Tuesday, June 23, 2009

Mi estancia ante lo inmenso


A la estancia que sé, a la moral que hilvano
lenta, progresivamente, tengo miedo,
miedo que a veces sea parafrenia
de exaltación, grandeza que no quiero
porque no estoy preparado;
comúnmente, la nombro, Inadecuación,
mi ser de topo, alimaña mansa,
insecto en espera de ser devorado.

No me gusta la exaltación como delirio.
Prefiero abrir los ojos míos
y con humildad, si es ésto lo que tengo,
decir:
«¡Qué bello este paisaje
y qué inmenso! deja que esté en la orilla
del río, deja que tenga mi cueva
bajo una hoja verde, bajo el sol,
que sea el más inocente loto!
aunque esté bajo el agua de manantiales
o sea gota de rocío, audazmente encima
de la rosa, o clavel, o crisantemo!»


A la estancia que sé y llamo lo natural
del mundo, quisiera no asociarla
a las depreciaciones, porque lo subjetivo
atemoriza con juicios querulantes
y reivindicativos, y entonces sí
que me siento fuera de lugar,
inadecuado, caprichoso, delirante,
¡y no quiero ser así, no quiero!

... me bastaría ser lo escondido
del naranjo, lo quieto ante toda referencia
confabulatoria y mostrenca, me gustaría
estar callado, con mansa antilogía,
del Estar silencioso, inerte.
Como un loto. O algo vivo
dentro de la larva. O una mariposa
de breves días.

07-12-1986 / De Estéticas mostrencas y vitales
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