Thursday, January 17, 2008

Nuestras estampas (3)


Elaboradas por CARLOS LOPEZ DZUR

Biografías y logros de personalidades distinguidas de Nuestra América, especialmente de México y de ancestro hispánico son el contenido de Nuestras Estampas. Incluiremos en este espacio a músicos, artistas en general, literatos, educadores, funcionarios públicos, empresarios privados y líderes latinos, mexicanos y mexicoamericanos, que han llenado de orgullo y memorias gratas a nación.


Ex-Congresista Eligio de la Garza


Un estudio realizado por «Applied Research & Consulting LLC» (ARC) [que analizó los hábitos, preferencias y actitudes de los adolescentes latinos], reveló en 2001 que, si bien tal juventud intenta preservar su lenguaje y cultura, se pierde un conocimiento sobre los liderazgos inspiradores y la memoria histórica sobre figuras relevantes de las que pudieran nutrirse. La encuesta halló que la identidad hispánica tradicional está asociada con la familia y el hogar y que ese vínculo apela al deseo juvenil de no renunciar a su cultura hispánica, pese a la intensa presión de la asimilación y el «cross over».

En la medida en que conozcan más sobre las personalidades a seguir, sean artistas o funcionarios, se fortalecerá el interés de los jóvenes por el español. Tres cuartas partes de los adolescentes hablan y entienden el español, aunque hayan nacido en Estados Unidos y lo hablan bien, o relativamente bien, para comunicarse con sus padres. «Apoyo la enseñanza del inglés desde la edad más temprana; pero no se crea que les pediré a las familias, descarten el español y el olviden su cultura», dijo Eligio de la Garza, quien de 1955 al 1957 fue el único miembro hispano en la Legislatura de Texas antes que ese mismo año ocupara un escaño otro latino, Oscar M. Laurel, en representación del Condado de Webb.

Se calcula que la mitad de la población de los Estados Unidos estará hablando español, según se sucedan los decenios y el país en general se verá inmerso en la creatividad cultural y la diversidad de arte, música y danza, vínculos estrechos con la familia y otros valores que Carlos Fuentes ha llamado «The Latino Gold». Oro cultural latino.

Mas para la continuidad de tal identificación será necesario que los jóvenes también se interesen en los aspectos políticos del quehacer comunitario. Kika de la Garza definió la «solidaridad de la comunidad con los más humildes» como indispensable para ese fortalecimiento. De la Garza fue la fuerza orientadora y el guía motriz en la creació del primer sistema gubernamental de enseñanza del inglés para niños de edad preescolar y patrocinó la integración de la Universidad Panamericana en elsistema de la Universidad de Texas.

Un hombre como De la Garza fue visto por el gobierno de Washington, D. C. como un verdadero portento. Habla varios lenguajes, además del inglés y el español. Recibía a dignatarios extranjeros, tales como ministros de agricultura y de comercio, hablándoles en sus propios lenguajes. No en balde fue el primer congresista en pertenecer el Grupo Interparlamentario México-EE.UU. en materia fronteriza.

Eligio de la Garza sirvió desde 1964 en el Congreso federal y, en 1981, fue el primer latino en presidir un SubComité de la Cámara de Representantes, como jefe del Comité de Agricultura, donde fue el jefe por 13 años. Un fuerte aliado de Presidente Lyndon B. Johnson, luchó por una reforma de la agricultura que incluyera un sistema de seguros, reformas al departamento agrícola («omnibus farm bills» de 1981, 1985 y 1990) que animó el desarrollo rural e hizo muchas mejoras en los servicios de nutrición para las personas y ofreció alguna legislación en contra del uso de pesticidas. Mejoró el acceso a programas de salud para los ancianos y veteranos y ayudó a mejorar las condiciones de vida para personas de bajos ingresos, enfatizando el acceso a oportunidades educativas para todos los estadounidenses.

En 1983, mediante el Acta de Ayuda Alimentaria de Emergencia, autorizó la distribución de los excedentes («surplus commodities»), propiedad del gobierno, para personas indigentes. Dos años más tarde, el Acta de Seguridad Alimentaria («Food Security Act») incluyó provisiones que fortalecieron los programas de exportaciones y hacia mercados orientados.

También fue destacada su labor legislativa en los campos de educación, el patrocinio estatal de puentes internacionales en la frontera de Texas y ambientalismo. Durante la administración de Reagan, De la Garza creó leyes para proteger las áreas verdes y hmedas («wetlands»), conservar las reservas de tierras en riesgo de erosión y ayudar a rancheros y agricultores que pierden sus cosechas en periodos de inundaciones. Leyes de 1988 y 1989 que son las hoy llamadas Leyes de Ayuda en Desastre.
Este congresista demócrata, nacido en Mercedes, Texas, desplegó su labor desde 1965 al 1997, como un destacado liberal demócrata, defendiendo los derechos civiles, mejoras en las relaciones entre los EE.UU. y México, en el comercio y puentes internacionales hacia México. Explicó los riesgos de la legislación del Tratado de Libre Comercio (NAFTA) y contribuyó a la expansión del Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT).

«Kika» fue un nombre que adoptó influenciado por una serie de TV. A la edad de 16 años, ingresó a la Marina Naval y s estrenó en la Escuela de Artillería en Oklohoma. Fue teniente de la Armada en Corea y, al de regreso del servicio militar, completó el grado de abogado en la Universidad St. Mary de San Antonio (Texas) en 1952. Practicó su profesión antes de ser electo a la Legislatura de Texas, donde creó la Comisión de Acueductos.

Durante seis términos consecutivos en el Congreso, no hubo candidato que se le opusiera o le ganara con amplios márgenes. En 1978, el gobierno de José López Portillo lo premió con la Orden del Aguila Azteca, el honor más alto que se entrega a un extranjero. Ese año el congresista mexicoamericano fue uno de los miembros fundadores del Caucus Congresional Hispano.

Nuestras Estampas (2)

Elaboradas por CARLOS LOPEZ DZUR

Cada semana estaremos incluyendo sucintas biografías de las vidas y logros de personalidades distinguidas de Nuestra América, especialmente de México y de ancestro hispánico. Nuestras Estampas giran en torno a músicos, artistas en general, literatos, educadores, funcionarios públicos, empresarios privados y líderes latinos, mexicanos y mexicoamericanos, que llenarían de orgullo y memorias gratas a cualquier nación.


José Alfredo Jiménez (1926-1973)


¿Quién no ha escuchado, con emoción, temas musicales como "El Corrido de Guanajuato", "Ella", "Yo", "Tú y las nubes", "Llegó borracho el borracho", "Cuatro caminos", "La que se fue" y "Guitarras de media noche"? Quien los creara está considerado y avalado como un genial compositor, con más de mil canciones, cuya vida ejemplifica la perseverancia y el valor de levantarse, una y otra vez, cuando se ha caído. Muchos mexicanos pueden indentificarse fácilmente con un hombre como él que tuvo su historia de sueños y problemas comunes, a los que como paisanos han inmigrado a los Estados Unidos.

El cantautor José Alfredo Jiménez Sandoval tenía 10 años al morir su padre. Terminó la primaria en el colegio Franco Inglés y no siendo mal estudiante tenía otras inquietudes fuera del aula. Se iba de pinta con su amigo Jorge Gabilondo Patiño, hijo del célebre «Cri Crí», con quien se unía a un grupo de maletillas que soñaban con ser toreros. El resto de la niñez y la adolescencia las compartió entre la guitarra y el fútbol. El futuro compositor se asoció a las filas del equipo capitalino Oviedo y después en el Marte, donde disputó sin éxito la posición de portero a un tal Antonio Carbajal, más conocido por "la Tota", quien luego participaría en 5 campeonatos del mundo con la escuadra nacional.

El padre de José Alfredo era boticario, químico bacteriólogo y tuvo la única farmacia de Dolores, Hidalgo, Guanajuato. Su madre quedó viuda en 1936. En busca de mejor suerte, se trasladó con todo y sus hijos (8 en total, por el primer matrimonio de Agustín Jiménez, su esposo) a la ciudad de México, donde puso casa y una pequeña tienda en la calle de Ciprés, ubicada en un barrio de clase media pobretona. La tienda también se fue a la quiebra, como la antigua farmacia en Hidalgo.


Ciertamente, José Alfredo nació pobre y vio su familia en desbandada. Sus hermanas se casan y uno de sus hermanos muere. A éste compuso una de sus primeras exitosas canciones: Corrido de Guanajuato, que dice: «No pases por Salamanca, que ahí me hiere el recuerdo». Desde la edad de 8 años, radicó en México, D. F.

Fracasado su objetivo de ser futbolista, José Alfredo venderá zapatos. Trabajará como mesero en una lonchería llamada «La Sirena». Por estos lares de San Cosme, se hará amigo de Jorge Ponce, hijo del dueño de la lonchera, así como de los hermanos Enrique y Valentín Ferrusca, integrantes de un trío poco afortunado, «Los rebeldes», con quienes empezó a cantar en restaurantes y bares de mala muerte.

Para el año de 1947, siendo ya un compositor en ciernes, los cantantes famosos se presentaban en la radiodifusora XEW. José Alfredo iba diariamente hasta esa estación en busca de Jorge Negrete, Pedro Infante, Pedro Vargas, Miguel Aceves Mejía y otras celebridades del momento. Se había propuesto interesarlos en sus canciones, que para entonces, ya sumaban decenas. Sólo en 1950, Andrés Huesca y sus Costeños, aceptaron interpretar uno de sus temas: "Yo".

De su música se ha dicho: «Son principalmente rancheras, huapangos y corridos, todas ellas reconocidos por su calidad y su sencillez armónica, melódica y lírica». Esto es sorprendente, si consideramos, que «No tuvo educación musical y, de acuerdo al cantante Miguel Aceves Mejía, José Alfredo Jiménez no sabía tocar ningún instrumento y ni siquiera conocía los términos "Vals" o "Tonalidad". La mayoría de sus canciones interpretadas por el Mariachi Vargas de Tecalitlán, tienen los arreglos de Rubén Fuentes, a quien se dice que José Alfredo simplemente le silbaba la melodía».

«Con la irrupción de Jiménez el género se renovó; al principio escandalizaron su glorificación del alcoholismo y de un machismo propio de película mexicana tradicional, pero con el tiempo estos defectos se decantaron y quedó esa música y esas letras que reflejan ansias y deseos recónditos del pueblo mexicano. Con Jiménez, la canción ranchera, alcoholizada y machista llegó a su fin, por falta de sucesores autorales»,
dice uno de sus biógrafos, Eduardo Estrada.


Y Carlos Monsiváis, quien escribió intensamente sobre y prologó su cancionero, dijo: «Jiménez ingresó a la historia musical de México en unos años en que la canción ranchera, tipificada por las composiciones de Pepe Guízar y Esperón y Cortázar empezaban a volverse clásicas: música de museo, tan bella y meritoria como se quiera, pero carente ya de la novedad que reclama el gran público. Las rancheras que ahora populariza Juan Gabriel son de género distinto, quizá el mas apropiado para sacar a flote las inquietudes del mexicano moderno».

Una de sus musas fue Paloma Gálvez, cuñada del dueño de un pequeño estudio de grabación en el que Los Rebeldes iban a hacer pruebas. Esa mujer era una a la que casi logró conquistar, era "Ella". El fracaso con "Ella" fue narrado una y otra vez como una desventurada historia pero que, a la postre, culminaría en boda, en junio de 1952, con Miguel Aceves Mejía como testigo. La pareja tuvo dos hijos.
José Alfredo se impuso en el gusto popular, con canciones que fueron grabadas por Pedro Infante, Jorge Negrete, Lola Beltrán, Miguel Aceves Mejía, Pedro Vargas,y otras luminarias. El mismo compositor obtuvo rotundos triunfos con sus propias interpretaciones, trabajó en varias películas y grabó más de 20 discos de larga duración. En su libro Amor perdido, el escritor Carlos Monsivais señala que José Alfredo fue el arquetipo de una conducta que en el cine exaltó e hizo concebible al galán charro, siempre enamorado y mal correspondido. La verdad fue muy distinta, pues las regalías de sus canciones las reciben 4 mujeres que tuvieron hijos con él.


Desde luego, las críticas al contenido de sus composiciones fueron constantes. En especial una de las letras mereció la acusación de que incitaba al alcoholismo: «Llegó borracho el borracho / pidiendo cinco tequilas / y le dijo el cantinero/ se acabaron las bebidas / si quieres seguir tomando / vámonos a otra cantina... Se fue borracho el borracho / del brazo del cantinero / y le dijo qué te tomas, a ver quien se cae primero. Aquel que doble las corvas, le va a costar su dinero...»


En 1955 reapareció en su vida la maestra normalista de quien estuvo enamorado en su juventud, pero esta vez fue él quien la rechazó, pero aprovechando el conato de romance, compuso "Tú y las nubes":

Yo pa´arriba volteo muy poco,
tú pa´abajo no sabes mirar.


Como en todas sus canciones, Rubén Fuentes se encargó de convertir el tarareo en el correspondiente arreglo musical.


En 1968, la bebida le ocasionó una muy seria cirrosis hepática. Por rigurosa prescripción médica, durante dos años llevó una vida ordenada, que le permitió recuperar la salud y, de paso, como consecuencia, tomar un segundo aire: Cantaba mejor y tuvo varios éxitos sonados.


Su último idilio fue con Alicia Juárez, una cantante del género ranchero de sólo 16 años. Sus canciones adquirieron un tono retador como "El Rey": Yo se bien que estoy afuera/ `pero el día en que yo me muera, sé que tendrás que llorar... Desde entonces no dejó de beber. Fue a dar a un hospital de la ciudad de México, donde murió el 23 de noviembre de 1973.

Un busto de José Alfredo Jiménez, considerado el mejor compositor de música ranchera de todos los tiempos, acompaña a los de Chava Flores (Salvador Flores Rivera), Gonzalo Curiel, Felipe Bermejo y José Antonio Zorrilla Martínez en el pequeño jardín de los compositores mexicanos de la colonia Hipódromo-Condesa del Distrito Federal.

Nuestras Estampas (1)


Elaboradas por CARLOS LOPEZ DZUR

Enaltecer el orgullo por la herencia hispánica y consolidar la autoestima de la comunidad requiere de un conocimiento sobre los ejemplos de nuestros triunfadores que han dado lecciones de perseverancia, amor a su trabajo y calidad en sus aportaciones. A partir de esta semana, ofreceremos una serie que ayudará a este propósito. Se incluirán, cada semana, las síntesis biográficas que mejor informen sobre las vidas y logros de personalidades distinguidas de Nuestra América a través de Nuestras Estampas en torno a músicos, artistas en general, literatos, educadores, funcionarios públicos, empresarios privados y líderes latinos, mexicanos y mexicoamericanos, que llenarían de orgullo y memorias gratas a cualquier nación.

Los primeros latinos en el Congreso

Sin el esfuerzo de las primeras organizaciones latinas, a través de los Estados Unidos, no se habría logrado elegir a los primeros congresistas que han representado los intereses de la comunidad étnica hispana, sacándola de las trabas de la discriminacón legal y política que imperaba contra ésta. Entre tales organizaciones, están la Liga de Ciudadanos Latino Americanos Unidos (LULAC), el Fondo Mexico-Americano para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF), el GI Forum (AGIF), el Concilio Nacional de la Raza (NCLR), la Asociación ASPIRA y la Coalición Nacional Puertorriqueña (NPRC, por sus siglas inglesas).

Algunas de esta organizaciones comenzaron su labor de cabildeo y han crecido en diversidad de metas desde 1929, como LULAC. Otras se fundaron entre 1961y 1968, época crucial en que se dieron las batallas legales para poner fin a la discriminación y en la cual surgieron, organizadas desde una base popular, grupos latinos de autodefensa que siguieron los modelos de los afroamericanos. Los Boinas Brown («Brown Berets») fue el primer grupo que en 1967 se inspiró en el modelo de Las Panteras Negras («Black Panthers»). Mas es, en el contexto de confrontaciones y fuertes presiones, que surge un movimiento chicano y que se consiguen las primeras victorias. Ejemplos, las papeles de votación en español e inglés. A los programas de Estudios Afroamericanos siguel programas similares de Estudios Chicanos en las universidades.

En 1975 y 1982, se hacen enmiendas a la Ley de Derechos del Votante de 1965 que preparan un camino para mayor participación del electorado hispánico. Sería MALDEF la organización que se puso en la vanguardia para esta estrategia electoral y de reconocimiento del poder creciente del electorado latino. Logrado ésto, con la excepción de Dennis Chávez, quien fue el primer Congresista mexicoamericano en servir en la Cámara de Representantes y el Senado, desde 1930, en representación de New México, serán muchos más los que vendrán después. De modo que es correcto adjudicar el activismo de los '70 y los '80, a las representaciones por California, Texas y Nueva York, de nuevos y pioneros congresistas latinos, como fueron: Edward Roybal (demócrata de California), Eligio de la Garza (D-Texas), Henry B. González (D-Texas), Herman Badillo (Nueva York).

El primer congresista: Dennis Chávez

Sin embargo, concentremos en uno. Dennis Chávez (1888-1962). El fue el primer congresista latino. Uno de sus parientes fue el primer Gobernador de Nuevo México después que España había cedido el territorio a México en 1821.

Dennis nació en una familia de ocho miembros en Valencia County, Los Chávez, un pueblo que adquirió su nombre como homenaje a sus ancestros. Al nacer su familia era muy pobre, pese a que antes procedían de rancheros ricos. La lección que nos da la vida de este señor es grandiosa.

El joven abandonó la escuela cuando obtuvo el octavo grado. La necesidad le obligó a manejar una camioneta de mercado, desde niño; pero él fue un lector voraz. Estudiaba los textos de Thomas Jefferson y se impuso la meta de una carrera en el gobierno. Para ello tendría que adquirir más educación. Desde 1917, trabajó como intérprete de español y ayudante legislativo para un senador federal, Andreius A. Jones, en Washington, D. C. y se matriculó nuevamente en la Georgetown University. Trabajó para una agencia de ingeniería de su ciudad natal. Se hizo abogado, hizo práctica privada de su profesión desde 1920 cuando es admitido a la Barra de Abogados y, de regreso a Alburquerque, ganó un escaño legislativo en 1930.

Se lanzó por un escaño en el Senado en 1934 y perdió. El ganador, Bronson M. Cutting, falleció un año después en un accidente de aviación, por lo que Chávez llenó la vacante dejada por él, convirtiéndose en el primer Senado hispano hasta su muerte el 18 de noviembre de 1962.

A Dennis se le describe como una tesonero luchador contra la discriminación étnica y racial y un campeón pionero de las causas de los indígenas, los puertorriqueños y los mexicanos de su época. Fue jefe del Comité Congresional del Correo Federal, el Comité de Obras Públicas y muchas otras posiciones de gran responsabilidad. Fue incluído en el Diccionario Americano de Biografías y Barry Crouch escribió sobre su labor en el artículo «Dennis Chavez and Roosevelt's Court-Packing Plan».

Wednesday, January 16, 2008

Urgencia que acosa


Dáme la voz de quienes transmiten los consuelos.
El instrumento del mensaje, el ángel que vence
las angustias y holla a los escorpiones.
La urgencia acosa y la prisa me sacude.
El pueblo espera con los cimientos rotos
y mi boca es tan torpe.


En ciudad de incertidumbre he nacido.
Alguno espera y yo soy ese alguien
que apropia la tarea.


Es la misión que me conmueve
ante la aridez de mis propias venas
y el dolor de los huesos endebles.


Dáme, no la responsabilidad, ya la tengo.
Dáme, no el instrumento, sé que mi voz
puede llenarse; yo elaboro y entrego
lo que digas; sólo por la esencia vislumbro.
Abre mis labios de una vez,
raíz de necesario evento, asombro inevitable,
fúndame en la acción osado del Decir primario.


3-13-2007 / De Heideggerianas /
¿Quién funda mi lenguaje? / Yo soy la muerte / Canto al hermetismo


Desde la cárcel profunda



Fueron halladas tus palabras y yo las comí: Jeremías 15:16
¿Qué me díste de comer? ... si acaso
estas palabras, ecos para mi cárcel profunda,
crepitares del fuego que dentro me consume.
¿Qué me diste si apenas soy el instrumento
de una voz, el desglosamiento insuficiente
de mi angustia, el asomo tímido de mi luz,
luna menguada, sol eclipsado
que paríste desde un Valle de Matanza?

Aliméntame otra vez.
Oye la voz del muchacho, oculto entre las lajas
de una cueva, haz que Agar me levante
porque es agreste el desierto, amargas son las aguas.
En la noche, el chacal se asoma y mi madre
es tierra temblorosa y la oscuridad se tienta,
seducida de amenaza y, en la mañana,
el hambre es sed para que tu luz la complete
o la deshagas con la muerte.

Sería tan deseable que se muriera en el bocado
de un relámpago diurno de tu pan,
con un sabor más dulce de existencia
y un horizonte allende a las rejas carcelarias,
al menos, presentido; al menos, consolante.

15-12-2007 / De El hombre extendido / Norteamérica y la anonimia / Los pordioseros / Padeia / Educación / Dános un gránulo de sol

El gato me observa


Uno tiene un corazón que presentar
para su afrenta, para la ira de aquel que no nos ama.
Asechanzas vendrán como un súbito golpe
por enojo, contigencia de lo desesperado.
Y la vida del corazón es
muchas veces vulnerable, accidentada.
La desprecian y no siempre hay
un vaso a la mano por las consolaciones.


Uno tiene un corazón que presentar
como vasija despreciada, puerta cerrada
tras la cual hay el cadáver de sí mismo,
el hedor de la desesperanza. El dueño
que ya no tiene control ni de su sombra.
Espanto, lobreguez, abandono.

Uno tiene una cárcel profunda
cuando la nube es espesa, oscura
y no hay luz de lámpara que alumbre
ni ruido de molino ni trabajo consolante.
Aún días de Sol son eclipses
y penumbras hostiles de la noche.

