Thursday, August 13, 2009

La dialéctica de las dos voces / Nekyia / Katabasis

Déjame entrar a tu reino, Rey de lo desconocido.
Descender no ha sido fácil y tiemblo y la sibila
me dio esta rama dorada como si fuera
el pase autorizado, al decir,
con ésto se me admite.

Vengo de un monte colonial. De un espacio miserable
que a imperios se ha asociado; pero yo digo que Luquillo es
el Bosque de Meni y que el Lago Guajataca
es el Espejo de Diana y que todas las indias taínas
asesinadas por la soberanía violenta de invasores extraños
son como sílfides, náyades de los bosques,
ninfas dulces del río; yo digo que los árboles son sagrados
y en ellos tengo escrita mi memoria para que
si no me escucharas hoy, puedas hacerlo
cuando no esté presente, y vayas y leas
en los umbrales de Perséfone donde aún tengo un bosque
y un lago y una sacralidad que urge al nuevo rey,
porque mi dios ha muerto y apesta,
nunca amó a la diosa la Tierra, nos dio miseria
en vez de cosecha, hizo a mis hombres pálidos
con el alma aún más jincha, flaca y podrida
que sus cuerpos.
.
No sé qué es ser un rey sagrado y mandar
a hombres que obedezcan el amor y canten;
no sé amar a mi mujer porque se prostituye
con cada novedad que asoma
en el otoño y el estío.

Admite esta rama dorada
(la obtuve del último árbol que el sol amó
en mi bosque cuando lo amábamos de veras); ahora
en mi tierra se aman los fantasmas,
eidola virgilianas, nada que sea sublime, ahora Virbius,
rey del bosque, no tiene más destino realizado
que atropello y la voz épica del narrador del Fatum
que le dice: «El reloj dio las 12:00, véte,
ya no te queda más tiempo.
Tu colonia es un bosque en llamas.
Como una piedra sobre el Espejo de Diana
el Sacrificador exige el rito de violencia purificadora.
un nuevo pacto y con Albizu tiene que morir
todo lo que se pudre antes que vuelva
(por amor a él) a darte una bandera de sol,
el sucesor, lo Sublime».


Las Zonas del Carácter

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Nekyia / Katabasis

There are in nature neither rewards nor punishments, there are consequences.
Robert G. Ingersoll (1833-1899)

Es verdad, Strindberg, son pocos
sobre la Tierra quienes antes de la tumba
soportan la crisis, o el Infierno.

Pocos, los románticos de veras,
que son valientes ante la lírica Nekyia,
quienes se paran en los Portales
donde reposan tan callados los difuntos
que el frío parece que tirita de soledad
en las tumbas, son pocos.

¡Ay! sabor a infierno y ninguno hay
que quiera bajar a lo profundo
donde el viejo, remoto, necrotipo del Dolor
sale como una mano del foso más oscuro
y aprieta la pobreza del pescuezo
y te da ahogo, crisis, catabasis, agonía
sin muerte, para que abras bien los ojos
sin ponerlos en blanco todavía...

¡Ay, gallo infernal, vigía! que te inicia en el rito
de ser hombre, con aguante, cojonudo
a dura penas, cabrío... por eso es que son tan pocos,
Rilke, los que se asoman a la Puerta del Muerto
y preguntan como si fuera su consciencia
cómo te va con la erótica Nekyia,
D. H. Lawrence, la Nekyia marital,
los cultos del Sepulcro, Thomas Mann,
¿cómo se supera el miedo a esas sinécdoques
que han sido subvertidas desde las cuevas
para dar el viaje, el sueño, la visión
de que vamos pa'bajo, jodidos en anástesis,
y que no somos tan listos, como habíamos pensado
en el esquema material del desarrollo?

Nos falta mucho todavía para tener identidad
y es que hay que atreverse a detenerse,
antes del regressus, hay que parar
ante el abismo, retirarse antes de ver la luz
y la señal, antes de alcanzar su límite.
Hay que bajar a la cuesta, o rodear el río,
el camino del Cisne, «withing the Budding Grove».

03-12-2002 / De Las Zonas del Carácter

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Eis allos genos / «más allá de la serie»

Antes de que me acabe y me desaliente
que no pueda hallar los límites, ven tú.
Acaba mis contradicciones, Tijé.
Díme que existe Justicia Trascendente.
Que el amor es posible.

Que los procesos, aún divergentes,
su dialéctica cuajan, que la identidad
se conserva en algún punto y no tengo
que caer hasta quebrarse todo.
Hay sentido aunque no lo comprenda
en esos más allás que son tan desgastantes:
metábasis eis allos genos.

Muéstrame la resolución de mi proceso.
Que no hay continuación indefinida
hasta la Nada, que hay cosas incompatibles
ahora que he nacido y pienso, estoicamente,
el fatalismo. Díme, Tijé, que en algún lugar
escondido hay alegría. Házlo porque estoy
triste al borde del abismo.


De Las zonas del carácter

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El beodo de Beocia
a Maruxa

En la vagina de la vida me guardaste
y yo te daba gracias, quieto en la placenta,
para no molestarte, callado y, al mismo tiempo, oyendo
silenciosamente. Sé que me sabes sepulto,
vivo y sepulto, y será hasta que venga tu tiempo
y me saques de la caverna oscura.
Y me digas: «Eres libre. Nacíste».

