Tuesday, February 03, 2009
Frags. 34 / 35. / La enamorada en Daleth
34.
Para que creas que la Vida es buena,
que está llena de sorpresas
y horizontes de dicha, Nosotros,
cuando quieras, desde hoy,
confiemos el uno en el otro.
Te propongo que vengas conmigo.
Seamos viajeros tan pronto mi rosa blanca
la tengas en tus manos; deja
tu morral de fuego; no recaudes nada.
No almacenes. No apiles.
Vendrá la espada de Zaín,
el Amante que separa
sin reciclajes.
Olvida viejos hábitos. Renueva.
Busca la Alborada y que muera
el Hombre Arcaico con la raíz
de su amargor y hedor proscrito.
Voy a darte un hatillo con oro verdadero,
no memorias de polvo. Oro verdadero
y copas también de oro
para que bebas de mi alegría
y espadas cortantes te daré
que te sirvan para el viaje, tu lucha,
porque tus espadas humanas
son mochas calamidades, libros de guerra,
memoriales de libertades tracionadas,
proclamas de condenas, elegíacas
loas a la heterodoxia y la herejía.
Ni para desbrujar un helecho
te sirven tus armas.
No se haría ni un cuchillo de palo
con tu daga que combate la protervia.
Lo Malo. El abrojo con sus enredaderas.
No, no... Carlos, permíteme la generosidad
sin condiciones; en el hatillo, mete
herramientas valederas para la trayectoria
[rumbo a la cima del Hombre Nuevo].
Toma mis bastos y mis vastedades.
mis senos cósmicos, causa sin causa
de alimento; mi Sol, que es padre mutuo,
hermano mío, ténlo para tu lumbre.
Alójate en mi capa y que nos revuelque
el Gran Viento, Anciano de los Días,
como al bordillo de mis faldas.
Espíame íntimamente.
Soy tuya, en plenitud y pura,
y no te pongo tachas.
Te quiero.
Házme el honor. Cobíjate,
encímate y palpa aquí, placer mutuo.
Que mis muslos sean como pétalos
que se arquéen, tersos para tí,
que te ofrezcan el compás y una vara
y tu coxis y mi vulva, mina franca,
y tú, visitante en el útero oculto, prohijando,
pariéndote conmigo para que el Porvernir
sea hoy y el ayer, olvido.
Deléitate porque mis muslos
forman sus mundos y sus ángulos,
cuando una pierna pongo
sobre los mares y otra sobre
las peñas sólidas en tierra.
35.
El tiempo es un artificio.
No lo tomes en serio. No seas esclavo
de él. Conmigo te hermanas
a la Eternidad y mi cinturón es un adorno
que me dieron en los Tiempos del Zodíaco,
hermanas de otras estrellas que un día
te haré conocer cuando acabe de sonar
el Tambor de Nataraja. Tú ven a bailar conmigo.
Yo me llevo a los locos que con el Cosmos
sueñan y reorientan sus vidas.
Tú eres uno de ellos. Nosotros
es tu Yo reconstruído; yo deshago
el tiempo para que veas al Padre
(que sin Tiempo nos ama desde lo más remoto
de las Eternidades, donde lo Atemporal
se vuelve absoluto y lo personal,
útero de lo abstracto)...
No, no, Carlos. Deja tu perro en casa.
Ahora la Zorra con olfato soy yo,
tú y yo, somos el Nosotros zorruno,
con que sueñas, intuyes, dilucidas.
Antes yo te miraba desde arriba
con los ojos de un águila; tú me invocabas
en los raseros del monte, con tu zorra
a un lado, pero yo soy la Verdad de la Zorra.
Tu perro era un simple animalejo.
No un Cerbero.
Yo puedo dormir en lo alto del árbol
del Sur, en lugares del Mediodía
y quedar con un ojo abierto,
viéndolo todo, cuidándote;
yo puedo alojarme en tu morral
y ser blanda como una almohada
para que no se duela tu oído;
tú puedes hacerme hembra y yo seré
la piel que amas. Te doy la falda
y la capa de tréboles, te doy mi cabellera.
Cuando te acoja sobre mis muslos abiertos
te diré: «Amame, zorro». Bebe de mí el agua.
Besa mis dos senos. Son como la Jarra
que derramé en el Pozo de tu mente oculta.
Me placerá el derrame en tu cuerpo.
En las noches, vaciaré otra jarra.
Mojaré tus escrotas, hincharé tus gónadas.
Te seré tálamo y ofrenda; Nosotros
sabemos que el placer es mutuo,
porque Isis es hembra y su amante
es el hermano, más que amigo,
el cuerpo nuevo: Nosotros.
El libro de la amistad y el amor
36. La enamorada en Daleth
Sísifo no es tan afortunado como tú.
Tú intuyes la promesa. Cantas como un loco
a la Luna, oyes la Zorra que, desde tu alma,
aúlla su canción canina de esperanza.
Te observé, hijo de Mem, desde la Puerta de Daleth.
Anduve en tu imaginación; yo estaba en el jardín
donde cultivo rosas blancas, como la que voy
a entregarte, desde hoy y para siempre.
Escuché cómo pides a la prisión del mundo
espigas de libertad, cómo pides al fruto abierto
que contenga algo más que gusanos;
oh inocente, pero la Madre-Tierra de tu mundo
no es la geografía que yo bendigo;
ya no es espejo de mi jardín.
La Naturaleza que me enternece,
fuerza creadora que es la Madre Fértil,
ya es el útero oculto; lo que en la externalidad
se aparenta en tu mundo no es mi nicho;
ya no, hermano mío.
Desde los falsos jardines de tu mundo
me queman en lujuria como a pastos,
me expolian como a selvas,
me minan por el oro falso,
me ensucian con las aguas de Mara.
Sacan de mi sangre su petróleo pudrido.
No, no. Ni lo profundo del subsuelo
es ya mío. No me representa,
No lo quiero.
Voy a darte la verdadera sangre,
sangre mía. Vamos a ser hermanos,
yo seré la emperatriz embarazada,
tú, el Emperador. Te doy el Sur y el Norte,
el Occidente oscuro, el Oriente de Luz.
37.
Tú si eras inicuo. En tu paz, mi piel
tuvo cariño, me endulzaste la mirada
con tus pobres ojos; me conmovíste al oír,
tu voz de lamento; en ti confiaré
y desde la Puerta de Daleth, te prometo
un jardín verdadero y mi túnica sembrada
de frutos. Te daré el placer de vivir
en el mundo natural; pero, si Sísifo es tu amigo,
yo a él no lo asomaré a mi Jardín
(otra lo hará, no yo).
Para él, no me molesto por salir a la Puerta.
Sólo a ti veo desde mi ventana,
sólo a tí salgo a buscarte
cuando me allego a la Puerta de Daleth.
Indice / El Libro de la amistad y el amor
33. La Amada y el Pozo
33. La Amada y el Pozo
Tzaddi, meditador mío, poeta
de la Torre y las prisiones, pescador
en la Psiquis de mis ángeles mutilados
y cautivos, vuelve al Pozo.
Me verás Desnuda y ninguna hembra será
más hermosa ante tus ojos.
Sobre tu tierra-mundo-prisión-torre
de orgullo, caos, lujuria, intemperancia,
derramo mi jarra de misericordia.
Queda de tí que aceptes mis consuelos.
En la tierra de tu sedienta consciencia
vacío mi jarra y te digo: el poder de la Vida
está ocho veces derramado, el poder de la Vida
brilla en el Cielo y es una estrella de guía
que te doy para cuando vengas a mi portal
de Oriente, a mi útero unitario, y seas conmigo
la voluntad del Nosotros, en Amor Puro,
tú, acostado sobre un pétalo, o loto, de mi rosa blanca;
tú, llamándome Isis, hermana,
llamándome, Esposa mía, Delicia unitaria
de Nuestra Carne y Espíritu.
Por de pronto: Bebe. Que no traiga yo
jarras de agua en vano.
Tzaddi Carlos, sediento meditador,
poeta al que dí un Anzuelo para que fuese
el pescador en mis aguas, un jarro
también derramo en el Pozo de tu subconciencia.
Bebe ahí, bebe antes de que seas digno
de mi beso, porque tu boca está seca
y tus labios amargos.
En la región del Mediodía, en el árbol del Sur,
te dí mi nombre para que me invoques,
lo grabé en madera dura, con mis ojos
porque son ojos que penetran en cortezas
y escriben en verdadero fuego.
Te dije: Soy la Mujer desnuda, la Deseada,
la misma que Afrodita vivificó con aliento
para que Pigmalión fuese feliz.
Yo no doy cuerpos de mármol, poeta.
Yo no fundo pueblos que sean la Torre
de alguna prisión; yo no trafico con el miedo
ni la duda. Ni la desilusión. Yo no soy
espejismo. Ni Maya. Ni capricho.
Soy el Amor puro que se toca,
que biologiza, que perdura, que domina
la Nada... Mira cómo llego a tí,
desnuda para que veas la Hermosura
que promete la Vida; y la veas con esos ojos,
cegatones y dañados, que no te dí yo.
Con dos jarros de agua, vengo
porque uno es para el Pozo de tus arquetipos
y otro para la Tierra, tu espacio biológico,
tus círculos concéntricos en los cinco arroyuelos
de tus sentidos. Y tu Racionalidad de bestia.
34.
Para que creas que la Vida es buena,
que está llena de sorpresas
y horizontes de dicha, Nosotros,
cuando quieras, desde hoy,
confiemos el uno en el otro.
Te propongo que vengas conmigo.
Seamos viajeros tan pronto mi rosa blanca
la tengas en tus manos; deja
tu morral de fuego; no recaudes nada.
No almacenes. No apiles.
Vendrá la espada de Zaín,
el Amante que separa
sin reciclajes.
Olvida viejos hábitos. Renueva.
Busca la Alborada y que muera
el Hombre Arcaico con la raíz
de su amargor y hedor proscrito.