El corazón no siempre se acredita,
pero clamora y el dolor camina como gato,
runrunea, nos clava la mirada, se detiene
y no huye: presenta su pausada estampa
y la maúlla y, en la soledad, emite un lloro
que parece de niño en hambre de presencia.
¡Felina sombra, dolorosa, que clava sus uñas
en la carne viva del hombre que soy!
Alguien me mira sospechosamente.
Ha de ser mi corazón en su indiscreto paso.


5-13-2007 / Sequoyah 2 / Canto al hermetismo / Teth

Saturday, January 05, 2008

Los delirios de Belén


Al final de una danza entre el depredador y su presa, Andrés Belén se creyó el beneficiado. Lo divertían sus baladas moralísticas. Se ajustaría el cinturón y la baqueta, desafiando la incómoda cintura que le lleva la macana y el revólver casi a la altura de sus propias verijas. A un perseguidor como él, no le gusta el lenguaje de protesta. Lo incomoda todo resentimiento porque ignora que él mismo vive en negación. Lo asaltan malas memorias, quizás de una niñez de miseria. Odia a los provocadores sean reales o imaginarios. Tampoco le complace el ruido innecesario; mucho menos que se le ofrezcan mofas.

Cuando él llegó a Pepino a dar servicio, a mediados de los ’40, se creyó un león solar, muy autodefinido y disciplinador. Un creyente en la correlación racional y causal de la realidad. Dijo que a los ojos, en cuanto mecanismos perceptivos, lo separa un eje: lo que se ve realmente, lo objetivo, y lo que otros dicen que se ve, aún mirando hacia lo mismo. «El paisaje que yo veo, el asunto, es éste». Apostó por la objetividad sin sentimientos. Y, entonces, se dio cuenta donde estaba. «En un pueblito de sinvergüencitas y bribones».

Al parecer muy adscrito a una moral piadosa, victoriana y ortodoxa, tranquilo en apariencia, pero, de algún modo, la gente que él juzgara está buscando los resquicios, malos agujeros y silencios amargos. En el Pueblo, lo sabe, la Iglesia está encarnada por un hombre que ha dicho: «En la iglesia usaré una sotana; en la calle soy tan hombre como cualquiera que se meta conmigo». Mas la gente defiende esa piedad del Padre Aponte, sólo porque trata a palos al pecador y él no se siente uno. «Esto es maldad del Pueblo». Del ex-Alcalde Oronoz alega que hace lo que le da la gana y neutraliza a los mismos populares.

En la periferia de estos existenciarios, a los que juzga objetivamente con el ojo derecho, a ojo pelado, no con ojos metafóricos, están los inconformes, junto a los hijos del Joy’s de Millán Matos, el Amusement Center, de Forito y Santos Méndez, las Camaronas de Cubero, los escapistas, hijos de la Guerra Fría, Corea y el choque ideológico. Está Toño Palomo, chilla-gomas y burlón como él sólo.

En su apasionada trayectoria policíaca, se había ido hasta La Chula por los rumbos de Hoyamala por la pista de Genjibre el Mentao, quien mató a un delator que lo arrojó al presidio. De ese nacionalista ya no se preocupó más como antes. Está en la cárcel, donde no se daría ya sus traguitos de ron pitorro. Un asunto pendiente que tenía con los choferes de carros públicos lo resolvió con un tiro en el ojo de Justino Ortiz en 1954.

La clase con la que él se identifica y da por la única decencia en el Pueblo puede que sea elitista, pero, ha sido honrada. Doña Bisa Rodríguez Rabell y el Juez Negrón Benítez son dos almas de Dios; Helga Franco Cabrero, ex-Secretaria de Actas de la Constituyente y Puyi Méndez, ex-Senador de La Pava, han creado cierto orden en el Pueblo. «El orden en que yo creo: Muñoz en la tierra; Dios en el cielo». A excepción de esas cuatro personas, en el pensamiento de Belén, no hay ninguna otra buena. «Son la mierda, con diferente peste». Cayo Estrada, primer Alcalde del Partido Popular al que echa loas, fue un ladrón; Fey, un pelele; el Cura Aponte, un santón de retablo y Cucán Oronoz, símbolo de la dinastía de los viejos caciques.

Pero, hay días de eventos extraños, pájaros de mal agüero, encantamientos. Lo supo por una ráfaga que echó el miedo a correr por todo el noroeste en Puerto Rico. Y, desafiando el traslado que le dieron en castigo por haber matado a Nano, el chofer público, se asomó a la Calle El Bacalao, donde algún bochinchoso de los grandes (tendría que ser, a su juicio, Ché Pelao y Guillo El Soco) convocaron el Diablo, o los brujos enjundiosos. Todo el andurrial de aquella calle se detuvo en el tiempo. Un alma colectiva fantasmal y numinosa les congeló y hasta él (Belén que no es creyente y sólo cree, como dice, en el Orden de Dios en los cielos, y en «el orden de Muñoz, aquí abajo»), imaginó el regreso de una Bruja vencedora que a todos los varones les mata las pasiones. Los enreda a los males. Como demonia de la autosuficiencia femenina y Fiera Corruptia, ella suelta las lechuzas y los malos augurios.

Aquella escena por la que vino al Pepino una noche, en ropa de civil para no ser notado, se ha grabado en su memoria. Y la ha soñado, repetidamente, no porque tenga remordimientos de ningún tipo. Es cierto que él ha matado, en virtud de su oficio; «pero yo saco del medio a lo más malo. La legalidad de mis actos va primero». La pesadilla, si hay que llamarla así, tiene un elemento que concierne a una hija suya. Así entra al sueño. Como algo personal, que es sangre suya. Y el sueño malo se sucede desde que entró a Pepino, tan furtivamente, y vio la Calle El Bacalao y la casa de Belmontí, tomada por el caos de habichuelas marca-diablos y sartenes que brincan por los aires sin que nadie los tenga por el mango.

«¿Qué es ésto?», pregunta y se levanta de la cama bañado en sus sudores.

Andrés Belén es alto de estatura. Delgado, escuálido, arrugado. No necesariamente corpulento. De su rostro destaca la boca que se recarga con la caja de dientes postizos de los que ya hicieron burlas algunos que han visto que, en medio de sus histéricos gritos, se le zafa y apura fuera de la boca. La dentadura ha caído como un gargajo al suelo y él, sin pena ni gloria, la levanta, o la devuelva a la boca o la echa al bolsillo. Dos o tres de aquellos dientecillos de ratón de la prótesis, brillaban como el oro.

El ideal más grande que acarició, antes y después de la muerte de Nano Ortiz y su traslado, lo confesó al guardia Rojas, el negro. Con él fue a la fiscalía de Angel Viera Martínez, se entrevistó con una señorita que noviaba con un gendarme de los círculos cercanos al Gobernador. El detective, guardaespaldas de Muñoz, decidirá quiénes o quién custodiaría al Dr. Pedro Albizu, preso en La Princesa de Río Piedras. Para que lo recomendaran al cargo, se personaría y diría, con lujo de detalles, cómo Andrés Belén siente la responsabilidad de cuidar del orden. «¡Búscame una fusta y yo lo hago!» Allí, ante él, estaba un campeón confeso del odio contra los nacionalistas y las camisas negras de su ejército.

«¡Cadetes de la República, es la misma mierda y diferente peste!» Ahora compara a los activistas de la Huelga Cañera de 1934 y su roña la dirige a los socialistas del Jacho. Había 8,000 obreros en huelga en el litoral de Moca, Aguadilla, Aguada y Pepino, según dice. Va echándose un viaje retroctivo de memoria y recuerda que Albizu Campos trajo al movimiento el espíritu huelgario, en tiempos en que Muñoz, su Vate idolatrado, prometía más que el Comisionado Residente Santiago Iglesias, «ese politiquero, vendido al comunismo americano».

Belén es muñocista desde que oyó a Francisco Colón Gordiani rebatir el programa de Justicia Social, tan diferente al de los 40 sindicatos de la Confederación General de Trabajadores. «Los comunistas están con la CGT si no ya estuvieran con La Pava». Contra Santiago Iglesias, siendo tan pro-yankee, Belén discursa otras lindezas, pero más ciertas que un templo. «¡Es un oportunista! ¡Es peor que el más hambreador de los ricos en el pueblo!»

Para Belén, sin que ésto representara simpatía ninguna por los nacionalistas de Albizu, Santiago Iglesias merecía el balazo que le dieron y el que no alcanzó a matarlo.

Ha vuelto a recordar a tres o cuatro ídolos, el que bien se jacta de antipático, y que son los pepinianos de su ojo derecho. Quiere pensarlas, detenidamente. Gente son no como otras de la nuevas camadas de liderazgos que entregarían al país a la corrupción y al extranjero. Helga Franco es una. Estudió Pedagogía.

A veces, cuando paseaba en ronda por la Calle Esperanza, se la hallaba en el balcón. Es una mujer grande, corpulenta, puritana y «hasta me ha dado consejos». El mensaje de Muñoz la fascina, siendo una mujer rica y de abolengo. No porque esté jamona, él se le acerca y saluda. «Nos une un ideal: educar en buenos principios a este pueblo con tantos bujarrones e importadas puterías. Salen del campo y van a la loza de Perth Amboy o New York y se traen malas costumbres».

Así le dijo Helga, «educar para el progreso; no para la ineptitud, la inmoralidad y el pancismo» y Doña Bisa se lo había repetido en otro par de ocasiones. En la sociedad pepiniana ocasionó mucho escándalo cómo se paseó por pueblo y campo en un jeep, a Luis Ríos Flores, atado como un reo. Fue en 1949. Cometió sodomía en un niñito de Pozas y lo estigmatizaron. Era dura, como vendetta, la ortodoxia de Don Cayo Estrada, pero, si supieran que Andrés Belén tiene un mejor olfato para rastrear cuán cochinamente ha degenerado el pueblo. Quizás que se expusiera a Luis Ríos a la burla y el público desprecio fue el escarmiento ejemplar para quienes practican en privado tales actos: de Maquín a Venero, de Johnny Cortés a los Cabrito y Bijo Maricao.

Andrés Belén, el policía, antes de la muerte del ex-juez Negrón Benítez, no guardó odio por él. Si hubiera estado en la judicatura, lo hubiese defendido. El pueblo le pagó con odio sus desvelos por acrecentar la decencia del Pepino y combatir el engaño. Sí. Tuvo que matar a Nano e igualmente mataría a cualquier nacionalista que quiera separar a su país de los Estados Unidos o asesinar a un líder bueno. «Yo no soy un matón, don Eduardo. Es que un orden de lealtad y un oficio como el mío me exigen las duras decisiones de quien tiene vergüenza y responsabilidad. El que se burle de la autoridad constituída que se atenga y aguante».

Una vez se le vio llorar. Belén vino al entierro del Juez Negrón un día de septiembre de 1960, un año después de ver la Fiera de los Poderes Enemigos, los nuevos rumbos del porvenir violento y la inmoralidad triunfante.

