Wednesday, July 02, 2014

COMEVACAS Y TIZNAOS / LOS INVASORES COMO AGUILAS / CAPITULO 8


CAPITULO OCHO
Los invasores como águilas

 

            Mi tesis, tras haber estudiado las Partidas Sediciosas, como la respuesta másespontánea y genuina del anhelo innovativo de los participantes es que, en Puerto Rico esta lucha campesina surgió del afán, no reaccionario, por romper con el pasado, no de conservarlo. El estímulo para la violencia fue creado porla polarización entre ricos y pobres, que fue aguda, y que pese a la legislación liberal que trajo el Estatuto Autonómico fue insuficiente para distraer la mentalidad de que el poder plutocrático quedaba intacto en los pueblos de laisla. La clase privilegiada quiso nuevo marcos de poder; la campesina, una justicia largamente debida.

            Por supuesto, Puerto Rico ya tenía una idiosincracia latinoamericana, caribeña,que conserva y las ofertas inciales para dar un marco jurídico a su identidad colectiva se presentaron con los EE.UU., a la postre, su nuevo amo. Esta fue la ilusión de muchos, especialmente, la clase obrera urbana y el campesinado. Para algunos importantes líderes de las partidas campesinas, el salto a la esfera de Barbosa, o el ilusionismo del incipiente Partido Republicano (anexionista, asimilista) fue fácil.

            Avelino Méndez fue el ejemplo. Los republicanosbarbosistas utilizaron el prestigio de profesionales de talento, como los pocosque había en Pepino, para predicar sobre un nuevo sentido de identidad dentrode la esfera mayor de la identidad jurídica estadounidense; Juan Tomás Cabán,en respuesta, decía que más vale ser cabeza de ratón que culo de león (Echeandía Font, loc. cit).

            El sentido estricto, desde el cual se percibe el ser nacional puertorriqueño, vigente aún antes del hito externo de la Revolución de Lares, y al que invocoaquí, proviene de una definición de Juan José Hernández Arreguí:  [1]

El ser nacional emerge como comunidad escindida, en desarrollo y en discordia, comoproceso en movimiento, no como sustancialismo de la idea, sino como unacontrastación, velada o abierta, de las clases actuantes dentro de la comunidadnacional, no como nostalgia de los panteones y ornatos de la historia, no comouna paz, sino como una guerra. El ser nacional, en última instancia, pugna porcimentarse sobre las oposiciones de las clases sociales que luchan por el poderpolítico. En síntesis, el ser nacional no es uno, sino múltiple.

            Es evidente que la invasión norteamericana de 1898 propició uno de losmomentos más críticos en la vida puertorriqueña. A pesar de la miseria que sufría el grueso de la población, no habría un espacio para mentir, o hilardelgado sobre los sentimientos nacionales. Las disyuntivas para elegir, o no, sedieron en el escenario más definidor y escindente: O colaboradores de losyanquis o pro españoles (aún el autonomismo con ribetes afectivos, o sentimentalmente pro-españolista, el hispanismo culturizado, tendría  que tronar).

            En otro extremo, la opción fue: Con los yanquis o separatistas. O europeos ocriollos, donde la esencia de lo americano-criollo se fijaría por el contraste explícito con lo europeo-metropolítico. En algún sentido general, aunque nomenos práctico, la disyuntiva fue la Doctrina Monroe, tal como la postuló el sector puertorriqueño inclinado al anexionismo, desde antes de la invasión estadounidense, y que repetía: O pasado o cambio. Si se optara por elpasado, éste sería revalidante del colonialismo europeo ante una doctrina que, desde 1823, quedó planteada en el Congreso de Washington y que dispuso que en el continente americano es el deber que se considere a cada país fuera delintento de ser colonizado por las potencias europeas. España debía ser considerada como el rival amenazador de Europa en el traspatio de los Estados Unidos.  [2]

            Y volver la cara a España, tras la guerra, sería materialmente imposible. Estas son las ideologías y subproductos («ideolo-gemas») que permearon este momento. Las mismas se infieren del discurso opinante y las memorias de las gentes entrevistadas.

            España representa el pasado que se claudicó a sí mismo y cedió paso al poderío norteamericano. El Desastre del Guacio y las ambivalencias del Coronel Julio Soto Villanueva, Antonio Osés y Pedro Arocena y Ozores representaron el derrotismo y al ejército español desmoralizado. Con España no habría futuro. Los alzados del campo coincidieron con los gringos en plantear que España fue el rival europeo.

            Según testimonios orales recogidos en Pepino, a esta cáfila de insurrectos se la supuso el disuelto Séptimo Batallón de Voluntarios  que, otrora el coronel Julio Soto Villanueva tuvo bajo su mando, y que «molestocon la cobardía de ese hombre» (sic.) echó a rodar su propia agenda deresistencia «contra gringos y españoles» (Entrevista con el Lcdo. Pedro A. Echeandía Font, loc. cit.)

            Miembros de esta partida (La Mano Negra) se personaron para dar muerte a Soto Villanueva en la casa de Cirilo Blandín, donde él se había refugiado y, entre una de las razones motivantes para hacerlo, se mencionó el nulo apoyó que dio a los voluntarios de ese batallón durante el Combate de Hormigueros del 10 de agosto, donde entre heridos y muertos cayeron 12 milicianos. Mas, según se fue articulando el quehacer de estas partidas, se infiere que las motivaciones de los ajusticiadores per se fueron mucho más amplias que castigar a militares y traidores.

*

Bibliografia

[1]  José Hernández Arregui, ¿Qué es el ser nacional, en: La Consciencia Histórica Iberoamericana (Buenos Aires, Editorial Hachea, 1972).

No comments: