Tuesday, June 15, 2010

Profecía ecológica del Olvido



De Teth, mi serpiente

Profecía ecológica del Olvido

Carlos, te digo. Lo sé desde lo leído del registro remoto.
Tienes que comenzar a escuchar el tesoro del olvido.

No hables contra él, que es una puerta abierta
más allá de los escepticismos prefrontales.
Llama a tu gato y tu perro. Ténlos contigo
cuando venga la dispersión por la Amargura.

Sé nervioso como ellos, huye o busca el albergue de remanso.
Entra por la puerta del olvido porque donde el volcán iracundo
quemó la esperanza de vida, o tu cosecha, queda la mar
con olas acogedoras y agua fría, generosa, acariciante,
y una gruta subterránea que ha de ser tu techo
y como una Madre-Mar te dará protecciones.

Allá, cavernas donde la oscuridad acumula sus espectros,
observa al perro que busca un olor grato
y huesos de luz para salvarte, allá, donde el gato temeroso
maúlla, llámalo y síguelo. Todos sus caprichos felinos
son huellas inteligentes del olvido, fantasmas que te llaman
a la senda de escapada; pero, piensa como aquel que tiene
un espontáneo gozo del presente que lo dicta
la red remota, zona electromagnética, química
de antiquísimos tiempos y neuronas.

Lo sé porque tengo la mente arcaica
del que oye, huele, se mete en el alfa vibrante
de las cosas, en el cerebro olvidado del Principio,
en la Sabia Naturaleza que no te quiere terco,
fijo, burocrático, capturado en las exteriorizaciones
de la Mala Consciencia, anti-ecológica,
brutalmeye civilizada en la codicia y el ego..

No hables contra el Olvido cuando es la medicina
que te salva y te sanará la noción de pérdida,
de cataclismo, del esperado final, ídolos del apocalipsismo
que vulnera. Hay fenómenos que existen, Carlos,
y vuelven, porque, sin entrar a lo olvidado,
duelen, hieren, maltratan, despedazan el mundo,
lo alarman, lo tensionan con la exagerada dimensionalidad
de lo posible... deja que el olvido censure la tristeza.
Prepara orejas, alza la cola, espabílate, oye y huye
tan creativamente como dice el alivio. «Oye»
que el profeta ha hablado.

Y dice el Alivio / aprende del Olvido
y después guárdalo en la memoria con mucho amor
para que quede atenuado lo problable y permanezca
en tu cara la sonrisa, alento para la esperanza,
censuras rescatables para las tragedias
porque han de volver. Te lo digo, Carlos.

El status quo que renuncia a las visiones
no quiere la muerte; pero la muerte es irremisible,
más no es el final para quien entra
por la Puerta, hoy estrecha, del Olvido
y sabe que el vulcanismo que lo traga y quema todo
ha existido siempre y los torbellinos de los mares
y los vientos y las lluvias de los meteoros

y la nerviosa colcha de los cráteres que rajan,
desde lo profundo a la Tierra y abren sus epitelios,
la contorsionan, la danzan con temblores.

Viene la lluvia, con peces muertos,
y los derrama más allá de los valles, viene
la extravagancia de lo cíclico y adefesia
de escarlata a los cuerpos, llena de hambre
los harapos y de llagas a los cuerpos.
Se despersona la guerra, el pene que no sirve
por las bubas y orina sagre.


Secos, se depersonan los senos en nuestras mujeres.
Heridos de locura vienen los vecinos y todo parece maldito,
excepto aquel que escucha a su profeta,
quien proclama Cielo y Tierra Nuevas
después de abierto el Libro del Olvido.

Todo es maldito, Carlos. Lo sé.
Leído desde los registros de dolores remotos,
la experiencia acumulada, desde archivos de la vieja memoria
en la sustancia. Lo sé, te lo digo, para que las quieras
como se quiere al gato y al perro, que se esconde
debajo de la cama cuando sospecha el peligro
y no sales y escapas, quiere morir contigo
y cuando viene la adversa deuda de Vida en la Sustancia;
oye, abre el olvido, ama, con forma de olvido.

Ama la sustancia, obedécela.
Ella da la violencia de la vida; pero te da su dulce abrigo
y la tragedia iguala, purifica, media entre el dolor
y la alegría; el mar da señales de salvación
y algún delfín viene, cata y te avisa;
algún olor da señales y te dice: «No bebas.
El agua está contaminada. Has venido echándole
tóxicos, excrementos, tu inmundicia, por siglos».
Alguna vaca, en Oráculo de Bueyes, no pasta contenta
y te dice: «Aquí no edifiques, romano, tus ciudades.
No traigas a la gente. Busca otra ladera».


Lo sé, Carlos, te lo digo desde los ruidos imperceptibles
del Olvido, la mente olvidada que todo lo sabe
desde la fecha del primer torbellino,
desde olores extraños que infectan el viento,
desde el Apófis que apreduzca el cielo
y no se ve, por de pronto, con los ojos incrédulos.
Pero el Olvido dice que hay pájaros que vuelan
muertos y de tu playa forjan cementerio
y que hay niños, antes ángeles sin alas,
que llegan quemados por demonios.

Lo sé, Carlos, y despierto esta noche
y te lo digo. Pásalo en tu poema a los vecinos:
Quieran a la novia que se llama Sustancia.
Amen a esa casa que se llama Planeta.
Redescubran en la puerta protectora que los profetas
del olvido abren, cuando son el interno residente
en la consciencia humana y aprendan del gato
y del perro que se juntan debajo de la cama
y de las vacas y bueyes que no pastan un campo
pues indician peligros / auguran la inseguridad
para el hombre y, por útimo, aprendan de las olas marinas
que parecen avisar con cantos del desfines
que se aproxima la Sustancia Enardecida,
la queja del planeta estremecido.


1992

Del libro
Teth, mi serpiente / Indice

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Teth: Ella en la tierra de Geburah / Indice

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