Voy a darte un hatillo con oro verdadero,
no memorias de polvo. Oro verdadero
y copas también de oro
para que bebas de mi alegría
y espadas cortantes te daré
que te sirvan para el viaje, tu lucha,
porque tus espadas humanas
son mochas calamidades, libros de guerra,
memoriales de libertades tracionadas,
proclamas de condenas, elegíacas
loas a la heterodoxia y la herejía.
Ni para desbrujar un helecho
te sirven tus armas.
No se haría ni un cuchillo de palo
con tu daga que combate la protervia.
Lo Malo. El abrojo con sus enredaderas.
No, no... Carlos, permíteme la generosidad
sin condiciones; en el hatillo, mete
herramientas valederas para la trayectoria
[rumbo a la cima del Hombre Nuevo].
Toma mis bastos y mis vastedades.
mis senos cósmicos, causa sin causa
de alimento; mi Sol, que es padre mutuo,
hermano mío, ténlo para tu lumbre.
Alójate en mi capa y que nos revuelque
el Gran Viento, Anciano de los Días,
como al bordillo de mis faldas.
Espíame íntimamente.
Soy tuya, en plenitud y pura,
y no te pongo tachas.
Te quiero.
Házme el honor. Cobíjate,
encímate y palpa aquí, placer mutuo.
Que mis muslos sean como pétalos
que se arquéen, tersos para tí,
que te ofrezcan el compás y una vara
y tu coxis y mi vulva, mina franca,
y tú, visitante en el útero oculto, prohijando,
pariéndote conmigo para que el Porvernir
sea hoy y el ayer, olvido.
Deléitate porque mis muslos
forman sus mundos y sus ángulos,
cuando una pierna pongo
sobre los mares y otra sobre
las peñas sólidas en tierra.
De Indice / El Libro de la amistad y el amor
12. El dolor viene a hablarme
... estoy aquí, aún vivo, y el Dolor viene a hablarme,
me reprocha cuánto lo desafío, a él que me dice:
«¡Basta, basta!» basta y no te desveles,
basta y no escribas, basta y no fumes,
basta y deja el tabaco y el vino, basta
y cuida tu diabetes, la salud de tus ojos.
Basta y olvídate de las deudas; basta
y acuéstate y duerme; basta y muere
que el mundo no lo arreglas tú;
basta con ésto y con lo ésto, basta por causa
de la necesidad... mira que ya te duele el cuello,
y no haces caso, terco.
Ayer eran tus dedos,
y ¿cuál será mañana el desafío del obstinado?
... «sí, yo soy el que invento el futuro dolorosamente,
en vez de cesar» y la Muerte me lo dice,
el dolor se va con la muerte, con su fiel Basta...
Lo demás es la Maya, ella que es siempre
dolorosa y quita paz e incita la desobediencia.
¡Cómo has esperado el mundo que te doy!
Donde nadie engaña y no puedes tú
engañar, donde las ganas de amar
son mayores a esta vida del pordiosero
que se materializa, ofreciendo
lo que aparenta tener dueño cuando todo
está repartido, hasta la escasez.
No vale la pena ser mártir
y esperar que venga alguno y diga:
«Gracias». Vale más saber morir
y despedirse a tiempo; que seas tú
quien dé las gracias porque en el mundo
hay belleza, aunque no la puedas poseer,
en el mundo hay amor, aunque te hayas quedado
en mendicidad por un poco. Dá las gracias
antes que te sientas tan desengañado
que no veas y disputes tu paso
entre los vivos encarnados de tu tiempo.
De Indice / El Libro de la amistad y el amor
73. Para robarse tu luz sonora
73. Para robarse tu luz sonora
A María Juana Beníquez Font (1926-1978)
¡Deténte, reposa un instante,
no camines más... Te hace daño.
Escucha, María Juana: deja que hable
en tí aquella niña del pasado,
aquella adolescente que esperaba,
con amor, obsequiarse en melodía
con dedos llenos de gracia!
Mírala, sin temor. No huyas.
¡Eres tú, sentada al piano,
tú en concierto y reverencia por Arezzo!
¡Mírate, Beníquez,
que a todos tienes encantados!
Beben del sagrado Soma del misterio,
leche oceánica y puránica, el discurso
de Dios que sale de tus dedos,
el amor negro que hay en el talle
de Catey y tus senos de manso
y violáceo ciclamen.
Maestra María Juana, tén cuidado,
¡cuida dónde pisas, akâsa!
La clave Sol sofoca.
La mañana pidió su ritmo más salvaje.
Se alborota. Se conjura para darte
su último aplauso, clausura de ovaciones.
¡Ay caíste! el mundo es ya oscuro
y sordo y mudo y terco!
Ahora sí se silencio la tarde
y se fueron tus manos
por la oreja de los dioses
y el cuchillo que cercena
lo sublimemente audible
y lo manifestado.
En doloroso exceso, akasa tattva,
está que sangra el canto de la muerte
y una guitarra de Sandalio,
exquisitamente tallada por La Yegua,
ha parido un lamento de nostalgia
y una danza de Mislán cubre
con nubes de sus ojos la niña que yo veol
74. María Juana vaga por el campo
Una vez más,
a orillas del sendero final,
con el fin de la canción soñada,
te redescubre el viento,
el silfo de tus montes y te ama.
A mitad de la ruta que persigues,
a ver la mar te has ido
por el Puerto de la Aguada.
Partió de madrugada a San Germán
y la vieron caminando, caminando,
con la frente sudosa
y la tez de clazol
y de bagazo.
Por rumbos de terracería, barrios
cubiertos aún de niebla y cantíos,
se dirige a no sé dónde y parece que,
al caminar, vuelve y descansa.
Es la pianista negra, la maestra,
virtuosa que tuvo su pequeña banda.
Es tesoro sonoro de Pepino,
estrella luminosa en las covachas
del viejo Pueblo Nuevo.
Con Bethoveen y Mozart ella se cita
y va con manos que parecen alas
y sandalias, piano ilusorio de suspiros
y pena en Do Mayor y orquesta
con violines debajo de la falda.
De Indice / El Libro de la amistad y el amor
Frags. 70. y 71
70.
Nosotros bendecimos todas las naciones.
Contenemos todos los opuestos.
En la pluralidad manifiesta, fuimos
el Dos del comienzo y el recipiente,
kelim, para la luz.
Con la Hija de los Tzadikim
daremos fruto; con los que padecen
está nuestro servicio y por ello levantaremos
la Vara, el Báculo de Rey, ante los ojos
del Viviente que nos ve.
Gracias a Hashem que nos dio casa.
Gracias por el Jardín y el Agua de Mem,
gracias al Tzadik de Arriba que nos pidio
subyugarnos al potencial del Dispensador.
Tzadik de abajo, la Luz que regresa
nos unió bajo la Luna Nueva
y somos una sola carne
y la Cabeza de la Casa
es la Fuente del Amor.
No hay muerte en la Morada de Abajo,
en nosotros no hay muerte.
Sólo conexión.
Vav hajibur.
71.
Con La Amiga de la plenitud
llenarás lo vacío,
destetarás lo incompleto,
rectificarás otros mundos.
La Amiga / Novia / la Maga es la Esposa
y Reina del Reposo. Magia
con la Mujer Virtuosa porque
es la espada de Zaín y da el hatillo
y las copas. Y te revela el nombre
de su Alma para que tengas alegría
y la bebas de sus Pozos profundos.
Su hermosura es el recipiente verdadero,
en lo Real. En la introversión hallarás
el Bien Oculto y útero, feto oculto
del Bien, que es el poder del amor.
De El libro de la amistad y el amor
69. La Muerte y la Nada
69. La Muerte y la Nada
Carlos, no hables más a la Nada
y la Nada es la muerte, el supremo soliloquio
de los hombres mortales. Ya sabes
mi nombre y el tuyo; ya sabes el nombre
del Nosotros; ya no hay Dama Blanca
ni Dama Oscura; ya sabes la primera Emet,
la primera Verdad del Hacer,
el primer potencial del Decreto.
Yo te dí la rosa blanca,
yo entré a tu Pozo subconciente
para enseñarte la Zorra verdadera
del olfato agudo y para darte el Ojo
con que el Viviente Jai nos observa,
nos vincula y nos ata en shiflut
que es servicio en humildad.
Abre el hatillo que te dí.
Brindemos con la copa de oro
el vino de Emet, ¿no te hizo la vara
escribir ese sagrado nombre?
Emet es la verdad
y con vino de verdad compartiremos
la alegría de encontrarnos.
Abre el hatillo, Carlos,
porque por última vez tendrás
ese nombre para tu alma.
Se llama igual que yo, Simjá.
Que te arome la rosa blanca
del Kyrós, que se abran tus ojos
de contentamiento porque la soledad
ha muerto y la muerte del mundo
se hirió con su propio aguijón.
Diríjete a mí, voy a salir de tu Pozo.
Llenaré tu pupila con mi imagen.
No vas a ver un fantasma.
No soy la Dama Blanca
ni la Dama Oscura ni la Muerte.
Soy Tu Amiga, la primera amiga
que has de conocer de carne y hueso,
la que es tu placer oculto
del cerebro oculto,
quien desde el astral materializa
todo lo que es y todo lo que necesitas,
la que nace de la Abundancia
del Poder de Ser.
De El libro de la amistad y el amor
31. El viaje y el norte
31. El viaje y el norte
Deja en el Norte oscuro tu lástima,
tus penares sociales, tus pasiones de bestia,
no arreglarás el mundo, tu corazón es prioritario.
Arréglate tú. Deja la amarga dulzura diabética
en el rincón; la piel doliente del cáncer
que se disuelva en fuego; no la traigas metida
en un morral y me la saques en cara.