Sin embargo, el traslado se hizo. Y, al pueblo al que sirvió por tantos años, después de las muertes de Eduardo Negrón, Helga y Alicia Franco, lo vio como no quiso. Sin la influencia de su ley organizadora y su amarga medicina. Sin las gentes que sostuvieron alguna luz de decencia y buenas costumbres. Sujetos al afán de lujuria, usurpación, riñas e hipocresía. «¡Pepinianos que olvidaron a Dios!», decía al recordar a Helga y Doña Bisa, sólo que él habría enseñado una receta que no falla: Que admitan sin chistar la jerarquía, la autoridad, porque hay certidumbres y valores, creálo el sinvergüenza o no lo crea. Y Belén sabe mantener la gente derechita y tiene sus guardias que lo obedecen, más influyentes y simpáticos que Jimmy “Meneíto”. Este no es el tiempo de las gangas violentas de Cubero, Acevedo y Urrutia.

Casi a finales del ’80, siendo el alcalde de Maricao Vicente Bayrón Vélez, el dolor moral lo visitó en su propia casa. Volvió a soñar con la Casa Embrujada de la Calle El Bacalao y lo asaltaron las voces de ultratumba, los posesos de Paco Domenech, brujo de Moca. Belén se levantó suda que suda. Y dijo para así.

«¡Me estoy poniendo viejo y sueño pendejadas!»

Mas no. No es éso. Lo que rezonga y lo estresa en este sueño es alguna cosa del poder. Ha visto a Helga y Doña Bisa, a las beatas Malavé, a Puyi Méndez echando pestes de la superstición, la lujuria, la ambición desmedida y el nepotismo. Se imaginó, junto a Puyi, en la Legislatura. Oníricamente, también se halló a un excompañero del servicio policíaco. Uno que fue expulsado del Departamento por bígamo y hostil con los nacionalistas de Albizu. «¿A qué llegaste? ¿Cuál es la emergencia, oficial Quiñones?»

«Un bochinchoso que está haciendo bromitas en el pueblo».

«¿Qué?»

«¡Mira la casa! ¡No puede ni el más valiente detener la lluvia de frijoles y dentro están, imagino yo que unos demonios, vestidos con camisas negras como los Cadetes de la República!»

«No puede ser. Muñoz se encargó de Albizu y ese muerto se pudrió en la cárcel en 1965! Está enterrado».

«¡Seguimos en la misma mierda, Belén!»

«¿Quién es el reo?»

Sintió, angustiosamente, cuando Quiñones desapareció de su vista después de haberle dicho: «Tu hija».

Se despertó otra vez. Entendió que regresaba a su pueblo. Se despidió de Helga, la Jamona, de María Luisa, la victoriana de la inmensa casona, las viejitas Malavé, todas beatas y vio a don Eduardo. «Vine de incógnito a ver ésto que llaman el embrujo de una casa; pero usted sabe que, desde el casito que tuve por la muerte de Nano, se me tiene prohibido que venga hasta Pepino. ¡Cómo les extraño! Usted que es juez me vio servir a Muñoz y a San Sebastián con mucho celo. ¡Yo soy un hombre bueno; lo que me falta de dientes, lo tengo de hombría y decencia, don Eduardo!»

A pesar de justificarse, el juez guardó silencio y se deshizo como un fantasma de humo.

«¡Tu hija, tu hija!» fue lo único que oyó. Sudaba frío y se fue a la casa de la más pequeña de sus hijas, aún soltera. Les cayó por sorpresa y la mayor dijo que su pequeña, su tesoro, estaba indispuesta.

«No sé qué tiene, papá. No ha querido decirlo y evade que hablemos. Llora y llora noche y día. Se encierra. Lo más probable es que la haya embarazado la persona con quien anda».

«A mí no dijo nada, siquiera que tiene novio. Permiso no pidió para tenerlo».

«¡Te tiene miedo, papá!»


«Vamos a dar con la verdad. Ojo derecho».

2.


Y fue el padre, triste y más amargo que de costumbre, a la oficina del Alcalde, hombre casado y con hijos. Le negaron su presencia; pero, Belén se limpia el trasero con las ineptas excusas y viles burocracias. Bernardo Méndez Jiménez, ex-senador del Distrito de Aguadilla, gestor constituyente del Estado Libre Asociado, le dio lecciones de cómo realizarlo.

Pasó al despacho y el hombre se puso tenso. Le hablaron sobre Andrés el Cascarrabias como un guardia temible y temerario. De antemano supo por qué vino.

«¿Cómo se sentiría usted, Alcalde, si alguien le dijera que otra persona ultrajó a su madre? ¿O a una hija suya?»

«Una relación sentimental no es un ultraje. El problema es que soy casado y su hija quedó embarazada».

«Ese es su problema. Usted tiene el día de hoy para que inicie el divorcio y dos días más para que se case con mi hija».

«En ese plazo no es posible».

«Debió pensarlo antes; pero, mire…», desenvainó su revólver de reglamento y lo puso sobre el escritorio del alcalde. «Usted se casa con ella, hoy o mañana, porque si no lo hace, voy a buscarlo dondequiera que se meta y le voy a vaciar esta pistola».

Salió de la oficina y dejó al hombre cagado de miedo, sin acertar a decir otras palabras o negociar con ese tipo de justicia. No tenía otro recurso político que lo que hizo apenas se cumplió el emplazamiento. El Alcalde se suicidó. Lo hallaron en el mismo lugar que Andrés Belén lo dejara en crítica desesperación y zurrado en los calzones.

Retirado de la policía, dedicado a faenas en el campo, se entretiene con pensamientos del Vate: «El campo es la patria. Sin la tierra que el jíbaro labre con sus manos no hay identidad ni destino». En ocasiones, el sueño del embrujamiento en la calle El Bacalao sí lo obsede, pero más tranquilamente. Cree que ha rescatado un reo, que ha exorcisado una tormenta y puesto la paz en Pepino.

12-10-2006 / De libro en preparación /

La muerte de Nano Ortiz / Personajes folclóricos / Tipos populares de Pepino


Thursday, January 03, 2008

Reflexiones antes de la caída

A Joaquín Oronoz Font (1909-1971)
Alcalde de 1936-1940

Estoy apagado, en desgracia, para salir a la luz. Estamos en oscuridad: Joaquín Oronoz Font, 1965

Fue un 20 de enero. Noche de Fiesta. Predominaba un olor a maní tosta’o. Además, a kioskos de fritangas, cervezas, licores, alimentos y pólvora de los fuegos artificiales. La noche se llenó de sonidos dispersos, risas, alegría, música y el chirrido de máquinas que no descansarán en su afán de entretener, pueblo por pueblo, y cumplir los santorales patronímicos: la Estrella, el carrusel de caballitos, el Gusano que se encapota a cada rato; ajetreo ante las picas y las apuestas. Voces y alegrías de adultos, jovenzuelos y visitantes que llegaron de los barrios de la ruralía, se unieron a los paseos por la Plaza de Recreo y las calles que bordean este centro de vida, hoy tan poblado. La gente expresó el entusiasmo. Cada año El Pueblo del Pepino festeja su Santo Patrón, San Sebastián el Asaeteado.

En el Casino, apartados del jolgorio multitudinario, se jugará a la baraja, se beberán más tranquilamente los licores y, acaso es más grato, se espera un puñado selecto de amigos y contertulios que acompañarán al ex-Alcalde. Fue un banquero prestigioso, miembro de los Leones y exPresidente del Casino del Pepino. Aún no ha caído del pleno y la altura de sus pedestales y hay quien así lo augura. Caerá el rey con pies de barro. No será gente suya quienes así conjeturen. La de su círculo íntimo se atreve a decir, con cierto desparpajo de cómplices: «Vamos a echarnos un pe’o lo más fuerte que podamos; a ver quién puede reventarse la tripa primero y luego celebramos el estruendo del culo».

No siempre se le encuentra de humor para ésto. Hay días en que Cucán no está para festejar ventosidades. Y su mente fabula la realización de conciertos filarmónicos o tener a Pablo Casals de invitado en el Pueblo; tiempos en que era el amo del Casino y del Club de Leones; otras veces hay en que los violines de Pablo Elvira y los boleros le sacan un eructo del bolsillo trasero. Se ubica en el hecho real. Ha venido perdiendo sus espacios. «No. Ya eso pasó. No hay poder ni escenario ni para vaciar la tripa a gusto. Si yo volviera a tener el poder, no pasarían las cosas que pasan en este municipio muñocista de Cayito y Fey». Por decirlo tan enfáticamente, sus contertulios confirmaron más que su enojo, la crisis melancólica.

Han ocurrido, por de pronto, unas cosillas de las que ya echan tijeras y chismorrean hasta amigos cercanos. Gente a quien llamó «sus íntimos».

Aunque distanciados de Cucán, sus hermanos lo apoyan. Francisco y Mario lo quieren. Doña Emilita Arbona es un dechado de estoicismo. Lo comprende. A sus hijos los educa para que no lo repudien. O no lo quieran con lástima. «Sean entusiastas como él. Es buen padre. Sean estudiosos. Es el deseo que él tiene, él, cuyo diploma de High School lo obtuvo en la escuela nocturna robándole las horas al descanso». Sea como sea, Cucán fue proveedor y dio buenos ejemplos. La educación, no siempre hace a uno rico; pero, te hace gente. Bien que decía... Y, por eso, han sido públicamente honorables e intachables las proles de Francisco, Mario y sus hijos. Buenos hijos, educados, los de Cucán, por igual. Y el pueblo lo sabe.

«Mas desaprueban esa moral. Ese paradigma que está ahí, circulando e imponiéndose: hedonismo pagano. Como esas carnestolendas de carnaval cuando Cucán, vestido de mujer, juega y danza con lo más impuro y miserable de la calle. Cultos homofóbicos. Desacralización y misoginia; desprecio de lo femenino y la función reproductiva como sagrado misterio. Placer fuera del matrimonio y las instituciones. Onán y los nicolaítas». El arquitecto Oronoz, su hijo, sigue los pasos a Cucán y Rigo. «Orgullo Gay». Según observa Celso Méndez, el barbero, al lado de la Farmacia Cebollero, la rutina de Rigo es lamentable. De 6:00 a 7:00 a. m. concurre a la misa. Sale. Merodea en su derredor sospechosamente. Espera a alguien a quien meterá con disimulo a la trastienda. Camina hacia el almacén que fundara Oronoz-Rodón, padre, y en lo que era su oficina, se ayuntará con tres o cuatro varones, a lo largo del día. El barbero observa que los bujarrones llegan y se van cuando fisgonea hacia la portezuela lateral. Antes que se inicien las horas de labores, esa trastienda es un burdel de tal por cuales.

Desde la barbería, sin que nadie lo sepa, es su mirada la que merodea y no da tregua ni aviso. «¿Qué demonio se trae Rigo, piensa, que da señales de mano y llama a tantos jovencitos?» Su vecino arregla sus citas con el que quiera comer culo y, en fin, que hasta los limpiabotas cuentan algún dinero cuando salen de la trastienda. «Ese no es mi cuento; no voy a hacerlo un problema mío», se enconcha don Celso. Mas si... hallará en quiénes descargar el secreto. Será muy selectivo. Evitará a las moscas cuando abra la boca, porque de que la abrirá, no duda. Es humano.

