Saturday, January 16, 2010

El programador de incomunicaciones



Como fue tan privilegiado, con las circunstancias y ancestros que tuvo, después que se educó en las mejores universidades, se casó con una de las hembras más hermosas que conoció. Tanto que, por no tener necesidad de trabajar, nunca lo hizo y se dedicó a amarla. Trenzados en sexo intenso, ella se aburrió y fue apenas, tras darle el primer hijo al Dr. Fierté. Y no había cosa más maravillosa que el crío: inquieto, ruidoso, lleno de energía, aunque después del divorcio ocurriera una transformación.

El privilegiado Dr. Fierté se dedicó a su pasatiempo: la cibernética y su mujer a cuidar al chiquillo que la volvía loca hasta que, perdida la motivación de él por el sexo, a falta de parchadas, ella un día no aguantó más. Le pegó los cuernos al marido, se fue de la casa, con el niño. Ya no había motivaciones en su convivencia marital. El Dr. Fierté se metió en su mundo de comunicaciones, se desentendió del sexo y darle su tiempo nutricional-paterno al niño.

Al saber de la infidelidad, él buscó el medio de dejarla en la calle. Le quitó a su hijo y no le dio un sólo peso. Recuperó el hijo cuando éste tenía casi tres años. Apropiado tiempo porque ya tenía casi 900 palabras aprendidas, articuladas muy claramente. No era ñoño, gorgorero. Era un niñito avispado, sano física y mentalmente. Sabía la diferencia entre lo «tuyo», «lo nuestro» y lo relacionado al «Yo». El programador meditó, por maldad: «Su 'mío' lo haré 'nuestro' y antes que cumpla seis años sabrá el triple de palabras que sabe un niño de cinco. Lo enseñaré a pensar y ser un genio. El y yo seremos uno con el pensamiento».

Durante el litigio de divorcio ella alegó que Dr. Fierté le inyectó una dosis de algo y sería bajo sospechosa circunstancia, tal vez cuando ella dormía. Con la primera garata en que se enfrascaron, el día después se sentía apendejada, lenta en todo. «A veces quiso llamar a su amante y no recordaba su nombre ni el por qué de sus afectos», dijo una amiga cómplice, de repente frustrada al verla como si cayera imprevisiblemente en sicosis, tan extraña. No podía ser más su amiga.

La esposa infiel terminó por vivir en pánico. Temía a su esposo por saberlo hipnólogo, experto en neurobiología, dueño de sus secretos. Nada de ésto, utilizado contra el cónyugue, sirvió ante la jueza que casi menospreció al Dr. Fierté porque, pese a sus estudios, no tuvo expedientes de empleo con laboratorios sofisticados, «pero él tiene uno en su mansión y todo lo sabe, lo estudia, lo verifica científicamente». Por el contrario, la presunta insolvencia científica o carencia de adscripción a institutos conocidos para su carrera, pesó más en favor de su caso e hizo que la jueza meditara que la mujer, con su iniciativa de infidelidad, puede que sea mala madre. Su conducta la muestra errática, insegura y con síndromes de paranoia. Fue tan negligente que no pudo asegurar que fuese hipnotizada, con o sin consentimiento. La acusación podía ser falsa.

Todavía en favor de él, las criadas que cuidan al niño, o hacen el aseo de la casa, aseguran que el Dr. Fiarté es dedicado. Sus paredes y biblioteca están llena de diplomas y reconocimientos. Escribe artículos de investigación. No bebe, casi no sale. Sus amigos son selectos. El no atiende a pacientes. Ni evalúa clínicamente a persona alguna que no sea a su hijo. Vive discretamente consagrado a éste. «Es un padre estupendo», dijeron ante la jueza que lleva el caso. El dejó que la mujer visitara al niño en la casa hasta que la custodia definitiva se dictara a su favor; pero el crío, por de pronto, se quedó consigo y ella no volverá a llevárselo en secreto, sin que él lo autorice. De hecho, por tan desmemoriada, olvidó dónde estuvo viviendo y si realmente el hijo es suyo o de otro hombre, el amante ahora desconocido.

La jueza no tuvo otra alternativa que quitarse de encima a un experto indiscutible en descifrar los cognitive bias expresados por las mismas recurrencias de la jueza. Los cometía, sin duda, y él analizaba la naturaleza de la distorsión de la información que ella verbalizaba. Le dio una clase en la Corte, ante testigos, sobre cómo el cerebro procesa lo que ella dice, lo que supone su esposa y lo que él niega. Con gran aplomo, explicaba los sesgos cognitivos del interrogatorio. En la lucha por convencer a sus aliados, ellos eran los torpes. La jueza con el sesgo de confirmación, SC, defendía sus preconcepciones; la mujer infiel, con su debate egoísta, promovía su propia sobrevivencia. «Van a quitarme» era su muletilla. Sí... quitarle lo que no supo retener, el prestigio de su hogar, de su relación con el hijo y el esposo, quitarle el derecho a quedarse al menos con esa mansión lujosa en la que crecerá el hijo de su matriz. Pero todas sus «percepciones selectivas» son sesgos cognitivos, ansias, esperanzas o ilusiones, movidas por el egoísmo, para que su defensa parezca la única válida, siendo ella la traicionera, la mentirosa, la que interpreta mal su realidad concreta.

