Thursday, October 09, 2008

Epopeya de los almendrales

Si la amígdala tiene una actividad baja, bajo es el nivel emocional. (Este) es el centro neurálgico de la conducta agresiva: José S. Martin

Les femmes ons dans la tete une case de mons et dans la coeur une fibre de plus: Chamfort, en Maximes et pensées, VI, 407

Y dijo el Arcángel, a quien se dio la Espada de la Bendición en la Tierra de las Almendras: «En este jardín vivirán como pastorcillos entre ninfas y el Edén será la Unidad Central de Mando». Reina del Edén fue una mujer llamada Serotonina y los «cultivadores y recolectores de almendras», la llamaban Madre, Antonella, Doña Toña de los Almendrales y reina de mil nombres y misiones.

Su nombre secreto fue Migdalia, aunque al pronunciarlo, en condiciones menos sagradas, se le dijo: Amígdala, o Dalas a Mí.

Surgió, por excepción, el primer ente mutante, y fue llamado Otto, ya que interpretó que la unidad de mando, visualizada por el Arcángel, sería lo masculino como el principio de lo Verdadero, el Bien y la Belleza, y lo femenino sería el principio de la subjetividad, el delito y la locura; pero, el arcángel estuvo en la continuidad de memoria de sus propios sabios, hombres y mujeres sanos y armonizadores, por lo que Otto se sintió desaforado.

Cansado por mucho verraquear sobre quién ostentará el poder, siendo que hay más neurotransmisores de serotonina en los hombres que en las hembras, * se fue a glucagarse a otra parte.

Desoído al fin, fue al país de los dopos o «robadores de almendras».

Allá adoptó el nombre de una deidad llamada el Catecolo y legislaba metafísicamente en favor de las gentes que, en pocos siglos, se volvió oligospérmica, aunque antes se distinguieron por atléticos, enérgicos, dignos por la belleza de sus grandes huesos y músculos. Al este de la Unidad Central de Mando que el arcángel llamó Paraíso / Edén humano, los almendrales se cultivaban por los hijos de una ninfa de los ríos. El arcángel la tomó como esposa. Y, por el encanto de esa Gran Madre, se bendijo el territorio de Serotonina y el centro amigdalíneo. No había más hermosos almendrales en la Urania, ni en huerto alguno, incluyendo la Tierra de Ottón, filósofo de los Catecolos y los Glucagones, que los de Serotonina, más tarde, llamada Doña Toña de las Almedras y Reina de las Toñerías.

Y dijo el Arcángel a su mujer y sus hijos: «Las semillas del Gozo y la Armonía para ustedes, mis hijos, y las criaturas y manifestaciones que serán por sexo y genética en el porvenir, en medio de pulpas de almedras las puse. Cómanlas con gusto hasta el fin de sus días. Cultive cada uno el almendro que le dí. No teman cuando vengan los días en que otros quieran de su alimento. Ofrenden a los pueblos el buen fruto; no practiquen la agresión. Sólo el miedo es el enemigo a vencer... y ésta es la Obra mayor, el Magnus Opus / vencer el miedo y no tanto a los dopos, glucagones y al pobre Otto, el confundido y quien se fue de entre nosotros. Aviso que él vendrá porque mucha sabiduría puse en la amígdala de los almendros y en el huerto que les dí».

Todos comprendieron al arcángel. Y Serotonina propiciaba que se comprendiera en sus detalles, porque fue amada como transmisora de la Noche sedante y las mañanas diáfanas del Ser. Y, siendo tan hermosa y alegre, a la Gran Madre la llamaron azúcar de la memoria y del aprendizaje. Y fue su primer hijo uno que en Asiria y Babilonia fue llamado Ea, dios de las aguas, y éste llevó el conocimiento de la medicina y la higiene allá, cuando los habitantes de tan lejanas tierras más lo necesitaban por causa del rápido envejecimiento de sus poblaciones y las sequías.

Sin embargo, los hijos de Serotonina, en esta Toñería oriental, tenían muy buenos ciclos de sueño y vigilia y se levantaban contentos para sembrar las almendras, que fue la base principal de su alimento. Y eran pastores, con habilidades para tocar la flauta y las niñas amaban el baile, y no se conoció caso alguno en que se insultara uno al otro; o se dijeran comentarios hirientes, o se buscara la supremacía y la autoafirmación a base de coersión física o chisme y blasfemia.

La brisa sobre la Tierra de las Almendras traía de contínuo excitaciones de aromas, o mensajes químicos que Serotonina llamó las feromonas, danzas eróticas del Arcángel. Ha de estar blandiendo la Espada de la Bendición desde el mando misterioso de la Cabeza de su Dios. Estará enviando mariposas como su regalo a todos. Y en los ciclos feromónicos del vientre, los jóvenes de las Toñerías o aldeas buscaban a las hembras y se hacían disponibles, uno a otros, para las caricias, los besos, las uniones y la vitalidad erótica. Este espectáculo del amor fue un tesoro que envidiaron otros pueblos del grupo catecolo y que intentaron adoptar en las Glucagonalias.

