Monday, August 24, 2009

Guía interior para no ser piedra de tropiezo


Sé que vivo entre fieras humanas,
gente a quien la codicia y el miedo desesperan
y se lanzan a morder y depredar al prójimo:
la mayor parte de la gente que usted llama
«buenas personas», por usted no ponen
la cabeza en el asador, no digo por mí...
ni por sus madres.

Quisieran hacer algo por el amor, pero, el amor
parece muy abstracto, sublime, lejano, cósmico,
cuando se trata de la necesidad «aquí y ahora».

... pero, aún así, la mayor parte de la gente
no es tan suficientemente mala
ni tan suficientemente buena
porque la necesidad funciona en base al egoísmo...

Y primero he de ser yo, yo con mi yo,
yo con la excusa del prioritario y ontológico Yo
que no es tan bobo para ceder su turno
en la fila de los alimentados,
en la fila del buen empleo
o de la buena suerte...

La gente buena dice «cuando yo tenga,
yo te doy», pero «déjame tener a mí primero...
Consuélate pues». El malo, porque los hay así,
tan depredatorios y hienas, te dicen:
«Si llego a tener, me vengo de todo lo sufrido».

Sé que vivo entre estas santas / buenas / fieras
(de condicionado amor y turno) y no las debo
despreciar. Jamás.

Ni poner el pie, a escondidas, cuando se accedan
al premio que clama su egoísmo o cuando son los primeros
que llegan a la meta, aunque tengan escasos méritos
o hayan vivido sin escrúpulos...

... pero, aún así, aunque el amor del que se habla
parezca poco o demasiado sublime para que se crea,
lejano, cósmico, dudoso, incierto,
hay que amar a esas fieras
y no ponerles el pie,
porque si no... uno es igual a ellas
y manda pal'carajo la esperanza.


De: Las zonas del carácter

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Saturday, August 22, 2009

El Día Uno



a James Meredith (1933- )

«I was engaged in a war. I considered myself engaged in a war from Day One. And my objective was to force the federal government – the Kennedy administration at that time – into a position where they would have to use the United States military force to enforce my rights as a citizen»: James Meredith

El Día Uno

El primer día de mi vida verdadera y conscientiva yo lo llamé el Día Uno. El Día Uno de mi libertad, el día uno de ser un guerrero. Cuando ya había regresado de la Fuerza Aérea, a pocos años, durante el verano de 1955, lo preciso, mataron a Emmett Till, vecino de Chicago que visitaba con su familia Money, Mississippi. Yo creo que mi corazón estaba en el cuerpo de ese adolescente de Chicago; yo me he atrevido a silbar a una mujer blanca, como diciéndole usted es hermosa, y no creo que se me tenga que matar por eso.

He entrado a tiendas de la gente blanca. Veo que abren los ojos, azorados, temerosos. Creo que no soy invisible, ni un marciano o venusino ente intergaláctico. No tengo por qué sufrir que alguien me juzgue con horror. Siempre trato con amor a la gente. Y, generosamente, me visto el uniforme militar de la Fuerza Aérea para que me tengan confianza. Soy ciudadano de un país, cuya Constitución tiene una Carta de Derechos, digamos que en defensa de esta nación, yo me hice militar, en cierto modo / guerrero.

Este día ha cambiado mi vida. Ahora entiendo cuánta razón tenía mi padre durante los tiempos que hablamos... Cuando secuestraron a ese chico negro, sólo por ser negro, yo me acuerdo de mi niñez, de mis padres y mi familia toda; cuando lo golpearon salvajemente, el dolor que se aplicara contra él es en mí que duele más intensamente. El disparo que matara a Emmett Till se me alojó en alguna herida. La mujer que se ofendiera por un silbido que le echara el muchacho debe estar llena de odio y debió ser la que haya sido arrojada al río de Tallahatchie, aquel 28 de agosto. (¡Mire usted si he cambiado!)

Estoy dentro de ese féretro abierto mostrando mis heridas. Este féretro de Emmett Till es cada calle por la que voy. Todo lo que me hace sentir amenazado, prohibido o a punto de ser asesinado. Es el féretro de la consciencia atada, escupida y obstruída. Ese ataúd le pertenece a cada negro estadounidense. Conversé largamente con los abogados de la NAACP sobre Emmett. Ellos me ayudarán a que mis heridas no duelan tanto. Quiero que ese ataúd ya no esté más abierto, porque dentro está un ser humano que gime todavía y echa gritos de dolor en las calles de Mississippi.

La NAACP y yo libraremos una batalla. Cerrar ese ataúd es asunto que compete a un negro y el Gobernador. Ross R. Barnett proclamó que «mientras yo sea Gobernador, ninguna escuela será integrada / no school will be integrated in Mississippi while I am your Governor». Cada día que se me diga que yo soy un negro silbando a una mujer blanca y que ahora vengo a silbar con las hijas universitarias de los hombres blancos, es como si autorizaran a que venga una turba sobre mí. Es un acto de secuestro, maltrato y homicidio, ya no contra Emmett. Contra mí. Es alguien que abre el ataúd y blasfema el dolor que hay dentro.

Supongo que ese Día Uno yo fui visible por primera vez. El Gobernador reconoció que yo existo. El Fiscal General de los EE.UU., Robert Kennedy le hizo conocer a Barnett que yo soy un guerrero. Supongo que Emmett no llegó a ver el Día Uno en su vida; yo no voy a dejar que me obstruyan el Día Uno.

Barnett fue multado con $10,000 y sentenciado a cárcel por desobedecer lo que la Justicia Federal le dijo: Un joven negro necesita comenzar sus estudios. Ese joven soy yo. Y no vengo a silbar a ninguna mujer blanca. Vengo a cerrar todas las heridas que se infligieron sobre el cuerpo de un adolescente. Vengo, si quieren verlo así, a sacar del río el cadáver, donde se le halló con la cabeza destrozada por los balazos y el despeñamiento.

Antes de ese verano, yo no era pretencioso. Quería ser uno más de los que estudiaban en el campus de la Universidad de Missisippi desde esos tiempos, pero el miedo.... el miedo... ya, cuando el 20 de septiembre de 1962, dí mis primeros pasos hacia la entrada, me sentí envalentonado, pero no se me dejó entrar; volví el 25 y tampoco y después el 26... yo quería un Día Uno de mi vida, como estudiante. Tenía ya un diploma de negro, una victoria legal que ordenaba mi admisión a la Universidad de Mississippi, la expectativa de verme fuera de la doctrina Separated, but equal. Pero también... tuve enemigos. Uno tan importante como el Gobernador y sus turbas de elitismo racista.

2.

Para que James se educara, en su natal Kosciusko, Mississippi, él tuvo que convertirse en guerrero. Sus batallas comenzaron durante su infancia. Había quien pensara que el niño no necesitaba más instrucción que la que la madre imparte ni más trabajo que el que asignara el Papá. A James le dijeron que tenía que ser más negro, más puro, no indio, para que se le respetara. Y pudiera ir a la escuela; pero él fue y se acostumbraron a verlo y quererlo.

Los Meredith y su ancestro se peleaban con parientes que tenían más pura la sangre de Choctaw; unos le pedían al pequeño Meredith que fuese un indio obediente, así «cuando crezcas se te venderá licor y la marihuana, la talarás tú mismo por ahí, en tus andurriales, camino a casa». Otros le decían: «Vé a la escuela, para que aprendas, por lo menos, a ver la cantidad que te pagan y reconozcas tu nombre con letras, no sólo por el oído».

«Mas Papá fue más terco». Instruía a James, que oía con respeto... porque ambos eran listos y entre gente lista, se abona la empatía y la sinceridad... «Yo quiero ser un guerrero, Papá». No eran cosas de niños, o boberías. Le dijo: «Prepárate para serlo». Y puede que mucho antes que el discurso de Stokely Carmichael en los '60, ofrecido en Greenwood, Mississippi, James se lo oyera a su padre siendo niño: El negro del país que se una como UNO, que reconozca su herencia y que ayude a construir un sentido de comunidad, porque el blanco va a decirle: «Somos iguales y esa la mentira más grande entre todas la que forman la Tabla de Valores de la sociedad blanca».

Su padre dijo más: «Entre un guerrero y su víctima hay una diferencia enorme. James, ni somos iguales al indio ni al negro ni al blanco, ni siquiera dentro de una raza hay igualdades... «¿Por qué, si dicen que somos iguales: los blancos nos solicitan que estemos lejos de ellos, por qué morimos más pronto, por qué hoy bebemos más alcohol que en los días de la Ley Seca, o los días en que éramos esclavos y fue la tristeza más visible? Hoy comemos más, pero seguimos con altas tasas de tuberculosis y, James, cuando eras tú demasiado niño para verlo, a los negros los linchaban en los caminos. Los colgaban de los árboles... Para el blanco son las drogas de sulfa, al negro el remedio casero del yerbero. En Mississippi, la salud se basa en la clase. Y nosotros tenemos una clase con una mala dieta, una raza de gordos con problemas cardíacos y estrés y con mucho vicio de alcohol, una raza dolida por linchamientos, amenazada y marginada».

«Es una mentira. Nadie es igual a nadie ni por el color de la piel... A unos la inteligencia se les despierta tarde. Unos no aprenden jamás, sean los más blancos o los más prietos. Unos no quieren justificia, porque son blancos malos, otros son preferente blanco de las balas y las golpizas, porque son los guerreros buenos... Recuerdo cuando se me decía: Tú, Cabecita chata, lo que tienes que ser es agricultor; como fueron las tribus de la Muskhogea, al este de río Tombigbee», así decía una negra delgadita, la única que conocí que lo fuera».

Posiblemente, la Madre de James supo algunos secretos sobre la adecuada nutrición y el vestir menos la tela de lana que la de algodón. El varón es quien no quiere control de nacimientos, pero, sí él advierte que en el campo la higiene sanitaria debe ser modernizada. Con tanta abundancia de manantiales, ¡qué muchas casas de negros no saben qué es el agua potable, agua limpia por el fuego! El blanco se queja de que el negro es maloliente. Bueno, a bañarse más y a menudo es una forma de desmentirlos y aprender disciplina de guerrero...

«Viven y comen como si fueran marranos. Por eso anglosajón y el judío dicen: Separados es mejor. Quédense allá. Allá pueden ser iguales, sí... iguales entre ustedes, ¿me comprendes hijo? ... ahora te diré algo sobre la universidad. ¿Quieres ir? Hállala también en cada lugar, en la conversación con otros, los tranquilos y viejos con el corazón eterno, en el presente transitivo... La gente cree que la Universidad lo enseña todo, que allí está el almacén de la Verdad y la Sabiduría. Acuérdate en las universidades están muchos demonios encerrados. Los perseguidores y manipuladores de la Consciencia y de la Libertad. Los centros universitarios son los más penetrados por la CIA; son campos de batalla, donde se pelea una guerra de baja intensidad, que es la más importante de todas, porque es infiltración de una clase por otra y el proyecto de influir en los paradigmas del pensamiento social».

Ya cuando su padre no vive, James cuenta los días en los que será un ciudadano, no un ser mutante y escondido. «Porque los negros jugamos al camaleón y cambíamos de color, James, aprende a vivir. No estás exento de que un día venga el blanco a besarte las mejillas y después te apuñale por la espalda, cuando estés desprevenido».

«James, házme caso» para que no suceda ésto... Le han negado varias veces su admisión universtaria a la UM. Dicen que Bob Dylan sabe de su caso. «James Meredith won a lawsuit that allowed him admission to the University of Mississippi in September 1962». Cuando dicen en Oxford Town que «James parece un chico bueno y patriota», ya que sirvió en el Army, otros recuerdan: «But he is still a nigger!» ... Bueno, en la naturaleza misma de las cosas, nada es liso y parejo, nada es igual ni homogéneo.

Después James se matriculó en Jackson State College en 1960, hizo dos años de Ciencias Políticas, en un afán de entender cuán profundamente enferma está esta sociedad que su padre no quiere. «¿Ves, América, que yo soy un negro bueno?»