«Usted no utilice ya más expedientes del instinto de manada ni del carrito ganador, porque el efecto Bandwagon no va conmigo. Lo que mucha personas hagan o crean para justificarse no es justicia. Yo soy único y especial. Me eduqué en la ética de Demócrito de Abdera, discípulo del sabio Leucipo, y le conozco los trucos a todos los sofistas y predicadores del falso consenso, aunque ese consenso venga de la ley. De modo que escuche bien lo que digo en mi defensa y no cometa más sesgos de confirmación o percepción selectiva porque oye a esta mujer, infiel y mentirosa».

Y así, cuando acusó a la jueza del prejuicio del punto ciego, PPC, no darse cuenta de sus propios prejuicios cognitivos, la puso a la defensiva y entendió que en vano pondría la importancia de su cargo de autoridad e identidad social, a los argumentos sólidos de este hombre, quien deshacía, sin representación legal, la batería de asesores que la señora De Fierté tenía defendiendo sus juicios erróneos o falsos solo porque es rica y quiere pemanecer dentro del grupo de los virtuosos y las buenas madres, cuando es una puta tracionera. Una mera VPV, que pasó gato por liebre a la hora de dar honra a su familia.

Ya mejor la jueza dejó de reclamar obediencia a la autoridad ante el Dr. Fierté. Sin duda que éste no es de los que se autoengañan o simplemente acatan normas por el mero hecho de reconocer una autoridad establecida, o un liderazgo judicial, que no va acorde con fuertes argumentos racionales que se tengan en contra. Con éste no van los prejuicios de amor propio o egoísmo lógico. El Dr. Fierté le salió bravo, pero pensante. «Lo que estoy reclamando y, contrario a lo que se me quiere imponer por el sesgo cognitivo de responsabilidad externa (SCRE) que se transluce en el lenguaje de esta corte, es que yo disfrutaré hacerme cargo de mi hijo. No me da ninguna calma que la responsabilidad sea externa, no mía. Eso no me refuerza, no me late. Seré el mejor papá del mundo».

«Y pobre señora Fierté», deplora la servidumbre. Su instinto materno endebleció. En vano, batalló por el derecho a verlo. Su memoria fue tan deficiente que ya ni tiene amante ni esposo. El divorcio la puso en la mediocre vida que le da su parentela por cariño y, en adición, la culpan porque el Dr. Fierté no merecía los cuernos. Sus traiciones. Guapísimo, culto, millonario, elegante, elocuente y buen padre, «¿qué más querías? ¿Quedarte con sus bienes?» Y la idea de bienes gananciales separados fue suya, porque, por cierta humildad o discresión, él nunca dijo que era tan rico al grado que lo era y tampoco quiso que ambos se pleitearan por tan vulgares cosas como casas, autos o cuentas de banco. «Es un hombre especial este Dr. Fierté», dicen sus amigos. Destacan que es valiente.

La ex-señora Fierté tenía su fortuna personal, prenunpcial, parentela rica y mucha presunción. Sabiéndose una hermosura, excelente prospecto de novia para cualquier hombre, con prestigio, se guardó virgen para quien sea inteligente y, sobre todo, sexualmente apetecible. «Eso era él y, por latente putarraquería, lo echaste a los puercos. Lo abandonaste». Ahora, al parecer, no recibirá un céntimo de la fortuna del Dr. Fierté y, en riesgo, tiene la custodia del hijo y el derecho a verle. Se ha vuelvo errática, aprensiva y cuasi paranoica, a juzgar por lo que dice.

El Dr. Fierté se debate en la opción de hacer al trofeo de este niño hermoso un símbolo de venganza y depositario de su rencor profundo. Nadie se da cuenta de que hay la posibillidad de transferencia de humillaciones y culpas. Y él es un ocultador extraordinario. En su juventud, se afilió abiertamente a una sociedad neo-nazi y es la razón por la que ofertarse como empleado en la rama de sus investigaciones se le dificultó. Discutió temas sobre eugenesia y reprogramación mental y lingüística. Los servicios secretas de variasnaciones lo pusieron en sus miras. Alguno dijo que sus proyectos y teorías son peligrosas.