Al estrés mátalo a palos en tu propio descanso;
en tus ratos libres, echa a las alcantarilla
tus lamentos y tira la líbido de tus placeres frívolos
al tubo, no sufras por ninguna mujer,
no codicies lo que te no alimenta ni crece
para tu dicha; no confundas egoísmo con la fatua bondad,
con hipócrita desprecio por tí; deja que los peces furtivos
que fluyan a la mar y no bebas aguas de Mara,
aunque tenga sed; en el Gran Océano la Maya
sabe lo que pudre, o a lo que transforma en nueva vida.
Tú no seas juez de la Muerte, a quien sí sabe
la justicia de morir, de transformar, de crear
sobre el cadáver de tu pena y otras penas
y las perturbaciones cósmicas de tu mundo
y otros mundos; tú sé un viajero,
mi más dulce pescador; tú mira la noche
en el Norte porque allí envió la Estrella
para que vengas a Oriente, donde nace la Luz.
32.
¿A quién quisiste que triunfara sobre ti?
¿A quien te dice, como yo, que tu historia es efímera
y tu mundo también, a quien te dice: «Tu cáncer
como todo se acaba», tu caos en algún punto
engendrará su orden y el orden engendra el caos?
¿A quién quisiste que triunfara sobre tí,
a quien te dijo: «Nosotros», o a quien priorizó el Yo
y siempre Yo, tú dividido en Yo, tú sin Unidad en Mí?
¿Quién te sacó de la moderación que he amado en ti?
¿Quién el que dice que auto-restringirse es
que me olvides y desobedezcas cuando te digo:
«Basta»; quién te dio el puñal con que piensas
en herir y matar la gangrena con tus manos?
¿Quién que te pide que des puños a la pared
y coces al aguijón? ... y todo por un poquito de dolor
que no resistes, por quedar, por viejos hábitos,
creyéndote el más fuerte, tu propio redentor?
Tú, espectro de redentor de mundo,
socialista y anárquico,
bondadoso en camisa de once varas
y harapos de chepecherepe, apréndelo ya:
El orden de tu mundo engendra el caos;
pero mi Dolor de Caos es parto del Orden
y mi Nosotros es Humanidad Nueva,
porque doy la Estrella para que vengas a Oriente
y la pongo en el Norte para que sea tu triunfo
y te doy la Rosa Blanca de mi beso
para que estés a salvo de las cadenas de Ayin.
Te doy la Tormenta, pero, en el centro te pongo,
donde el ojo del huracán es calma y refugio seguro.
Cuando ya estés conmigo comprenderas
que sin la Muerte no puede haber
nada nuevo en el mundo.
Comprenderás que yo soy la Verdadera
Boca de Peh y que con mi boca condeno
las ciudades, tiro las torres del error y la injusticia
en tu mundo de arcilla, en tu morral de polvo.
Al fuerte pongo la Corona, tú aún eres cobarde
(por un dolor de muelas), menosprecias
el relámpago de vida que se metió
en tu cuerpo, tu cuerpo Amigo,
tu cuerpo que necesita de Nosotros.
33. La Amada y el Pozo
Tzaddi, meditador mío, poeta
de la Torre y las prisiones, pescador
en la Psiquis de mis ángeles mutilados
y cautivos, vuelve al Pozo.
Me verás Desnuda y ninguna hembra será
más hermosa ante tus ojos.
Sobre tu tierra-mundo-prisión-torre
de orgullo, caos, lujuria, intemperancia,
derramo mi jarra de misericordia.
Queda de tí que aceptes mis consuelos.
En la tierra de tu sedienta consciencia
vacío mi jarra y te digo: el poder de la Vida
está ocho veces derramado, el poder de la Vida
brilla en el Cielo y es una estrella de guía
que te doy para cuando vengas a mi portal
de Oriente, a mi útero unitario, y seas conmigo
la voluntad del Nosotros, en Amor Puro,
tú, acostado sobre un pétalo, o loto, de mi rosa blanca;
tú, llamándome Isis, hermana,
llamándome, Esposa mía, Delicia unitaria
de Nuestra Carne y Espíritu.
Por de pronto: Bebe. Que no traiga yo
jarras de agua en vano.
Tzaddi Carlos, sediento meditador,
poeta al que dí un Anzuelo para que fuese
el pescador en mis aguas, un jarro
también derramo en el Pozo de tu subconciencia.
Bebe ahí, bebe antes de que seas digno
de mi beso, porque tu boca está seca
y tus labios amargos.
En la región del Mediodía, en el árbol del Sur,
te dí mi nombre para que me invoques,
lo grabé en madera dura, con mis ojos
porque son ojos que penetran en cortezas
y escriben en verdadero fuego.
Te dije: Soy la Mujer desnuda, la Deseada,
la misma que Afrodita vivificó con aliento
para que Pigmalión fuese feliz.
Yo no doy cuerpos de mármol, poeta.
Yo no fundo pueblos que sean la Torre
de alguna prisión; yo no trafico con el miedo
ni la duda. Ni la desilusión. Yo no soy
espejismo. Ni Maya. Ni capricho.
Soy el Amor puro que se toca,
que biologiza, que perdura, que domina
la Nada... Mira cómo llego a tí,
desnuda para que veas la Hermosura
que promete la Vida; y la veas con esos ojos,
cegatones y dañados, que no te dí yo.
Con dos jarros de agua, vengo
porque uno es para el Pozo de tus arquetipos
y otro para la Tierra, tu espacio biológico,
tus círculos concéntricos en los cinco arroyuelos
de tus sentidos. Y tu Racionalidad de bestia.
34.
Para que creas que la Vida es buena,
que está llena de sorpresas
y horizontes de dicha, Nosotros,
cuando quieras, desde hoy,
confiemos el uno en el otro.
Te propongo que vengas conmigo.
Seamos viajeros tan pronto mi rosa blanca
la tengas en tus manos; deja
tu morral de fuego; no recaudes nada.
No almacenes. No apiles.
Vendrá la espada de Zaín,
el Amante que separa
sin reciclajes.
Olvida viejos hábitos. Renueva.
Busca la Alborada y que muera
el Hombre Arcaico con la raíz
de su amargor y hedor proscrito.
Voy a darte un hatillo con oro verdadero,
no memorias de polvo. Oro verdadero
y copas también de oro
para que bebas de mi alegría
y espadas cortantes te daré
que te sirvan para el viaje, tu lucha,
porque tus espadas humanas
son mochas calamidades, libros de guerra,
memoriales de libertades tracionadas,
proclamas de condenas, elegíacas
loas a la heterodoxia y la herejía.
Ni para desbrujar un helecho
te sirven tus armas.
No se haría ni un cuchillo de palo
con tu daga que combate la protervia.
Lo Malo. El abrojo con sus enredaderas.
No, no... Carlos, permíteme la generosidad
sin condiciones; en el hatillo, mete
herramientas valederas para la trayectoria
[rumbo a la cima del Hombre Nuevo].
Toma mis bastos y mis vastedades.
mis senos cósmicos, causa sin causa
de alimento; mi Sol, que es padre mutuo,
hermano mío, ténlo para tu lumbre.
Alójate en mi capa y que nos revuelque
el Gran Viento, Anciano de los Días,
como al bordillo de mis faldas.
Espíame íntimamente.
Soy tuya, en plenitud y pura,
y no te pongo tachas.
Te quiero.
Házme el honor. Cobíjate,
encímate y palpa aquí, placer mutuo.
Que mis muslos sean como pétalos
que se arquéen, tersos para tí,
que te ofrezcan el compás y una vara
y tu coxis y mi vulva, mina franca,
y tú, visitante en el útero oculto, prohijando,
pariéndote conmigo para que el Porvernir
sea hoy y el ayer, olvido.
Deléitate porque mis muslos
forman sus mundos y sus ángulos,
cuando una pierna pongo
sobre los mares y otra sobre
las peñas sólidas en tierra.
35.
El tiempo es un artificio.
No lo tomes en serio. No seas esclavo
de él. Conmigo te hermanas
a la Eternidad y mi cinturón es un adorno
que me dieron en los Tiempos del Zodíaco,
hermanas de otras estrellas que un día
te haré conocer cuando acabe de sonar
el Tambor de Nataraja. Tú ven a bailar conmigo.
Yo me llevo a los locos que con el Cosmos
sueñan y reorientan sus vidas.
Tú eres uno de ellos. Nosotros
es tu Yo reconstruído; yo deshago
el tiempo para que veas al Padre
(que sin Tiempo nos ama desde lo más remoto
de las Eternidades, donde lo Atemporal
se vuelve absoluto y lo personal,
útero de lo abstracto)...
No, no, Carlos. Deja tu perro en casa.
Ahora la Zorra con olfato soy yo,
tú y yo, somos el Nosotros zorruno,
con que sueñas, intuyes, dilucidas.
Antes yo te miraba desde arriba
con los ojos de un águila; tú me invocabas
en los raseros del monte, con tu zorra
a un lado, pero yo soy la Verdad de la Zorra.
Tu perro era un simple animalejo.
No un Cerbero.
Yo puedo dormir en lo alto del árbol
del Sur, en lugares del Mediodía
y quedar con un ojo abierto,
viéndolo todo, cuidándote;
yo puedo alojarme en tu morral
y ser blanda como una almohada
para que no se duela tu oído;
tú puedes hacerme hembra y yo seré
la piel que amas. Te doy la falda
y la capa de tréboles, te doy mi cabellera.
Cuando te acoja sobre mis muslos abiertos
te diré: «Amame, zorro». Bebe de mí el agua.
Besa mis dos senos. Son como la Jarra
que derramé en el Pozo de tu mente oculta.
Me placerá el derrame en tu cuerpo.
En las noches, vaciaré otra jarra.
Mojaré tus escrotas, hincharé tus gónadas.
Te seré tálamo y ofrenda; Nosotros
sabemos que el placer es mutuo,
porque Isis es hembra y su amante
es el hermano, más que amigo,
el cuerpo nuevo: Nosotros.