A su padre le habría gustado que él estudiara medicina porque, en los ghettos hacen faltan médicos que instruyan a las negras primerizas. La medicina de excelencia se combine con la boca de científicos sociales, porque los pobres se están poniendo gordos, demasiado gordos para correr en caso de motines y quemazones. Y las franquicias de comidas rápidas colocan mucha grasa en los sesos. «¿Ves, América, que yo soy un negro bueno? Lo que haya sido invertido en mí, tarde o temprano da frutos».

Ahora, hasta su propio padre, especula en torno a qué puede estar pensando Dios sobre el dinero y aquel que lo tiene en abundancia. «If you want to know what God thinks of money, just look at the people he gave it to». ¿Se lo habrá dado a los blancos porque ellos son mejores? James no sabe a quien ha citado su padre. Habrá sido algo que leyó durante la Era de Roosevelt, cuando su padre, dijo que FDR, con la firma del Acta Wagner y el establecimiento del Seguro Social, estaba trayendo esperanzas a los obreros, unionados de los sindicatos y los envejecidos jornaleros. «People at least are getting something to live on in their later years». Los amigos de su padre y los jóvenes de los decenios 1950s y 1960 todavía no se enteraban de que el progreso, cuando viene, llega con mejores salarios, menos horas de la jornada de trabajo, más ocio, plus Medicare -- y un seguro de salud para la gente vieja.

El que se repite «Que la piel no cuenta, que por la piel no se sufre... sufre el alma, que hay que ser bueno, no un revoltoso que inspire el odio... regresó del Ejército porque el dinero, Dios no se lo dio a Papá ni la Era de RFD lo premió, para que pudiera dar algo más que consejo ... «Pero, ¿qué te hizo a tí el indochino, James? ... porque elogió el nombre de James Meredith y, tras terminar, la escuela preparatoria, ingresó a la Fuerza Aérea. «Que si los coreanos no le cayeron bien, es la misma cosa de que las insidiosas objecciones al que tiene la cabeza chata y los ojos oblicuos, gente de los Choctaw». Y, porque sirvió a la aviación militar, a su regreso, se James comportaba como si ya lo que viniese a ser su destino fuese una transición hacia la blanquez. En Jackson State College, comenzó sus planes de ser el primer indio de cabeza chata, guerrero negro, afroamericano, que rompe las barreras... del Día Uno. Las que Emmett Till no pudo romper.

3.

Previo al Día Uno fue escoltado secretamente para que participara en el proceso de registro como alumno. Seleccionaría las clases, según unos folletos de orientación, pagaría los costos de matriculación. Quería sus 18 créditos. Tiempo completo. De hecho, ese día los alguaciles federales, patrulleros de frontera y guardias de la prisión federal se apostaron alrededor del campus. No estaría solo.

Lo dejaron llegar hasta el Lyceum Hall. Pero según avanzaba el día, se reunieron centenares de estudiantes para verlo. Algunos levantaban el puño y se decían solidarios. Una enorme pancarta reproducía la fotografía publicada en la revista Jey: el cadáver de Emmett Till, que ya era un fantasma vivo por el predio de la universidad. «Unas 50,000 personas pudieron haber visto el cuerpo de Emmet Till durante el funeral en su casa de Chicago»; pero, ahora habría que ver su recuerdo encarnado en el negro que desafiara al Gobernador.

Estudiantes blancos y otros blancos iniciaron disturbios esa misma noche. Descubrieron que estaba en los dormitorios. La presencia de los alguaciles fue el mejor delato. Entonces, le arrojaron piedras y botellazos. Esa misma noche, un periodista extranjero fue muerto frente Lyceum Hall. Quería entrevistar a James para el London Daily Sketch y las balas alcanzaron a 28 alguaciles. A menos de una hora de fragor, entre los perros del odio y del racismo, se halló el segundo cadáver posteriormente.

El levantamiento segregacionista hirió a 160 estudiantes (48 policías entre ellos), a pedradas y botellazos. James ni siquiera se asomaba a la ventana. Oía los gritos. Reflexionó si era mejor abandonar el ideal de ser guerrero. Su mente se fue hasta su adolescencia y las primeras confrontaciones con la dureza de su destino. Y conste: no se le dijo el Gran Jefe Mushalatubee ni otro cacique, de sangre mixta, que se hizo llamar Pitchlynn, o Peter Perkins. Toda esa gente fue buena. No anduvo armada. Hablaron un idioma que él ya desconoce. Esa gente fue como la que él quiso ser hasta que la pobreza lo llevó a Corea. «Cuando ellos se quejaban de opresión y maltrato no se dieron cuenta que la perspectiva de ese sufrimiento fue la separación. Han admitido la palabra del Hombre Blanco, que el verdadero Gran Cacique, que dicta para blancos, negros, mestizos y mulatos, su doctrina: Separados pero iguales; «nosotros somos el Jim Crow voluntario». Medita si vale la pena seguir SEPARADOS, porque iguales no somos. «Mira cómo ellos, blancos, atacan a sus policías blancos, lastiman a estudiantes blancos que me apoyan por llegar con mi cabeza chata y mis labios bembos».

Después de que la policía de carreteras de Mississippi salió del campus, el presidente Kennedy envió al ejército regular para suprimir el levantamiento segregacionista. Meredith pudo iniciar sus clases al día siguiente, gracias a la presencia del ejército.

El Día Uno que James vive preambularmente y del que aspira a que sea el primero de su libertad, no ha llegado todavía. Ya no tiembla en sus manos un telegrama fechado el 4 de de febrero de 1961. Había escrito sobre el telegrama «No Soy Libre Aún». Lo relee. Lo tiene sobre su cuaderno dentro de un aula. Medita como en la noche anterior que los imperativos de la sociedad blanca son antisociales; pero duelen en la sociedad más pobre, que es la suya. Desde que la negrada como grupo se emplea y educa en la ciudad, ya no sabe para quien trabaja. Abundan los accidentes industriales y las farmacéuticas, los hospitales y las agencias de seguro, forman equipos ominosos. En la universidad, hay policías blancos defendiendo su paso franco y expedito por los pasillos, pero él los oye. Se lamentan de que el caprichito de un negro mueva el Establecimiento a protegerlo, sacan cuesta del costo financiero, de hacer rey a un pobre indio-negro-a son of bitch, a final de cuentas.

Decía su padre que la Sociedad Blanca mata con la hipertensión y el estrés, utiliza asesinos silenciosos que se originan en las condiciones sociales. La principales causas de enfermedades modernas son ambientales. «The largest kilers!» Entre el 70 y 90% de todos los cánceres se origina en querer estar unido al blanco que no los quiere; «pero, ni el mismo blanco se quiere a sí mismo. El blanco quiere su dinero. Que nadie venga a quitarle lo que él mismo ha robado». James dice que su padre, si lo hubiera visto en uniforme, sería para que defendiera a los negros. Un guerrero que sabe lo que quiere. Que no se venda a la CIA... Su padre lo soñaba, si algún día él fuese capaz de no dejar la escuela y estudiara con denuedo, el primer médico de los Meredith. Guerrero espiritual. Gran consejero. Pero, al estudiar Ciencias Políticas, su idea es conocer la Ley y demostrar que la política es, a largo plazo, una medicina, «la que llamas Medicina Espiritual, Papá».

Su padre habría entendido que él quiera ser abogado. Esa es la meta por la que quiso ingresar este verano a la Universidad de Mississippi y, aún más, despuésd querrá ir a Columbia University. Espera que ya surja esta agresión que ha visto en el campus de Oxford Town. Que no tenga que comerse la uñas esperando un telegrama que diga un No al Día Uno, como Mississippi que prefirión hundir en violencia al campus antes que desistir de la segregación educativa.

4.

Alguien se lo dijo: «No abofetearás con guante negro la cara mi Gobernador». En meses fue el único blanco que le dirigió la palabra. Puso un diario del día sobre su mesa en la cafetería. Como siempre, James comía solo, aislado por los blancos y los extranjeros. Leyó el titular de la portada: Charges on Barnett dismissed by the 5th Circuit Court of Appeals. Nadie multará al Gobernador. Ninguno lo acusaría ni lo hallaría culpable, haga lo que haga. Ninguno debe llamarlo racista, aunque sea un homofóbico crónico. Después el estudiante blanco gritó, voz en cuello, el titular leído y los que daban sus espaldas a James Meredith (por la idea de no verlo) enderazaron sus asientos, se voltearon y miraron al que dio tal pregón. «No hay delito. Barnett es inocente». Aplaudieron y vitorearon, con mayores gritos, el nombre de Barnett. Manoteaban en las mesas y hasta tiraban servilletas humecidas hacia el negro.

El terminó su almuerzo, pero, por momentos, estuvo a punto de salir huyendo. Aquella cafetería universitaria parecía un circo pavoroso, encuentro con bestias de infiernos mitológicos. En las noches, hasta altas horas de la madrugada, sus vecinos de habitación en la sección de dormitorios, jugaban el baloncesto. Saltaban al parecer sobre el piso de maderas, rebotaban un balón en las paredes, todo para provocar a James y descubrir cuánto soporta de martirio. El balón disparado al mismo definía el impacto de un temblor con movimiento oscilatorio, capaz de echar el edificio abajo.

Por meses y meses, él vio cómo no fue bienvenido a ningún diálogo. Si se sentaba en una mesa en que estuviesen blancos, al segundo se levantaban a mudarse de asiento y su mesa quedaba vacía. Estaba olvidando lo que se llamaba sonreir y aquel don tan suyo de añadir a todo: Muchas gracias. Bendito sea usted. «Y pensar que Emmett perdió su vida por silbar, «qué niñas lindas», a mujeres de este tipo, elitistas, narcisistas, macabras, cómplices desvergonzadas de este síndrome de deshumanización y antipatía.


Por querer salir, con su diploma, cuanto antes, intensificaba su poder conscientivo y su memoria. Se graduó el 18 de agosto de 1963. Fue el resultado de meditar en una frase que le escuchó a Carmichael: «Un hombre que pierde la conciencia de pueblo pierde la conciencia de sí mismo». Por eso un día, saliendo del campus de Oxford Town, por un rato para quemar en un cigarro todas las penas, vio la escena más hermosa en años: «Los gorditos de su vecindario», esos manduletes que juegan en los parques llamándose «Bro» unos a los otros. Jóvenes negros de los que no han conocido aún las promesas decantadas y pomposamente publicitadas sobre la alta tecnología para el cuidado médico: son negros a los que nada se les cumplen. Ahora le han tratado de «Hermano», le han sonreído y cree que está en el paraíso. Alguien le dicho: «Bro, el cigarro mata» y después. «God bless you, bro!»

No todos son iguales entre los negros. Lo que iguala es el amor y la Doctrina de la Separación, dentro de la fantasmagórica igualdad, es la evidencia de que el amor está escaseando y vivimos en estado de emergencia. No todos son iguales entre los blancos. James ha ido a ver a un amigo nigeriano, vive fuera del campus, y le recuerda que los dos asesinos de Emmett fueron declarados inocentes y que deliberación de 67 minutos por parte del jurado fue una burla peor que la aecaecida con el Caso Scottsboro Boys en el decenio del '30.

Y él que perjuró que hay que hacerse guerrero, todavía no se ha asomado al Movimiento donde los guerreros no tienen ningún ancestro ni se basan en el color de la piel, o la cabeza chata, o la nariz de simio. El amigo de la NAACP telefoneó. Quiere que vea a estos manifestantes de los parques de Oxford Town. Son inspiradores, le ha dicho. También ya abundan en Chicago, Nueva York, Boston y se les observa en las playas, librerías, cines, museos, restaurantes y otros espacios públicos. Hacen sit-ins. Silenciosos. Disciplinados. Bien vestidos. Cuando la Policía los arresta, hacen votos de jail-no-bail. No quieren que nadie las pague las fianzas y cumplen en la cárcel el tiempo del castigo. Defienden el Movimiento, o privan a éste del pago del gasto que implica que se merme sus fondos financieros por las fianzas.

