MAS VALE MAÑA QUE
FUERZA
Un día lo vio. El engreído, parejero, pasó ante su balcón del segundo piso.
Y quien lo mira, lo tuvo en la garganta; no lo pasa. Por eso, el escupidor
juntó fuerzas y tosidos al verlo que avanzaba y, no bien caminó sobre la acera,
a sus bajos, con el recaudo de un gargajo espeso, calculado por el odio que le
tenía desde chico, lo bautizó desde lo alto y se escondió.
El escupido bañó la frente
a la víctima. Se escurrió a las narices, le mojó los bigotes y la comisura del
labio. —Relámete, abusador—. Y, al visualizar el balcón por el que pudo echarse
tal húmedo disparo, la víctima dijo: —Esto no se queda así, carajo—. A él que
de ajeno viste, no se le quitarán sabores de venganza; a él nadie le desviste
de la fama que ha creado. El no se cura con malva. El va y despoja. El no es un
perro flaco. El no se viste de pulgas. Es un engreído de los buenos. Fornido,
abusón, burlador que se mofa del débil y el pendejo.
Buscó la escalera que
lleva a ese segundo piso. Alguien tendrá que dar sus cuentas y corre y sube,
porque en caliente tomará venganza. Quien lo escupió está lleno de nervios,
aunque, en su corazón se festeja. Diez veces vengadas están las humillaciones
que han recibido él y quienes ama. ¿Quién lo iba a decir? ¡Que él, desde un
balconcillo, se vengara con un escupitajo, con artera puntería! Alcanza un
hueso de perro gordo, aunque él sea un perro flaco y realengo. Está feliz;
pero, no es tarde cuando sospecha que el engreído subirá, calculando espacios y
balcones y es capaz de tirar su puerta, si él no abriera. Vendrá a cerciorarse
de la existencia del agresor cobarde que se esconde tras la puerta ... Es mejor
no estar, no oir, no darse por culpable y que lo delaten los nervios... Fue por
lo que corrió hasta el extremo del pasillo fuera del apartamento, se escondió
con presteza y vio que su vecino, policía de oficio, sin verlo a él, entraba
por una puerta aledaña, exactamente al lado de la suya, desde el otro extremo.
Buena coartada ya tuvo.
El agargajado, al verlo,
le hizo señales, dio gritos. Acertó a verlo salir, cerrando la puerta con la
llave y pensó que fingía entrar después de haberlo escupido. Seguro que piensa
que escapará de él. —¿A dónde cree que va, hijodeputa?— El policía está en ropa
de civil; pero armado y, en el bolsillo de su saco, tiene unas esposas y su
carnet de agente del orden público.
No se dieron
explicaciones. Se enfrascaron en una riña a puños delante de la puerta del
vecino. El policía interpretó que vino en son de robo. —Gente es que viste lo
que en la calle roba—, dijo, pero,
allí... en el piso, el policía está identificándolo. El escupidor se adelanta,
camina cautelosa y lentamente. Fingirá que llega al auxilio. Tiembla con una
culpa en vilo. —Hazme de testigo, Serás citado en mi reporte—, dijo el policía
a su vecino.
Al otro lo tiene bocabajo,
aturdido sobre el piso, sus manos esposadas y brazos angulados a la espalda contra
la rabadilla. Con gesto victorioso, el guardia puso uno de sus pies encima de
una de las orejas del engreído agargajado. El zapato policíaco lo fija con la
mejilla al cemento de largo pasillo de apartamento en el segundo piso.
—Se habría metido en tu
apartamento y el mío, si no lo detengo—, lo anunció. —De este ladrón, también
reportaré que me ha agredido—, y sacó el celular para llamar más apoyo de una
patrulla policíaca.
*
LA SECCION HIÉNIDA
«Soy pana de los cocorocos,
de
Toledo a Acevedo
Tengo
compra'o to los jueces.
Los
fiscales son a fuego.
En
el senado, la cámara de representantes,
'tan
toitos claros. A tos los tengo alante:
arreglo
'e flores, prendas, diamantes,
torta
en efectivo
pa'
que gane el año entrante»:
Calle 13: «Sin
exagerar»
Después del relámpago viene el trueno. Y avisaron que hay reunión de
Gabinete. El jefe está que truena, en infortunio de penas y tuvo pesadillas
relativas a vacas gordas que se caen, transformadas al final, por putamente
flacas. Dijo que, a su regreso del viaje a los EE.UU. (de los muchos que da,
por ver los 'nenes'), todo huele mal. No pudo excluirse a uno solo, sacándolo
del grupo, o presentarlo en la sesión
del gabinete y gente de confianza, aunque se les agudizara ese olor nauseabundo
que debe ser privado, pero que al llegar el incólume jefe no se puede ocultar.