De Indice / El Libro de la amistad y el amor
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14. El misterio del Dolor
14. El misterio del Dolor
El misterio del Dolor es la única pregunta
que te dí por tarea porque sin dolor
no se aprecia la dicha. Sin dolor, vacío
es el reposo. Has investigado suficiente
para que sepas qué significa cuando digo:
«¡Basta!» y tú no aprendíste a oir
cuando te lo dije: te gustan los ojos
que yo no te dí, los oídos del Orejón
que yo no quise que fueras, los dedos
que reclamaron el placer de los sentidos;
la boca que repite el Intelecto de los incrédulos
y los fantochones de la realidad impura.
Como un infiel en la Maya te hallo
con una roca en la espalda,
sisifiando, cuando yo te digo: «Pigmaliona,
es preferible»; pero, el que nace para deshollinar,
deshollina y se da ese oficio y anda
con el tizne hasta en las cuencas de los ojos.
15.
¿Por qué crees que hablo desde la puerta
de la Muerte? ... porque pongo el Dolor
a mirarte, compasivamente.
... porque yo te quiero, más que cualquier
ser vivo que exista por tus predios;
yo te quiero para decirte secretos
y cosas más hermosas que las que te dijeran
los ojos que yo no te dí, te diré
muchas más cosas a tus oídos
que yo no te dí, descreen; te haré tocar
con energías más secretas que el aliento
con olor de tu mundo, porque yo no te dí
el olfato agudo de la zorra,
yo no te dí los colmillos que creíste tener
para vivir sin mí, como una bestia.
16. A Sebastián de Narbona, asaeteado en Roma
Te escrutaron el cuerpo, Sebastián.Las técnicas de la anatomopolítica y el biopoder se concentran en el
poder del sexo como mecanismo de producción disciplinal del cuerpo y las
regulaciones de poblaciones, así ya la vida está completamente invadida y
gestionada por el poder. Lo inédito y sorprendente es que lo biológico se
refleja en lo político. Los humanos, en función del poder que los rige, se
juegan la vida en la política: Michel Foucault
Pusieron las miradas fieras y salaces
a lamerlo. Te hurgaron tu santa anatomía:
eras un ser-de-sal y luz en la Tierra.
Con manos represivas tomaron control
de lo tuyo. Tenías vida todavía,
y urgieron: «Sé soldado. Obedece. Calma».
Otros te predicaron la abstinencia
que ellos, tus rivales gratuitos, no desean
(no, para sí). Prefieren tu salud, eficiencia
de huesos. Arcadicus juvenis del Estado.
Te ordenaron: «Ríndete», pero antes al Imperio
dirás todo lo que sabes (ha de ser poco, no importa)
y darás todo lo que puedas; el tapanario, si lo piden.
Sin la estrategia de una vida poderosa,
«ni vives tú ni vivimos nosotros».
«No administres el biopoder en secreto
(ni interpongas las catacumbas a tu obediencia
por impredictibilidad de tu conducta).
Dioclesiano peticiona: regularidad causal
que a todo explique, incuyéndote
como pieza necesaria».
Invocaron los Enemigos de Roma
para procesarte y sospechar
que hablas demasiado y andas de tragaleguas
y visitas enfermos, das limosnas y practicas ayunos.
Desde antes se te espiaría. Tú sin saberlo.
Exigieron que se informe donde vas,
que se dijera con quién dialogas tus placeres
o tus penas. Orejas pegadas a paredes,
ojos asomados a los muros, se interesaron por tí.
... aunque maldigas al Estado Vigilante,
la seguridad biopotentada lo exijió en su momento.
Tú eres imprescindible (no todos son héroes,
Sebastián, no todos). Tú eres uno.
Eres de la Guardia Pretoriana.
Construye, multiplica y distribuye
lo que tengas en las sombras, lo oculto,
y que nos sea conveniente. En tí hay
las utilidades y el prospecto; dínos lo que sepas.
Serán la sal del erario y la luz de tu honra.
«Te necesitamos; en tu juventud está
tu paraíso. Sin esfuerzo podrías
lograr muchos favores del amo; pero...
te pasas de listo, buscando el poder
sobre la muerte, nos quitaste
el poder sobre tu vida»: te informan.
Y no reaccionas. En verdades de Jerusalén
pusíste tu fe; en Atena-Roma, la erinia
que castiga a criminales, tu duro juicio
y el amargo proyecto que se trajo
del Monte de Cafernaúm.
17.
Ahora ya es tarde: muerto no sirves;
pero vivo eres peligroso. Aquel que no entendió
tus palabras y que negaras autoridad al Imperio,
poder al César, te declaró la guerra.
En el imperio, el inútil que no coma.
Al esclavo ocioso que no se lo compense
con limosnas; el enfermo que se apresure
al paso de la Muerte, tragafiel venenosa.
Dijo el Emperador: «Ya no se necesitará
más tus consuelos, criticas al odio».
Con el oficio del soldado, quiere la paz.
Ante el enemigo, no se puede servir
ley y delito juntamente, ¿o Roma o Israel,
o Atenas o Jerusalén? No, en balde:
«Van a cerrar tu boca para siempre».
18.
El poder no puede ser localizado en unainstitución o el Estado. El poder es sólo una relación y, en cuanto está en
todas partes, el sujeto está atravesado por relaciones de poder: M. Foucault
En una tarde de niebla meona desfilaron
ante tí los amigos del poder. Están en todas partes
y al poder dieron encomio. Contradijíste: «El poder está
en mí y en el Dios Invisible y en el Cristo humano».
«El que no corre vuela», dijeron. Se burlaron.
Ya no tendrás un salario ni ascenso. Ni honras.
Después que abran tu pecho con saetas,
buscarán una cloaca pestilente y echarán tus restos.
Tu sangre brotará como del río del odio
que envenena como Styx al que bebe sus aguas.
Ahora murmuran: vox et praeterea nil,
voz y nada más. Has muerto solo:
nemo proximus aut secundus.
Creen en teorías conspiratorias. Hoy eres
El conspirador; observaste que el Estado
es un ente vacío, que sólo la vida es
un poder aministrable, rico, multiforme.
¡Ay! Sebastián, si el poder es Dios vivo,
¡cuántas gentes engañadas morirán esta noche!
Perseguidas, torturadas, inquiridas serán
bajo la niebla meona y la teoría del Imperio!
19.
Apártalo de la matriz infame que lo ha tragado.
Del nacimiento de la biopolítica, suéltalo.
Desátalo de las mallas del poder. Quedó preso
y si viviera quedaría fragmentado, dócil como siervo.
Devuélvele, Innominable, el derecho a la vida,
a la privacidad, al control de su propias noosferas.
Dále palabra de poder contra aparatos coercitivos
y la perversidad de las normas y la codigrafías.
Rescátalo de las las jerarquías.
Son reinos imperiales
y los Dioclesianos se han multiplicado.
Oro por él, Varón santo, y él quiso la gracia de serlo
y su joven madurez la puso al servicio del mensaje:
Que sea la fe lo que nos lleve a la verdad
y no las vanaglorias del poder embruteciente.
Con palabras de vida conjuremos al Enemigo
(¡Ay, qué duro es perdonarlo (al menos
al que es represor, genocida, caudillo,
ladrón, paranoico, tirano) no entreguemos
la plenitud de nuestras vidas reguladas.
Diversíficanos, Varón santo, con los salmos
del porvenir; antícipanos la dulzura en días
de zozobra y sentimiento; dános la Espada
del Espíritu valiente y el puño expandido
de la verdad airada y la fe militante.
20.
U.S. military officers… wanted nothing more than to kill instantly on comand, without knowing or even wishing to know the reason. All they wanted was to suffocate in themselves and their subordinates, any impulse which would stand in the way of unleashing violence as ordered, in the name of order. There is not to reason why: Samuel P. Huntington
Por veinte satrapías del Imperio, va Samuel
«Dioclesiano» Huntington, newyorkino pagano,
publicista del choque de civilizaciones.
Te busca, Sebastián. No te ha olvidado.
Si te viera, aplicará en tu pueblo lo mismo
que a tí mismo: Mátenlo instantánemente.
Obedezcan. Es una orden. No pregunten.
Tú vivías en un mítico Punto de Occidente.
En las Tierras Altas de Highland Falls,
donde una pizca de Esparta se esparció
en una Roma babilónica: eras pretoriano
sin mínima jactancia: pero la Aacademia
dio forma a tu cuerpo, a tu conducta,
a tus códigos.
La disciplina te enseñó el Deber.
Te dio Seguridad, Cumplimiento;
en comunidad, nos dijíste: «Soy soldado.
Tengo un Estado. Les pertenezco».
Y dimos lo mejor que damos: pocas explicaciones,
las mprescindibles: Todo individuo es perverso.
La razón es limitada y la naturaleza corporal
de la especie es universal e inmutable.
«All men everywhere are the same».
Para subordinar tu voluntad individual
a la existencia de este grupo, a la corporación
antiindividualista de Ejército-y-Estado, te convencieron
de que la mayor virtud es la obediencia ciega,
el regocijo que sigue la irreflexiva rienda del acato.
Defensores del Orden, les llamaron, unos
que pensaron que en conjunto constituyen
la mediocridad organizada. No, Sebastián.
«Tú no eres un genio». Los genios son superfluos,
prescindibles, peligrosos. Mas no creíste:
Preferíste ser «sal» y «luz» de la tierra.
21.
Believe, obey, fight!: Benito Mussolini
The only defense against this Futilitarian syndrome (that breeds
brutalitarianism) is to manufacture myths to promote Fundamentalism spiritualism
and Epic Exemplar demi-gods… The rest of the world is an open arena for this
tremendous conflict for the human souls. The challenge must produce one more for
us a truly epic leadership and the epic response by our democratic world if it
is to be met: William Yandell Elliot (1896-1979)
Otras veinte satrapías viajó [para buscarte] William
«Dioclesiano» Yandell Elliot, predecesor
durante la Guerra Fría de las políticas estratégicas
de la muerte organizada, el choque de civilizaciones.