«Por ahora hay que sufrir todos un poco».

5.

Le dijeron que No dos veces en 1961. Es joven y, por tal negativa, le duele el pecho como si fuera un negro cardiopatógico. Esta sociedad lo enferma. Está fuma que fuma. Se da cuenta de lo necio que fue él al irse al Army, donde se aseguraba que, tras su baja honorable, lo educarían para hacerlo un Guerrero Civil, ya no viendo mortandades. Le darían becas, le abrirían todas las puertas. Y él, se sustentó con esa promesa, entre 1950-1953. Unos se morían, él no. La oferta que se le hizo a 36,576 estadounidenses que murieron durante su servicio en la Guerra de Corea, fue la misma hecha a otros 17,670 que muerieron fuera del teatro de batallas.

Han sabido que James Meredith se va para Nigeria.

«Allá es donde debiste irte al nacer», le dijo uno al que creyó un hombre respetuoso, sin envidia, un profesor inspirado. Le ha entregado el diploma de la Licenciatura; pero James quiere más... «donde debíste irte al nacer». ¿Qué estupidez es ésa? Tiene deberes el que es libre y al Derecho de sus Libertades se atiene. Hay que tener un Día Uno aquí, antes de marcharse. Nigeria necesita un hombre libre; no que vaya el que ha nacido esclavo de nacimiento.

Las indias que parieron a sus ancestros se juntaron con esclavos y ya, cuando su generación fue negra, a este niño se le olvidaría su propia historia. Dijeron que se olvidó dell predicador Allen Wright, y de Joseph Dukes, que era el gran intérprete de los sueños e ideales de los Choctaw. Porque se fue a la Escuela, se educó hasta en el Colegio, ahora es digno de ingresar a esa escuela nigeriana...

James tiene suerte de que las tasas de sobrevivencia para infantes y niñajos hayan mejorado y que haya gente que haya creído en fundar un colegio para negros, así los que «ni entre ellos mismos son iguales están separados de los que lo son, ¿será eso?» Otros negros se han hecho adictos al tabaco, muchos más a la marihuana, adictos al azúcar, a la sal excesiva, a los óxidos nitrosos de las chimeneas y fábricas, a los humos del tráfico en la hora pico, y se cree mucho estrés por todo lo que se oye. Las promesas de la Tecnología Informativa es mera propaganda. «The mountain of corpses gets too high to be occluded by even the most refined techniques of the PR industry and the most lavish contributions to politicians».

Meredith quiere irse a Nigeria tan pronto salga con su diploma de marras. Alguien le escribió de la Universidfad de Ibadan en Nigeria. Ven por un grado de Leyes y el Movimiento lo espera. La semana siguiente, según lo había prometido, el 19 de junio de 1963, JFK presentó al Congreso el proyecto de Ley de Derechos Civiles. «Van a necesitarse muchos abogados: los guerreros desmentidores».

George Wallace, gobernador de Alabama, tampoco se ha salido con la suya. Obstruye ilegalmente la integración racial en la Universidad de Alabama y el Presidente John F. Kennedy envió suficientes fuerzas federales para retirar del camino al gobernador y permitir la inscripción de dos estudiantes negros. Esa misma tarde el mandatario se dirigió a la nación por TV y radio, con un discurso histórico sobre los derechos civiles. Al día siguiente, asesinaron a uno de los líderes. Medgar Evers en Mississippi. Y James Meredith está deshecho. Y ha escrito en unas cartas: «Aún no soy libre. Aún está insepulto el corazón de Emmett Till. Aún no puedo irme a Nigeria. Aún no es Día Uno de mi vida».

6.

Sin embargo, se fue. Y regresó y se matriculó en Columbia University. Y viendo que no cesaban las injusticias, un cinco de junio se lanzó a lo que llamar la Marcha Solitaria Contra el Miedo. Comenzó en Memphis y esperaba terminarla en Jackson, donde comenzó su deseo de ser libre en pleno siglo XX. Lo estuvo siguiendo uno de esos defensores de América y sus valores, su agenda de Separated, but Equal, viva el racismo, abajo Martin Luther King, Jr. y le dio tiro para que James sufriera en carne y hueso lo que Emmett, por si acaso no lo admiró lo suficiente... Fue en 1966 que pensaba en haber nacido en una tierra de asesinos y cobardes, negros gorditos, vacilones, cingadores, apáticos y viciosos, demasiado obesos para escapar de una lluvia de balazos o comarchar con anglos de la izquierda, que son los que sacan bandera militante.

Están cantando una canción de J. B Lenoir. Shot on James Meredith. Es la segunda canción que le han dedicado a las causas de un hombre educado, inspiración para los combativos.

Martin Luther King, Stokely Carmichael y Floyd McKissick han decidido un proyecto conjunto. El primero que se observara entre blancos y negros. Van continuar la marcha que James dejara interrumpida por causa del asesino «de paga» del gobierno. O el cobarde que, a escondidas, le echó par de balazos. Los manifestante irán de Memphis, Tennessee a Jackson, Mississippi, como lo había pensado aquel Pobre-Indio-Negro-A Son of a bitch, al final de cuentas.



Dr. James Meredith / herido en su Marcha Contra el Miedo, en 1966. Un francotirador lo dio por muerto.

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Heideggerianas / Reseña / Yugoslav Auschwitz / Justicia de Tercera Clase / La tertulia de La Central / El corazón del monstruo / Corea: Casualties / Suicidios laborales en USA / Al amigo Juanes

El mal vecino

Ahora tenemos un problema adicional. El piensa que yo soy un vecino malo.
Mi vecino ya no me saluda ni en esas poquísimas ocasiones en que podemos coincidir en la llegada a casa. Será a eso de las 8:00 de la mañana... «Quiero dormir y no puedo», alegaría. Y, según él, la culpa la tiene la viejita de los tamales. No pasan diez minutos de que llegamos, cada uno a lo suyo después de los turnos nocturnos de nuestro trabajo y el deseo común de echarnos a la cama, cuando la viejita alborota el área. Ella vende tamales a domicilio. Golpea con un cucharón la verja de metal que separa nuestras casas y, cuando sobre el portal de mi entrada da los agudos golpecillos al hilo, la atmósfera se llena de tañidos que parecen los del campanario.

El tiene un perro bochichonso. Casi siempre lo tiene dentro de la casa; pero si su puerta se abre sale a ladrar desesperadamente por todo su patio. No tolera la presencia de nadie que no sea su dueño. El perro acostumbra saltar por una ventana porque ha convertido su afición, una vez la olfatea a distancia, ofrecer sus más fuertes ladridos a la anciana.

«Tamales, tamalitos!», es el pregón de ella, quien me dijo ha cumplido ya la edad de los 70 años. Ninguno de sus hijos, casados, con hogar propio, da por ella un cinco. Ni le ayudan con la renta ni sus medicamentos. Ni con sus alimentos ni con sus vestidos raídos. Vive sola y morirá sola, según dijo.

Si ella no se levantara, desde las 5:00 de la madrugada, a preparar tamales, cocerlos, envolverlos en las hojas de mazorca, y salir a venderlos, empujando un carrito de carga, con sus calderos de tamales hervidos, no podría sustentarse. «De ésto como, pago los servicios de luz y agua. No tengo sábado ni domingo. Hay que trabajar, día a día, sin descanso. Trabajar a morir».

Le compro cinco o seis tamales. Que regalo. No los pruebo; pero nunca falta a quien de veras le gusten y los doy. Total: Viene cada tercer día y hasta me los deja fiados, por una endija del enrejado del balcón. Sabe que duermo de día y que trabajo de noche.

En la misma situación está el vecino. Su mujer, antes de que se separaran, por discusiones diarias y celos, compraba sus tamales por docenas. Daría detalles de cómo ella habituó a la tamalera a que visite su casa y la tenga en su lista de clientela. No viene al caso que diga cómo es la mujer que abandonara a mi vecino. «Buena para nada», incapaz de prepararle a su marido como mínimo dos huevos fritos para que se le una directamente al desayuno. La señora tenía buen apetito por otro tipo de huevos y, al parecer, en la noche, a mi vecino lo hizo cornudo.

El pregón de los tamales se hizo realmente insoportable desde que la vecina se fue y le han puesto casa, después del abandono y unos golpes del legítimo marido. Ahora comprendo las visitas policíacas que se sucedieron varias veces. El cornudo es golpeador y tiene en mente, para tranquilidad de su alma y acabar cierto martirio, echar de nuestros predios a la tamalera que golpea en la verja y rejas de mi balcón. Para evitarlo, pidiendo mi colaboración de buen vecino, el fulano me ha pedido que firme una queja, orden de restricción, a su presencia. «Porque no nos deja dormir esa maldita vieja».

Yo me negué, pese a que le dije que sí lo comprendo. «Hable con ella», fue a lo que insté. «Ella entenderá que usted duerme de día. Ni tiene que pegarle ni tiene que acusarla, porque, sabe usted, es extranjera, su paisana, y teme que la deporten, si la hallan vendiendo tamales sin un permiso de Salud Pública».

El no quiso oír razones. De hecho, está feliz con la posibilidad de que puedan deportarla. Que ella pase hambre, se vea sola, heroicamente sin descanso, no es asunto de él. Sus diez o más horas de sueño son más importantes.

Me ha mirado con rabia. Sólo me dijo: «Usted es un malvecino. Espero que no me dirija la palabra ni aunque viese que mi casa, o la suya, se está quemando»

04-03-2006

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Wednesday, August 19, 2009

The Yugoslav Auschwitz and the Vatican: Reseña de libro




Facsímil de portada del libro The Yugoslav Auschwitz and the Vatican: The Croatian Massacre of the Serbs During World War II [Prometheus Books, Buffalo (NY) 1992], 445 ps. Fue traducido al inglés por Harvey L. Kendall.


Por Carlos López Dzur / Fundador de Sequoyah Virtual

El autor de este libro, Vladimir Dedijer, considerado el principal biógrafo de Josif Broz Tito [Tito Speaks, 1953], murió a los 76 años el 30 de noviembre en Rhinebeck, N.Y. Esta primera biografía, escrita cinco años después que Josef Stalin expulsara a Yugoslavia del bloque soviético, fue traducida a 36 idiomas y explicaría la evolución experimentada en Yugoslavia hacia un socialismo diferente, más democrático, único en su tiempo, espejo inverso del que fue practicado en la URSS; pero, sobre todo, Dedijer presentará a Tito como un líder carismático. Este libro sobre Tito fue posible porque éste hizo disponible para el escritor sus archivos personales, el que aprovechó para posteriores escritos. No obstante, otros documentos del líder comunista quedaron bajo llave.

Vamos a considerar. en esta reseña, un libro que muestra el interés más apasionado e intenso de Vladimir Dedijer, el tema del genocidio. The Yugoslav Auschwitz. Recordaremos que Dedijer fue delegado por Yugoslavia a las Naciones Unidas y ayudó a bosquejar la Convención sobre Derechos Humanos al final de la Segunda Guerra Mundial. En adición, vale como preámbulo destacar que la valentía fue un rasgo suyo. El aceptó la jefatura del llamado Tribunal Bertrand Russell en el decenio del 1960. Este tribunal «no-oficial» que sesionaba en Suecia, en 1967 se atrevió a acusar a los EE.UU. de cometer crímenes de guerra en Indochina.

Hay que considerar que Vlado (nacido en 1914) no fue ajeno a la guerra. Estudió leyes en la Universidad de Belgrado, su ciudad natal. Venía de un hogar, con familia profesional y culta. Su padre fue profesor universitario y su madre, trabajadora social. Su consciencia social fue profunda y la más ingrata de sus experiencias humanas fue la Guerra Mundial. «He himself was wounded then and on two other occasions by German fire. Shrapnel may have been the cause of blindness in one eye, his doctors said. He came to this country recently for treatment of the other eye and was at Dutchess County Hospital when he died».

