Wednesday, October 08, 2008

Oblatas del Santísimo Redentor

A Antonia María de Oviedo


A Antonia María nadie la nombra como Hermana, o Sor, en ese sentido de protectora de la ofrenda / oblata, o falsas cortesías al ocultismo divino. El rumor es que, en el pueblo de Ciempozuelos, ella habla un lenguaje de rameras, se inmiscuye con las mozas del partido y parece una de ellas a pesar de que viste sus hábitos monjiles y esos faldachones que disimulan su hermosura. Mas, dicho sea en verdad, es una monja que cree en Dios y practica las obras de misericordia, unas de las cuales son corregir al que yerra y redimir a los cautivos. Consuela a las que sufren; enseña al que no sabe y perdona las injurias.

Cuando visita los prostíbulos, la gente libidinosa reconoce el milagro («han vestido al desnudo») porque, sin duda, Antonia María llega con sus estropajos negros de religiosa y ella bien que se vería desempaquetada de sus faldachones. Tuvo una larga cabellera rubia, desgraciadamente hoy cortada. Si se hiciera rizos, vuelto a crecer su pelo, parecerían cataratas de oro, chorros de luz, que darían más brillo a esas estrellas azules que son sus ojos pegados al firmamento de su semblante hermoso.

Antonia María de Oviedo, fundadora de la Oblata de Ciempozuelos, también es llamada la Toña de Ciempollas. Desde que, en 1864, se dedicó a redimir al puterío, ha redimido a cien. ¿Quién diría que había cien pozuelos de amor por ahí esparcidos, cien pollotas cinga que te cinga?

Ya, en las afueras, no se consigue más, no se puede pagar a esas niñitas graciosas, aún inocentes, que todo lo ejecutaban con gusto, con agradecimiento. Nenorras que, si bien se tornarán impúdicas con los años, ejercieron con delicadeza las artes de amor. Las putillas de ninfalia virtuosa te chupan la verga sin prisa, como quien disfruta un caramelo. No están ahí, como las veteranas, apresurando su mamada con chapucería y gestos de 'ay no me gusta, no quiero', para tan pronto vean o las sorprenda el derrame y el desplome eréctil, voltearse y escupirlo con el desprecio de quien obtuvo un trago amargo. «¡Vístete y véte!» Bueno, cobran antes de dar cualquier servicio.

El sexo ya no tiene misterio, sino una compraventa con mecánico trámite. «Desfógate y véte, o beber y largarte».

Pero, gracias a la agenda de La Toña, se han aprendido muchas cosas en Ciempozuelos. Ella dice que aún el placer / el amor físico / el afecto son ofrendas que a Dios regocijan, porque El es la única causa capaz de producir efectos tan compensadores y deliciosos. En su congregación se enseña que los estados mentales son motivados por la acción de Dios y que las obras de misericordia no serían necesarias si no se creyera en ésto. Agrega que el Demonio / lo divino perverso, o dionisíaco, es una mera interpretación acerca de la riqueza del cuerpo, es decir, la sangre y la piel, que es la tierra, sobre la cual las aguas habitan. Aguas del placer, pero, obsérvese bien, Dios hizo los pozuelos de vida, el vientre y el sexo de la mujer. Dios hizo los días para que baje el óvulo y puso en las cavernas vulvares, la mucosa y el ritmo de sus contracciones. El sexo es una danza divina.

Por enseñar estas cosas y por utilizar unas analogías metafóricas, hoy por hoy, tanto la putarraca envejecida como la nymphette de nulípara, entienden el organicismo de su propiedad más valiosa. Son dueñas de sus cuerpos y la verdadera producción que con éste y de éste puede derivarse es tenerlo bien nutrido, sin hambre, proteger cada fase de su movimiento y cada posibilidad de su protección. «No salgan a la calle sin buen abrigo; no mendiguen en lugares oscuros», La Toña instruye.