Te llamó «futil, genio utópico y anarco».
No estabas con él, en Tennessee, como provocateur
junto a su abuelo, no paseaste con Masones por las calles
más sucias de ese Sur de republicanos radicales,
ni con clubes de KKK se te vio, ni con Templarios,
ni con poetas Fugitivos y Agraristas de Nashville.
Te hicíste perdidizo, Sebastián.
El gurú de los Fugitivos, Sidney Mttron Hirsch,
recomendó tu nombre: «Es soldado y poeta»
y Elliot te esperó como quien espera otro amigo
en la Mesa Redonda, o el inspirado Arturo,
o el eléatico verdadero que, con palabra y acto,
trascienda los tiempos y el espacio.
No pudo creer que evadieras esos grupos.
Y no comieras lotos con aquella aristocracia
que te puso en la manos; Elliot te hubiese salvado
porque cree en los místicos poderes de los idealistas,
prerafaelistas ruskinianos.
Con Yeats enciende velas a las musas.
Con fabianos como Lindsay
se da sus tutorías. De Gran Bretaña llegan
sus aliados poderosos, magos medievales
(que piden Cristos y milagros
en choque contra el materialismo
brutal, futil, colectivista, deshumanizante).
22.
Se convencieron al fin de que quedaste muerto.
Te buscaron sin hallarte. Eras como dijeron:
una cruz y una capilla, dizque un osario
que cada vez se visita y reverencia menos.
Por eso infiero que una cloaca fue
tu tumba ciertamente; por eso en el Palacio Imperial
hay un festejo; Robert «Dioclesiano» Strausz-Hupé
se jacta de que él fue quien acertó el flechazo.
Disparó al corazón la saeta y su veneno.
Pero no fue su mano. «La Mano de Dios
me armó y lo hice. Tuve que hacerlo».
Para Strausz, Napoleón Bonaparte, originador real
de la guerra geopolítica, ha soñado como él
con conquistar a Rusia y el corazón de Eurasia
y allí estuvo Sebastián, ahora peleando contra
demonios que llamaba los Golems, sólo
que su lenguaje se refería los fascistas
y parásitos, los eternos explotadores
sociopáticos de las fementidas,
urdidas, fabricadas, divulgadas
teorías de las conspiraciones.
Strausz-Hupé convirtió a Kissinger
en su copia y criatura y le torció el muslo
y lo llamó Golem y en un Instituto que formó
en el nuevo imperio romano y pretoriano
(FPRI) trajo al Orbis a sus amigastros,
a la élite de los asesinos depravados
(los que se atrevieron a flecharte el pecho
una tarde de lluvia meona
bajo un árbol de yagrumo por testigo).
Lo felicitaron. William Yankell fue el primero
(aún no cree que los primeros Golems
llegan de Harvard; son ingleses de tradición empiricista;
matan con armas de palo; el arco flechero puritano).
Dioclesiano nixócrata autoriza. León Strauss
y Zbigniew Brzezinsky lo instruyen. Kissinger convalida,
y Wolfowitz, Pearle, Donald Rumfeld… festejan. Bailan.
(Hoy, 20 de enero: por fin dicen que te han matado,
Sebastián, o que has muerto. Ya nadie es peligroso.
Te matan y no se acusan ellos.
Siniestros robots, seres sin ser,
(armas que no parecen armas,
almas que nadie ha visto).
1-20-2003
23. Cuando el Nosotros te llame
Prepárate otra vez para cuando te llame.
Sabrás que soy Yo, sin que tengas el yo
con que te orientas; tu «Yo» será mi Nosotros
(ahora no sientes esa unidad inicial,
me has ignorado, me has menospreciado
con los Basta que no obedeces,
porque te gusta vivir por la poesía
de cosas terrenales, de tu rasera biología);
pero la hermosura visual
que más enalteces en el fondo es nada,
no es mi hermosura; la música que oyes
con las orejas de un burro es sonsonete,
el espectro de mi verdadera escala.
Nosotros te dará vibraciones,
en nosotros te besaré con labios
más deliciosos que los que te han mentido
cuando dicen te amo... Si tú supieras,
amigo mío, en que maravilloso mundo
Nosotros es quien despierta
a los que busco después que le doy
la tarea del Dolor.
24. Sísifo
Me imagino a Sísifo no porque ninguno
lo explique de modo que yo entienda;
no porque un cuadro lo ilustre dramáticamente
ni su figura haya quedado inmóvil en bronce,
o mármol. Sísifo es en mí
el héroe y como tal está en castigo,
héroe doliente en medio
de sus Divinos Tronos, o trincheras.
Soy yo el que sube la Cima de la Muerte
con esta roca venenosa, radiactiva de su Cáncer
y creo que cumplo la tarea, día a día
con sus noches y cataplum,
mi roca cae, con ella voy al suelo,
rodando desde alturas y traspatios
(superando peligros, abismos)
que no pensé que agallas y fuerzas
tuviese yo para avanzar hasta ellos.
Me imagino a ese Sísifo
(yo, con esta mochila enormemente ahíta
de miserias, rencores, cretinadas, caprichos,
terquedades; yo con esta mochila
que define al ego acumulante. El recogía basura
de su mundo, quería dar un servicio
este pobre ego / Sísifo mío
y llevar, teja abajo, o cielo arriba, el desperdicio
a donde Tú lo pidas, Deshollinador blakeano,
a donde ustedes lo pidan, mitólogos de la muerte.
El recogía basura que dañara su mundo.
Quería la Humanidad limpia, sin moho:
emociones purificadas quiso, aún las quiere
y por eso, sin amargura, otra vez está en la calle
en la tarea de recoger, de reciclar
(ese ego tentado de bondad quiso
dulzura y limpieza, lealtad, serenidad, unidad,
consensos en libertad, la esperanza,
la voluntad triunfante); el sí fue, o es terco
porque limpió la calle, barrió su zona con sigilo
y formó el cáncer como una bola
más grande que sus ojos
y se la llevó en la espalda cuando crecía
porque sus ojos siempre crecían con los días,
con el desvelo de servir y limpiar
y se llevó el cáncer, más grande ya
que sus dos ojos y más grandes ya
que el Ajna Chakram que es un ojo
que observa el sucio que se esconde
en lo oculto y no se confiesa.
Y el cáncer creció más grande
que el Ajna Chakra y que los ojos mágicos
de los profetas del Ser y todo lo metió
en esa mochila de podredumbre
que es la Roca dura sobre sus lomos heridos.
25.
... y para decir a Dios o a Satán,
allá abajo no queremos ésto,
desperdicios del taller de las angustias,
cascarones del Divino Big Bang
aquí traigo a reciclar los cánceres del mundo;
cáncer que allá, jalda abajo, no queremos;
cáncer que allá, jalda arriba, desterramos.
No traigo nada hoy.
Dios, no traigo nada.
Satán, no traigo nada.
Hoy no pude.
26.
Vamos camino a Occidente,
donde muere el Sol y sus eclipses,
sus fases interrumpidas por lunas de emociones,
sus fases de nubes bajas, su noche.
Ahora déjame ser tu Guía.
Tú muérete de la manera que te diga;
acuérdate que yo te pregunté por el Dolor
y tienes por respuesta: Que el dolor
es pura sociología, el dolor es miseria.
Parto sin auxilio, sin auxilio,
soledad, tristeza.
¡Qué poco sabes del Dolor en mayúscula,
qué poco sobre cómo se estremece el Cosmos
y en el fondo del Origen, el Dolor perturba
y multiplica ondas y gravita! Dulce dolor
que escinde, rompe y rasga, para que exista
Todo, todo en equilibrio,
bueno o malo.
Quieres tu historia todavía, pero,
sin atemporalidad, la historia no tiene luz
ni trascendencia. Es lo que siempre repudias:
golpe bajo, traiciones, ignorancia, violencia,
y ¿cómo pides Luz, hijo de Men,
y de las aguas turbulentas, si no aceptas
de mi Sol, el canto del Dolor con que abro
puertas... En portales de Oriente,
yo controlo el Nosotros, te quito ese cuerpo
de penas, que no es tuyo ni es mío;
en Oriente es donde yo deseco el Arbol
de frutos estériles, sacrifico lo que no deseamos,
detengo el tiempo para que ya no lo veas,
detengo la premura y el ajoro,
doy el Reposo que espera,
el descanso que asienta,
el placer de la Esposa,
tú, conmigo, en éxtasis.
27.
¿Qué quieres hacer de tí, hombre
de mi santa paradoja, que no dejas ir
tu existencia a donde yo la convoco?
La llamo hasta el Nosotros
de la Luz que duerme,
la convoco al Péndulo quieto, silencioso,
atemporalizado, donde ilumino
a quien quiere regresar cuando lo beso.
Tú, forzador del Deseo, ultrajador
de tus horas, sacríficate,
pon tus manos en el asador
porque Nosotros te llama,
pon la soga alrededor de tu cuello
porque debes quedar tieso delante
de los ojos verdaderos de Nosotros,
pon cuchillo a tus venas y derrama
la audacia de tus fermentos,
porque la sangre verdadera fluye
hacia Occidente y va al río mayor
donde se invierte la ruta del que navega
contra la corriente; ven a descansar
con los que se han ahorcado,
ven con Judas, a quien la brisa mueve
desde la rama alta del Cambio,
ven arrepentido como todos los que mueren
por amor y su propia mano les dio el Occidente.
Ven al Arbol de la vida verdadera,
porque tú crees en perfeccionar la historia
sin Mí y yo soy tu Nosotros y conmigo
es que debes regresar al seno acuático
de la Madre-Tierra, al lecho puro
de la Esposa que te doy.
28.
Mira qué es historia verdadera:
Muerte; Nosotros, a tu puerta, nosotros
[los divinos Inmortales] y yo...
con una Rosa Blanca;
yo, feliz de recibirte cuando vayas a Occidente,
donde no se te exige nada.