Dedijer, Comisario político, con el rango de Teniente Coronel, periodista antes y después de la guerra, librepensador, no era comunista dogmático, aunque tenía ciertas ideas socialistas y fue el único militante que se adhirió solidariamente, en 1954, a Milovan Djilas cuando éste fue depuesto por el propio Tito, por criticar la «nueva clase» de burócratas del partido y defender las normas de la ley en el socialismo. Esto le costó ir preso, aunque se le redujo la sentencia a seis meses. La pena que pagaría, a final de cuentas, fue convertirse en «el primer disidente de la primera nación disidente en el movimiento comunista».

Desde los años en que conoció Josif Broz Tito, a partir de 1939, «cuando el Partido Comunista era todavía una organización clandestina, aprendió a compartir con generosidad, dentro de los riesgos y avatares de la guerra. El escondió a Tito varias veces, refugiándolo en su hogar de Belgrado con todas las consecuencias que ello pudiera acarrear. Tito lo premió después de terminada la jornada en que los comunistas vencieron en su guerra contra los invasores alemanes e italianos. Fue cuando Dedijer entró al plantel de J. B. Tito.

Mas lo anterior que sirva como un trasfondo de quién fuera, no ya Tito, sino el escritor y feroz crítico de las matanzas y las purgas. Y lo que ha vivido Yugoslavia, país del que dijera: «It is hard to be a Serb», tres décadas antes de agregar; después: «But how beautiful!» / Es duro ser serbio; pero cuán bello es serlo.

Del libro investigativo sobre el genocidio de la población serbia, escrito por Dedijer, se ha dicho que es tan impecable como las credenciales misma del autor y la necesariedad de que haya sido escrito. Los eventos descritos son sabidos ampliamente. Fueron noticias, pese a que la agenda del Vaticano en Serbia y Croacia se mantenía oculta. El clero croata estuvo lleno de fascitas, apoyados por civiles. Los actos son tan vergonsosos como la documentación fotográfica que se incluye en el libro. Las nuevas generaciones eclesiásticas habrían ptreferido que este libro no saliera y, de hecho, todavía un gran porcentaje de miembros dela Iglesia Católica y el Vaticano se niegan a admitir la conexión con los Nazi. Sin embargo, ya es difícil callar y suprimir.

Es horrible que se date históricamente un momento explosivo de los intensos odios entre serbios y croatas. El pasado evento de las matanzas de serbios puso de manifiesto los rencores históricos y quienes los exacerban y mucho el porqué. Dedijer medita sobre cómo es necesario que se entienda la historia y un ejemplo situacional de lo que requietre atención particular fue el deseo de la Iglesia Católica latina de mantener a Croacia católica como un puente entre Roma y las iglesias ortodoxas. Los croatas han hecho todo lo posible por rehuir esa comprensión y esconder «their dark and evil past from a public spotlight», calificando todo como propaganda serbia. Quien escribe este libro, ciertamente, fue un judío, de ancestro serbio. En adición, Vlavo fue profesor visitante en universidades prestigiosas como Cornell, Brandeis, Harvard y University of Michigan. Fue miembro de la Academia Ygustlova de las Ciencias y presidente del Tribunal Bertrand Russell sobre Derechos Humanos.

No creo que habría un intelectual más moralmente torturado al darse una situación tan reciente como la del Caso de Slobodan Milosevic. El Tribunal Internacional del Crimen para la antigua Yugoslavia (ICTY) encausó a Miloševic por crímenes contra la humanidad, violación de las normas de la guerra (si es que la guerra tiene normas, o «customs of war», que eviten el genocidio). Milosevic tuvo una actitud genocida durante su rol en las guerras de Croatia, Bosnia y Kosovo, durante la administración como presiente de la República Federal de Yugoslavia (1997 – 2000) y primer mandatario de Serbia (1989 – 1997). El fue un político indeseable y fue arrestado por la autoridades federales de Yugoslavia el 31 de marzo de 2001, por sospechas de corrupción, abuso de poder, chantaje y, vuelto a arrestar por el Tribunal Criminal Internacional / ICTY / y un comité de la ONU, ahora con cargos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y violaciones a los procedimientos de guerra.

Mientras Miloševic estuvo siendo enjuiciado, siendo paciente del alta presión y cardiopatías, murió de un ataque al corazón. El Tribunal que lo juzgaba rechazó cualquier responsabilidad sobre su muerte. «They claim that he refused to take prescribed medicines and medicated himself instead».

Lo triste de estos nuevos eventos de odio y genocidio que sembraron la misma mala semilla y la culpa residía en ambos lados. Los medios de prensa serbios,durante la Era de Miloševic, exarcebaban el nacionalismo serbio y dizque el patriotismo, promoviendo la xenophobia contra otras etnias en Yugoslavia. En este caso, fue la etnia albana, que comúnmente era descrita por la prensa y la televisión como plagada de contrarrevolucionarios anti-yugoslavos, llena de ultrajadores y una amenaza a la nación serbia [International Centre Against Censorship. Forging War: The Media in Serbia, Croatia and Bosnia-Herzegovina. International Centre Against Censorship, Article 19. Avon, United Kingdom: Bath Press, May 1994]

Cuando este periodo de guerras acabó, se dice que el saldo trágico o número de víctimas mortales en la guerra de Serbia contra Croacia fue de 175.000, contando muertes en Bosnia-Herzégovina, Kosovo, entre 1991-1999. Un conflicto con caracteres paralelos, entre Rusia y Chechenia, lleva un saldo e 140.000 muertos desde 1994 hasta hoy.

Ahora, en el libro The Yugoslav Auschwitz and the Vatican: The Croatian Massacre of the Serbs de Dedijer, se tratará sobre los campos de concentración y exterminio en Croacia, establecidos en 1941 y en funciones hasta 1945. En un informe del Instituto Simon Wiesenthal se indica que: «Some 600,000 people were murdered there. In 1945, the remaining prisoners were killed and the camp was blown up to hide the evidence of mass murder». De lo que se tratará es de que «el asesinato de medio millón de serbios en Croacia ya ha pasado por derecho propio a los anales de los más infames crímenes contra la humanidad. El papel de la Iglesia católica en esta tragedia no fue en absoluto menor» y ésto no sólo lo documenta Dedijer en su libro. También John Keegan, en su libro The Second Worid War [Penguin Books, Nueva York, 1990], el Dr. Milán Bulajic, The Role of the Vatican in the Break-Up of the Yugoslav State: The Mission of the Vatican in the Independen! State of Croatia: Ustashi Crimes of Genocide [Ministerio de Información de la República Serbia, Belgrado, 1993], Catholic Imperialism and Worid Freedom, Catholic Terror Today [1952], de Avro Manhattan, Jack T. Chick, en Cortinas de humo [Chick Publications, Chino, California, s.f.]

«Durante sus cuatro años de existencia como Estado independiente (1941-1945), en Croacia se ejecutó a más de 750.000 serbios, judíos y gitanos. De los 80.000 judíos de Yugoslavia, 60.000 fueron asesinados, la gran mayoría de ellos en Croacia. La mayoría de estas matanzas las cometieron los ustashi. Croacia fue el único país, junto con Alemania, en el que funcionaron campos de concentración a gran escala durante la Segunda Guerra Mundial», explica el Dr. Milán Bulajic, quien es un diplomático yugoslavo, que advino como director del Museo de Víctimas de Genocidio en Belgrado y que ha estado bajo el ataque de Vladimir Zerjavic, autor de Population Losses of Yugoslavia in the World War II, libro que pretende ser un recuento científico de víctimas «proving with detailed research that these huge numbers were scientifically unfounded, with the aim of preventing the armed conflict, which was becoming more and more probable».

Dedijer sospecha lo que otros autores: los tres más grandes defensores de la fe católica romana fueron Adolfo Hitler, Benito Musolini y Francisco Franco. «Los tres tenían Concordatos, o contratos de negocio, con el Vaticano». Cuando la máquina de guerra Nazi barrió a través de los Balcanes en su camino para atacar a Rusia, Yugoeslavia se había convertido en un país ocupado por los Nazis y allí en Yugoslavia había, no una espinita, una espinota llamada los miembros de la Iglesia ortodoxa, tan odiados por el Vaticano como los ortodoxos rusos. Para los ortoxos, sólo habían dos opciones: escoger entre convertirse al catolicismo romano o morir. Autores como Milán Bulajic, Avro Manhattan y J. T Chick, aseguran que los partidos comunistas, ruso y croata, fueron creados por el Vaticano para destruir a uno de sus más grandes enemigos: la iglesia Ortodoxa Rusa. Pero los comunistas traicionaron al Papa y rehusaron destruir a los miembros de la iglesia Ortodoxa Rusa. Entonces, como último recurso, el Papa Pío XII, creó otra «máquina para hacer lo que los comunistas fallaron en hacer, despedazar todo miembro de la iglesia Ortodoxa y sus clérigos».

Avro Manhattan, italiano, educado en la Sorbonne y la Escuela de Economía de Londres, ha escrito más de 20 libros, incluyendo The Vatican in World Politics [1946], y ha sido traducido a los principales lenguajes del mundo. Durante la segunda Guerra Mundial, sufrió el encarcelamiento por negarse a servir al ejärcito fascista de Mussolini y operó durante la guerra la estación Radio Freedom, que transmitía a las naciones ocupadas por las Potencias del Eje. El carácter de su trabajo ha sido siempre muy serio.

De Chick habría que decir que se nutre de la labor investigativa de Dedijan, Manhattan, Bulajic y otros, para sus libros furibundos, donde compara al Vaticano con la falsa super-Iglesia, edificada por Satanás, el Engañador, y predicha en el Libro de Apocalípsis con la imagen de la prostituta, o Gran Ramera. «De acuerdo a la profecía bíblica, ella tendrá gran poder educativo, militar, económico y político, y perseguirá y asesinará a los verdaderos creyentes en Cristo».

En este marco tan dramático, puede entenderse lo que The Yugoslav Auschwitz and the Vatican: The Croatian Massacre of the Serbs nos presenta de un modo más escueto y menos sensacionalista. Dedijer no dirá que los jesuítas prepararon secretamente la Segunda Guerra Mundial y la máquina de guerra de Hitler y que ésta fue fabricada y financiada por el Vaticano para conquistar al mundo para el Catolicismo Romano. Pero, como muchos de los autores mencionados, sospecha que «Hitler. Mussolini y Franco fueron los defensores de la fe y los planes preparados para ganar y conquistar al mundo, y el reinado de mil años para el Papa». Entre bastidores, los Jesuitas controlaron a la Gestapo, asegura Chick.

Dedijen lamentó que hasta ahora la Iglesia Católica Romana oculta «la memoria y su responsabilidad ante el genociodio. «En Croacia la Iglesia no solamente se desentendió del genocidio que se estaba desencadenando, sino que fue un participe entusiasta y activo. Sacerdotes y monjes fueron protagonistas de atrocidades, los obispos promovían el antisemitismo y difamaban a los serbios al mismo tiempo que judíos y serbios eran exterminados y convertidos a la fuerza a lo largo y a lo ancho de Croacia». Y lo que es peor, a quien muchos serbios mencionan como el Santo Patrono del Genocidio, 4 de octubre de 1998 el Papa Juan Pablo II, viajando a la Republica de Croacia, fue a beatificarlo como si fuera un héroe nacional de ese país. Alojzije Stepinac, Arzobispo de Zagreb durante la Segunda Guerra Mundial, sirvió como Vicario Militar de un ejército que asesinó a más de 800,000 judíos, serbios, croatas y gitanos. [Lacvergne, Bernard and Hervè Lauriére. Genocide in the Puppet 'State' of Croatia, Contemporary Review 224 (June 1974): 291-8].