Por su parte, el Cura arguye privadamente que con ellos ha sido muy paciente. Está enterado de este asunto con mil sutilezas. En pueblo pequeño, todo se sabe y se dice en los confesionarios. De las orgías de Cucán, también él sabe cómo guisa. Un policía al cura ha comentado más que lo suficiente y, comunicándolo a Cucán por amistad, lo advierte: «En policías no confíes. La ley soborna, hermano», aconseja al ex-alcalde.

«Antes y después del carnaval, ésto se supo», explicitó el Cura. Encendió un cigarrillo con los nervios crispados. Duélale o no la remembranza o la pierna, se lo contará. Lo ubicará en el escenario de su pecado.

Desde una barrita con velloneras, frente al Garaje de Ceci, en el Puente de Guatemala, como beocios y seres dionisíacos saltaron un viernes en la noche en aquelarre orgiástico y la policía dio razón y alcance a casi todos.

«¡Qué suerte que escapamos!», concluyó Abraham Bonilla y así lo dijo a Oronoz aquel viernes. Se lanzaron desde la ventana, casi al río, cayendo sobre unos pedregales. A riesgo estuvieron de restallarse contra las paredes de contención del puente sobre el río. Abrirse las cabezas y morirse.

«¡Coño, qué suerte, bendito sea!»

«¿Bendita suerte? ¡Mierda! Tú, sólo te hicíste unos rasguños; pero yo tengo la pierna en dos cantos».

En las perreras policíacas, con sus ropas en las manos, o a medio vestir, se alojaron algunos de los sexomaníacos y viciosos de Pepino, tecatos, putarracas, patos de closet, compinches de lujurias, asociados en bailoteo como fraternos en el salón a oscuras, al pie del Puente de Guatemala. Y, desafortunadamente, sorprendidos bajo el impacto del primer aguacerazo de mayo.

«¡Qué suerte que escapamos!», repitió Abraham.

«¡Qué juma tenía Elsa Torres!»

«¡Qué tripeo el de Genarito Rodón!»

Quemó una marihuana roja, panameña. Observaron que ante la vellonera sostenía un punto de alucine marca diablo. Subía el volumen del aparato tan alto que rompía los tímpanos a cualquiera. Mas no oía nada ni aún sus alaridos, más fuertes que el estruendo de la música.

A oídos del Cura Aponte llegó esa comidilla, dicha y relamida por los guardias y otras moscas. Chotas y División sobre Abuso de Narcóticos. Examinaban ese primer día de Mayo de los hippies descarados. Una doctora mulata en la cachapa; un ex-alcalde, abriendo el ano y besuqueando a hombres, la marihuana a pastos y la desnudez de todos para todos, contra todos y por todos. El sexo es libre… y, de pronto, que no habría tiempo suficiente para volver a vestirse. Cayó la disciplinadora perrera de los cielos como más lluvia sobre el fango. No habría escapada. Así fue que, por desesperación, las locas tapadas, ocultas en sus prestigio y closet de sus recámaras, no todas pudieron saltar por la ventana. Se habría de conocer el saldo.

Por cierto, Cucán saltó, pero se le torcieron los pies. Se rompió una pierna... ¡Mas... a correr! ¡A correr desnudos por el monte como sátiros en búsqueda de ninfas o de faunos! Cierto fue que no todos escaparon en sus autos de la Mano de la Ley que no sanciona. No todos. Fue lo malo.

«¿Te preocupa qué se diría en el pueblo si los guardias me tupieran a macanazos?»

«No. Algo peor. Llevo 34 años en aquí, hermano. He escuchado cosas que son intolerables y me hago el sordo. Con ésto, ya no puedo. Sobrepasaste el límite. Harás daño a tu familia, tanto como a tí mismo… Mira esa pierna rota a tu edad. ¡No eres ya un jovencito!», le dijo el cura a Cucán después que el doctor Muñiz le cambiara un vendaje de yeso.

«¡No me preguntes cómo fue!»

«No, si ya lo sé. Una orgía».

«Váyase a la iglesia. En una hora voy y me confieso».

«Joaquín, una hora es suficiente para que vayas pensando en ayuda de un siquiatra. Esto es grave. No hay tal cosa como el niñito del Acuario, con una flor en la mano y la melena. Eso es jipismo del diablo y modernismo».


«Mi padre, que era masón, me dijo: Hijo de Saturno, tu nombre es Deber y Reponsabilidad. Un deber que no se riña con la lealtad a lo que uno mismo es, cierto carácter único y personal».

«Tu padre fue otro bandolero. Clasista como tú y todos los Rodones, excepto Chinto».

«¡Cállate, no entiendes! ¡Véte con los siquiatras al carajo! ¡Yo estoy bien!», insistió Cucán, ya molesto.

¿Cómo que hablarle así, tan rudo, ese curilla zarriento, el más lujurioso de los simios, fisgón de las niñas malsentadas? Adujo que examinará, en lo sucesivo, por si hay que enmendar algo, su deber: consolidarse moralmente; admitirlo. Se responsabilizará del resultado de su obra. Una por una sus acciones. ¡Todo en confesión! Sin el trámite del chantaje.

«¡Tú no me juzgues, que no eres Dios!»

«Chantajeas tú, hermano; cometes sacrilegios». Aponte ya lo tuteaba con descaro.

Aún más, al advertir que su actitud se tornaba desafiante, Cucán le dijo: «¡Hipócrita, a ver si hablas y destapas mi olla siendo la tuya más podrida!» Oyó que aludía a Rigo y él con recriminaciones al pecado de los nicolaítas.

De cierto que los llamó mariconazos, bisexuales, chupavergas y bujarrones. No con teologías sutiles esta vez, pero muy bien que olvidó que se alimenta a la sombra de los Oronoces. Bebe del vino de su casa, cena y desayuna con ellos. Alarga sus manos, codiciosamente, a los donativos que hace la familia a la Iglesia.

Saturno confronta a cada ser con el dolor de sus equívocos. Disciplina con ellos, enseñan los esoteristas de la Nueva Era. «Tiene que, tiene que». Cucán lo admite. No es fácil que se hable acerca de las saturnalias espirituales de su alma. Con ninguno, menos con él.

Desde los tiempos de la unión republicana-socialista de Getulio y Nito, los espiritistas kardecianos lo alertaron: «Cucán, eres muy kármico. Sufrirás mucho porque has nacido fuera de época». Ahora siente que la enseñanza es más clara. Esta noche habla su consciencia en forma de silencio. Calladamente. Y hasta con dolor moral. Hoy que no quiso estar solo, se siente más apartado y abandonado que ninguno.

«Sí que estás meditabundo, Cucanito».


Con la Iglesia y los espiritistas ha tenido desacuerdos. Traen un licorcillo para él. Mas, aclarado en su mente está el dato: Aponte no es la iglesia. Ni Carlos Busquet ni Gelo Medina, iluminados. Un poco más y ese dizque-santo Padre Aponte hubiese sido un pistolero, el jefe de Don Funda (Cubero), Chilín Echeandía, o los consabidos malandrines de la Banda de los Siete Puñales o los más guapos de Eneas que Getulio utilizaba para que hiciesen sus mandados a punta de pistola. Tareas como comprar los votos. O hacer que pague el que debe a todos ellos (los caciques).

«¡Coño, por eso se nos odiaba desde los tiempos de los cachacos Juan Martin, Oronoz Perochena y los serafines Rodones! ¡En paz descansen! Nunca quise ser como ellos. Yo sí amo al pueblo».

«¡Atención! Ya se pregona la unión de la Iglesia y el Estado en Puerto Rico. ¡Va la colonia al mayor retroceso!: Cucán y el Padre Aponte en la misma papeleta». Risotadas. «¡Claro, claro que bromea!», aclaran otros. Necesitaban de sus labios lo que dijo: ¡Qué estupidez sería, carajoooo!».

Semi-oculto por explosiones de humor y teatral camaradería, Cucán se apertrecha en algo triste. «Quiero filosofar políticamente y echarme un peíto por el PAC, partido acción cristiana». Un mal familiar, o ese fantasma, lo aqueja. «No. No. Es que hay mucha brujería, metida en política, y mucho sexo fuera de las recámaras. Amor libre. Free Love. Love freedom». Otro fantasma de erotismo que no comprende, más fuerte que él mismo, llega distorsionado.

Y Rigo y Cucán se dan muchas mañas para el disimulo. Ancestro de apellidos prestigiosos, siempre alcaldicios. Son hombres casados. Un sospechoso heterosexualismo se los come. Líbidos desviadas, sexo obseso, que escandalizan a Millán Matos: «¡Esos Oronoces, patos malos!», ventila a sus espaldas. Ante ese proxoneta, a dar pichón a lo que entienda o diga. De él nada importa; pero, «usted, señor Aponte, es mi Tradición, una parte del Poder, una institución de la Clase» (él se refiere, a la clase con dinero y la clique políticamente dominante). «Voy a filosofar sobre el poder, ¿me lo permiten, señores?»

2.


Había salido al balcón, en la segunda planta del Casino, y se quedó observando, semi-escondido, la Plaza y el ajetreo gozoso de su Pueblo. El cielo nocturno se rajaba en muchos círculos de colores y chispas con relampagueo debido a los fuegos pirotécnicos. Bajo el bigotillo fino y bien cuidado, Oronoz sonríó. Cerca de La Vasconia, al cruzar la calle, alguien alcanzó a verle asomado al balcón desde lo alto. Intercambiaron saludos.

Joaquín Nicolás es un señorón, de medio siglo, años más o años menos. Mas hoy, aunque no está tranquilo del todo, su tono es filosófico. Se autoexplora. Es un deber consigo mismo. El confiaba que, con el cariñoso alias de Cucán, se le amaría por siempre. Algo, sin embargo, lo conturba, ya no piensa lo mismo y duda. Además teme a la masa, a la multitud y antes no fue así. Hoy madrugó en él este tormento.

«¿Me amará este pueblo hasta que muera?», se pregunta.

Se lo dijo también al sacerdote.

Discutió, duramente, con el Cura Aponte por la impiedad de su respuesta. La amistad de muchos años está a punto de romperse. Su corazón lo adivina. Es como un sexto sentido que lo agobia. Su alianza con el pasado, incluyendo su complicidad con el curilla, llegará a su fin si él no se pone listo.

Desde que el Obispo McMannus de Ponce y el Arzobispo de San Juan, James David, alegan sus derechos a unir el mundo divino con lo humano profano, el Cura Aponte anda crecido.

«El partido al que debes responder es el mío. El partido de la lealtad con que te solapo con años de amistad. Lo que yo te diga en confesión no lo divulgues porque tú no eres santo. Ni la estructura de tu poder es sobrenatural».

Por reacción al muñocismo controlador, a brujos de mala estofa que se disfrazan de kardecianos, a la Iglesia jerárquicamente gobernada por estadounidenses a la que no gustan estas cosas del Diablo y la modernidad, los católicos buscaban más poder y se formó un partido a inicios de la década del ’60.

