Friday, November 30, 2007

El hombre callado que les quiere


Sin hostilidad, yo sigo de largo.
Callo porque, en verdad, hay días
en que muero de pena por el mundo,
por ellos, los simpáticos,
padres, hijos, hermanos, dueños
y señores del habla cotidiana,
gregarísimos héroes
de medios comunicadores,
tan audibles que se meten en mi casa
sin quererlo por agujeros
de la radio, el cartel y los televisores.

Entonces, me aburren con sus chistes
y predicaciones, con alarmas solemnes,
con su falta de asombro
y su siempre-es-lo-mismo.

En cambio, dentro de mí, hablan
todas mis voces.
Me divierten, me espabilan
y, en insólita y mansa dicha,
descubro que les quiero, a los otros,
a los sordos que no me oyen.

Saberse así, tan mudo, es mejor
que escucharlos, es predecirles
con quieta plenitud
y, a pesar de todo,
quererlos.

23-9-1979


Del libro Las zonas del carácter / Sequoyah 1 / Sequoyah 2 /Sequoyah 3

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