La más linda de las putas de Ciempozuelos es una flaquita dulce como un higo de Murcia y dijo a Antonia María: «Los hombres me desearían más gorda para su mayor disfrute. Mis senos son demasiado pequeños y parezco un varoncito, un simple efebo mitológico».

«El que quiera leche que vaya a ordeñar sus cabras a su casa; el que quiera carne en abundancia, vaya y críe sus cerdos», contestó La Toña. «El capital que Dios te dio es esa esbeltez, niña mía. ¿No dijíste que bailas mejor que ninguna en el tugurio? No has nacido para impresionar con tetarrones. Capitaliza tu placer, no acumulando las grasas, a pedido de malagradecidos; en su lugar y empero, baila. ¡Es lo que tienes que hacer! ¡Danza, pequeña, como las niñas de Jerusalén!»

«Estoy llena de experiencias. No hay un amor sincero. ¡Puras decepciones con las promesas de tanto macho pretencioso y zalamero! Represento un billete que se paga de mala gana, porque ya no soy buena ni bella ni joven; pero tengo que vivir y pagar un techo y mi piso. Soy la ramera mala, la malquerida».

«Mujer, deja la taberna ya, no bebas una gota más con los cadetes y abandona el colchón de los placeres. Dios te quiere en la Oblata y te lo dicho. En oraciones, el Santísimo Redendor se me ha comunicado y dijo: 'Tráeme a esa gordita, a La Tabernera, ancha y hedionda como es, porque ella ha visto muchos caminos. Cada vena, cada arteria suya, se ha torcido hacia rutas sin paz, sin regocijo; varicocele espiritual se ha vuelto, mas aún así, vé y díle que, para la vejez de sus canales y túneles, para su piel agrietada y su furor uterino, tendré menos arrugas y un destino de besos. Tráela con el billete, o las monedas que a ella se dan de mala gana, porque yo fletaré un ferrocarril hasta mi casa y le daré morada en mi Cielos, en premio a lo que haya sufrido'».

«¡Bendita seas, hermana de las zorras!», contestó la vieja.

Así es Antonia María de Oviedo. A veces la Inquisición, las beatas y las Milicias calumnian, hostigan y aún arrestan las niñas viciosas que se escapan de la Congregación que fundara. Ella sufre con paciencia las flaquezas de sus putitas redimitas, niñas de la Oblata, con poco gobierno. ¿Quién puso orden en sus emociones, en sus cerebritos vacíos, antes que La Toña? Nadie las educa; el corazón es la Bolsa, pero le dicen: «Haz negocio con ese corazón pecaminoso. Súrtenos de placer con esa riqueza. Eres el banco de las liviandades y, nosotros, policías que te observamos, orientándote al orden».

Pues, la Oblata del Santísimo Redentor está haciendo una gran obra. En los prostíbulos que ejerzan las que saben cómo protegerse y acostar un cuaco majadero, como esos cadetes y vigilantes que multan y persiguen. Al policía, ténganlo contento con culiadas, insinuarán que también ustedes pueden chantajearlo donde más le duela. Ciertamente, ésto lo aprenden en secreto y en metáforas porque Antonia María, para ser tan jovencita y aristocratona, sabe mucho. Antes seducía a los poderosos, con una coquetería de ojos, un giro súbido de cabeza y desparrame de sus cabellos y rizos de oro. Su haldear cachondo es secreto todavía guardado.

Tal vez uno que otro día lo cuente todo: pero las putas, con sus pocitos de ternura y alegría, son ya sagradas en Ciempozuelos. Que nadie se atreva a ultrajarlas, sin tener su castigo. Si no lo cumple la ley, la Oblata va como un cuchillo. Que nadie la enferme, las golpée, o deje de pagarles. La Amiga de las Zorras está en vela.

3-6-1999 /
Leyendas históricas y cuentos coloraos

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Cuaderno de amor a Haití / Indice / El pueblo en sombras / Oblatas del Santísimo Redentor / La Naranja


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