Cucán supo cómo utilizar ese poder tan precario, en particular, contra un cura majadero. Otra vez se inclina a ver el mar de gente desde el segundo piso. Después del asomo, dice: «¡Ese pueblo no sabe ná! pero yo haré que unos cuantos selectos me firmen una carta y, cuando la presente, diré: Pueblo, sus firmas lo sacaron del Pueblo».

Y dijo ante Mario Dávila, Eduardo Flores y José Feliú, siendo éste el presidente del Partido Acción Cristiana: «Mi situación es incómoda; pero, ante todo soy católico. Voy a dar una carta personal al Obispo de Ponce. Hay un cura que no debe estar en el Pepino pues deshonra la portezuela del confesionario».

«Sobreviviré a los descréditos»; se refiere a secretos que le guardaba otra hija noble de la cepa de Franco Soto. Según reveló una auditoría federal, él manejó, en su beneficio, millón y medio de dólares. Hechas las pertinentes averiguaciones, no hicieron cargos. Y, al menos cinco años de administración bancaria, examinaron.

Ha salido más airoso que un mago al que funcionan sus trucos prodigiosos. Nadie probará que haya robado. Pero la duda mata. Su prestigio, en el suelo. Ninguna voz se levantará contra él con certeza de que perjudicara a ninguno. Mas la desconfianza lacera más que un dardo en el alma.

Unos secretean si realmente se ha salvado de ir a la cárcel. Para otros, es asunto de simpatía y charisma personales. Fue cooperador. Supo unir cabos y ayudó a todos, cuanto pudo. «Y el que roba a ladrón tiene mil años de perdón», dice un adagio.

«¡Animos, Cucán»


«¡Si yo tuviese el poder!»

Cierto que, si bien ha perdido la gerencia del Banco, seguro que dignificará su salida. Sabrá cómo hacerlo. Tomará un madero (que ya mandó a labrar y barnizar con David Torres, el negro) y lo llevará en procesión, año tras año, en Viernes Santo. Es como dice: otro de sus recursos mágicos de fe. «A Dios y San Sebastián, el asaeteado, entregaré el símbolo de la pesada cruz de las acusaciones que he sufrido». Querrá sentirse uno más entre los mártires. Se humillará ante Dios y comprenderá la vida ruda del pobre.

Como siempre, el Simeón Cireneo estará a su lado, es decir, Ventura Font como Simeón, y él, en el dramón, apiándandose del maestro con salario de hambre y de cada servidor público. En una iglesia sin Aponte, el fementido, pedirá más progreso para el pueblo. Fey, como ya no le hace caso en muchas cosas y se confía más de Tite Pagán y Puyi Méndez, tiene al pueblo bocabajo y al porvenir y bienestar de caída.


«Tú serías buen alcalde, Cucán. Como fuíste antes», lo adulan todavía.

Pero la Imagen por la Vía Dolorosa es pura ceremonia. Ventura Font y David Torres saben que no hay el pesado madero que la gente alega que Cucán carga, como actor por las calles. A cada trecho, secándose la frente, o haciendo que algún gañan lo haga. Teatraliza. El madero es una hueca bisutería en manos de un maestro de la simulación. Un duende burgués, bisexual, mistagogo, recursivo, servicial, aunque también vengativo.

Espera que el pueblo identifique la alegoría y la acción de José de Arimatea, el rico compadecido. Dignifica al Cristo, cruficado entre ladrones. Así había enseñado a las cursillistas y devotas, vestidas de blanco, antes dirigidas por Alicia Franco: En Pepino no hay dos almas tan piadosas y benditas por Dios que el Padre Aponte y el ex-Alcalde Cucán.

Sepan, sin embargo, que Cucán, a pesar de sus errores y uno que otro escandalillo, no ha caído. Tiene un capital consolidado. Ahora es dueño de El Mislán.

Aún cree que pueda enterrar el dolor y pedir cádaveres ajenos, en el nombre de Cristo. Cucán los enterraría primero. Estará bendito. Predestinado por la Gracia y la Divina Providencia. Emula a José de Arimatea. ¿Hay algo indeseable en ser rico y piadoso? Y, detrás de bambalinas, todavía mueve sus cordeles para concertar ese fin. Fey que se reelige por la Pava y él que dice: «Eres mi marioneta, tú lo sabes».

Cucán es recursivo, ingenioso y, entre los favores que hizo, desde el banco, hay unos grandes. El Míster No lo sabe. Más en serio que en broma, a él se lo recuerda: «Fey, tú no puedes conmigo».


3.


De seguro llegará Vale Santoni. Se vestirá de blanco y traerá sus gafas oscuras; no importa que no se requieran durante estas horas sin sol. Con ellas, como dijo una vez José María Caballero, se descansan los ojos, «no que se escondan; tras lo oscuro disimulas si te duermes». Después de la cepa Caballero, llegó Santoni, casi llegaron juntos y tendrían que oírlo, sin escandalizarse. Y, por saberlo deprimido, se le unió Piro Pérez, Millón Font, Abraham Bonilla y algún exponente de la parentela de los Roig.


«¿Inscribes un partido? ¿Te uníste al PAC?»

Rigo y Cucán recaudan firmas y comenzaron con amigos. Sus viejos clientes ya han firmado y pasaron por el Banco de Crédito y Ahorro Ponceño; casi todos, hasta parecen hoy más poderosos e invulnerables que él que fue el Alcalde que derrotó al Clan Liberal de los Méndez Liciaga. Afirma, sin ninguna culpa, que la opulencia no es mala; pero no es con ella que la familia y la persona hallan su cohesión. La identidad es algo más. Cucán argumenta que la voluntad es el supremo de los valores y que «belleza, verdad y amor», sin base que las sostenga, son palabras vacías del idealismo cínico.

El es un idealista pragmático. Por tal razón, sus enemigos políticos que han sido liberarales, hoy muñocistas de la bandera roji-blanca del jíbaro con pava y los separatistas de Concepción de Gracia, junto a los cuatro gatos de Albizu, lo han menospreciado. Atacan lo que ha representado su familia: Pepino como una Vasconia presuntuosa, perdida en Ultramar; Pepino como una agenda de la cortesanía; el Pepino del poder y el blanquitaje.

No. El no necesita la poltrona ni las cuatro paredes de la Alcadía para dar lecciones de control. El sabe cosas sobre el poder que otros no saben. Las entiende a las mil maravillas. En principio, lo más general que ha de entenderse, es que el poder lo sustenta la clase dominante: el Estado no es el lugar definitivo de ese poder ni las alcaldías lo serán sin una familia o personalidad como la suya. «Para el poder bien ejercido y la candidatura de quien lo obtendrá, con la victoria en las urnas, no basta que el líder sea una gente blanca, procedente de la clase próspera, con apellidos respetables. Hay que saber arbitrar. Dar un poquito de ilusión a todo el mundo y hay que hacer que el Estado se respete, como proveedor de bienestar y seguridad. El Estado no debe reemplazarse aunque sus representantes lo sean».


4

Ahora sabrá quién de veras está con él. O es su enemigo.

Es que este año ha sido terrible. Cucán siente un poco de nostalgia de los tiempos pasados. Tuvo el poder en pleno. Luis Oronoz Rodón, Francisco Roig y Pablo Latorre eran sus ojos en el cuartel de cualquier enemigo. Prepararon el camino para su triunfo como Alcalde, tras la última contienda con Méndez Liciaga.

Se acuerda tanto de su pariente, el hijo de Genaro Rodón Rubio.

«El sí me dio buenos consejos, pero estaba en el partido equivocado. En materia de capital, puede que él también haya fallado. Tiró todo su dinero… Mire que botar una fortuna en ideales de una república sin los americanos».

Habla acerca de Chinto Rodón como si hablara de otro santo. «Un hombre equivocado, pero más bueno que el pan. Lo reconozco. Quería al pobre y tenía lo que nos mata, el genio artístico y soñador de los Rodones. ¡Sí, ése era santo!».


«Lo malo es que los santos se están muriendo», dijo Santoni, muy consciente de su apellido. Se lamentó la muerte en 1966 de Joaquín López, hijo de Amelia Oronoz.

Basta otro botón para ejemplo.

Una hija del Pepino ha muerto cercenada por un cuadro. Ha ocurrido en el altar del templo dedicado al Patrón y es algo que conmueve. Cucán está, en particular, muy sensitivo. En esos días lo ha dicho: ¡Pobre Alicia, degollada; se fue virginalmente al Cielo!

Entonces, saca de sus recuerdos a su padre. Joaquín, como él, fueran tocayos. Y recuerda a su tío, Jacinto; a primos de una cepa más vieja, los Rodón Rubio, Genaro y Josefa. Recuerda que Agustín E. Font, otro de su parentela, también era sabio. Uno de los primeros republicanos de Pepino. Y sobre su propio padre alega:

«Mi padre fue unionista y masón. El decía que la energía del organizador nato proviene de Saturno. Yo creo que de ahí proviene mi energía, de un planeta de responsabilidad de esos que orbita muy bien. No, como otros… He estado pensando mucho en lo que será de este país, ya que se anuncia un plebiscito… y miro a esa gente, al parecer tan mansa y respetuosa, vea para allá abajo; esa gente tiene un aspecto que hay que temer una vez venga una prueba y se sientan muy libres y tentados».

El no cree que se viva a la buena de Dios por siempre. La chusma existe. La Bestia. Se es tolerante en tanto se puede. Se es compasivo, porque el Estado y el gobierno extranjero da la mano y de lo poco, la gente comparte. «Mas si un día sacan a los americanos de la isla, si lo consigue ese grupito que mucho vocifera, este Pepino será otro. Van a herir a flechazos al Patrón que hoy bendicimos como en los tiempos en que lo ordenara Dioclesiano».

Obedecieron a la invitación. «Vean un pueblo que ya no es manso y no toma este festejo con santidad. Ya no creen sino en la botella de cerveza y las fritangas».

Se inclinaron, en asomo perspicuante, hasta captar el río humano a largo de la Calle Hostos. Un bullicioso río humano que, al final de los festejos del Patrón, volverían a su rutina. Hoy sí tienen su Saturnalia, fiesta de alcoholes y apuestas; «pero, ahora mire hacia ese lado». Cucán señaló la Casa de Doña Bisa.

Al fin dijo algo que no le gusta confesarlo: «Es el pasado que Muñoz Marín destruyó. Gente que ya no cree en la tradición ni palacios. Que no hará nada perdurable ni hermoso [como esa casa de Doña María Luisa y el Juez Negrón] porque quiere dádivas. Gratis hasta el par de zapatos. Gente que no quiere otra providencia que el pan diario. Gente que se cansó de la penuria y no volverá a sufrir con dignidad... Ustedes saben, si yo sufro, aprendo y me aguanto. No sucede ya. La gente a la que Muñoz da cuerda es una que pide por reclamar un derecho que humille al rico, al visionario, al que es culto y tiene lo que merece y conquista con su esfuerzo».

