es el espejo antes que el objeto auténtico
que desde él se atestigua verdadero.
Pero la luz viene en la niña con su hebra salvadora.

Para ser digno de Adonai, en la Tierra,
el pantano es primero, y uno la gota sucia
antes que el loto; después vendrá el salterio /
Tehilim / salmos / alabanzas / no antes
(aunque siempre como haya sido Arriba
ha sido Abajo), sólo que uno no lo sabía.
Uno lo comprende cuando sobrevive
y da gracias por no estar solo
y con tus propias hijas de luz formar el alcoiris,
el puente de la Esperanza.

Y lo que más se parecía a la Bondad Infinita
era el relámpago que casi nunca te tira la cabeza,
pero, aún si quema el campo, queda en el Cielo
y hace ruido y te asusta, pero no pasada nada...

Ahora puede que yo esté muy lleno de canciones.
En el fondo, con más discreto regocijo;
pero ya no vivo en Ein. Mi reino de Malkut
ha cambiado y veo la cabeza asomadilla
de aquel que me dice:
«Ese eres tú.
Como es arriba es abajo».


Tú eres el verdadero Señor de la Tierra
y ser Señor es ser-humano: Adonai ha Aretz.
Ya se acabó el mundo salve, aquellas pruebas
de los pozos negros, del volcán humeador
de tu pantana. Ya no hay Estatua de Sal
que detenga en Adma y Zeboim,
en Sodoma y Gomorra.

«Háblame como si ya fueras rey de abajo,
Adonai Melekh, habla de la Fortuna de Kaph,
de una Mano / Nube / Palmera que te dio sombra
para que no vueles en pedazos.
Agradece, Carlos. Te hice un mundo y te dí
dos hijas, que se acostaron contigo
en el lecho del futuro promisorio...
Quien tenga miedo al infinito no me merece».


«Es cierto que la Luz llimitada ciega, deslumbra,
pero, mira donde ye puse, bajo mi Palma.
Con mucha sombra para que no te quejes
de soles insoportables, Ein Soph Aur
de mis plenitudes. Tu universo físico
es alegría de mi luz, te hice el manifestado
y en tí, tengo cuerpo, hijo mío, y en tí
hallarán cuerpo tus hijas y sus niños,
Tu Pueblo».


¡Como ya lo sé, te alabo!
Mi corazón ya no endecha despojos.
Estoy por tí individuado.

10-09-2003

6.

Al hombre especial especial del futuro

Soy un hombre especial que se pregunta
qué es serlo y no se confía de que otro se le diga.
Quizás especial porque, siendo-para-la-muerte,
la muerte que concibo es tan generosa.
Es más vida y soy triste porque mucha gente
no lo sabe ni me lo permite y eso te vuelve filosófico.
Medito detalles irresueltos sobre la dicha y tengo
la memoria de cuando no fui feliz
y me rogodeaba en todos mis defectos.

Uno no puede tirar el pasado, sin tirar una parte
de uno mismo y tener en menos defectos
de los que aprendíste mucho.

Sí, yo recuerdo cuando era impaciente,
queriendo ser perfeccionista, sí, hasta terco
y gruñón era... lo que terminó enseñándome
que soy hosco y hostil sin querer serlo.

Sin embargo, todo lo que tenía que gruñir
lo gruñí; las antipatías que me provocaron
otros terminé perdonándolas, porque así se marca
la verdadera distancia entre aquellos y yo.
Y eso es maravilloso. Sientes que no odias a nadie
y que puedes ser cordial de nuevo
y así es que he querido ser siempre.

Respetuoso, cordial, amigable o, al menos,
neutro, sin tener que golpear, herir verbalmente
a nadie... y lo he logrado.

Ahora ven que sonrío, que no soy solitario,
que me gusta conversar, que no suplico confianza
de nadie, porque sé medir lo voluntario,
sin coacciones, no me gusta tener el poder
que no merezco, ni influir a quien no lo quiere.

Quiero ser individuo. Nunca me han gustado
los rebaño; si tuve alguna vez que ser res
y entregarme en aplausos, aquiescencia,
júbilos inauténticos, ya hubiese nacido res o mico,
o papagallo y yo he nacido hombre,
hoy más dulce que amargo, más tierno
que voluntarioso, suspicaz o calculador.

¡Caray, qué bueno es decir que uno es
un hombre especial en sus términos!

09-09-2003 / Las zonas del carácter

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