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Heideggerianas / Reseña / Yugoslav Auschwitz / Justicia de Tercera Clase / La tertulia de La Central / El corazón del monstruo / Corea: Casualties / Suicidios laborales en USA / Al amigo Juanes

Tuesday, August 18, 2009

Textos de «Heideggerianas» y aproximación de Carlos López Dzur a Martin Heidegger




Por FREDRICK ALBERTO HIGGS, Ph. D. / Profesor de Filosofía

En su imaginativo acercamiento a la filosofía, al pensamiento hermenéutico y la ciencia cognitiva, con su método poético, Carlos López Dzur (CLD) da cara a Martin Heidegger, hace un aporte a su estudio, expone la riqueza del pensamiento heideggeriano y da un breve inventario de conclusiones. Es anticipable que una de las conclusiones suyas es que Heidegger de quien ha adoptado, con ironía, la metáfora del Zorro [1] para describir su actitud examinativa y crítica, no es el tal filósofo acrítico, perverso y demoníaco, que el Dr. Mark Lilla, entre tantos muchos, pone en la lista de los «pensadores temerarios» [2]

Carlos López Dzur, con más de una docena de libros de poesía, a cual más filosófico, en casi todos, deja claro que hay tendencias problemáticas que él no apoya de la posmodernidad, en especial, su nihilismo. Esto es muy diferente a vincular cada fracaso, social y humanístico, de la realidad presente, la mundanidad del hoy, al destruccionismo heideggeriano. CLD piensa que Heidegger acierta al decir que muchas de nuestras «certezas racionales», aquellas impulsadas por Newton y Kant para el discurso de la modernidad, con el emblema de la Razón autónoma, necesitan replantearse. Como han sido utilizadas y perpetuadas, las nociones de la Modernidad sin límites y metodologías de estos individuos, preconizadores de que ya somos dueños absolutos de la propia acción y el racionalismo metódico, ya no son tan convincentes.

No que CLD pretenda que haya que abolirse la Razón, que el pensar es irracional; pero se afilia a la Filosofía de la Sospecha y ésto lo lleva al estudio, primero de Nietzsche y luego del Zorro mayor, como llama cariñosamente a Martin Heidegger. En términos de su enfoque político-social de la realidad económica y la interacción con la comunidad y otras naciones, CLD cree que las razones críticas se instrumentan en la izquierda. El marxismo no se ha agotado. Tiene riqueza crítica y fiscalizatoria y, sin embargo, otros aspectos del pensamiento del hombre ante sí mismo y ante el cosmos, no lo abocan al rechazo de la razón trascendental. Quizás por ésto se acerca a Heidegger. Con él, se entrena en la astucia de los zorros, en este momento epocal o Era de la Técnica, donde la industria del ocio, la novelería y la tontez, como dice el escritor argentino Robert Aruj, «reducen a pacotilla las obras del espíritu». [3]

El libro al que refiero es el poemario Heideggerianas. Conozco variantes de los textos y estoy advertido por CLD que las mismas irán desapareciendo de la red y las bitácoras personales, «en la medida en que medite más sobre cada poema y entienda que lo revisado ya conviene que sea parte de la colección en el Indice». Será el Indice / Heideggerianas. Selecciono del Indice los textos que comentaré y asociaré a lo que son sus apreciaciones sobre el filósofo alemán y lo que CLD valora como lo más significativo de su enorme obra filósofica.

El poeta está interesado en la mundaneidad del mundo, no en la topología del Ser, el Lugar y el Mundo, de la que Hubert L. Dreyfus y Jeff Malpas han convenido en llamar el aporte heideggeriano a la «inteligencia artificial», parienta de la mathesis universalis de Leibniz. En el mundo de la sicología norteamericana, Dreyfus es uno de los introductores del deseo heideggeriano que consiste en preguntar por el mundo y la interioridad, una cultura de reflexión con premisas profundas. CLD opina que es Dreyfus uno de los nuevos estudiosos de Heidegger y quien propone su rescate práctico, no sólo para el mundo académico, sino para todos. «Heidegger puede ser muy cotidiano, pese a su raro lenguaje». Dreyfus lo inmiscuye con el desarrollo de destrezas para la vida diaria, las intencionalidades de la religión y las práctica de negocios, o de cuidado médico. Y Heidegger merece eso y, sin embargo, CLD alega en sus poemas que el «Heidegger aplicado a todo», cuasi prosaico, de Dreyfus y otros estadounidenses que juegan al empirismo y la topología con la Hermenéutica y Analítica de Heidegger, a la postre son tareas simplificadoras.

A Dreyfus se le reconoce como «the primary introducer and interpreter of Martin Heidegger's work to the world of information technology». Este «Applied Heidegger» de su libro Heidegger, Coping, and Cognitive Science: Essays in Honor [dos volúmenes al cuidado de los editores Mark Wrathall y Jeff Malpas, The MIT Press, 2000], en el poemario de CLD cede su lugar al interés por el planteamiento radical y duradero [de lo que es la función y lugar que debe tener el Dasein / la persona humana / en la naturaleza como una totalidad], según Martin Heidegger. En esta totalidad, que no busca una visión unívoca de mundo, sino senderos de pensamiento y de preguntar, nada hay constreñido ni predeterminado por los bagajes epistemológicos y culturales. Lo que Carlos López Dzur valorará con su lenguaje poético y filosófico, en su presentación heideggeriana, es la evaluación del concepto de la ética en la metafísica occidental y que en Heidegger es su regreso a la experiencia del Ethos de los pre-socráticos griegos.

Para Heidegger, el ethos es el terreno esencial del Ser, la fuente desde donde la verdad emerge. El reflexiona sobre esta morada de los seres humanos pues en ésta se encuentra su esencia más profunda. William McNeill, en su libro The Time of Life: Heidegger and Ethos [State University of New York Press: 2007], explica que: «In this original dimension of the word ethos thinking grasps the truth of Being as the primordial element of human being. Ethos is situated beyond every normative morality; yet it provides the ground for thinking about the issues on which we have to decide. It is that from which `values' are ultimately derived. In the unfolding essence of human beings, it is the source of that feature of human beings that `cares'».

Más que el enfoque topológico, o post-metafísico de la Analítica Heideggeriana, la colección de poemas de López Dzur se centran en examinar los temas característicos de la Filosofía Trascendental, inaugurada por Kant y cómo Heidegger se conduce ante éstos: subjetividad, juicio, intencionalidad, verdad, práctica e idealismo. Es evidente que el libro de López reconoce un Heidegger Trascendental y es la importancia que Martin Heidegger concede a la poesía la que hace que López Dzur dude de que el preconizado Heidegger topológico y dizque obseso con las normas de la inteligencia artificial, sea el Heidegger filosófico y analítico que admira.

No está demás decirlo, ésta es una observación de McNeill y CLD es consciente de la misma: No hay necesidad de sucumbir a la expectativa, casi obligatoria, «to waste yet ever more paper on Heidegger's alleged `Nazi-past'. In a prevalent rush to demonise him, his brief involvement in the early thirties is often used to paint him as a rather despicable person, whose philosophical writings must be approached with the utmost care, lest one is contaminated by the underlying, insidious virus of National Socialism». Para aludir a ese alegado pasado Nazi y explicar su actitud ante los acusadores demonizantes, CLD escribió el texto Ellos y tú:

Te has vuelto contra el pensar de ellos.
Pensando estás contra lo pensado
para mejor servir al pensar.
Ellos quieren lo fijo, su vieja metafísica.
Tú, en el modo de la ausencia,
das un paso atrás procurando lo impensado,
ese salto que el conceptualismo traiciona
y lo vuelve su excusa de perpetuación
y dominio. Eres más honesto que ellos.
Hay muchos acusadores que mientan
que el mundo carece de sentido,
la mundaneidad del mundo
es un ser-tranquilizado
(en formas de tiranía que son peores
que las que alguna vez sustentaras
cuando de golpe y a sordas descubren
tu lugar y tu prestigio; tú no contaste
con la injusticia sucesiva
de sus rincones tranquilos de truhanes.
Que el que busca, ya con estómago lleno,
lo ha resuelto todo para sí, hasta la definición
de aquello que es morada,
praxis del ethos).

Para ellos es la razón pedirte que te calles
status quo te piden, que nos vayas más allá
ni retrocedas, que no mientes un ser
que aún necesita ser pensado
porque el mundo no es axioma autoreferencial
de Razón fija y de poder en el puño.
Son ellos los que hasta el día de hoy van a acusarte.
Un error, si lo hay, es perpetuo y eterno
estatus sospechoso.
Tú eres, con la Filosofía Sospechosa,
el crítico verdadero, el buscador,
el predictor de angustia.

Tú no hablarás de felicidad y amor
en los mismos marcos teóricos que ellos
quienes abrieron la destrucción del pasado
para echarte la culpa y no pensar
el sentido del ser como una puerta abierta
para todos. Este mundo es más dinámico
que el estático mundo de fantasmas
y de cosas fijas, como el propio bocado
y el albergue donde se esconden
los huesos.

¿Qué te dejan esos metafísicos hipotecados
a un tiempo que todo manipula y lo vuelve
producción, planificaciones, control
y trato con cosas, nada más?
¿Qué te dejan, Zorro, en ese escenario
de supervivencia de lo cotidiano?
Desterramiento, Heimatlosigkeit.
Abandono del hogar, verte fuera de tu ser.
Que no haya más sentido que el de ellos,
su poder configurado para planes
en el que ya no sirvas para nada,
no para otra cosa, que la sombra
de sus cálculos.

[De Heideggerianas, «Ellos y tú»]

Este poema es una crítica al sentido moral de la civilización occidental posmoderna que cree que se puede vivir sin un marco fundante de ethos y, aún así, afirmar que se tiene resuelto el estudio del Bien y el Mal. Los «ellos» que CLD refiere en el poema son los que piensan que el «Cuidado», como doctrina ética, es sólo una manera sicológica de comportamiento, o una serie de derechos y deberes. Estos imperativos morales, manipulados para que sean el «escenario de supervivencia de lo cotidiano», sobajan como pre-moderno, esto es, bárbaro y primitivo, otras formas de inteligencia y se aseguran el eurocentrismo y la pretensión universalista de las filosofías del cálculo y la ventaja. CLD dice que ésta es una vieja metafísica:

... esos metafísicos hipotecados
a un tiempo que todo manipula y lo vuelve
producción, planificaciones, control
y trato con cosas, nada más...

Cuidamos las cosas, el poder y la administración eficiente del tiempo; pero no al hombre, a los pueblos. El Cuidado no está referido a lo que es más importante que es la experiencia vivencial (Erlebnis). Y la experiencia vivencial, pese a sus nexos con la razón, tiene que ver con el arraigamiento subconsciente del hombre, como el In-der-Welt-Sein de Heidegger. Con sentimientos y emociones. La totalidad de la experiencia vivencial debe tomar en cuenta los cuatro momentos de la temporalidad: pasado, presente, futuro y la parte en cada uno que se introduce en el otro para darle vigencia, esto es: la Presencia. Cuando no se cuenta con la «Presencia», se destruye el pasado. El mundo se siente estático y tedioso, carente de dinamismo, sin vigencia de sus ricos aspectos previos. Cuando no se ha tomado el cuidado de la Presencia, el mundo es lo más parecido a las «cosas fijas», donde la tranquilidad es fastidiosa y espectral, no se sabe el valor de lo que fue ni se respeta lo que llegará a ser. La Presencia es necesaria, en cuanto y por cuanto, hay una impermanencia o caducidad de las cosas y ésto es algo que el ser del hombre experimenta vivamente. Sin la Presencia, el hombre estaría expuesto permanentemente a la nihilidad.

Keiji Nishitani, el ultimo gran representante de la Escuela de Kioto y discipulo de Heidegger en Alemania, en su libro La religión y la nada [Ediciones Siruela, 1999], se ubica cerca del concepto heideggeriano de la Presencia, al decir que el Yo mismo, el ser, es el propio fundamento y que, sin embargo, el Karma del Yo, la existencia cargada de deudas, «nuestro ser en el tiempo», «no consigue regresar allí sin más». Debe cumplir con su «transitar por el tiempo interminablemente en busca del fundamento del yo». «Puede decirse que el Dasein humano emerge de la conformación de la forma de lo humano y la transformación del ser en un todo único. En el fondo de nuestro ser humano reside un nivel de puro ser más allá de cualquier determinación de lo humano» [4].