El conversa sobre ésto con su hijito, desde que cumplió la edad de seis años. «Tú no eres racista. Ni digas que tu padre lo fue o lo ha sido. Eso es interpretación subjetiva de la gente con lenguaje-desperdicio. Si alguien te lo preguntara dirás: La superioridad racial es un hecho y está por encima de las interpretaciones subjetivas. Mas a la superioridad racial, llámala SR; porque es diferente al odio. A éste llámalo seudo-SR, O escríbelo s-SR».

Al niñajo, inteligente y observador, le gustan estos juegos de máxima economía de palabras. Con sopas de letras, ha aprendido a ser parco, seco y preciso. Y, cuando le sirven alimento, las criadas notan que el niño es raro, por ahora.

Alimentarse es cuestión de SA, «satisfacción alimentaria», jugar o ejercitarse es AM, «alimetación motora», ver televisión es, REV, «reciclaje del entorno visual», porque su padre le ha metido entre ceja y ceja que el mundo de las comunicaciones con el exterior, inclusive las electrónicas, radio-TV-cine, es basura y un ente, orgánico-mental, de la SP, no querrá de ese mundo. Incierto, impreciso y traicionero. El mundo de felicidad que, como niño, necesitará se lo dará su padre a partir de una nueva neurobiología democritariana (NBD), teoría que propondrá en un Congreso Neo-nazi, a celebrarse en Holanda.

La noción de madre en el pequeño ha sido neutralizada poco a poco. Una hembra procreadora es una mera función del VPV, «vehículo del pasaje vulvar». El padre le promete una verdadera matriz conceptual(MC), entroncada o fecundada con la fuente del Todo: SR-FBIE.

2. Lenguaje desprogramador

El padre se considera por un accidente en su vida, equivocarse en la selección del vehículo / madre carnal o genética (VPV) de su hijo, un desafortunado. Ahorá tendrá que pagar moralmente el error. La selección del ente odioso y traicionero le recuerda una reflexión de Demócrito: «Aquellos que carecen de inteligencia se vuelven sabios en el infortunio» y él, que se creyó sabio, ahora dice, «sí sabio para ser cornudo». Entonces, ya pensará y actuará racionalmente a la hora de cuidar a este niño para el bien supremo, la felicidad. Por fortuna, sus sabios padres le dieron los medios para que se concentre en la búsqueda del Bien Supremo. No la felicidad vulgarizada que antes quiso, una hembra ardiente y hermosa. Ha vuelto a estudiar los viejos clásicos pre-socráticos para reeducarse él mentras educa e inicia al hijo en la verdadera felicidad, la que debió ser la fuente, SR-FBIE.

Dejando atrás, poco a poco, la amargura, a su hijito lo educa para la Felicidad, entendida como buen ánimo, armonía, imperturbabilidad. Bienestar material ya lo tiene y, en esta circunstancia, lo imprescindible es lo mencionado. Le instruyó la fórmula como el Bien Supremo: BS = BA + A + I. Que equivale a decir que la felicidad o bien supremo (BS) es la suma de Buen ánimo, armonía e imperturbabilidad. Y que la negación del Bien Supremo es la injusticia, el peor de los males, o el que lleva al infortunio. «Entiendo, hijo, que la felicidad que da el mundo, con su lenguaje-desperdicio, y sus seudofilosofía de reciclajes, REV, y mezclas raciales, dioses y azares, no es otra cosa que filfa de hombres inferiores, bípedos puercos, gente que mueve odios a la SR / superioridad racial de los eutímicos.

El Dr. Fierté le ha dicho que sólo estos conceptos importan y se memorizan. Las palabras de la gente inferior, sin SP, son prescindibles. Olvidables. «Llámalas NE, no existentes», o VO, voluntad que olvida y borra». Su madre ha entrado en la categoría de la gente odiosa, sin contacto con la superioridad racial (SP). De hecho cuando la servidumbre se ha tomado la confianza de preguntar al chico, quien ya tiene 9 años, «¿por qué nunca da indicios de extrañar a su madre», su respuesta las asombra: VPV-vo-NE s-SP.

Han comenzado a sospechar que el niño tiene retraso mental o verbal. O está sujeto a un código de silencio. Mas el niño sonríe. Es simpático, tiene un trasuntillo de travesura, aún cuando habla de este modo. A él no le está prohibido que aprenda el LD, «lenguaje-desperdicio» que habla la servidumbre. Es tradicional lenguaje de relevo de la s-SR, o gente sin Superioridad Racial. Instruído en hay Núcleos de Apoyo Amistoso (NAA), a la servidumbre fiel se le tratará con respeto. La fidelidad es, más que obediencia, una manifestación de cariño, afecto y nutrición emotiva y no debe, por tanto, evaluarse, aunque sea en LD que hablen, igual que a los potenciales odiosos, subjetivistas sin rigor a la hora de elaborar conceptos. Cierto es que no son madres, adscritas a la genética del VPV, pero son donantes emotivas, instrumentos de la NAA.

