Saturday, August 27, 2011

El hijo mimado y la hija resentida / cuento


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Por CARLOS LOPEZ DZUR
Citados por la Adminstración del Instituto privado de enseñanza de varones, se hallaron dos padres, amigos que llevaban tiempo sin verse. El mayor, porque se hizo un hombre exitoso, empresario de restaurantes y bares de categoría, sí pudo, sin penurias «colocar en camino del bien a su primogénito». Su otro amigo no pudo, aún queriéndolo, con su hija, matricularla en un colegio de excelente nivel, de la primaria a la preparatoria. La tiene en un colegio católico, privado y contiguo al instituto, pero la nena se queja de que estudia «en una suerte arcaica de monasterio» y verse rodeeada de monjas la cierra automáticamente en cada ranura de alma, la resiente. Detesta a quien les hable de virttudes morales, honor y buenas costumbres y, sobre todo, de la religión cristiana, más criminal e hipócrita que el fundamenatalismo islámico.

La muchacha es hermosa, lúcida, pero no adorable y la superiora escolar la llama «la resentida», siempre que la juzga por su aire aburrido y a veces desafiante, pedantesco. Dicen que de la internet aprende más que de lo que la instruye el colegio. Y, en rigor, del colegio católico ya la queren expulsar, porque su actitud no es buena y ha echado pestes hasta de su padre, quien para pagar sus estudios allí realiza mil sacrificios. Dos turnos de trabajo, ningún descanso en fines de semana.

Por otra parte, el empresario, hombre de mayor edad, está sorprendido que la hija de su amigo de la infancia, ex-empleado suyo en otro tiempo, quiera emparentársele. Está noviando con «mi muchachito mimado» y no tiene empacho en decirlo. Su hijo ha sido criado para que encaje en este colegio que cuesta como si fuera Yale, o un instituto para niños aristocráticos.

Una limousine lo dejaba en el instituto en la mañana y lo recogía en la tarde; pero, al niño mimado ya se le corrigió la conducta de protesta. Ya no se levanta irritado ni se acuesta tarde, al parecer. Sueña con estar en el instituto. Poca es la televisión que ve, no como antes, esclavo de la pan6alla y el cable. Ya ni juega en su playstation ni envía más mensajes por teléfono o chatea en Internet, no más mensajes que los necesarios. «Es un niño modelo. Una chulada de chamaco», dice el empresario, a quien ya le han platicado suficiementemente de la NIña Resentida, hija de su amigo.

Ahora ambos comparan viejos tiempos. sus épocas escolares cuando se tomaban camiones, hediondos viajes por larguísimas distancias y, a veces, en la necesidad de echarse a patas el sendero de la escuela.

Este primers es uno que se casó bien; el otro, un enfermero, mal casado con mujer pobre, soñadora e ilusa, que le abandonó y le pegó los cuernos. Lo rustró en la carrera de médico con el abandono y la infidelidad. No terminó sus estudios por cuidar a esa niña de sus ojos, la resentida.

«¡Ah, sé que a tu hija no le falta su Ipod, blackberry ni computadora. Mi muchachito me ha dicho que ella es experta en equipos digitales y él la llama, cuando tiene dudas sobre cómo opera todo eso, olo descompone. Ella es quien programa el celular novedoso que mi hijo tiener, o su nextel y Lap».

Parece que elogia a la hija de su amigo, pero no es tan cierto. No la quiere. Sobre ella piensa que es, como su padre, una muerta de hambre, sólo que no es beatona, sí una 'hijita de puta'. Saldría a la madre. Sabe que se ha acostado par de veces con su hijo. Que quiere emparentar con la clique de millonarios.

Es ridículo. El tiene más que meditado lo que ha de ser la vida de su muchachito cuando deje el colegio. Lo casará muy bien. Le cultiva sus amistades, aunque él mismo no lo sepa. Se llevará muchas sorpresas agradables. Por algo es su consentido.

De él, tan orgulloso padre observa: «Es cierto que estos chicos de hoy Idolatran amigos que ni conocen en rigor. A ver, ha conocido a su hijita que no es de su clase. A su modo él la querrá, peor es que haya muchachos que idolatren a falsos personajes de los realitys de la mtv. pero yo me cuido de pasar ante él, mi muchachito lindo, como un hombre que, por viejo, ya que me casé tan tardíamente, posee sus ideas y métodos pasados de moda... Animo sus novedades y locuras. Le doy buenas cuotas semanales, mesadas de confort... y no es nada personal, no te ofendas. Si es cierto lo que te dijo tu hija de que su cuota mensual de gastos libres no le alcanza, te miente, porque mi hijo le da de la suya. El es quien la anima a participar de paseos de campo. Le inventa trabajos de equipo y sólo porque le ayude con sus estudios».