Se agudiza con el paso de los año.
Sabido es que los
anexionistas hiénidos no tienen glándulas odoríferas en el perineo. En el
orificio anal, la vergüenza es un pedo y
grandes bolsas de piel carente de vellosidades, lo expide como
preanuncio de su caca. Cagan expeditamente sobre todo lo que pisan y tocan.
Como Midas al oro, lo palpado por ellos, asu paso, se hace excremento. Estos
mamíferos de baja envergadura, timbaleros de teflón por las. enormes glándulas
anales, en la reciente fiesta en el Pub de La Fortaleza dejaron la evidencia de
su falta de evolución. Cuando tales glándulas se les abren dentro y en la parte
superior del ano, también les baja sudores nauseabundos. Biológicamente son una
pesadilla. Olor a hiena, a partir de las glándulas sebáceas, olor en poros,
axilas y orificios de ocultas glándulas anales y por encima de ellas. Esa falta
de clase típica de las chusmas,
El jefe durmió en un
hotel, No en La Fortaleza. Es que, desde la distancia, llegaron a su limosina
el olor putrefacta Como que nunca.
Y adivinó. Hubo orgías,
intercambios de humores primitivos.
—¿Pero,
entre hienas, a quién le amarga un dulce?
Echa echaron canas al
aire, se dieron vida a los excrementicios impulsos. Festejos como hienas, al
estilo de lo que son, sus carroñas.
No todos tienen la
educación del jefe. Esmera-damente educado en Georgetown University. Domina,
por entrenamiento, las artes diplomáticas y como abogado se educó en la
Universidad de Virginia.
Evitando verle, a la Gata
Persa la despechó con este comentario.
—¡No me sirves para nada
porque a donde quiera que llegas te abuchean!
Conste que es la más fina
de las hienas. Las restantes son afrentadas, alborotosas, con las entrepiernas
siempre impregnadas de secreción cremosa, blanca, el sucio ignaro de sus
apetitos animalunos y —me dan asco cuando se sientan junto a mí, o en cualquier
lugar y sea cualquiera que me extienda la mano por saludo, la evita. Su codicia
tiene un olor particular.
Como si pegan sus
excresencias a los tallos de la hierba, huele el jardín. El olor es muy fuerte
y lo esparcen. —Que se queden en los exteriores, me agradaría más. A mi oficina
que no entren». El sol cataliza lo nauseabundo de sus vapores y a varios metros
con el viento a favor se comunica su presencia de hienas, carroñeros
especímenes del Estado. Y las relaciones humanas. No pude entrar a la Oficina
Ejecutiva, Tuve que ordenar una limpieza exhaustiva».
A Chuchín le dijeron que
olor, no es nada pintoresco. Se volvió patético. De Cordero anotaría. «Afrentado
para el dinero es un puercazo. Me cuesta $8 billones cada vez que lo veo. Es un
vampiro de energía».
Marcos la Gata siempre se
ha creído una hiena diferente. Es del tipo de las Hienas Lloronas, como a mí
mismo se me acusa. Cree que, con las secreciones anales, con las que marca su
territorio, limpia su peste o la oculta. Pues no. apestan. Le gustaría que se
le adorara cuando se echada sobre el sofá, con su gordura de gata de Angora,
como damisela del orden Feliformia, con la feliz Forma de Gata Persa. Cree que
tiene cierta elegancia cuando acomoda la corpulencia. No flota como Cordero. No
sobre agita el aire. Es tenue, aunque sea maloliente… Pues está equivocado. Sea
lobo de tierra, triturador de huesos o hiena rayada, entre las lambisconas y
lloronas versiones gatunas, angoras o persas,
hieden.
La Hyaenidae es familia de los animales nocturnos, ladrones que navegan en caos y
sombras, enemigos de la luz en libertad. —Y todo hiede aquí, ya no es lo mismo
que antes. Aún el Viejo Ferré cuidó la clase... Llegó El Caballo y trazó un
sendero desde la bajada del Cerro Maravilla. El Parido no es el mismo,,,
—Todo está muy limpio,
Jefe. El servicio de limpieza vino muy temprano en la mañana. Anoche terminaron
una limpieza con tecnología aromatizadora, intensa. Pedí que fuese meticulosa.
—Pues, todavía huele a
mal, Te enviaré a un especialista de narices—, insiste el mandatario.
—Quizás sean obsesiones
suyas con las vacas flacas lo que lo tiene así—, dijo La Persa.
—¿Qué me tiene así?... me
preguntas. —¡Todo!