La verdad sea dicha. Ni las Primera de las Valquirias ni Freya ni Freyr fueron comparables a la Madre amigdálica y serotónica, a quien su marido enviaba oxitocinas y feromonas desde su Divina Sede.

Otto vio cómo verraqueaban ya sus discípulos en las tierras de Occidente. Envidiaron la época en que la Espada de Bendición se blandía en Oriente. Lamentaron que, en vez de una Espada de Bendición, sus sacerdotes se antojaran en fabricar peines de oro que no sirven para nada. Sus mujeres hermosas cultivaron la ambición de llorar lágrimas de oro y construir carros, tirados por gatos salvajes.

Mas ninguno de esos detalles, servía para armonizarlas con los varones ni para que se exudara la excitación erótica.

En las toñerías y los almendrales, aún inconscientemente, los amantes se comunicaban para la alegría, la libertad vital, la regeneración y el gozo. Tras las emisiones de aromas, al comer sus almendras, los corazones se oxitocinaban, neuropeptizándose las corrientes sanguíneas de los habitantes. Las niñas entonces mostraban sus pezones sin inhibición y los varones, con anhelos afectivos, se acercaban a ellas, para que juntos se estimularan los genitales. El Festival de la Ternura fue el evento más sagrado de los campos de las Toñerías.

«Nada tenemos así de compensador», dijo un glucagón y quien se quejaría que en su civilización ya hay más palacios y coches tirados por gatos enormes que simpatía. Hay más malhumor y ansiedad que memoria péptida. El pueblo olvidó los mecanismos de la oxitocina. El estrés ha diezmado la capacidad de competir sanamente en los deportes.

Nunca se oyó que se dijera en los almendrales: «Vaso malo no se quiebra», aludiendo a la mujer o el varón; pero, en entre los glucagones fue la comidilla diaria. Y, porque los niños aún no absorbidos por las blasfemias de los dopos, iban al festival de la ternura, descuidando las normas de fuerza, atletismo y musculismo, se inciaron campañas que argumentaban que las toñas de los almendrales eran únicamente vulgarísimos animales del que los varones habían formado un ideal demasiado bello. El animal vulgaire, la femme, también se repetía, son más que niños muy desarrollados, males necesarios. Children of a larger growth: pocas mujeres hay cuyos méritos duren más que su belleza. Son tan incomprensibles que sólo el Diablo las comprende. El catecolo Menandro, discípulo más querido de Otto, lo puso en estos términos: No hay cosa peor que la mujer, incluso la buena.

Entonces, las mujeres de los dopos comenzaron a nacer, por exceso de andrógenos, con vellos excesivos y aún barbadas y los varones con voces femeninas, casi tontos, neurasténicos y oligofrénicos, y no sabían si algo comían que le hacía daño; los varoncitos que iban a los campos de las Toñerías, se quedaban allá, en pueblo extraño, pero, al fin, se sentían admitidos y admirados y si, acaso regresaban, alababan a los comedores de almendras, su estilo de vida natural y, sobre todo, esa hermosura de los pobladores y energía vital que, entre el grupo catecol y los glucagónicos, se había perdido.

Tantas críticas se hizo en la Tierra del Lujo en torno su gobierno que Otto comenzó a perseguir a los opinantes y les llamaba herejes, cobardes, mariconetes. El régimen se hizo tan misógino que ya no se sabía, al juzgarse las de su propio pueblo, cualés son más extremosas, si las propias o las vecinas, si las que actúan como hombres, o las que son como quieren, demonios angelicales. Algo contradictorio. Todas las virtudes de las mujeres no son otra cosa que un montón de vicios: mulier cum sola cogitat, male cogitat y Plauto, el Catecolo, jefe de los misóginos, puso por lema en las puertas de su biblioteca: El que pueda evitar a las mujeres, que las evite, qui potest mulieres vitare, vitet.

A medida que, por el exceso de estrés, decayeron estos reinos, por desesperación, se lanzaron como turbas sobre las toñerías, montados en gatos salvajes y se dedicaron a robar las almendras, alabando los nombres de Lamia, una sacerdotisa que perdió sus hijas y que, para dormir se arrancaba los ojos; pero los hijos de la Serotonina eran fuertes, fraternos, alimentaron a los intrusos, dándoles la bienvenida en los lóbulos frontales y las cortezas prefrontales, donde tenían de suyo sus templos para efectuar los rituales de la reflexión, comunicación y afectividad.

02-05-1986, San Diego, California /
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