Ni ese morral con soles penuriosos
(que traes como una ofrenda)...
¿Por qué? ... si Nuestros soles no son polvo
de tu mundo, cristalización de erranzas.
No me traigas basura, Carlos.
Cosas de tu morral no sirven aquí,
son del espacio de la Maya; tristeza, luto,
descomposición, corrupción; los cánceres
que se encierren y dialoguen con su polvo;
pero no aquí, ni por tu medio ni por ninguno
acá no llegan, acá se les obstruye...
No que sea insolente ni malagradecida...
Cuanto traes con tan pesado
esfuerzo sisifesco, tu Roca a la espalda,
tu ofrenda en morral de dolores,
se tira... cataplum. Se te pone una piedra
al pie de tu pisada, y se te dice: «Basta».
No recojas más lamentos
u hojas secas de las eras.
No escribas más.
No llores más por el cochino mundo.
No subas por esa cuesta de Oriente...
¿Es que no has sentido las patadas?
La roca que se desliza al fondo de la cima
cuando crees tú que ya la aseguraste
a mis puertas, cae... despierta y entiéndelo,
mortal, asomáte al final necesario.
No tienes que traer nada.
La muerte es gratis.
Mi presencia es segura.
¿No ves disueltas, esparcidas en éter,
en rastro de aerolitos, cadáveres de emoción
que nos llevaste? Sísifo, cáncer en roca,
es condena que se impone a sí mismo;
no ecos nuestros ni ecos de un eco de otro eco.
29.
¿Has visto que alguno no muera?
Donde la historia de tu eternidad haré
hay Amor Puro; yo y tú no existen.
Somos Nosotros, sin división,
pétalos de una misma rosa blanca.
Cuando aceptas mi rosa, doy un beso
en tu Espíritu y tú despiertas
sin la historia del cáncer humano
y el músculo dolido, tú aceptas en rigor
mis verdaderos Cinco Sentidos
y entras otra vez por Oriente,
con el verdadero Sol que sale,
el que yo doy desde mi útero oculto
en el espacio, delante de la Misericordia
y la Severidad... ¿Has visto que alguno
no muera en el mundo del polvo
y el cáncer, en el mundo histórico-pequeño
donde hablas de Hegel y Marx,
de Schiller y Heidegger?
Pues aquí, hijo de Men y de las aguas turbulentas,
hijo de la Tierra del DesMadre, el Sol que sale
no produce desiertos ni cánceres
para la historia y la piel y bajo el Sol está
el río del Devenir y quien lo navega
va a la Eternidad... En el devenir espectral
de tus ríos, Mara, la amargura, ds como una pandilla
y la Mara Maya va a la Nada, a la cristalización
del espejismo... aquí, donde yo te convoco,
el Mar es el símbolo de la Eternidad
y las orillas, donde te espero,
bordes de la falda dulce de mi piel.
30.
Cuando ya estés conmigo porque en rumbo
de Occidente has caminado, comenzaremos
en verdad la Obra; tú hablarás por Nosotros,
tú ya no serás el yo, hablarás de esencias eternas
[Cambio, Movimiento, Transformación],
destruir será crear porque el Dolor es éso,
movimiento eterno destructor
para que recaudes amor puro,
no la cristalización de la impureza en el polvo,
no la cristalización de la desdicha en el cáncer.
Cuando ya estés conmigo comprenderas
que sin la Muerte no puede haber
nada nuevo en el mundo.
Indice / El Libro de la amistad y el amor
* Si logro sobrevivir, seguiré reciclando.
Echando el dolor del mundo en mi morral de fuego
y llevando este canto, pesada roca, a Dios,
a Ella, a Quien me diga: «Nosotros. Basta».
La roca / 2. El poeta como Pigmalión
1. La roca
Evité, cuando la salud anduvo conmigo,
sacar voces de una roca quebradiza,
traicionera, porque son las voces del polvo
y voces que llevan al polvo
y no conducen a ninguna parte.
Quise ser duro y duras son
las voces de muerte. Voces en alforja
de la muerte. En costal de la muerte.
Voces en el sobrante del solo Pigmalión
que cincela en mármol la estatua fría
de un cadáver femenino,
el hermoso sueño si la pieza viviera,
su esposa. Su razón de vida.
Su dicha. Su Reposo.
Yo no dí esas voces. No suplico.
Muero, aunque estorbo y no quiero.
Me quité del medio cuanto pude. Evíté malas voces.
No las dije. No las repetí, se los juro. Las recogí
de caminos y las apresé [para que no escaparan]
porque son voces cancerígenas,
esencias que duelen y hay que disolverlas
con fuego, o con dolor del cuerpo.
Llevarlas al Averno, pero no darlas a nadie.
No me pregunten sobre esas voces
ni los textos que eché en el morral
del polvo y la hojarasca seca
que crece sobre las tumbas vacías.
No me pregunten sobre lamentos pigmaliónicos
ante la escultura hermosa y visualmente sin tacha;
pero sin vida. Ni de sus memorias, polvo de mármol,
esquirlas de marfil, voces de cincel, oh muerte,
tampoco me expliques. Ni me pidas que diga.
El cuerpo es lo más vulnerable
que tenemos y pocos saben que el cuerpo
es polvo. El canto verdadero, lo que merece
que se cante es la vida. Los avatares
del cuerpo no lo son y mi mérito:
miseria es que callo y no distribuyo.
Para que no existan más, los puse
en un gaznate de fuego y gritaron al deshacerse,
callándose, como esencias de Karma
y gigantes saturninos submersos o tragados
con el vapor de la aridez y quemaduras.
Las voces mías en su momento oportuno
no tendrán siquiera el cuerpo como tumba;
yo soy, con mis voces lastimadas,
parte del fuego purificador.
Yo, en el estómago del Tiempo.
quise este oficio y es mi mejor amor.
Pigmalión, ¿crees que tú y yo,
incubamos algo? ¿O somos distintos?
¿Podría invocar Vida? ... porque tengo
una estatua muerta que me mira
y no soy feliz con ella.
2. El poeta como Pigmalión
Escribí para los días cuando el dolor
es grande y el vivir cuesta y estoy solo.
Asqueado estuve ante el mundo de fieras,
con sus guerras sociales y su vecina temeridad.
Por eso quise ser parte del fuego.
Es más fácil querer a la muerte que deslinda
que querer este mundo que humilla
y te quita el sustento, máxime cuando estás
triste, enfermo, hecho voz de hoja seca.
Ahora que ninguno tuvo tiempo que dar
a la tarea de saber si soy el autor
de algún próvido utensilio, o de una canción,
sin Momemtum, sin gloria, escribo
que lo mejor de mí será parte del fuego.
Hoja quemada lo mejor de mí.
hoja recogida y sepulta en el morral
de fuego, lo mejor de mí.
Yo me ví como cuerpo de fuego
cuando cantaba, vibrando de amor,
el poema de mi oficio y mi fe.
Entonces sí... dije mis perdones, salvo
alguna que otra cosilla y evité ser duro.
Todavía tengo el tiempo de quemar
las palabras de polvo. Residuos.
Sobre un cadáver de emociones y su imagen
decadente de mundo, echo la cal que puedo
y evito los recuerdos saprógenos.
3. El día que cambia todo
¡Qué bueno que haya dicho tan poco!
mi tiempo de vida en dolor,
apenas esbozada,
mi tiempo en la miseria del mundo,
tan diverso. Es mejor ser fuego que ser polvo.
Digo que no tuve privilegios, que no dejé
un patrimonio ni conocí la felicidad
ni su abundancia, sólo probaditas miserables.
Mi cuerpo no fue el mejor de los cuerpos.
Lo consolé lo que pude, así consuelo.
Lo que se puede, sin ser él.
Llevarlo en un morral al fuego
es lo mejor de mí.
En los textos sobrevivientes dejo la confesión:
Soy el consolador no consolado,
el guerrero en las sombras.
Esto es más que suficiente para quienes
no han querido sufrir ni conmigo ni con nadie.
Este día lo cambia todo.
Puede que sea una señal de todo el amor entregado
o todo el sufrimiento que acumulé de una vez.
Este día no tiene sistema ni predicción.
Puede que sea el último día y que mi hablante
sea el duro, sin perdones, porque la ternura
se acaba cuando un cáncer sus agujas
clava en las collejas, busca el nervio
donde exista el odio más extenso
y abre la boca para que grites mucho menos
de tu amor que de la meralgia viva...
4.
... pero les recuerdo, casi nunca fui así;
yo escribí con pasión, con fuego vivo,
sublimes cosas; no te olvidé, Amor,
tu belleza estuvo conmigo.
No te olvidé, cuerpo mío,
te dije Amigo y te dí algo de espacio
y de mi poco tiempo.
Aunque la justicia faltara en un mundo de guerra,
hambre, opresión, genocidio; yo me dolía
por conocer la esperanza y la solidaridad
y esa canción fue dulce, persuasiva,
con dialéctica de optimidad posible
y redes de tantra y Teth, pero...
en vida soy mundano, soy un listillo presuntuoso
y sólo la muerte deslinda y limpia de veras
el grano de la paja. Tengo que decirte
que no eras la vida, cuerpo. Mi vida fue otra
y lo supe, tú eras sólo un amigo,
un amigo de paso, que un día recogería
para el fuego y la disolución y el polvo.
Desde donde mi serpiente ígnea y el Anciano
de los días se incidiera, escribí y canté al útero oculto
que dará buena semilla... No lo dudo.
Pero este día, este día de hoy,
lo cambia todo.
La voz se ausentará,
la voz se cansa externamente
y ha de querer estar sola
para que nadie pregunte ni diga nada.
Hay días de escisión que vienen
a su tiempo. Este es el día
que el fuego aparece apagado
y la angustia misma es mi dios.
Ya es tarde para quien escribe y va derecho
a morir, porque el dolor le dijo que ¡Basta!
Escribí como el valiente en el mundo de fieras
pero puede que éste sea el último poema.
