Saturday, January 09, 2010

Aproximación a «Libro negro» (2009) de Carlos Daminsky


Por Carlos López Dzur / Fundador de la revista Sequoyah

Carlos Daminsky ha tomado toda corrosión, todo objeto en molicie, en parches, en carroña, en excremento, en fuego y cenizas, y con tales materiales, ha construído un mensaje. Es un alerta surreal en torno a lo que él llama «zona mutante, zona Friky, peligro biológico, terror radioactivo». Es un libro electrónico, coproducido con Carlos Sueiro Martínez, titulado
Libro negro (2009), en el que deja testimonio, desde una primera parte Visiones masturbativas a los poemas finales, con los que define a quien se dirige y el por qué, sobre una decadencia. Habla para un «jornalero famélico / en un campo de plástico y cartón» (p. 72), que nos representa como sociedad y civilización.

Y pese, a la dureza de su lenguaje, el fin de éste, El libro negro, el «libro de la mierda» (ibid.), es «como petróleo de la conciencia, humo cenizo», «intentar volver a querer / en ese jardín pegajoso». A final de cuentas, es un libro compasivo, sin sensiblerías, muy provocador que, en lo personal, me recuerda el estilo con que la subcultura punk, expresaba su rebelión contra una suma de ideologías autoritarias desde los años de 1950.

Este «testigo carbonoso del mundo» que se verbaliza, con voces autoriales, de Daminsky no dora la píldora al describir lo que es el mundo que observa y que él, como testigo introyecta: el entorno visionario es un criadero de «fetos negros», marcados con miseria y soledad, desde el momento en que comenzó el proceso ante el cual se lamenta, largo proceso, «a lo largo de los siglos / al paso del tiempo quebrado»

hasta que mis ojos fueron cuarzo
mis llagas granito
y mis palabras pura tiniebla [67].

Habla con una voz endurecida, cocida a fuego en el mismo infierno, que es el mundo. Un ser descarnado ya ante el sol, pero cuya voz / letras / son como púas. Habla como un niño de la combustión. Una de sus voces es la de otro niño que ya no puede sonreir ante los «ángeles de la ceniza», otros niños que son como estropajos o zombíes, «sólo trajes nada más que andantes» [11].

Lo que se alude como una voz o alma parecida al del rock punk, que exprime sus palabras, burlándose hasta de sí, es el gesto alucinante e irreverente. Estos «alucinados» de Daminsky piden correas (camisas de fuerza), un poco de anestesia «para dormir en blanco», se tiran pedos en público, no tienen nada mejor que hacer que «amamantar la jauría espuria», «hacer autoestop hacia la luna» y «pasear con la Muerte» [16], ya en este mundo, en algo se parecen, a quienes con el que, por su «style of adornment», son rufián, gánster, o «hustler», que apantalla con T-shirt, jacket de motociclista, tatuajes, piercings o metales y accesorios, de un mundo de grasa y mecánica; sin embargo, en la visión deminskyana, con la piel de los niños de la ceniza, se da un testimonio que no puede ser moda comercial. Esta tragedia descrita conmociona más que todo temario de pedos y cagadas («the toilet humor, sex and drugs», de los punks), que estuvo dirigida a ofender y maltratar a los iconoclasas y acentuar con el lenguaje del rock una mayor opción de liberación de las normas sociales.

En la cuarta parte de las Visiones Masturbativas, en el texto «Metárúlgico» y otros que él llama «Esquelética Acta en dos parches», la usanza de cierta ropa y ciertos consumos entran en juego como símbolos de rebelión. Entre los excéntricos consumos, no se olvida de mencionar, con ironía en torno a las drogas, la «dialéctica nervaliana» con «cimitarra vallejiana», «síndrome bipolar» que «ya son versos de la luna batracia» [17]. Del segundo parche es la alusión a los «desgastados pantalones vaqueros parcheados». Mas subrayamos esta visión es más alamarmante y trascendente que el peor de los mensajes «punky».

Al inquirir más sobre el por qué de ese título y esa visión que nos presenta, repaso a muchos de mis autores favoritos que también escribieron libros negros. Por supueso, uno es el del inesquivable Giovanni Papini, el autor de Gog, y quien en la «Advertencia Preliminar» de su obra o diario El Libro Negro, al explicar el por qué eligió tal título dice:«porque las hojas del nuevo diario corresponden casi todas a una de las edades más negras de la historia humana, o sea a los años de la última guerra y del período postbélico». Y, con G. Papini viene emparejada, su amistad desde 1911 con Filippo Tommaso Marinetti, el autor del Manifiesto Futurista y el proceso que se compete, no sólo el arte y las «palabras en libertad», sino la sociología del porvenir, que se fiará como bases al futuro.

