Sunday, March 16, 2008

A José de Espronceda




¿Por qué se persiste en nombrar a las ternezas?
Ya más tiernos escondrijos tiene el bruto;
ya más amaneradas cursilerías, de la boca criminal
se destilan para que el hombre sensible
sea su cómplice... Me pregunto, no en afán
de inefables perfecciones, o ambición de a priori:
¿Dónde diablos conseguiré el amor puro?
¿Dónde alguno que saque su cara por la mía?
No existe, sino un amor con condiciones...

¿Por qué tus flores, Campoamor, por qué
el recaudo hermético de esos mundos interiores
que crecen entre abrojos y calvarios?

¿Dónde termina lo superficial del conformismo
y se exhibe al enemigo, con sus nombres
y su concreta maldad, madre de desalientos?

¿Por qué tan íntimos, si el dolor es agreste,
se amontona en la calle, delante de nuestros ojos,
y la violencia nos truena los oídos?

¿Qué ideal puede manifestarse si no se abre
la boca, por estar asustados o en letargo,
¿qué hacer? ... si se evita que difundamos a gritos
que el alma misma se transforma y prevarica
al impacto de la neurosis social,
la deslealtad, el egoísmo, y con oídos sordos
perdonamos, jugamos a la sublimidades,
por tolerar artificios de consumo, hipocresía...


23-09-1999 / CARLOS LOPEZ DZUR

De Estéticas mostrencas y vitales

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