El enfermero no entiende de lo qie habla su amigo. No sabe que su hija ha noviado con este sujeto, hijo suyo, que en el colegio tildan el Niño Mimado

«¿De qué hablas?»

«¿No sabes, de veras? De mi hijo».

Admite que su hijo no es listo. Parece mentecato por algunas cosas. Mas, si se graduara deficientemente, si no alcanzara profesión ni oficio, él seguiría manteniéndolo, pagándole sus deudas, servicios y hasta los partos de sus hijos. «Yo trabajo para él; siempre le digo, tú goza de la vida y no te preocupes». El amigo enfermero se llena de vergüenza cuando el empresario licorero utiliza a su hija como ejemplo de lo que no quiere: «No seas como esa nena que te hostiga, amargadita, que la mucha inteligencia deprime».

El obeso vejete, que cuando flaco y casi viejo desplumó una viuda y le sacó la cadena gastronómica de doce restaurantes de comida fina, filosofa que los tiempos y las oportunidades cambian y hay que cambiar la mentalidad de los años cuarenta y cincuenta, o sea, la conformidad campesina, como la que caracterizó su infancia o el pasado.

«Yo, como tú, me levanté de madrugada a ordeñar las vacas con el abuelo; y viví frustrado por no tener vehículo, andar a pie sin zapatos lusterados, coger lodo del salpique y los charcos y bajar la cabeza ante gente conr trabajos gerenciales o funcionarios, y ahora esa gente hasta me pide dinero, o cuando no, favores... yo no voy a hacer como mi abuelo, o como dice tu hija que eres: Que le sacas en cara lo que te cuesta su colegio, que la preparas desde ya para que aprenda a ganarse el dinero con honestidad, el alimento, la ropa, el costo de la estancia en la casa en la que viva, sea que vuelva del colegio de monja o se regrese casada... ¿Por qué haría yo infeliz a mi hijo con cada recibo
de luz, agua, renta? ¿Por qué no comprender que son ellos diferentes a nuestras generaciones? ¡Yo no quiero que mi muchachito pase los trabajos y carencias que yo pasé! Te digo, amigo, la Depresión la dejé en el pasado. No somos los mismos sufridores de los años '30 y '40, las décadas de carencia, compkejos y hambre, ¿eh?»

«Pero usted es millonario y yo no. Eso hace la diferencia».

«Ah, el caso es... ¿quiere o no quiere a su nena?»

«La adoro, pero no la mimo. No quiero que sea una sangüijuela... ni se críe de tal modo que, cuando menos me lo sospeche, por estar en una escuela pública y poco supervisada, regrese a casa con un embarazo, o con el hábiro malsano del
éxtasis, o la coca, o el gusto por antros de alcoholización y nihilismo».

Se sintió muy orgulloso de expresarlo en esos términos porque ell gordo le parecía prepotente y, como siempre, dudoso amigo.

.... y, al fin apareció el director que esperaban. Habían sido citados por la Adminstración del Instituto privado de enseñanza de varones y fue cuando uno de los padres, sintió el escalofrío. «¿Y yo que hago aquí? ¿Me habré equivocado de colegio o de cita?» En realidad, no se había planteado en todo el año la situación de silencio de su hija ni había descubierto, en tres visitas realizadas al internado, por qué quien hoy lo cita es el colegio contiguo. No hay nexo instritucional entre ellos.

«Seguramente, le sorprenderá por qué este colegio de varones le citó».

«Efectivamente y supongo que no ha de ser ninguna cosa pertinente a este caballero. Llevo muchos años sin verle. Caramba, 15 años para ser exactos, los que tiene mi hija, estudiante del colegio vecino», explica el padre.

«El asunto es que la Administración del Instituto quiere un acuerdo amistoso entre ustedes dos». Y le explicaron que el Muchachito Mimado no quiere casarse con La Resentida; pero, la muchacha es de armas tomadas y, con una pistola, se apareció en un aula en el colegio de varones y pidió justicia al alumno. «Me sedujíste aunque soy menor de edad; te burlaste de la clase media con tu jactancia de rico y me vas a pagar el chocho como nuevo o te mato».

La quinceañera está bajo supervisión médica y policíaca debido a un estado depresivo. Al parecer, al colegio de monjas no han llegado noticias del percance.

13-03-2003 / Del libro inédito Microrrelatos
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