El hombre kármico, el que transita interminablemente en esa búsqueda de un nivel puro, «más allá de cualquier determinación de lo humano», es que López Dzur presenta diciendo que está «rompiéndose el corazón en los peldaños».

Sepan que los objetos temáticos de la ciencia
no arrebatarán del todo
la espora germinante y el bejín,
las vocaciones de este animal humano.

Se aprende, por igual, de la emocion,
rompiéndose el corazón en los peldaños.

[Heideggerianas: Rompiéndonos el corazón en los peldaños]

Con la metáfora de la «espora germinante» y de lo que no puede serle «arrebatado», «aún por los objetos temáticos de la ciencia», está aludida la «donación originaria de la Presencia», su por-venir y su ad-venir. «El ser, como el tiempo, entran en presencia, o más bien no son otra cosa que la llegada a presencia de todo aquello que es. Esta presencia no se deriva de otra cosa que ella misma». Esta Presencia, alojada en el corazón del ser y el tiempo, es la «verdad del ser y la verdad del tiempo, das Ereignis» [Alain Boutot, Heidegger, 1995]

Entre los poemas más interesantes de Heideggerianas que CLD dedica al tema de la Presencia (Ereignis) están: Transpropiación del acontecer / Ereignis y Mi tesoro, el lenguaje.

Del primero son los versos que dicen:

Construye tu propio Acontecer, la mutua dimensión
de tu ser y el futuro. Dí: «Soy posible». Hurga el pasado.
Decide en el presente; pero que sean tus tiempos infinitos
como el mismísimo espacio, como expansivo es el cosmos.

En este largo poema, en el fragmento 6, agrega:

Tú no eres un objeto más, Carlos.
Eres la dignidad de la energía, el preguntante,
el heredero del Ereignis: forjas el Acontecer
y lo transpropias. Cree tu grandeza, sé el poeta.

Llénate de fuego como si la zarza del monte
te consumiera por dentro, sé profeta.
Cede el Espíritu como un ente que al Otro
reconstruye muchos tiempos.
Hay muchos tiempos, Carlos, aunque no sean
los tiempos absolutos ni los seres perfectos.

No promociones la impostura ni autorices trampolines
para plegarse ante el Amo y hacerlo más Verdugo.
No busques ad perpetuum el placer primario
ni la neurosis universal de falsos templos.

Cura, cuida, preocúpate, Dios es la Sorge del estar
con terco grito, vivo desde los huesos, en fe incondicional
por este Ser que lame el tiempo y transpropia aconteceres.

[Heideggerianas, en: Op. cit]

Obviamente, estos poemas traen consigo otros temas heideggerianos: como son la Cura (Sorge) y el Cuidado ante el Amo y el Verdugo. En ¿Qué es metafísica?, Heidegger discute en torno al experimentar el Cuidado diciendo que «el Dasein persiste en el ser y este persistir (que es una forma de soportar)... es un curarse en el tiempo». El tiempo intranquiliza, o inquieta, cuando se vuelve demanda y mútiples trastornos. El tiempo puede conducir, sin la Presencia unificadora, a extravío y perdición. «Curarse del tiempo quiere decir cuidarse de él, ponerse a salvo». Para Heidegger es darse un gobierno a sí mismo, un dejar de ser gobernado por el cuidado de la autoridad. En el poema de López Dzur, esta definición heideggeriana es claramente expresada cuando dice: «No promociones la impostura ni autorices trampolines / para plegarse ante el Amo y hacerlo más Verdugo. / No busques ad perpetuum el placer primario / ni la neurosis universal de falsos templos». [Transpropiación del acontecer / Ereignis].

Otro poema sobre «al acontecimiento apropiador (¡ah, la Ereignis!)» es Mi tesoro, el lenguaje y en el mismo se evidencia los avisos de CLD a «cuidarse» de varios cosas: lo escandaloso, el apego a los enseres, la huída de la autenticidad, de la pregunta por el Ser y, cuidarse, sí, como la principal de ellas, de la técnica.

Ahora que nada tengo en certidumbre,
la tristeza me viene como un rezo,
la angustia arde como si fuera un pabilo
y yo me abrigo en lo más oscuro de la mecha.

La técnica aconseja lo que sabe: ¡déjate dominar
y come de mi escándalo! El pensar meditante
para nada te sirve; yo soy la que uno
las cucharas al plato y te digo:

«¡Pobre eres, pero civilizado!
Olvidado; pero atado al pie
de mis enseres, oscuro, pero amarrado
al acontecimiento apropiador
(¡ah, la Ereignis!) no porque te lo pida.
Eres jodidamente libre y subjetivo».

Ahora, que no sé objetivar lo ahí dado,
que los eventos me huyen, como si fuera leproso,
que los sucesos espacio-temporales son
tan fantasmagóricos, nombro las cosas a gritos.

Invoco y llamo, ¿qué importa que no sepa
lo que llamo? ... si nada tengo, si soy ínfimo humano,
triste, perjudicado, remordido, contraproducente...

Y es por eso que digo estas cosas:
para ser lo unico que soy y lo unico que puedo,
para ser tal como soy y me permite el lenguaje
con que grito, para ser el poeta
que se rasca la angustia de los huesos...

29-9-2002 / [En Heideggerianas]

Ya que la pregunta y apropiación del Ser se da en el tiempo, porque el ser es de esencia suspensiva, «de época», le mejor misión o proyecto que pueda darse una persona ha de ser la que le permite conocer quiénes somos. «What sort of beings we are and how our being is bound up with our place in the world», como dice McNeill. «It provides essential guidance and grounding for responsibility». El primer poema de la colección Heideggerianas es La echada. Partiendo de que el hombre es un ser arrojado, echado al mundo, para quien lo mejor que le acontecerá es lo que está por-venir, lo adviniente, CLD comienza a presentarnos al Dasein / a la persona. Utiliza la primera persona gramatical para presentar los recursos con los que cuenta un hombre para conocerse a sí mismo y ser mejor que el hombre-masa. La echada es un poema sobre la endopatía, el ser-con-otros, no para escapar la responsabilidad de conocerse a sí mismo, sino para que aprenda a bendecir la exitencia en solidaridad y el temple franco. Con lo que Heidegger ha descrito como el Proyecto, o estructura del poder-ser, comienza lo iniciante de la conducta.

Escarbaré hasta donde tengas tus pies enterrados.
Con gran cuidado lo haré, co-existiendo contigo
en el Bendito seas del ahí.

[Heideggerianas, La echada]

En el contexto del cuidarse imprescindible, de sí mismo, por causa del extravío, y de la sociedad que se asume como horda y rebaño, así como las fuerzas de la auioridad civil y de la tecnología, el segundo poema que CLD es Nunca me ha gustado la caída. Utiliza una ilustración que nos refiere a Pigmalión y la roca que empuja cuesta arriba. La caída alude a las tentativas fallidas con tan ingente empresa. Mas pese a este dolor frustrante, cargar la roca, implica el proyecto.

No sea yo este intrincado precipicio
de vacíos, fosa de erranzas que son sólo penumbras.
Esta existencia quiere un fin y lo circunda,
lo espía, lo ha llamado destino de sí mismo,
sed de estar hacia él, hombre real
que no quiere un falso señorío, sino verdad.

En el poema hay el asomo a la temática de la luz que se encuentra en Heidegger y su finalidad.

Estoy tan lleno de mandatos, de juicios,
que me olvidé en las cosas
y mi ciencia no piensa ni me técnica mide.
La Chusma me desfonda y nada existe
ya que a mí corresponda,
a no ser esta pobreza inicial con que te solicito:
¡Déjate ver, aparece! como irrumpe el rayo
y muestra la luz dentro de lo oscuro,
alumbra mi caída, renova mi lenguaje
para que sea el fundamento.
Nunca lo pude dominar,
nunca me ha gustado
esta caída.

[Heideggerianas: loc. cit.]

La tenacidad del proyecto y la perseverancia de la búsqueda se intensifica en el poema de la colección Logía, sacar el ente de lo oculto. Es una reflexión sobre la Caída / Verfallen, pero, con que se asume la hermenéutca de la existencia y la ontología fenomenológica. CLD cita como introducción al poema de cinco partes una reflexión de Martin Heidegger, cuando dijo: «Hay muchos fenómenos que, o no han sido todavía develados o se hallan en lo turbio. Fenómeno es, en este caso, lo que se-muestra-a sí-mismo; filosofía, por consiguiente, ontología fenomenológica universal que arranca de la hermenéutica de la Existencia». El poema sigue explicitando lo que es Caida; pero, ya con el texto Verfallen / el Decaer, la pintura de los decaídos y los decadentes es conclusiva:

Los decaídos preguntan con azoro
por cosas que no le importan
ni le vienen de suyo.

Los decandentes se tragan el mundo
aunque después lo vomiten.
Se aferran a progresos culturales
que no impactan sus vidas
como el chisme lo hace.

Cayeron y no sienten la caída.
Pretenden que son imprescindibles e inmortales.
¡Más que vivir, se perviven en flote!
La corriente los lleva, creyendo así
que avanzan hacia alguna parte.

[Heideggerianas, loc. cit.]

En un poema titulado El gran por qué, hay un comentario sobre la subjetividad (el anhelo de «ser Uno Mismo») y la ruptura de un diálogo «Tú-a-Tú», con el que CLD se refiere al paso de una «subjetividad condicionada a la de una subjetividad desencadenada». Este es el proceso en la historia filosófica que va de Descartes a Hegel y Nietzsche. El momento que se describe, en este interrogatorio del Dasein, es el que, con Hegel; y Nietzsche, ha llevado «la filosofía de la subjetividad a su máximo grado de desarrollo». La substancia, con Descartes, ya había dejado de ser el fundamento de la verdad y su lugar es ocupado por el sujeto (ego cogito) que, con Hegel se convierte en Sujeto Absoluto. Con Nietzsche para un mayor momento de tensión, el sujeto destrona al Dios cristiano, su metafísica y su moral. El Dasein de esta catadura crea la «libertad absoluta» como su herramienta «para encarnar la tarea de dar sentido y valor a las cosas».

El hablante de este poema es la subjetividad desencadenada. «Este hablante poético», ha explicado el propio poeta, representa al filósofo moderno que —contrario los metafísicos antiguos y medievales postulaban la existencia de un Ente Supremo que podía ser, como determinante de entes menores, el Bien de Platón, el Motor Inmóvil de Aristóteles o el Dios cristiano. Ahora — el ente es pensado desde la subjetividad del sujeto. El sujeto está buscando un diálogo con el alma, o el Ser, con un sentido de culpa. Cree que el alma / o Alma, si que existe, trascendentalmente, lo desconoce. Es la idea de mi poema como el filósfo como salteador o ladrón».

No soy lo que el alma quiere y la relación esencial
semi-condena. Me pierdo. No sabe mínimamente
el alma si yo sufro, excepto que no me aparto del mundo
(no sé a dónde ir para ser bueno, no sé ir ... sino a la muerte).

[...]

y el alma me desconoce
como si no fuera mía, todavía es muda y flaca transparencia
y yo, como extraña forma que rehuye, salteador
que la busca con ánimo de robo...

En el texto de López Dzur, el hablante-filósofo que echa de menos el Tú-a-Tú y la visión de un sospechado paraíso perdido (el de las «relaciones esenciales» que hoy su alma no tiene, a pesar de que se llama Selbstein). Este hablante es el hijo pródigo, u olvidadizo por disipador, que vislumbró como los primeros filósofos «el misterio del ser». Heidegger dice que «los filósofos presocráticos estuvieron más cerca del ser que los filósofos posteriores». Este hablante de El Gran Por Qué, siente que su camino es «un Claro mediocre y confuso». Y experimenta culpa.

