Sunday, November 29, 2009

La edad de tinieblas


A los sufridos pueblos del Oriente Medio
Según aprendió Ciro, en la cuarta edad del mundo que dura 3,000 años, para los varones solares no hay opciones. Se harán guerreros. Dicho ha sido por profetas. Las luchas tribales se recrudecerán por orden del dragón Dahaka y quien merece el dominio, para imponer su mínima paz y cierta salvación, el provisional orden benigno, debe escuchar a Keresaspa y Saoszan, dos dragones bienhechores. Sus voces las ventilan en las travesías del viento los perseguidos y los poetas solitarios de las montañas.

Ciro, el príncipe, aprendió con un forajido escita que huyó del Norte del Mar Negro y vivió entre tribus ucranianas, que habitan las márgenes del Mar Caspio y Aral, más al este, que el mundo urge redención. Que hay monstruos y tinieblas bajo la Tierra, vapores de Ahriman que enferman las almas. De donde vino huyendo, nómada nato, los más perversos se abrigan con mantas, recogen simientes de un cáñamo alucinante y las tiran sobre piedras calientes, al rojo vivo, y el humo es intenso. Los perversos aúllan como lobos con el embrujo de un vaporoso perfume. Se bañan con el humo como en sauna marihuano y salen después a matar. Odian a los hijos del Mar Negro y les llaman ucranianos.

El escita escapó por eso. Anhela el hallazgo del príncipe que castigue a creyentes de Ahiriman y los someta a juicio, arrojándolos al océano de metal fundido... Escuchándolo, Ciro preguntó: «¿Y qué pruebas tienes de la maldad de los Hijos de Ahriman en esas tierras de las que vienes y de sus gobernantes que has llamado gugu (jefes) de Mat Gugu?»

El vocablo gug significa ‘oscuridad’ o ‘tinieblas’, según el príncipe ha estudiado con maestros de Sumeria. «Los unidos en Tierras Tenebrosas son salvajes uy sanguinarios. Beben la sangre de su primera víctima en batalla, cortan sus cueros cabelludos para adornar sus abrigos; pulen los cráneos de los cadáveres, los llevan como trofeos a sus familias y amigos. Hacen con cráneos sus vasijas para su alimento. No entierran sus muertos. Los dejan a los buitres... y a nosotros, quienes cultivamos el trigo para vender a los griegos, nos acosan. Nos tiran saetas con pensamientos malos de enfermedad y odio. No nos ven como sus hermanos iranios. Bendito sea el príncipe que aparte de nosotros a los escitas que no creen en el Sol y sí en el humo de vapores que salen de los fosos subterráneos. Bendito sea Ormuz, creador del cielo, la tierra y los soles, protector de los animales y las criaturas pacíficas».

El corazón de Ciro se conmovió al escuchar al prófugo y habló a sus montañeses del Elam, hijos de sus antecesores del sudeste iranio, para que se le acogiera como uno de los suyos y les enseñara que los hombres buenos serán inmortales después de años de expiación en esta edad de temor y guerra. Mas los perversos sufrirán lo indecible. Su alma terrestre vagará, no por días, por años sumados a siglos, sin hallar una laguna que lave y quite el hedor de los vapores de cáñamo incinerado, ofrendado a Ahrimam. No se les pesará en la Balanza de Justicia, sino que, en la Eternidad, donde sólo el Bien existe, sus almas serán el polvo de la Nada.

Y, aunque no había sabido sobre la Sabiduría del Avesta, Ciro consultó con la familia real de Aqueménida, con la más amada de sus esposas, Casandana, hija de Farnaspes, y con su propia familia en Anshan, y dijo: «Para que yo sea rey de Persia y del Mundo, rey de los cuatro extremos de la Tierra, de Babilonia a Lidia, de Sumer a Acad, desde el Mar Mediterráneo hasta la cordillera del Hindu Kush, profeta y prófugo han llegado hasta mí».

Desde entonces, se armó. Guerrero y salvador significaron lo mismo en su alma y lo dijo a sus padres, Cambises de Persia y Mandana de Media: «No me aludan más por Ciro, sol ‘joven’, sino por el que humilla a su enemigo, los perversos. Hoy yo tengo misión en esta edad de tinieblas».

Y se preparó, muchos años después de su victoria sobre el soberano medo Astiages, para una guerra sin cuartel contra los nómadas escitas del noreste del imperio y los masagetas, hacia el 530 a. C. y cuando regresó para dejar a su hijo como rey de Babilonia, supo que el prófugo de la revelación estaba en agonía y cuando fue a verlo le dijo: «Muere en paz, escita bueno. Te he cumplido».

03-02-2000 / Leyendas históricas

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Billie Holiday / En El Librepensador

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