Claro, claro, ninguno exento está
de que una Mano venga y te empuje,
o ponga un pie y te vayas de bruces.
Ese poder lo tiene quien lanza una pedrada
que se llama la Moira, como nos dijo Homero
al describir lo que más allá existe
a pesar de regularidades predictivas
de la ciencia y la lógica.
Es que hay principios que fijan el destino
y pesa y paga en cada uno lo que siente.
Hay una hora y género de muerte.
Una hora de riqueza, o de fracaso,
abundancia y penuria.
Un día la Moira viene y nos recuerda
que hay que tener paciencia y barajar.
Algo más grande que la soberanía
de los mares y el submundo,
algo que nos dice míseros mortales
o nos abre el camino para mejores posibilidades.
A veces yo le digo es La Mano.
A menudo me pregunto si eres ciega
Fortuna, si eres Justo, Destino.
Casi siempre me quejo:
«No caigas Macacoa».
11-06-2004 / Indice: El libro de la amistad
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