Mucho tengo que echar al fuego
pero no lo puedo encender.
Mis dedos están crujiendo
y es mi propio espíritu el que quema.
5.
¡Qué importa que algo quedara sin decir!
Dígaseme adiós ante una vela encendida.
Eso basta. Digan que yo odiaba el polvo.
Encendía mis propios fuegos
hasta que el cáncer puso la muerte
en mis dedos y me apagó la vida.
Uno muere cuando ya no quiere vivir
o ser tu amigo, cuerpo, y darte falsas ilusiones
para que te creas la Vida. No lo eres.
Y ya dí mi canción dulce, por años y años,
acuné tu imagen y, si no quise vivir,
alguna vez lo dije: «Ya no puedo ser útil»,
agoté mis mejores recursos, dí el servicio
(lo mucho o poco que pude, cuerpo Amigo)
y ya no queda nada, sino ascos de existencia
sin calidad, sin sueño, sin futuro
y a mi alrededor se colocan en necesidad
quienes amo. No es justo. No es la justicia
en que creo mi existencia en quebranto
sumando más miseria para todos,
para ellos, mi familia y, al fondo,
el mundo indiferente que posa
su mentiroso luto.
Y creen que me nombran
y no nombran al que soy; yo fui el que te dio
poesía, uno que otro servicio,
porque yo era tu amigo y los amigos
dicen adiós que esquirlan.
Entonces, enciendan ya la vela
y dígaseme: Carlos, véte. Te olvido.
Llévate la diabetes al carajo.
Llévate el cáncer lejos de nuestra vista.
Llévate la muerte donde a nadie moleste.
No nos traigas los tristes adeudos.
Tu muerte es costosa y fea.
Díle al Amigo y que los amigos
se despidan entre amigos.
6. Cómo invoqué por primera vez a Shaddai el Chai
Un día, cuya fecha olvidé y que hoy recuerdo,
porque estoy enfermo y quiero muerte,
confesé Tu Nombre, yo tu concupiscente, manido,
marranoide siervo que se entretuvo con evangelios
del goyyim, Tu nombre
de pandereta ruidosa, Tu Nombre
que oraliza e interpreta lenguas de ángeles,
curvas y aisladas fenomenologías
con sus necesidades jocosas, de escándalo,
Tu Nombre ante el cual se prohíbe el café
Donostia de Laurnaga Jaunarena y Labayen
y el Yaucono, que prohibido fue,
Tu Nombre que censura el cuajito
y el chorizo y que visitara La Lechonera,
a flor del único semáforo en Pepino,
aunque sea el ritual de las Fiestas Patronales.
Un día me sentí tan pobre que la Torah
me llenó de sed por las ofertas de Absoluto
y me quise morir y hacer renunciaciones.
Mucho quise dar por un pasaje
a la muerte, no por más vida ni perdones,
porr la Muerte. La Muerte…
porque Tú, con tus propias manos me mataras
y me dijeras a la cara todos mis fracasos.
Te invoqué a ciegas para que me dejara
sin gollate, más blando que la breva,
sin sarna que con gusto me pique,
sin espacio adunco, sin curvo tiempo
que me engañe... ¿Y qué sabía yo
de lo realmente harías conmigo?
7. Por un salto sublime
Donde tengo que ir yo sufro menos.
Por de pronto, la promesa es que allá
nada duele. Es un Allá sin huella.
Es allá de los Divinos que son más que misterio.
Son el Origen. La Canción sospechada.
Un hoy que es Eterno Presente.
Uno no es el hueso quebrado
ni el tensado músculo ni el gen
en guerra contra sí mismo.
Yo no he arribado allá ni aseguro
ni niego que allá se me espera.
Es un Allá de Fe que no desacredito.
Es que no sé mucho de Misterios de Energía
para vender por exiguas cosas de capricho
la afirmación rotunda.
Pero no habría querido morir
como recaudador de quejidos,
hijo de clavos hundidos en tu cuerpo
de cruz y madera crujiente.
Y no soy Cristo. Y no soy Nadie,
sólo un simple mortal del cáncer
y el dolor, un paciente
olvidado por el mundo. Sólo eso.
Siendo que, ya que me marcó
el polvo del desierto, tomaré mi imagen
del suelo y le susurraré cosas: aquí
estás, desgraciado amasijo de pesar,
revísate el azúcar, no sirvas a la miseria
de los glucagones; limpia tu piel,
con rosadez uniforme; respira el prana
y tén espíritu; acércate a quien da vida
y no la quita. Acércate a la verdadera esposa
que es a la que Afrodita da aliento.
Es una esposa que Labán no entrega,
con engaño. No la entrega el mundo
con su cinismo protervo. Díle que sea Ella
la que te hunda en su abismo
y que olvide ella misma el común Olvido.
Atrévete al salto de la fe, apuéstalo
todo, hoy que no sirves para nada,
sino para ser la conducta del misterio.
Nadie tendrá respeto por tí si no saltas
de ese modo, como Kierkegaard
en pleno movimiento, como Hegel
o Schiller sublime. Cumple con el salto, Carlos.
Y olvídate del mundo tan cagado.
Donde tendré que morir es en la lástima
que me sobra por mí mismo y no es digna
de mí, porque anduve en la vida donde hay sed,
sed eterna, sed de historia, sed de todo
[yo que amaba el agua y más el vino].
Donde iré no hay ojos cansados
ni pierna hinchada ni dolor en los huesos;
donde voy no hay caras largas
esperando que digan que he muerto
o que la cuenta hospitalaria subirá
a muchos miles; no se venden tus cosas
para pagar las deudas; nadie hipoteca tu casa
ni la pierde; donde me toca descansar
llevaré mi dicha, el último contento.
8. Pigmalión y la perseverancia
Pigmalión, dáme ese invento de tus ojos
y tu tacto, esa mujer de mármol cincelado,
dáme tu trabajo de invocador,
tu ideal poético, tu profecía
sobre la muerte y el silencio,
el dolor de los hombres y los pueblos
en la Novena Esfera, dáme el existenciario
y lo que pones en el cautiverio del No lo Quiero
y No Sirve, yo te despertaré
donde todo es real y posible
y no existe la Necesidad ni el Tiempo.
9. Ya me duelen los dedos
¡Ya me duelen los dedos y el dolor interrumpe!
Dice: «¡Basta, basta! No escribas más.
Es suficiente. Ya no te esfuerces en agregar
la fecha de tu despedida. No dates,
no epocalices. No te vas aún».
Después de todo, nada de eso importa
donde te llevo. El mundo seguirá su curso.
El, en colectivo, no es como tú que perdonas.
Que crees en algún detalle; que con adornos
de amor y belleza te conmueves; con mensajes
de paz tirados al vacío, magias. En no adeudar
a ninguno se te halla en la dicha; pero...
aquí, donde aún estás, lo pierdes todo,
te cobran el aliento, un pedacito de espacio
que ocupes. Te cobran por la soledad dichosa
(que es tuya; pero como si te la dieran
ellos, los farsantes y chupasangre explotadores,
ellos la precian, la ponen en tus débitos).
Siempre deberás porque en el mundo
todo es breve y cíclico y nunca se termina de pagar.
Por eso ya no dates, no importa.
Quémalo todo, todo, todo,
hasta tu felicidad.
10.
La fecha se repite, se repite, se repite.
«¡Basta! Apresura la hora de irte.
Pídelo como Pigmalión cuando vio
su cadáver, hermoseado todavía
en una piedra. «¡Basta!
Te doy el mundo donde las fechas
no existen... Te regalo el mundo sin horas,
sin dolor, sin calendarios, el mundo
que es todos tus días, aún los pasados
pero sin los momentos de necesidad».
Sin necesidad, acaso se corrige
el mal cometido, ¿se puede? Estos errores
que son el resultado de no creerte adecuado,
idóneo, indispensable, ¿de veras se corrigen?
Ya no preguntes.
Es injusticia que perturba
y hay que seguir cargándola fuera
del mundo, como si fuera un cáncer
en el paraíso; mejor sepulta
lo que puedas contigo, mejor que se muera
el dolor de raíz y si eres raíz de tu dolor
comienza de nuevo, donde no hay necesidad
que es el mundo que te doy.
11. La gente que me gusta
Yo amo a mis semejantes.
No con amor simple y sentimentaloide,
sino con amor visionario,
a veces no presente ni directo,
sin aquí circunstancial.
Amo a gente que no conozco
y que ya no puedo conocer.
Y amo a otros que me asedian
con sus pequeñas agendas de simpatía
aunque yo ni agradezca ni me entere
que están ahí, babosos, inoportunos
con insolícitas ondas de ego-sintonía.
Se volvieron amigos o vecinos,
o compañeros de mi privada cercanía.
Yo amo y es bonito y llevadero
amar a todos, escuchar, sonreir,
joder a veces, tener motivo para todo y nada,
ser persona y no tener que ignorar
al que produce decepciones de fondo.
Eso sí. Hay gente que me gusta.
Gente con muchos ojos
que originan o proponen modelos de realidad
que no obtuve, ojos que ofrecen más que superficies
y zonas perspicuadas en lugares comunes.
Ojos que perciben y enseñan a percibir
lo que estuvo escondido, o encubierto
por aburridas secuencias de vulgar ver,
o traicionero ignorar.
Los visionarios me liberan
y ser libre es descansar,
respirar hondo a la esperanza.
Me gustan, además, los hombres y mujeres
que tienen muchas manos.
Ninguno es más generoso que ellos.
Son recursivos, fundadores y pioneros
de abundancia donde hubo penuria.
Palpan la dicha y la belleza
donde había insuficiencia y tormento.
Ellos acercan los sueños, los convierten
en materia prima para el taller más práctico.
Son tan inquietos que una mano perezosa
estorba si sólo mira, pero ¡qué bueno!
gente de muchas manos existe
y te contagian, cuando crees
que únicamente abrazan, o te palpan.