En
Fundación y Manifiesto del Futurismo», Marinetti decía que «El Arte [...] no puede ser otra cosa que violencia, crueldad e injusticia». Claro que abría que entender la esencia de su paradoja en el contexto de que, si se ha proclamado la unidad de la vida y el arte, hay que entender la violencia, «no sólo como un medio para producir un efecto estético, sino que también como inherente a la vida misma». Esta es una idea que se tomó de la sociología de George Sorel y que los fascistas italianos asimilaron bien. No en balde Marinetti dio su apoyo al oficialismo de Mussolini; pero, el fascismo del ala derecha no entenderían lo que, en rigor, el futurismo pretendía, sino que sustituron el término con «arte degenerado» y, en 1938, pese a que Marinetti convenció a Mussolini de que el arte degenerado y el futurismo no va parejos, esta mala mezcla estalló en sus manos. El futurismo sólo pretendía, en sus palabras, ser un movimiento espiritual: los fascistas lo convirtieron en un movimiento de caos y una cultura de opresión y anti-semitismo.

«Los grandes movimientos espirituales se forjan como un recurso hasta la precisión sus inspiraciones primitivas, su alborada como arte, eso quiere deberá decir, que las ideas creadoras y sinceramente innovadoras, de las que elmovimiento derivó su primersos y la mayoría de sus impulsos poderosos han perdido su fuerza. Nosotros nos encontramos hoy en el preciso comienzo de una vida nueva y experimentamos con la alegría esta necesidad oscura que llena los corazones - esta necesidad que es nuestro inspiración, el genio que nos gobierna y nos lleva con él»

En lo externo del lenguaje de Carlos Daminsky, hay aprovechada toda esa «necesidad oscura», genio de violencia, alborada del arte, surgida de las instancias inspirativas primitivas, que fascinaba a ese profeta del Futurismo que fue Marinetti y, en grado importante, Papini. Sin embargo, cuando son las máquinas del poder estatizado las que toman este criterio estético, viene el desencanto. Ese desencanto que está en la poesía de Daminsky y en las prosas de los diarios de Papini.

Otro de los libros que recuerdo, con el título «El Libro Negro» es uno sobre los impacto de la Inquisición de España y, por tanto, la persecusión de quienes utilizaban o preparaban «hechizos y embrujos secretos»; pero, el que destacaré más afín a la descripción de estos desencantos que Daminsky pone en sus poemas es uno sobre el uso del término «libro negro» que, seguido al fin de la Segunda Guerra Mundial, por causa de la Orden Ejecutiva 9835, dirigida al Departmento de Justicia por el Presidente Harry Truman en marzo de 1947, pide que se haga un libro negro con listados de organizaciones o individuos que sustentan ideas «totalitarias, fascistas, comunistas, o subversivas». La Nueva Inquisición entraba en la escena de la historia reciente y del futurismo práctico. La ha de convertir en un infierno, con nuevas represiones y nuevos demonios, ejércitos, falacias y tributos de inocencia.

Un poema titulado «Innnfierno», en el libro de Daminsky, me sugiere este contexto, hooveriano y postbélico, lleno de exilios y «bañas anatemizadas», donde todos somos «testigos amarillentos» de «niños esqueléticos (que) recorren los bordes abismales» [50] Eso niños / los de la resistencia / los ahora sujetos a que sus nombres se escriban en los libros negros / son, diría Daminskly, los que darán los «gritos blasfemos de rebelión» ante «estatuas mesiánicas (que) guardan el último silencio».

Esta es una aproximación mía, a vuelo de pájaro, en ese universo surreal que Carlos Daminsky ha elaborado. Es uno tan rico, con códigos personale, que sólo me vale cautelas; pero, cuando pregunto quiénes son esas estatuas mesiánicas en el siglo XX me apresuro a prefigurar unas como: Josef Stalin, Benito Mussolini, Adolf Hitler, Francisco Franco, el presidente Trumann y su secuaz, Edgar Hoover y otras.

En la escena descrita como infierno, la voz autorial de Daminsky articula las dos preguntas más importantes de la Guerra Fría y la persecusión hooveriana: «¿Quién es el señor de las falacias? / ¿quién es el mariscal del hambre represivo?» (50-51) Demás está decir que, en la Norteamérica de la posguerra, aún bajo el periodo del Presidente Truman y del primer director del FBI, John E. Hoover, prevalecía miseria. Los grandes infiernos que siguen a las conflagraciones mundiales combinan Hambre y Represión. Así, por ejemplo, durante la primera Guerra Mundial, cuando Hoover, el que me representa una estutua arquetípica del represor, éste hallá empleo con el Departamento de Justicia, y su primer objetivo en .la jefatura de la sección de Enemy Aliens Registration, fueron los extranjeros por su capacidad prejuiciosa de clasificarlos como enemigos.

En 1919, fue promovido a jefe de la División General de Intelligence y fue famoso persigueiendo a los pobres, las Marchas de Hambrientos (Palmer Raids). De 1924 en adelante, es todo un Mariscal de Blasfemias y utilizó el FBI para acosar a los disidentes políticos y activistas, recaudaría enormes archivos sobre las vigilancias y fichajes de líderes políticos, a través del uso de métodos ilegales para obtener las evidencias.

Hay un tercer libro, con el título de «El Libro Negro», realizado con dibujos, caricaturas y fotografías, desde distintas fuentes internacionales: «The Black Book of Nazi-Terror in Europe» (TGP,1943), libro que creara consciencia acerca de atricidades de la Alemania Nazi, ante las que el Gobierno de los EE.UU. guardara silencio.