Si la alegada jeringonza con que el niño se desatiende afectivamente de su madre tiene algún sentido quien limpia su habitación, lava su ropa, ya lo sabe. Lo ha figurado con la cocinara de la casa con quien el padre provee los códigos mínimos, por si al niño le da con no utilizar el LD. Está en una etapa de fijar el lenguaje riguroso de la IC, «información confiable».

«¿De veras ya olvidaste a tu madre? ... porque ella no te ha olvidado.
«VPV-vo-NE s-SR-SO, dijo porque tal día no fue comunicativo.

Las dos empleadas se reunieron a descifrar la jeringonza que oyeron y el resultado, como dijeron, es asombroso: El vehículo de pasaje vulvar fue borrado por mi voluntad de olvido. No existe. Carece de Superioridad Racial. Quien no comprende la SP es SO, «semilla de odio». Cuando ellas han hallado que el niño coteja información en lenguaje de desperdicio (LD), «cuando habla sin letras ni códigos», él habla como un verdadero defensor de derechos humanos. No guarda odio, sino un desprecio por los que rechazan a otros, sea por extranjeros o por defectos congénitos o color de piel. O lenguajes. El no es un discriminador racial, motivado por SO, sólo un ente biológico-mental regocijado por su SR.

A los diez años, el Niño es elocuente ha sobrepasado las expectativas del padre. Nunca ha ido a una escuela pública. Hizo un examen de Equivalencia al nivel de Preparatoria y de Ingreso Universitario y su calificación fue excelente. Lo único que le frustró un poco fue tener que utilizar el LD y repetir esos conceptos de dudosa validez del REV, con que se alimenta la gente mediocre, que no sabe de lo que se trata ser un verdadero creyente en la SR.

3. La evolución espiritual

padre instruye a la servidumbre

y se sinceta con el hijo



jA estas alturas de la vida del adolescente, las criadas de la casa persisten en sondearlo con la eterna pregunta: «¿Qué exactamente reprocharías a tu madre, si endo que no tuvíste ocasión de conocerla?» Y, con tranquilidad, fue la primera vez que él citó a Joseph Arthur de Gobineau, fundador de la seudofilosofía racista, para indicar que la ejercitora de su VPV traicionó la belleza, la inteligencia y la fuerza, que le daba el derecho a envejecer a su lado. Dicho ésto habló sobre un selecto grupo étnico al que él, como su padre el Dr. Fierté, pertenece, denttp del cual se preserva pura la noción de destino... la raza espiritual de la belleza, la inteligencia y la fuerza / energía. Patria es éso: la FBIE, la fuente de belleza, inteligencia y energía.

El Niño habla, en términos, del día venidero en que tendrá que casarse para ser el desprogramador del racismo popular, gobiniano y el preservador del ideal de la SR-FBIE en un mundo de s-SR, sin IC, que niega la Patria, ya que se conformó con su LD y los vomitivos espirituales. La SO lo ha generado con la REV que empaña las almas, llevándolas a la decadencia, el abandono y traición, esto es, al Ideal de la SR-FBIE. Claro está, casarse no será posible sin una selectiva búsqueda de la VPV que produzca hijos inteligentes y sanos, lo que sólo es posible entre grupos humanos con ISR, ideal de superioridad racial.

La manifestación espiritual de la ISR, su padre la aprendió no con el ideal de felicidad (eudaimonía) que el LD da con sus desperdicios, sino con el ideal Demócrito que llama Euthymia. Este ánimo eutímico es el supremo bien, el krátiston de los racistas, porque se templa con la inteligencia, la energía y la belleza. La gente odiosa es simplemente la que envidia la euthymia, creyendo que eleva del bienestar meramente físicoal nivel de felicidad perpetuada. Equivocada creencia subjetiva porque la felicidad (eudaimonía) no es eutímica.

El ego sin belleza, sin energía y sin inteligencia, es como el ego del perro, programado a obediencia o ataque. El buen ánimo que Demócrita enseñaba conduce a perfección, un estado permanente de espiritualidad serena y equilibrada». Al ego eutímico de los entes-SR no lo perturba ningún temor, ni el miedo a los dioses ni ninguna otra afección... el ego del racista y el xenófobo se alía, por temor y oportunismo, al comportamiento criminal, al resentimiento y la exvlusión. Busca en las mezclas raciales («melanges») el ruido que lo divierta, la fortaleza del número, la seguridad de la mediocridad, que le haga olvidar su inferioridad.

3.

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