Atribuyó a dos decenios del auge del muñocismo, la decadencia del Partido Republicano y la hostilidad que se vive en El Pepino. Dijo que no necesita de la gerencia bancaria para servir a los demás e incentivar el progreso del pueblo. La compañía Oronoz & S. C. aún acredita sus talentos y los ánimos de tratar a la gente en actitud de servicio y compasión. Alega que la caridad la practica en el cine cuando se pone a la cabeza de la taquillería. Cuando reconoce a un limpiabotas, obsequia las admisiones. «¡Diviértete; tú no pagas!» Y, sin embargo, quien no conoce sobre estos detalles, maldice la cepa de su padre, Oronoz y Rodón y a sus hermanos. Pasan de Juan Martin a los Oronoz Perochena, Oronoz Villalobos y los Oharriz. «Juzgan que fueron y aún somos indeseables por tener un poquito más que otros», meditó.

«¿Hostilidad contigo, Cucán?», pregunta Piro.

«No lo creo», asiente otro, «¿quién se atreve?»

Antes de asegurar que el Cura del Pueblo José Antonio Aponte se ha excedido como hablador y parajero, sin examinar las pajas que tiene en su pupila, rememoró el Pepino en que nació.

«Yo ví el paisaje del que me hablaban mis padres con igual virtud que los más pobres. Escuché la voz de Padró Quiles y de los zapateros y los cortadores de caña y fueron tiempos de hambrunas, temporales; pero la gente se ayudaba entre sí y la miseria no se volvía tan obvia. Dios permite el temporal y los karmas, es cierto, pero el campo daba mucho alimento y lo dará siempre; el ventorrillero te lo traía a tu casa… Y compraba el rico y el pobre. Lo que faltaba en ese Pepino de mi niñez, del 1900 al 1948, por lo menos, fueron cuidados de salud, atención a la niñez y a los viejos... Ese Pepino fue más bueno; más feo que hoy, si, pero más humano».

De hecho, para justificar ese testimonio, alguno observa ante el Cucán filosófico que el primer hospital municipal se produjo como gestión de su administración. En Pueblo Nuevo, operó la Casa Coll, el primer Asilo de Ancianos.

«La única diferencia entre el rico y el pobre sería, al fin de cuentas, si tenías para comprarte un par de zapatos y un vestidito nuevo».

«¡Había quien tenía una casona! Otros, apenas un techo de yaguas», rememora Toño Echeandía, hermano de Getulio, legislador en los tiempos que Cucán gobernara.

«Bueno, casonas Cecilio Echeandía, los Hermida, Víctor Martínez, uno que otro. Puede que se naciera en la casona, pero para bañarse se iba al río como el mismo pobre. El agua de uso diario venía de un pozo». Obvio es que el ex-alcalde está muy metido en sus recuerdos. «Los aguadores existieron siempre. Recuerdo a muchos que llevaron el agua a casa. La albercas del pobre eran las charcas y las familias ricas tenían sus charcas en sus terrenos, en las fincas. Todavía la labor más importante de Cayo Estrada después del triunfo de la Pava fue construir acueductos en los barrios».

«¿A qué viene todo ésto, Joaquín? No entiendo».

«Sí. Es raro oír que hablas con esa nostalgia del agua».

«En realidad, me estoy lavando por dentro. Estoy lavando la iglesia y al Santo Patrón de San Sebastián porque, según leí, fue tirado en las cloacas y dado por muerto. Si sacamos a Aponte de la Iglesia, confirmaré mi bautismo».

Emilita Arbona, quien escuchó a su esposo en silencio, lloraba en silencio. Y el licenciado Agustín E. Font se estremeció, por entenderlo, y dijo que sintió un fuerte escalofrío.

3-12-2006


Agradecimiento al Lcdo. R. Edwin Colón Pratts

Monday, December 31, 2007

La zona mística





Si esta zona mística del alma,
nave bogante, la mía, caballo brioso
hacia la patria celeste, no se cuaja y naufraga,
si el animal se desboca, no diga ni el ángel ni dios
que no anhelé la rienda bien tomada ni el timón…
yo ¡carajo! hice lo que pude. Siempre
quise ser el navegante, aquel que persevera
y rema más que otro y salva soledades
con la misma pasión que a pasajeros.

Quise ser el jinete victorioso.
Uno con alas, uno que da al animal
su gozo, su kavanot, sus intenciones.

Sé que soy carne y que soy alma,
sé que no todo se me dará a la mano
tan gratuito, pero acaso, ¿no dije yo:
Bendito sea?

Sé que el corcel es vehículo
y que el corazón resguarda su propias intenciones.
Todo es viaje a la novena de las rutas iniciales,
todo es un salto donde Nukva sonríe y
se da su presencia y sentido
porque yo, quien admito autoconsciencia,
sin ese femenino no me encuentro.

El semblante pequeño de mi sueño
es quehacer no rutinario de destino
y le debo un esfuerzo, mi vuelo,
mi barca sobre la mar y ese remo del Zeir Anpin
por quien procuro mis originarias bendiciones.
Del libro Teth, mi serpiente

Cuando estoy enamorado / Narrativas del Yo Cesativo / Un destino hermoso

El alma abandonada




Tengo el testimonio de que les he llamado
desde mis voces desgarradas, mi soledad más plena.
He querido creerles llamando desde el vacío,
desafiando cualquier extrañamiento,
la pérdida total de ilusiones de mundo.

Les he llamado en hambre,
en escasez, en desamparo, en esta soledad
de la que sólo yo sé el dónde y el cómo y el por qué.
He pedido sus presencias como amigos
siendo el pordiosero que pide el último respeto,
su postrera limosna, ente cansado de batallar
con negaciones, reo que no tiene esperanza
de vida y se arrepiente; he tratado de gritar
donde mi voz no se escucha, donde nadie se apiada
porque uno mismo sabe que no es merecedor de nada.

Uno no sabe cómo ha sido.
Uno no se da cuenta de cuán estúpidamente necio
se ha cuajado sabe quién en cuánto tiempo
(o tiempos evolucionarios, tras el Big Bang)
uno es ahí, queriéndose desgastar y morir
pues duele, en maya o desmayado duele
que no escuche ninguno como uno, y ¿qué importa?
si el mortal no oye y sigue su propio trayecto
de nada hacia la nada... y el ser desvinculado...
pero uno como Tú, uno como ustedes,
eso duele más que el puñal más certero, bien que saben
como abrir la carne, gozarse con la herida, humillar
a ese grado en que te abres. Se acaba todo lo valiente,
ya no aguantas, pides que venga el final
con tu desangramiento, que no vivas ese segundo más
de la agonía, de los ojos abiertos,
porque uno es carne, sentimiento, emoción,
angustia, incertidumbre, orgullo, porfía,
dolor metido en las trencas del sueño y su pasión desafiante.

Que te mate un asesino, un desquiciado, un perverso,
a fin de cuentas, ¿qué importa? … pero esa arrogancia del silencio,
esa separación de luz y oscuro, esa maldición apuñalante
de abstracción, hermetismo, parusía y kairós
es más odio que el odio y como el odio duele.
Tortura más que la esperanza en el pantano que te ahoga.
Ofende más que el dolor contado en los relojes.

Y uno es una chispa de amor que sobra del espíritu
y los reinos divinos la largan al carajo
porque no hay perfección moral en el hombre;
nada hay de su emoción que no se quiebre y apeste
como lepra sostenida, seleccionada para la adaptación
miles de años, que son en tu momento,
de instante a instante tu mofa, tu calvario,
tu dogal, aguacero de patadas en el alma…

Tú, alma burlada por las amas secas de tu metafisismo,
poción envenenante para quien tiene
como Argos, cien ojos abiertos de ignorancia,
ciegos ojos de mundano quehacer y cien ojos, dormidos,
expectantes de su oportuno tiempo, donde la fe
se estercola, igual que en el pantano, porque,
¿quién pasa a buscar a quien es casi cadáver,
quién oye al que ha sufrido en esta rutina cotidiana
de la muerte civil, social, económica, moral,
pagana, estúpida, profana, sin otra gloria
que su difuntal vacío y su sepulcro olvidable?

… y, ¿quién te espera en el mundo?
¡Los gusanos! ¿Y quién, en vida, te aconseja
no mueras, aguarda, vive un poquito más con la decencia,
yo te ayuduo, yo te doy ánimo y consuelo?
Pues NADIE, nadie, NADIE, menos ese Ser
en que te fías, el cadáver permanente del silencio.

De Heideggerianas

Indice/ Yo no me detengo / El cuidado / De Heideggerianas

Tikum Olam / Reparar el mundo

... a mi madre amada
En el marco de mi puerta escrito fue
Viste el tefilín, recita el éxodo, comparte el pan.
Escrito fue en los ojos de mi madre: Copia
en la mezuzá un salmo de tu alma,
un pergamino sin angustia, porque tú
tienes el ángel que habla en el oído
y no usurpas y no adoras cualquier idolatría.
Te conozco como una fiel ventana. Te asomas, Carlos,
a reconocer la existencia del eterno, ni Ov ni Idoni
se consultan por tu oído. Ni sacrificas en fuego
los hijos de tu pensamiento. Tú, poeta, ven
y canta
al lado de mi camino; ven y recita
y mata mis fatigas, el hervor de mi asma.

¿Qué habré parido que en el corazón te creció
un árbol de treinta o más caminos y una Halajá
que es tan sublime, como el día del amor,
Tu Be'av, tú, al pie del duelo por quien
padece en guerra, tú en el día de piedad,
buscando un pensamiento, porque se yergue
el hambre y se litiga en ausencia de un juez bueno
la misericordia que no se concede.
Seguro que has nacido por buscar un sendero.
Y lo hallarás, Carlos. Y será Tu Corona.

Del libro inédito Teth, mi serpiente
Memorias de la contracultura / Indice en Exactpages / El gran proyecto / Yayo el turco

Sunday, December 30, 2007

Cain





Sin la comprensión de otros,
¿qué haré con la ofrenda que cultivé
en el campo, a quién llevaré mi serenata
de ñames, yautías y calabaza?
¿A quién diré: Con bacalao adereza
este plato de sustento?
¿Ante mi vits, patearás mis ditas y jitacas?

¡Oh, porque soy Caín! El que no sabe ser bueno.
El que no comprende tus razones
El que es fácilmente el ser.
No su justicia. El que perfecciona la barbarie
cuando se cree morderno, o más civilizado.
Es tan difícil hoy el sentimiento.
Es tan distante hoy tu Tiempo Sagrado
y tu Lugar de Claror, oírte en las hierofonías,
en las nostalgias mismas del origen.
Es tan difícil hoy que te aparezcas
en manifestación tan santa e inefable;
ya me díste este realismo vulgar de lo lineal,
lo histórico, el sello cotidiano de una bestia.

¿Qué haras con la cocina de mi fruto
y si eso haces, que no gana bendiciones,
cuál es el nombre que me das, a dónde y cómo
y por qué me habré de retirar, cuando ya no hay
serenidad en mis despojos, y mis manos toscas
se cansaron y el frío es tan intenso, que no hay
control empírico que me satisfaga y soy lo más burdo
de la tierra, lo mós oscurecido, un cascarón
de mi propio esqueleto, un dolor en tu horizonte
tan dulce, cómp ha de ser la hazaña de volver
a quererte, el regreso, la comunión, el pilar
de la misericordia armonizada con tu conocimiento?