La culpa es reiterada en el estilo interrogativo, despechado y, al mismo tiempo, pesimista del poema. El Claro mediocre es una referencia al tópico del olvido del ser (olvido de la diferencia entre ser y ente) que se encuentra ampliamente discutida por Heidegger y en toda la historia de la Metafísica. Heidegger destaca que: «En la historia del pensamiento occidental y, sin duda, desde sus mismos inicios, el ente ha sido pensado respecto del ser, pero la verdad del ser ha permanecido impensada». Por su parte, CLD habla de esta historia del olvido como «la historia de las enunciaciones / y las huídas y los mugres raseros, dizque organizaciones». López Dzur refiere al más envilecido Dasein característico de esta época del Olvido, el Nihilismo o de la muerte de la Metafísica, que como la tecnocracia «son la expresión de la subjetividad desencadenada», con la metáfora de las hienas, a la que contrasta con los zorros desde su zoografía filosófica. Es en el texto La hiena moderna y el zorro eterno que López nos hablará sobre:

[...] la hiena caníbal que, en la piel del tiempo,
se conforma con carroña, con historia sin proyecto,
con vuelos nocturnos, brujerías que la engaña
con demonios de rondalla...

... cluecas mentiras... puros entes inventados,
rompepoyos del envilecimiento,
cofradías de haraganes, sin espíritu.

El envilecimiento de la subjetividad desencadenada, ocasionada por «desmoronamiento del mundo suprasensible», la muerte de Dios preconizada por Nietzsche, y el Olvido del Ser, hacen que la persona sustituya el vacío que generó el olvido del ser con la fabricación en serie, la ininterrumpida producción técnica. La hiena es una voraz consumidora de materias primas. Es la técnica como caníbal que depreca y suprime lo Eterno y al zorro que lo sosprcha. La hiena que, en su violencia y sed de consumo, cree que todo se vale por la mera meta de sobrevivir cotidianamente y cree ya no hay guías...

ante estructuras vivientes, matemáticas,
espirales infinitas de los Tiempos Sagrados,
gestos paradigmáticos de geometría invisible,
puertas hacia la Luz...

Si bien la Técnica «nos ha permitido dominar el mundo, el precio que hemos debido pagar para ello ha sido muy grande: ocultar nuestro ser y alterar nuestra relación con las cosas» [Jonathan Rée, op. cit.]

También CLD se aproxima a reflexiones sobre la influencia del pensamiento griego como un decisivo elemento para el desarrollo filosófico de Heidegger y la originalidad con que valora el lugar pionero que los griegos tienen en la historia de la filosofía. Muchos intérpretes de Heidegger que, además son críticos acerbos de la supremacía cultural de Occidente, piensan que cuando éste dice que la «filosofía es griega» está dando vivas a un complejo de superioridad por parte de la racionalidad occidental y menospreciando otras formas de inteligencia. Admira él, al construir el sentido del «proyecto», la temporalidad entendida como Ser-Ahí, pues para que exista consciencia de historia y civilización, el ser es el tiempo tramitado por la Presencia. El tiempo es esencial para el ser. En su concepto del tiempo, para la persona y para las sociedades, el Dasein es inescapablemete la posibilidad más extrema de ser y es ell tiempo mismo, «encaminado hacia su haber-sido», la muerte. Esto se captura en el texto Angustia, donde CLD documenta la idea heideggeriana:

La muerte abre su boca y nos espera
y aún ni queremos ser
ni queremos haber-sido.

[Heideggerianas, loc. cit.]

CLD indica que acusar a Heidegger de ser uno de los destructores de la posibilidad de construir la historicidad y la concepción filosófica de la libertad y, al mismo tiempo, descubrir sus escritos sobre las diferencias entre la historiografía y la meditación es algo que contradice a las interpretaciones de sus detractores. «La diferencia entre la consideración historiográfica y la meditación histórica no es ninguna construcción del pensamiento, especulativa y que vuela libremente, sino el ser-necesario más duro de una decisión, cuya aceptación o negligencia es decisiva sobre nosotros mismos y sobre nuestra determinación de la historia» [5].

Por supuesto, no es cuestión de preferencias el hecho de si la Historia debe concebirse como negativa. Suele decirse que el pesimismo histórico es la base del pesimismo cultural, o su imagen invertida, según la frase de Arthur Herman, quien en su libro La idea de decadencia en la historia occidental [Ed. Andres Bello: 1999] discute como señales del saldo negativo «el fracaso de la democracia moderna, la pérdida de identidad en la sociedad de masas, la amenaza del capitalismo corporativo y es estado policial informatizado» [6]

En el poema La libertad doliente, CLD da un comentario por el que se suele señalar a Heidegger como un pensador pesimista.

La historia elucida dolor y atropello, caos
y desorden; pero el valiente combate,
el solidario instruye, la misericordia intercede
y el heroísmo se crece; contradictoria es la historia
y no determina por siempre; el determinismo
de Dios se vence y se quebranta y los ángeles
son los laicos que en justicia y paz dan paz,
bendicen, optan la libertad doliente.

[Heideggerianas, loc. cit.]

Cuando CLD añade al poema sobre la historia como elucidario de dolor, lo que puede suceder al mismo tiempo como saldo positivo, implicita el hecho de que el Dasein (Ser-Ahí) que tiene la muerte y el atropello como su haber-sido (historia más propia), ahí puede experimentarse la autenticidad e historicidad, ya que puede encaminarse a un futuro. La historicidad considera siempre algo a lo que se puede volver transformativamente. Por tanto, no es algo cerrado ni perdido. En la existencia cotidiana, no está la historia, más bien, una pseudo-historia.

El consuelo práctico del Dasein es «mantenerse en la anticipación de la muerte; anticipación que no es otra cosa que el futuro propio y singular del respectivo Dasein. En esta anticipación, el Dasein es su futuro, de tal manera que, siendo este futuro, es a la vez su pasado y su presente: es él mismo en su autenticidad propia» [7]. Esto quiere decir que hay diferencias entre el ser-propio (el yo soy) y el ser-con-otros. La cotidianidad de unos y otros cambia.

En Heideggerianas, estos cambios en las posibilidades propias del Dasein se reflejan con estos versos de La libertad doliente:

El determinismo ha muerto aunque con éste
haya nacido el desamparo y la mala consciencia.
La biología es pobreza inducida por sus patologías;
pero, ¡cuánto cautiva la forma de lo hermoso,
la grandeza viviente del paisaje, la adhesión armoniosa
de la gente grata, el hábitat que triunfa sin violencia.

Aquí se describe al Dasein que se despliega en la existencia auténtica, no cotidiana. Lo más común es el descanso adormecido del Dasein en el Uno (Das Man), donde las posibilidades propias del Dasein se oscurecen, o se vuelven impropias.



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Notas bibliogróficas


[1] La metáfora del Zorro se puso en evidencia en una reseña del libro Los pensadores temerarios [Editorial Debate, Barcelona, 2004] de Mark Lilla, titulada Heidegger, el zorro y otras fábulas de la imprudencia. La edición trae un prólogo de Enrique Krauze y es una traducción al español de Nora Catelli. También hay una alusión a Heidegger llamándose a sí mismo «Zorro» en un libro de Hanna Arendt. En 1953, en una nota de su diario Arendt «como parte de un libro-homenaje al ya octogenario filósofo», cita: «Heidegger afirma, con gran orgullo: ‘La gente dice que Heidegger es un zorro». [Hanna Arendt: Ensayos de comprensión, 1930-1954, Caparrós Editores. 1969]. Seguramente, este texto es que Lilla utiliza y el reseñista de las fábulas de imprudencia utiliza para aseverar que «había una vez un zorro tan poco zorro que no sólo se la pasaba cayendo en la trampa, sino que ni siquiera sabía la diferencia entre lo que es y no es una trampa... Aquel zorro tenía, además, otro defecto: algo fallaba en su pelaje que este no alcanzaba a protegerlo de las vicisitudes de su vida de zorro. Luego de pasar su juventud rondando las trampas que ponía la gente y dejándose, por decirlo así, la piel en ellas, nuestro zorro decidió retirarse por completo del mundo y ponerse a hacer una madriguera para él solo». López Dzur dice que ésta es la apreciación más prejuiciosa, desde una lectura política, que se hace de lo que Heidegger discute filosóficamente como Desterramiento, Heimatlosigkeit. Y, en una entrevista que el poeta concediera y publicada en la revista Sequoyah Virtual, con el título Paisaje, empatía, la Fuente en la Montaña, discute lo que realmente entiende que es el Zorro y cómo utiliza sus implicaciones en su poesía.

[2] Mark Lilla, Los pensadores temerarios [Editorial Debate, Barcelona, 2004]

[3] Robert Aruj: El posmodernismo como sustento ideológico filosófico del neoliberalismo a fines del siglo XX, La Onda. Revista Digital. Núm 16. Ver

[4] Keiji Nishitani, La religión y la nada [Ediciones Siruela, 1999], ps. 315-16.

[5] Martin Heidegger, Meditación histórica y consideración historiográfica (1937). Extraído de M. Heidegger, Preguntas fundamentales de la filosofía. «Problemas selectos de lógica» (Lección del semestre 1937/1938 en la Universidad de Friburgo), trad. Ángel Xolocoatzi Yáñes, ed. Comares, Granada, 2008/

[6] Arthur Herman, La idea de decadencia en la historia occidental [Ed. Andrés Bello, 1999], p. 442

[7] Jonathan Rée. Heidegger. Editorial Norma, Bogotá, 2000. Traducción de Magdalena Holguín.


Monday, August 17, 2009

El tentador


Acerca de Evaristo, sus amigos de antaño saben dos cosas que hoy, en la vida espiritual de su Iglesia, muy pocos saben. ¡Le encantaba el dinero! Y, antes de decidirse al estudio de la sicología clínica, pasó por varias escuelas de finanzas, ciencias políticas y sociología. A personas que conocieron que él fue (y es) un hombre intelectualmente brillante, que cayera en las redes de la creencia y el establecimiento mítico sorprendía.

A quien conoció al juvenil Evaristo, inquieto estudiante de posgrados, no lo habría sorprendido que él se lanzara a un cargo público, o que se volviera un orador motivacional. Que se hiciera millonario vendiendo cursos, cassettes y libros, donde el por qué fuera la palabra clave, no habría asombrado a ninguno en lo más mínimo. Fue un indagador del por qué. Pero, hará unos días lo vieron bajar de un automóvil barato y, por limosnas, dio su centavería al pordiosero tullido en la calle.

«¿Es ése Evaristo? ¿El que conocimos?»

Se propusieron seguirlo. Averiguarlo. Y hallárselo fue difícil porque ya es muy hogareño y privado.

Es hombre santo y casado.

«¡Eah! ¡Rayos, el Loco de Evaristo!»

«Su servidor».

«¿Te das cuenta?»

«Sí, casi veinte años sin vernos!».

Dispuestos a conversar, entraron a un acogedor restaurancillo de Irvine.

«¿Qué haces?» «Ahora servir a Dios y trabajar sin descanso».

«¿Te hicíste rico?»

«¡En sabiduría de Dios!», presumió.

Se unió un segundo amigo a los diez minutos de sentarse. Bajó de un carrazo de luxe. Evaristo lo reconoció al instante desde la ventana. También se unió al segundo un tercero. Vino con él. Un hermano que dejó la iglesia.

«¿Eras tú el que me hablaras sobre la psicoterapia como un nuevo mito y sobre la iglesia y el Estado Teocrático como opios?», le preguntó a quemarropa el que llegó, «y, vueltas que da el mundo, ahora, Evaristo ... me han contado que te consolidaste en la fe y que eres parte del Estado Terapéutico? Monje y beatón, pastor y educabobos».

Seguramente, el hermano realengo anduvo de hablador.

«Si estás enterado, ¿para qué agregar más?», dijo Evaristo.

Se rieron de que, en sus tiempo juveniles, este hombre (al que antes se le llamara El Loco por cariño de amigos) descreyera de los siquiatras y sicoterapeutas. Decía que son los fabricantes de locuras y trastornos mentales inexistentes, inventores de metáforas estigmatizadoras sobre el mal comportamiento y, en el peor de los casos, de la coersión fraudulenta y reclusión forzada de tales, dizque sicópatas y pacientes. Gente más sana que el loquero mismo.

La causalidad de la angustia, de las crisis de desorientación y depresiones, son reales, mas no permanentes. No justifican las terapias de aversión ni los manicomios. Fue su argumento.