Ahora es tu matriz todo lo que tengo.
Me llamas miserioso, tierno feto, compadecida vulnerabilidad
que late dentro, ¡oh! para tí que estás en la llanura lata
para recibirme, si saliera del río y me acercara
a la rivera donde yaces, ¡ay! yo que soy muerto-vivo,
alma de preso, que conocerá tu vulva primero...
antes tu esposo, yo, ahora esposo-hijo,
tú, carcelaria, aqueronte fantasmal en el río de aflicciones,
yo, el olvidado, Lete lanzado al río
donde el agua navega, agitamdo una cesta de aliento.

En la vagina de la vida me has guardado
porque yo me fui, antes de este nacimiento.
Te abandoné, amada mía, descuidado de Ameles,
pródigo y sediento por caminos, te dejé
olvidada y hoy son los mismos caminos
de tu cuerpo por los que regreso
y vengo para amarte.
Estoy bebiendo agua de olvido,
agua de olvido, para que no haya memoria
que me ate a mi pasado mentiroso y malsano.

2.

Te quise a tí, con mentiras y engaños.
Sé mi madre ahora que vengo para quererte
porque me es grata el agua que de tí se bebe
y que chupo no con labios, no ahora.
Con ombligo, por si acaso me quedara
boca de majadero, con rencor del karma
que te infecte los labios.

Ahora es agua grata de olvido la que bebo
y la que me das, la estoy bebiendo aquí,
madre-amante-mía... porque yo era el malo
que del bar de la temeridad bebía
en la Estigia, con el compinche Caronte
que por el riachuelo del odio me inducía.
Bebí en Estige y sus licores eran
lentas horas de etílicos sabores.

Los llamabas estanques,
tú decías que embrutecen
porque la puta Discordia escupía su amargura
allí, exactamente allí donde yo iba.

En el alambique del Umbral se me servía
y me sentaba ante el Altar de Trofonio a liarme
a los besos con la beoda del lugar,
la que pide una moneda
y otra y otra antes de cavar la tumba de tu amor
y lo poco de vida organizada y pura
que Beocia nos da con tantos altares
en los ínferos paisajes de la angustia.

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El laberinto

¿Quién, celoso de mí, me confunde?
¿Quién coloca sobre mi ventana un espumero de cortinas atroces,
o ante mi puerta, espejos de vigías fantasmales,
quién
que abrió mi calle
hacia laberintos y el complejo desgaste,
o el héroe temerario?

¿Quién retiró de mí la generosa palmada,
la grata compañía, y me hace sentir solo,
con memoria negada, pezuñas por dedos
y mis pasos torpes?

Ahora sobre el espacio se me orilla, en la frente
tengo el sello, te quiero marginado, cautivo,
pero el apetito que me anima es el centro
y mi memoria quiere entrar y volver
porque sólo el espacio hace libre
a quien tiene el corazón univiario.

¿Quién ordenó que no tenga más sendero
que este recorrido, obligado, absoluto,
donde el tiempo esconde
mis pies, quita el cobijo
y libertad, no da mi centro
y fundamento?

.De
Las zonas del carácter

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Confesión del cautivo a Dédalo

Te confabulaste para que yo esté preso
y cercado. Son tus pasillos prohibidores,
dolientes son al toro violento de mis ansias,
tú, con la ciencia del invento,
díste el aislamiento, refundíste la bestia
en arquitectura macabra y ahora vendrán
los cuerdos y prudentes asesinos
a cortar mi hilo, sin salvar en mí al hombre.

Tú hicíste el laberinto de la Némesis.
Un culpado seré para siempre
y mi hermana, por amor a un extraño,
no me hablará a mí,
que la quiero, no me revelará
que puedo verme libre, dejar
de ser un escondido y violento.

Ya no podré ser hombre ni catar placer
ni decir tengo padres y hermanos.
Inventó la cárcel y la muerte.
Inventó la venganza y la captura.


¿Quién me dará un hilo de plata,
verbo comunicador y trascendente,
rito / o diálogo que no sea una reja, o una pared
de insolencia y secreto?
... ¿por qué me llaman el monstruo?
si yo sólo quise calmar esta fuerza del alma
apresada en el ibris, mi soledad insatisfecha,
eros que no me habría bestializado
si también me dejaran por centro:
una migaja de amor humanizante...


De Las zonas del carácter

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1 comment:

J. J. García Rodríguez said...

Me detengo a reposar en este caudal de poesía, donde, a usted, Don Carlos, y a pesar del devenir del agua en el que se convierte por fluir de su lenguaje, ya nada le hace falta nada para tener identidad.

Lo he reconocido fácilmente. Lo reconocí. Intento seguirle la pista desde España, hace años, antes en Geocities, y ahora en Blogger. Lo he vuelto a encontrar. En Google, qué remedio; ya que no puedo encontrar sus textos en librerías.

Y le doy la enhorabuena, como antes. Por sus poemas.

Y me doy la enhorabuena, por el valor que tiene para mí haberle encontrado.

Un saludo.