Desde que implantó la Ley
7 y comenzaron los hervores de la pudrición: cloacas en Salud, entuertos con la
Tarjeta de Rosselló... Sancha que la policía es una nulidad asquerosa, —Suma el
asunto de la Vía verde: ¿algo nuevo con eso? Que a la mala hora no ladren el
perro.
En fin, se entiende que el
Flojuño, emisario de esos Vientos de Enlil, está con el humor de mil demonios,
enojos como aquellos de Pedro el Loco. El Cascarrabias. Hoy ni La Gata Persa lo
tiene contento, aunque ya le dijo que nunca más (que será la última vez) que La
Fortaleza se convierta en pub [para borrachines], dizque líderes comunitarios, jóvenes
o activistas del partido. Y, sobre todo, hienas que dan sus espectáculos de vómito, o lujuria, cuando al
fin y a la postre «todo se sabe».
Hay demasiado lavado de
dinero y otorgación de contratos y dije a Rivera: —Eres lento con los hechos y
rápido con la boca. Eso no me sirve. No
eres de mis hienas favoritas aunque bien sabes triturar los huesos, como verdadero lobo de tierra, y son
con largas tus orejas, mas no fino tu oído. Tus molares son poderosos, pero eres antipático, por tu
carácter, hasta decir Fo. Eres el mayor de los matreros. Sólo sabes una ley: A grandes males, grandes remedios. Y tú solo
remedio es el garrote: Burlas a Dios y con el mazo vas dando. No llegarás a
estar donde yo estoy...
Esta satrapía ha sido
descrita como uno entre los lugares más corruptos bajo la bandera americana,
lugar / o cetro / establecido por convicciones por corrupción per cápita. —Todo
esa mierda me salpica, Han estrujado la noción de ese lugar, número once en la
nación, en mi cara. Somos el tercer lugar de corrupción en América Latina. con
solo Chile y Uruguay, superándolo en el año 2010.
—Estas estadísticas sobre
las convicciones criminales en Puerto Rico las utilizarán contra nosotros, los
demócratas de allá y los republicanos mismos; porque no nos respetamos ni entre
nosotros mismos. No respetamos La Fortaleza. Esta es la Guarida de las
Hienas ¿Diremos que es nuestro barco el
que se está hundiendo y que por tal causa salen todas las ratas a salvarse de
ahogarse en el caño inmundo?
—Nos azotas con el fuete,
jefecito...
—¿Quién me cagó las
alfombras y cortinas de mi Oficina Ejecutiva? Trechos de su paso quedaron con
sus glándulas anales... En un sistema de hienas, como es el nuestro, el intruso
de la osadía / ese que se metió a hurgar en mis cosas / claro que tuvo que ser
una hiena, y huele como ella porque no hay sistema sin sujeto y estos sujetos
que se han representado, en el Partido y en el Gobierno, son lo peor entre los
hiénidos. Son los más burdos vivérridos y mustélidos que hasta parecen cánidos
y fálidos del Cuartel Rojo... Pero, te digo, entró la hipocresía, al estilo perro muerto que Romero Barceló impuso y Rivera Schatz continúa... ¿Son mis enemigos
dentro del partido hiénidos rayados y marrones que son los que más repugno... y
aparentarán la inocencia, si los acusas, o si yo lo hago y harán lo que,
habitualmente, hacen. Fingirán la muerte cuando el peligro aceche y o si la
oposición los atacara con fiereza de verdaderos perros y leones...
—Gatoide felifome, yo.
Marcos. No los otros. No Rivera Schatz, que ni sabe lavarse la cara ni el ano
para siempre, aunque el bigote parezca recortadito, cuidado. La Gata Persa acusa aún más: yo soy el único entre hiénidos que me acicalo y no a la
manera vivérridos y que, por su manera de lamerse los genitales, no me tiro de
nalgas sobre la parte trasera, y con sus piernas, abiertas verticalmente hacia
lo alto, no hago mi limpieza en profundo.
—¿Acaso no dejas tus
sarnas o pulgas escondidas? Grandes hipócritas e ingratos que tiene este el
Partido, guardan las pulgas o las chinches que tienen en la genitalia...
Piensa, antes de replicar, si tendrás el valor de verbalizarlo cuando suceda el
enfrentamiento. Ve y escribe mi orden ejecutiva: «Reunión de emergencia» y no habrá ocasión de firmar por la entrega de dietas, o por cualquier vitualla
vistosa, si no van. ¡Ay, putas, me ausento por más de una semana! y echan el
país a perder... —¡Y cómo hieden esas hienas o los mamalones que entraron aquí,
en mis recintos!—, dijo.
—¿A qué hora que la sesión
hiénida?
—¡Cuando se vaya la peste!
Calcula.
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