La praxis, con vívido entusiasmo,
es su labor inspiradora, su ajetreo.
Y no hay limitación ni minusvalía
que ellos no conviertan en proceso vivo,
en constancia productiva y desafío.
Me gustan los consoladores.
Son danzantes, hermosos, algunas son
como niñas de inocencia militante,
algunos son como ángeles materializados
que sacan lo mejor de cada instinto
y transmutan la coquetería, lo sensual,
lo exquisitamente insospechado, lo sublime.
Todos tienen un lenguaje de poesía.
Juegan con el porvenir y su latido y suenan
como campanas, vibrantes melodías,
mientras dulce, plácidamente, desprenden
del misterio una memoria perfectible.
También me gustan aquellos
y aquellas que ven más allá de las narices,
lo que aún estando tristes se inventan
la alegría, el aroma cotidiano del poder
sobre lo horrendo y lo marchito.
Son los primeros valientes por sus frases,
son las primeras optimistas voces
de lo alternativo
y, en conjunto, hombres y mujeres
como ellos me gustan,
sean niños o ancianos,
tengan o no, la edad o el tamaño o el color
de lo que quiero; me gustan
porque son diversos y adornan la vida
con múltiples verdades, con rigurosa
trama de vitalidad, con transparencia
de la común nobleza que se pierde
porque somos voluntariosos, caprichudos.
Quienes anuncian el triunfo son como ellos;
los que están en faena para
que no haya derrota
tienen las mismas virtudes.
Son sinceros sin ser ofensivos,
plácidos sin ser indiferentes y grises.
La gente que me gusta,
y que tiene muchos ojos, feroces manos,
alertas instintos, táctiles y auditivos,
con su genuina poesía, conspiran
contra el hoy inmóvil y el temor histórico
a ese pobre ayer descobijante,
siempre incompleto e incierto.
La gente que yo amo y me cautiva
tiene sed de porvenir, construye
su mañana, cree que la revolución
es esperanza, la utopía sentida
en carne y hueso,
la voluntad hecha verbo.
12. El dolor viene a hablarme
... estoy aquí, aún vivo, y el Dolor viene a hablarme,
me reprocha cuánto lo desafío, a él que me dice:
«¡Basta, basta!» basta y no te desveles,
basta y no escribas, basta y no fumes,
basta y deja el tabaco y el vino, basta
y cuida tu diabetes, la salud de tus ojos.
Basta y olvídate de las deudas; basta
y acuéstate y duerme; basta y muere
que el mundo no lo arreglas tú;
basta con ésto y con lo ésto, basta por causa
de la necesidad... mira que ya te duele el cuello,
y no haces caso, terco.
Ayer eran tus dedos,
y ¿cuál será mañana el desafío del obstinado?
... «sí, yo soy el que invento el futuro dolorosamente,
en vez de cesar» y la Muerte me lo dice,
el dolor se va con la muerte, con su fiel Basta...
Lo demás es la Maya, ella que es siempre
dolorosa y quita paz e incita la desobediencia.
¡Cómo has esperado el mundo que te doy!
Donde nadie engaña y no puedes tú
engañar, donde las ganas de amar
son mayores a esta vida del pordiosero
que se materializa, ofreciendo
lo que aparenta tener dueño cuando todo
está repartido, hasta la escasez.
No vale la pena ser mártir
y esperar que venga alguno y diga:
«Gracias». Vale más saber morir
y despedirse a tiempo; que seas tú
quien dé las gracias porque en el mundo
hay belleza, aunque no la puedas poseer,
en el mundo hay amor, aunque te hayas quedado
en mendicidad por un poco. Dá las gracias
antes que te sientas tan desengañado
que no veas y disputes tu paso
entre los vivos encarnados de tu tiempo.
13.
El mundo que te daré es para que compares
todo lo fiel que soy, como tu amiga, La Muerte.
Quiero que vengas a amarme desde él
porque donde estás la realidad es impura
como esa parte de tí que no me quiere,
que me rechaza, que tú delatas,
pero yo no te dí los ojos que tu desgastas,
yo tengo otra visión de los ojos,
yo no te dí los dedos,
yo tengo otra visión de los dedos,
yo no te dí la lengua,
yo tengo otra visión de la Palabra.
Indice
____
El libro de la amistad y el amor

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Dedicatoria
Primera parte
La amistad
La madre fértil / Aimá
La matriz cósmica
Lo dado
Semijá / la ofrenda virgen
Malká, la madre en los portales
Vibraciones
¿Hasta cuándo?
Mi amigo Walt
Preparativos
El síndrome de Ajab y la desobediencia del Jash
La palabra secreta de la amistad
Tipheret
El grandísimo amigo
Háblame de Nubia y Dos Ríos
A Fanny G. Jaretón
A Teresa de la Parra
Más allá de los tiempos del lobo
El ladrón que ama el oculto porvenir
El corazón rebelde
Mi amigo Pascal
Carlos Baudelaire es mi amigo
A Flora, la paria
Mi amigo El Amargo Gorki
De tal palo, tal astilla
El ojo de Ayín y la Torre del Olvido
Tikkun / Reforma / de luz y sombra
Los aliados honestos
Como la voz de Sara
La palabra amorosa
A Maika y los exploradores
La casa del enamorado
La señal de la generosidad
Mi amigo Abraham
El desierto de Ismael
Ketuvim / Escritos
1. La roca
2. El poeta como Pigmalión
El día que cambia todo
6. Cómo invoqué por primera vez a Chaddai el Chai
Por un salto sublime
Pigmalión y la perseverancia
Ya me duelen los dedos
11. La gente que me gusta
12. El dolor viene a hablarme
16. A Sebastián de Narbona, asaeteado en Roma
23. Cuando el Nosotros te llama
Sísifo
30. El gran viaje de Daat
31. El viaje y el Norte
33. La Amada y el Pozo
31. La Enamorada en Daleth
38. El inicio del viaje
40. La tragedia de Sísifo
41. El amor iniciante
42. A David, el salmista, y Salomón, su padre
44. Or Jozer / La luz que vuelve
46. El viaje por el desierto
48. El botín prohibido
50. El gran viaje de Daath
51. La amistad verdadera
54. El amigo y el Nosotros
58. Para que camines conmigo
61. La hija del sacerdote
64. La Estrella de la Meditación
65. No soñaste
67. La Rosa Blanca
69. La muerte y la nada
65. A Teresa Parker
73. Para robarse tu luz sonora
74. María Juana vaga por el campo
Meditaciones en el Valle de Hinón
Grafé asebeias
El fuego de los ojos
Segunda parte
Aforismos sobre la Amiga Secreta
Tercera parte
Los amigos de Abram
El amante mentiroso
Enemigo tienes en tu casa
Eliyahu y el poder
Restauración del Ser
Meditación de Eliyahu en Beerseba
Mi progenitor ausente
La amistad de Agar
La primera huída
La segunda huida
La expulsión
Conociéndote
La mujer que me espera
Aforismos sobre la amistad y el amor oprimido
Cuarta parte
1. Profecía de la mujer infiel
2. Profecía para el que espera en vano
3. Profecía para el hombre arrepentido
4. Profecía sobre la Fe / Emuná
5. Profecía en torno a Pigmalión
6. Condena para el que deseaba la muerte
7. Profecía sobre los que aman el cuerpo
8. La concertista y el coraje
9. Profecía para el cuerpo canjeado
11. Profecía sobre los tontatorres
Profecía sobre la amnesia cultural y la uniformidad de la tiranía
Profecía para la tarea que te doy, Carlos
Profecía de la Mano de Venus / Hator
Profecía de la Mano que detiene la Rueda
Los narcisistas de mi siglo
16. Bendición del Destino y la Rueda
Amonestación a Gilles de Rais
Profecía contra el infanticidio
Mandatos para los alfareros de Tiqquem
Bendición a mi amigo José
Bendición de los hijos de Abram
Bendición de Don Aurelio Méndez Martínez
Tareas de quien gira la rueda del Destino
Profecía de la restauración del Guayabal
24.Profecía de los que maldicen las aguas
25. Mis alfareros en el sonido
25.Profecía del Shiflu / la Humildad
Profecía de la Suprema Definición
El novillo es mi propio amor
Advertencia a Meni
Advertencia a los cartagineses
Confesión del amigo Wendell
¿Qué le importa a un relojero de Lituania?
El pan de Chesed
Me bendijo en la concha
El jardinero
Estoy buscando un caminante
Los hijos del trueno
El loco de O Cebreiro
Principio antrópico
La Gran Coherencia
Abre tu corazón al Cuerno de Abundancia
Un día la Moira viene
Convido unas copas
Glosario de simbologías hebraicas y mitológicas
Efiro
Saturday, January 10, 2009
Mes de la Tierra y No a la Guerra
Nosotros, desde Conciencia Planetaria a través de la Voz de las Estrellas decimos a los Cuatro Puntos Cardinales de este hermoso Planeta que: LA GUERRA NO ES UNA OPCIÓN PARA SOLUCIONAR NINGÚN PROBLEMA.
A las 13 horas de cada país envía un pensamiento de PAZ al corazón del Ser Humanidad.
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Wednesday, January 07, 2009
La amistad
A mi amiga Teresa Parker
No es fácil que la amistad exista.
para quien no sabe apreciarla, bendecirla,
convocarla, reconocer que está.
No es fácil, pero existe y se mete en el alma
lentamente; atrapa el corazón ajeno
y no lo suelta y, entonces, aprendes que ella
es dulce, consoladora, mágica y se queda
contigo, sin pedirte nada, excepto
que le digas su nombre: Tere.
No es fácil que la amistad exista
sin el corazón preparado para ella,
sin domar ese zorro obligatorio,
lo lobular innato, que aparece en la sombra.
Del ser amigos hablamos sin prudencia;
del ser amigos decimos espejismos,
frases huecas,
porque no duran, se van,
son un momento
(casi siempre dichoso, pero pasajero).
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