2-12-1983 / De El hombre extendido

Las ideologías / Meditación del ser / La paliza (cuento) / Kim clin clin (cuento) / Lamiae

La realidad se impone


Dando, si acaso, jerarquía a lo que pienso,
a los micromundos de mis significaciones,
son mis sueños profundos, secundarios.
Siquiera los imaginarios colectivos son primero.
La realidad se impone.

Meditaré en torno lo visible: mayorías
del universo de oprimidos
cuyas vidas se arrojaron al pantano,
quedan en las afueras de todo beneficio y consumo
y compasión y justicia y apoyo.

Los abrazaré con lamento
porque ya no hay calidad de vida
que permanezca como esperanza para ellos.
Son además de excluídos, los desafiliados.
Su mundo va en acelerado deterioro.

La miseria engendra más miseria.
Sólo tristeza y soledad hay en la violencia
que les visita los huesos después que asalta
sus calles, vecindarios, ghettos, suburbios
de alcohol y bares, reclusión, decadente urbanimo.
Tecatos, pordioseros, prostitutas, pandilleros,
ladrones criminales, suicidas, tratornados.
Más allá, los campos áridos, cobijos en las minas,
sembradíos de pérdida, truncas fantasía
(subempleo, tiliches, bienes rancios);
seres paranoides, vomitando agorafobias,
fantasmas nuevos, rateros de placer.

Así es la nueva subjetividad contemporánea,
harapos para retóricas de imaginarios de progreso.

10-22-1986 / Del libro El hombre extendido
La importancia de la investigación / Meditación sobre San Sebastián de Narbona / La tradición bestializante

La libertad doliente




Elegir es inevitable, personal e intransferible: Jean Paul Sartre


... porque opté la libertad, la angustia me da sus alaridos.
Me asedia, espía, me embriaga a veces como un gafo
en subjetivo frío, apriorística soledad de ser con uno.
Nada absoluto a qué aferrarse está a la mano
(nada que no sea la Nada misma,
el hambre cruda del deseo inconcluso).

Opté la libertad, o acaso me arrojaron
y la admito porque no hay otro camino.
El determinismo ha muerto aunque con éste
haya nacido el desamparo y la mala consciencia.
La biología es pobreza inducida por sus patologías;
pero, ¡cuánto cautiva la forma de lo hermoso,
la grandeza viviente del paisaje, la adhesión armoniosa
de la gente grata, el hábitat que triunfa sin violencia.
Con el recurso humano y, aún en el desamparo,
en clandestinaje o en legalidad, pese a las trabas,
se va inventando el hombre, se va uniendo
al ser de sus esencias, al clamor de su misterio.

La historia elucida dolor y atropello, caos
y desorden; pero el valiente combate,
el solidario instruye, la misericordia intercede
y el heroísmo se crece; contradictoria es la historia
y no determina por siempre; el determinismo
de Dios se vence y se quebranta y los ángeles
son los laicos que en justicia y paz dan paz,
bendicen, optan la libertad doliente.

7-12-1982 / Heideggerianas / Lista / La muerte de Nano Ortiz / Mitología taína

Estoicismo verdadero


El lenguaje da camino y sendero a todo querer considerar. Es dimensión inicial dentro de la cual la esencia humana puede ante todo corresponder al Ser y a su interpelación: Martin Heidegger


Siento, porque no siempre creo,
el hambre de ser, asegurarme que no prevalezca
un mundo dividido, el odio, el afán de homicidio.
Siento la victoria del estocismo verdadero,
admisión de las contradicciones, sin que sea
no vivible el mundo, y pueda el hombre y su vecino
y yo, con él, siendo un pueblo, plasmar
lo que se llaman las naciones, identidades colectivas
que el amor construye sin iras destituyentes.
Siento el hambre de ser con una causa revelante.
El mundo del habla da sentido, vincula, corrije.

Lo necesario se revela, a veces pausa,
y la carne es buena, cuando vive en el concilio
del espíritu, no en las sombras de cavernas
ni sacerdotes vitalicios, con un cuchillo
de nacom de sacrificio humano.
A veces ni creo que, con argumentaciones,
se hará vivible el mundo; la mayor de las veces,
aguanto, el asco a un lado, la sonrisa triunfante.

Digo, por lo mismo, que yo siento que las diferencias
no son motivos de más respuestas cósmicas
que mueran tras el primer esfuerzo;
digo por lo mismo que primero sepultemos el miedo,
la ambiguedad, la ocultación, la haraganería
que sustituye al pensamiento, al habla,
a lo dialógico, al trabajo.

Lo necesario para ir hacia ese lado superior
del ser
está a la mano. Lo que se pueda llegar a ser,
digamos que es posible, empujar con el quehacer generoso
no digamos lo perfecto, lo vivible tan sólo, el optimismo,
vayámoslo ya sintiendo, no en creencias que se diluyan
en los sumideros; sintámoslo como el comienzo
de cada querer considerar, el lenguaje.

2-20-1980 / Del libro inédito Heideggerianas / Hambre de ser / Heideggerianas

Saturday, December 29, 2007

La salteadora




La angustia es una respuesta normal. Es lo que nos hace huir o evitar una situación potencialmente peligrosa; pero la angustia originaria suele mantenerse repimida en el Dasein / hombre: Martin Heidegger


La grandeza de un Yo que anhela el misterio
del origen, un habitar
en tierra que funde trascendencia,
se revela en la angustia, en su fondo temerario
que lleva un lastre de anhelo adormecido,
dolor imperceptible y lealtades escondidas.

La grandeza con la amplitud
de sus propias negaciones combate.
Delata su verdad. Se asoma a esa transmudación
de líbido, energía ligada a lo prohibido,
cortada en tí, amenazadora y llorada en tí
con tan profunda pérdida.

La grandeza de un Yo en cualquier momento
despierta. Trae su pesadilla a ese ahí del horizonte.
Salta como un alerta, sin que se requiera
una provocación extraordinaria.
Basta un recuerdo, un cadáver olvidado
en ese basurero numinoso.

Del tranquilo vivir, en secreto vínculo
con placidez y la templanza, se vuelve salteadora
la angustia que adivina la certeza que no cuaja,
el deseo creativo que investigas, con menos amor
que el que confiesas, las contradicciones
apenas conciliadas, tu pie tan tambaleante,
o líbidos inaplicadas cuando asoma el peligro.

4-15-1980 / De Heideggerianas
Los vampiros / Lista / Internet Store

La nada que me angustia


Si desde el principio no estuviese inmerso en la nada, tampoco el hombre se atendría a si mismo… Con el saber en el que nos movemos cotidianamente, sabemos verdaderamente de este acontecimiento. La nada desiste permanentemente: Martin Heidegger


Ando aún, sin que yo mismo lo quiera,
inmerso en esta nada angustiadora,
en este desistir del propio origen,
en este disimulo del ser que me acompaña.

Siendo aquí, más allá del ente que da
la plenitud de sí, el más justo atenerse,
su humanidad manifiesta, a veces me siento
moribundo, o un suicida que vive, medio muerto.

Estoy aquí, más triste que contento,
más turbio que si la nada fuese sólida, objetiva,
real como el pantano. A nadie puedo preguntar
sobre este más allá de trascendencia.

La razón y su lógica no bastan.
La nada es siquiera un concepto.
Acontece y está aquí, vacía en apariencia,
pero muy llena de afanes, de un y un No
que nunca cesa, que es temerario.

¡Cuánto quisiera dirigirme al fundamento
de este originario carácter que me dio
de sí como alimento y me niega a su vez
cuando pregunto e inquiero por qué
su represión, su vibración de angustia.

3-12-1980 / Heideggerianas
Poetas del Mundo

Ola-ritmo


La esencia del alma se ve colmada al buscar la tierra en su caminar para poder construir y habitar poéticamente sobre ella y sólo así poder salvar en tanto que tierra: Martin Heidegger


Carlos, llámate Alma-Tierra.
Baja como ola-ritmo, ocupa una mar,
Isla de entrada, Caribe cósmico,
pedazo vibratorio de la estética del Ser.
Aprende, házte de la extrañeza primaria
de tu cuerpo; acude a la piel y sé libre
en la inicialidad de los inicios;
sacúdate de los creyentes absolutos
que te niegan camino, pero también
libertad y esencia.

Sé ojos dentro del vientre, oído perceptivo,
besa en pechos lactantes, vomita como el Titán,
sé hercúleo, jonásico, rebelde, sabedor
de amor y zorretías, recaudador de carlancas
y consejos sutiles, sentimientos.

2-09-1980 / Heideggerianas
Lista / El alma bella / Obsidiana Press / Yo soy la muerte

Tu Lugar verdadero


Sólo quedan desconcertados ante el Ser. No hacen más que huir de la meditación como alguien que burlado durante demasiado tiempo por el ente se ha vuelto tan extraño al ser que ni siquiera es capaz de desconfiar de él con fundamento: Martin Heidegger

Pobla la Tierra otra vez. Baja al pantano,
Tú, el rehusador, el burlado por rutina
que te instalaste en el cielo, sin saberlo.

En el Cielo no se puede vivir, alma mía.
Ni tú mismo te escuchas. La pregunta inicial
nunca se responde. Ninguno que piense
se te acerca, No eres el señor de los seres.

Eres quién te buscas a tí mismo,
eres el primer desconectado
y el más despreciado en la tarea
de volverte señalante de tí mismo.

La esencia está velada y no procuras
lo reunido, el amor de tu entorno,
lo reunidor de tu Lugar verdadero.

3-05-1997 / Heideggerianas

TraficoViral.Net

El alma en su lugar


El alma busca la tierra, no huye de ella:

Martin Heidegger

Alcancé la tierra ya, el sendero en el alma
por la que obtuve recuerdos. Se hinchó en dolor
la nave que bogaba, con velas desplegadas
(la ví hundirse en la inicialidad
de todos los inicios)
y la paloma reexaminó los sueños
cuando quiso volar alto, más alto
que la vida y el súbito naufragio.

Alma fue que manipulaba el poseer
y maniáticamente, persistida, obsesionada,
resguardó lo recogido, encerrándolo
consigo, atesorándolo como codicia impía.
La Tierra la ha llamado al fin para que exija
el cielo despejado, la derrota final,
el ocultamiento vencido en la unicidad,
única e inusual, de lo que viene.
Le dijo: «Abre tus lugares reunidores,
Haz que reluzca y translumine lo escondido».

No huyas con la presa que es mía.
El alma querrá indiques su lugar
donde lo predicente reposa y se despoja
de la proyectada fantasía,
la desfiguración, su lujuria.

Punta de lanza fue la razón de su nacer.
Cierto amor ha sido guardado en los sentidos.
No habrá huída si nací para dar cuentas
sobre lo ya pre-comprendido. Alma baja
de los altos nimbos, aterriza en el monte.

No habrá verdad sin redescubrimiento,
sin desafío angustioso de las declaraciones,
lo manejable, seguro, sentencioso.
No habrá verdad si no se baja el ser al hombre.

3-12-1997 / Del libro inédito Heideggerianas

Internet Store /Negocios