Sin embargo, sus amigos acaban de informarse que él es sicólogo clínico. Trabaja para varios siquiatras, drugs-prescriptioners y grandes investigadores de la neurosífilis y la mente neurosifilítica.

«¡Eah rayos! Tú que alentabas a todos los viciosos. Que tildaste de genios a excéntricos y desadaptados sociales. Que a los degenerados y depravados sexuales ¡te juraste incapaz! de llamarlos pecadores, o vestirlos con el sanbenito de las camisas de fuerza... hoy eres el que das las recetas retórico-morales, terapias de contención represiva y sermones, curación mental como control religioso y componte instititucional, ¿no?»

Sentía que se burlaban de él.

Se acordaron del hippie de pelo largo, roquerón, que se recetó a sí mismo una mixta de sexo in the Sixties para que, a estas alturas de su vida, veinte años después, no tuviera que ir ante una sexóloga maníaca o a programa de televisión, como esos que hace Cristina Saralegui u otros tantos, quejándose de erotomanías insatisfechas y reprimidas.

Al escuchar a sus amigos, al hilarse lógicamente sus pretensiones, Evaristo les dijo: «Acepto el reto. Tengo fe en Dios y él no me ha pedido que, con el mito de la psicoterapia, instrumente yo el fraude. Sé diferenciar claramente las enfermedades corporales, las desviaciones sociales y el rol que al sujeto que padece por desorientación corresponde. El sujeto que padece es, como un amigo, al que doy un consejo», dijo el doctor Evaristo.

«Cobras por dar consejos, ¿no?»

«En cierto modo, a veces es...», balbuceó.

«Yo doy consejos financieros a otros y cobro muchísima plata», se jactó el amigo. «Cuando doy tales consejos financieros a mí mismo, también soy exitoso. Por lo general, mi salario anual son más de seis dígitos».

«¡Vaya, vaya!»

Le ofrecieron un premio de $15,000 por un experimento.

Lo rehusó muy cortésmente.

«Que sea gratis. Dios es generoso y lo haré ante Dios».

«El por delante».

«¡Aleluya!», se glorió Evaristo.

Sabían que él no tenía necesidad de ingresos extras, aún siendo pobre y conforme asalariado. Que era un hombre gentil, confiable, emprendedor, nítido en su vestir, irreprochable en su trato, fue sabido. Más de diez años felizmente casado, sin correrías romanticoides, fiel a su excelente familia. Diez años o más sin que nadie supiera de una tacha moral que ensombreciera su persona; pero lo tentaron. Acabaron por tentarlo.

«Acepto el desafío».

Dios no necesita que él pruebe que es capaz de hacer gratis lo que otro pide que haga por $15,000; pero la verdadera tentación fue que apostara que podía vivir un día sin invocar a Dios, sin tornarse a El.

Lo desafió un incrédulo de marca mayor. Ejecutivo pedante, a financier, que alegaría que puede escupir sobre ese Aleluya que Evaristo ha colocado como una muletilla en su boca. Sí. Es un apostador, a risk-taker.

«Apuesto a que, como cristiano, te acobardas».

No. No. Evaristo no se raja.

«¿Esquivarías las vanaglorias del mundanal ruido sin amedrentarte? ¿Crees en tentar al Diablo y, en correr, al verlo venir? ¿Cuán sólida es tu fe, Evaristo? ... mira que te recuerdo cuando fuimos estudiantes. Te comías el mundo en defensa de dos principios: progreso y justicia. Al decir justicia, a menudo hablaste por amor a los derechos del individuo; al decir progreso, en pro del bien común. Eras un laico, Dios no contaba. Eras el demócrata verdadero. Hoy, ya sabes, los demócratas creen que sólo la clase empresarial tiene el derecho a todo, a verse beneficiada de legislación preferente, del voto de los comités especiales y dar más valor a sus opiniones que a las del pueblo, siempre mayoritariamente pobre, sin suficientes cabilderos en Capitol Hills, ¿sigues igual? ¿O ya acudes a la demagogia de Dios? Dios te permite patear el culo a todo el mundo, ¿eh?»

«No, claro que no».

«¡Loco, Evaristo! Siempre has sido valiente y bien pensado, ¿eh?»

En fin, obtuvo la oportunidad de irse por un día al seno de la locura. Un día entero con su psiquis, su carne, su naturaleza dionisíaca, un día para él. Un día de travesura durante el cual la Iglesia / sus Gurúes no tendrán la ocasión para que le pidan a Evaristo la dirección de la congregación en oración, o que la cultura cívica ofrezca su super-Ego policíaco e intermediario. Se le observará; tendrá que volver a ser hombre, sacarse el manto espiritual que se colocó sobre los hombros. Ubicarse en carne y hueso en el mundacho.

Es decir, los tres amigos lo empujarían al mundo, por 24 horas contadas por reloj. Prueba tu Dios en cada bar, en cada casino, en la escena erótica de los antros juveniles. No se creyeron el cambio que Evaristo dio. Al parecer, es tan piadoso.

Han alabado su familia ejemplar. Una mujer linda se buscó. Nada pazguato es este doctorsillo. Admitieron que le va bien, no por el dinero, exactamente. Más bien, por el prestigio que es llamarse Dr. X y hacer que, en privacidad, se reclinen sobre su sofá, los que quieren hablarle intimidades. El pregunta sobre los objetivos y valores, con los que ellos / ellas conducen sus vidas. El escucha sus emociones. Los espía. Los seduce con el cuento de que juntos irán clarificando objetivos y valores. Al final, serán más conscientes, responsables y libres, gracias a él.

Psicologizar es conversar, dice el doctor.

«¿Cobras por conversar, Evaristo?»

«Sí».

«Nada es gratis, recuerdo cuando tú lo decías».

«A Dios no le vas a cobrar; no le pases la cuenta. Tampoco yo no sé pagar, a ese nivel; pero, Evaristo, pídele a Dios, mesura en tu beber; resistencia para que no falles a tu mujer. En 24 horas contínuas, el alma se prueba. Sólo basta un día para que el oro muestre el cobre».

¿Eres de oro, o te chapetearon nomás con trementina?»

«Oro es Dios en mí, yo, piedra bruta, hermano».

Fue el último consejo que le dieron al dejársele en un casino de City of Commerce.

2.

«¡Qué callado te lo tenías? Evaristo en persona, ¿lo creerán mis ojos?»

Jugaba unas pesetas en las tragamonedas. El tipejo que lo saluda vio que bebía. Evaristo quiso matar el tiempo; pero algunas horas se huyeron por su garganta en servicios de cognac, a los que, a su juicio, diluyó con cervezas que al costado de su máquina de apuesta le servían. Ante la pantalla ya no lo apendejaba el súbito ruidajo de pesetas devueltas; al contrario, se ilusionaba con la idea de poder ganar algo, y se excitaba.

«Caballero, es un gusto», dijo.

Había olvidado un instante tan sólo que alguien le saludó.

«¿No me reconoces?»

No lo identificó. A lo mejor, el ruidajo, el olor a cigarros y licor.

Era un ex-compañero de empleo. Un médico que el alcoholismo sacó de la práctica.

No lo ubicaba en su memoria, pero, ¿qué importa? Se fueron a una mesa a beber juntos y cada cual a elogiar a la linda y fiel esposa, a las hijas decentísimas y angelicales de Evaristo.

«¿Ya no estás en la Iglesia, ah?»

Y hubo una rápida afirmativa.

«¿Quién dijo que no? Sí, estoy. ¡Aleluya! Obrero de Dios, edificando a Sión, alabado sea el Señor! ... ¡Espere usted un momento! ¿Cómo supo que son tres las hijas que tengo y que voy a la Iglesia?»

«Te conozco, Evaristo. Soy padrino de una de tus hijas. Te admiré, aún te respeto muchísimo».

«Díme tu nombre, si eres hermano».

«No. ¿Para qué? Estarás ebrio. Ya picadito, lo olvidarás. No importa»

Evaristo aseguró que, borracho o no, no negaría que pertenece al selecto rebaño de Jehová ni al Cristo que se entregó a la muerte, a la Santa Cruz, para que el dolor del viejo Adam, el pecado de Eva, la tentación y opresión cotidiana, quedara crucificada en Jesús y, con sólo invocar Su nombre, por Su Sangre quedaría limpio. Estar en el mundacho no me hace inmundacho: se atrevió a bromear, tras darse un sorbo de cerveza y misar la transustanciación.

Tomo Tu sangre, Cristo. Bebo tu Sangre.

El fulano no era de la Iglesia. Sintió miedo de lo que Evaristo dijo. Este señor acabó de referirlo un miembro de un sub-reino goyyínico, mundacho inmundo, y al parecer tendría un ritual vampírico. Parafraseaba, en voz alta, sin oír que el amigo se despedía, un salmo de David. Se escurrió el fulanazo y, de pronto, Evaristo oyó como un eco su propia voz, soliloquiando.

«¡Qué gacho! Ya oigo voces en la azotea», dijo y zafó de su boca una caracajada tan sonora en la esquina de la barra que él fue el primero en asustarse.

Repasó unas ideas fragmentarias de la antipsiquiatría que leyó. Le vino a la mente David Cooper, Ronald Laing, Franco Basaglia y... éste, que es mi favorito, ¿cómo se llama ese cabrón? es que su nombre es tan complicado, o tan estúpido, no es Focault... es alguien cuyo nombre son tres letras, un tris, un chas, una mierda... Szasz...

Cada vez, sin que supiera por qué, le servían más cognac.

Ahora también supo que tendría el reto mayor ante sí. Una mujer, provocadora contumaz, le asediaba el alma y la carne en aras de colocar a sus pies una piedra de tropiezo. Es muy linda y jariosa. Se sentó a su lado. Clavaba sus ojos, grandes y provocadores.

«¡Qué afeitada más nítida! ¡Qué piel tan tersa y cuidada tiene usted! No quiero ser atrevida; pero permítame que con mi mano... obtenga una una caricia...», suplicó la mujer.

Para no pecar, ni con el pesamiento, se buscó la cartera dentro de un bolso interior del saco. Con desorganizada avidez, sacó la foto de su mujer y sus tres niñas. Se las mostró mientras hizo un esfuerzo por saber ... ¿cómo pudo aquel hombre, el que dejó hace un rato, saber sobre ellas, mis hijas, y sobre la Iglesia a la que voy? Aquel que se llamó ex-compañero de trabajo, padrino de mi primera niña... ¿Le conocí o vino a tomar mi pelo, por verme ebrio?... Compruebe, señora, verifique la existencia, de mi santo hogar y cómo nada hay, abajo del cielo, que se le pueda comparar...

Pensó que la luz de estas palabras son como una cruz y el fuego intencionado de su convicción, una amenazadora y directa advertencia. Por el tono de sus palabras, la mujer huiría como vampiro. Chispas agresivas de orgullo salpicaban los ojos de Evaristo y la mujer, en su compañía, inesperada y conmovidamente, sonrió.

«La verdad. Es una bella familia la que tiene usted», le dijo.

Dialogaron sobre la cautela. No manejar en condiciones de ebriedad (¡y, más, por amor a esas mismas niñas!) En algún momento, él se perdió. Instruído por sordo-mudos fantasmas que le sugerían que, siendo tan hermosa la mujer, no se comportara como un machista, fornicario e irrespetuoso, especimen de Babilonia. Que diera testimonio de victoria y mansedumbre. Ella platicó otros quince minutos. Aún viéndola y asintiéndola, Evaristo no la podía oir; se había perdido en alucinaciones o sentimientos muy subliminales y no tenía la habilidad de verbalizar lo que sentía ni las fuerzas para irse o regresar.

Tartamudeó, al fin, una despedida. La mujer objetó su ida. Lo detenía. Nunca imaginó ni entendió por qué.

Condujo por predios de una calle, más oscura que tortuosa, donde vio el letrero que indicaba el rumbo: «Azazel / 8 millas».

29 de julio de 1992 / Irvine /
Indice: El corazón del monstruo

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