Si estudiamos cuidadosamente el libro de Daminsky, los paisajes circunstanciales del Poder / Leviatán / que pinta sobre la «Vomitiva Universal», la ruina social y humana, observaremos, esencialmente el mundo posmoderno de la producción en masa y el artificio manufacturero, que se ha gestado entre las dos Guerra Mundiales. Es el mundo, anti-ecológico, resultante de la chatarra de guerra, los productos sinténticos, la industria de los productos metálicos, hidrocarburos y .lo inflamable. Hasta los seres humanos, «arruinado este tiempo», parecen hecho a prisa con «carne reconvertida en metal» [3] y el comportamiento humano es robótico y cónsono con la confeccionadura de la producción. Hasta los «hijos de putas» se dan al por mayor, aunque a la hora de los restaurantes / los sosiegos / todo luzca más extático («los muertos muertitos»}. El segundo poema de las Visiones Masturbativas, se titula «Jardín plastificado, Jardín de papel aluminio», con los que Daminsky dispone el ambiente desde el que es necesario que se pregunte qué pasa ante una respuesta que es tan simple: «Hay que joderse», porque el único paraíso es la sensación de mearse contra la pared o hablar con ella.

Las paredes que él menciona son las de la incomunicación: «Pared para estrellarse / llenarse la cabeza de chichones; / pared para hablar / pared para ver lo que hay detrás / con ojos de hormiguero / y dos panes duros bajo el sobaco / con erosión ósea en la razón / con eyaculación precoz» [3]. Hay, como se discerniría, predominio del hambre, «dos panes duros», embrutecimiento cerebral y falta de gozo, porque los eyaculadores precoces no disfrutan.

De un mundo que es un desastre, «donde todo lo bueno se deforma en putrefacto» [14], el resultado es un campo de miedos a batallas imaginarias o potenciales, esquizofrenia y paranoia, que preconciben nuevos holocaustos, donde los salmos se pronuncian al revés, «oxidados vikingos» amenazan desde «huestes invernales». Desde tal recreada alucinación, «¡La guerra es inminente!» [15]; pero ya las guerras se han vivido, han arruinado el mundo y han dejado a seres que él llama niños cenicientos o de la combustión.

Un libro como éste, dispuesto a hablar sobre «Semillas de vida y muerte», no me extraña que asuma la voz del único que puede sobrevivir, seguir un viaje atetiguante «entre las palabras inertes / y las lágrimas tan duras» [24], aunque su paso sea errático y viva sus huesos con desgano. Es difícil mirar los añicos de lo que está a la vista; pero, hay una convicción consoladora, o al menos, provisoria en la tarea: «El amor se busca hasta que se pudre». Y una de las voces líricas que maneja Carlos Daminsky es la de «una rata voladora inmune a la ponzoña / portadora de la rabia callejera inflamada» [25].

Esta misma rata voladora, numen del Poeta Maldito. se convierte en el metaforismo zoológico de Daminsky, en distintos entes: 'sapo cornudo' (porque la vida lo burla como a un tarrudo feo), o un ser en el «pozo poético», «sapo y cienpiés», «murciélago orejudo, zorra voladora», «borracho en la calle inclinada» [39], cuya función prevalece y puede que tal calle inclinada, la cuesta pueda darla «como excusa para no hablar», [41] pero, a final de cuentas, habla porque:

veo llamas del desastre universal
dela escritura guillotina
de la escritura potro
de la escritura danza de hierro
de la escritura 9 colas de gato [41]

De aquí saca el valor para dar esta memoria en legajos, que son «cognición, desesperación, venus con brazos implantados / con caricias por horas» [27]. «Creer en esta sociedad» duele como brasa; pero él imagina la noche del descanso; sonríe aunque duela por el labio partido y, en la barraca de la guerra, imagina una noche «con estrellas de cinco puntas». El es el articulador, reunificándose, individualizándose, aunque, en el interin, luzca como el «Rey del baile de los locos, patrón de misas negras», sabe que tiene salvación [«ella me sabe salvar»}, ella La Escritura y, aunque antes asuma roles antisociales:

Gruño como perro, escupo como sapo
vuelo como cuervo [41].

Describe un mundo que es la suciedad de la guerra; pero también la suciedad de las almas. Unas de las más claras referencias a la guerra nuclear y al tipo de intereses que mueven las matanza se halla en La muerte hace autoestop, donde pregunta y contesta:

¿Quién compra? ¿Quién vende?
¡Quien macacha cadáveres
en su mortero de avaricia?
¿Quién construye los artefactos de la muerte?
Pón tu mano disimulda para recibir el pagaré
mientras detona la carcajada nuclear,
ya las alimañas se conformará con los restos
con las grietas
con las sombras. [29]

En principio, el hombre debe tener sueños propios; pero, como grupos humanos y soñantes, estamos siendo vendidos y cuando el pregunta por quiénes sabe que son los intereses de la guerra. El «baile de los malditos» en la «noche de indefensión» es la guerra. La guerra con la que se da tributo a los intereses del petróleo y la «bienvenida al ojival nefasto». [32]

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